No obedezco ante su orden. —¡Baja la puta pistola! —exclama haciendo que dé un respingo en mi lugar—. Soy Bruno, j***r —en ese instante bajo el arma y suspiro. Se introduce por completo en la habitación y sus ojos se fijan en mi rostro, lo analizo en la oscuridad de las cuatro paredes bajo la escasa luz de luna que ingresa por la ventana. —¿De donde la sacaste? —frunzo el ceño perdida en sus ojos. —¿A qué? —habla de forma fría. —El arma —suelta tajante. —Es mía —Claro —asiente y se acerca al cajón en donde estaba el arma—. Tomaste la pistola —vocifera. —No, ni siquiera sabía que tenías pistola en la casa —me encojo de hombros. No sé en que momento se acerca al interruptor y enciende la luz, lo observo mejor y veo que tiene manchas de sangre en su camisa. Abro mis ojos asu

