Ya era lunes, estaba desayunando con Rita mientras ella me contaba como era su hija. —Es una bendición para mí poder tenerla conmigo —sonrío al oírla hablar de esa forma. —Tu hija se oye realmente fabulosa, Rita —me llevo una fresa a la boca. —No es porque sea mi hija, pero sí —puedo notar como sus ojos brillan—. Es fabulosa —ríe de una forma encantadora. Anton ingresa a la cocina, me da una rápida mirada y yo a él igual, estos días hemos estado entre sábanas; para que mentir, si es bueno en la cama, es guapo y lo tengo a solo unos metros de mí, es literal. Creo que Bruno no pensaba en que me terminaría acostando con Anton y para ser sinceros, ni siquiera yo creí que lo haría. —Buen día, señoritas —saluda con su típica voz gruesa. —Buenos días, señor Anton —saluda Rita con tono

