He perdido la cuenta de cuántas veces han sido las que he contado cada puta línea que hay en la pared, porque sí, no me atrevo a mirarle.
—¿Quiere algo de beber? —señala un área de bebidas alcohólicas, la cual no me había percatado que estaba allí.
—No bebo en horas de trabajo —me acomodo en el sofá.
—¿Te sirvo un poco de agua? —niego.
—Estoy bien, gracias —trato de sonreír—. Richard no me comentó nada acerca de lo que usted necesitaba que rediseñase —me coloco en mi forma seria.
—¿Y tú crees que hay algo para rediseñar? —murmura.
—Eso supongo. De forma contraria, dudo que haya solicitado una cita de trabajo —trato de hablar lo más calmada posible.
—Si tú lo dices —suspira.
Se mueve en el sofá y su mano vuelve a acariciar la piel de mi muslo pero, ésta vez, sé que fue intencionalmente. Contengo mi respiración y vuelvo a notar la misma sensación extraña de antes recorrer mi cuerpo.
—Necesito ir al baño —menciono intentando ignorar eso.
—Claro —menciona y espero a que me indique dónde es pero lo hace luego de unos minutos—. Vas a la izquierda y es la tercer puerta que encuentres —su rostro no ha demostrado ninguna expresión.
Asiento. Me coloco de pie y salgo del despacho siguiendo las indicaciones que acaba de darme el adonis de oscuros ojos.
Me observo en el espejo y puedo percatarme de que mis mejillas están al rojo vivo, abro la llave del agua, mojo mis manos y refresco un poco mi rostro. Busco mi bolso y tomo algo de maquillaje para retocarme.
Por el reflejo del espejo puedo observar a la mujer que me llevó hacia el despacho, está a un costado del espejo y me observa con una sonrisa burlona.
—Creo que ahora entiendes porque te dije “suerte” —menciona con suavidad—. Russo puede ser muy apuesto y todo lo que quieras pero no es quien todo el mundo cree que es —frunzo mi ceño.
—¿Por qué dices eso? —enarco una de mis cejas.
—Quiero que sepas que tú no estás aquí por casualidad —sonríe de lado y se acerca hacia mí para luego acariciar mi mejilla—. Bienvenida a tu nueva realidad, Jones —susurra y me deja perpleja allí en el baño.
Luego de unos segundos logro reaccionar y vuelvo a la anterior habitación. Al entrar veo que él sigue en su lugar pero está con su teléfono en la mano.
Dejo mi bolso y tomo asiento en el sofá individual que se encuentra justo delante de él. Saco mi carpeta, la cual contiene mis trabajos y la dejo frente a sus ojos.
—Bien, comencemos con su petición —suelto con firmeza—. ¿Cuál es la habitación a rediseñar? —utilizo mi tono serio pero esta vez lo vuelvo un poco más frío.
—¿Y ese cambio de formas? —enarca una ceja observándome.
—Usted solicitó una cita conmigo por trabajo, la cual no se ve muy comprometido con llevar a cabo —hablo tan rápido que juro que puedo ver como su cabeza explota delante de mí.
—Pues primero quería conocer un poco a la mujer a la cual contraté para hacer el trabajo que quiero —me observa serio—. Según las cosas que he oído eres la mejor y necesitaba pruebas —asiento y abro la carpeta que dejé frente a él.
—Aquí tiene todos los trabajos que he realizado —deslizo la carpeta sobre la mesa de centro hacia él—. Puede echar un vistazo, esas son las suficientes pruebas —cruzo mis piernas con lentitud y puedo notar como inspecciona el movimiento de éstas.
Pasan unos largos minutos sin que nadie hable, hasta que cierra la carpeta y posa sus ojos sobre mí.
—Tienes talento, pero no creo que lo que deseo se acople con estas ideas —cruza sus brazos por encima de sus piernas inclinando su torso hacia adelante, sin quitarme los ojos de encima.
—No sé que es lo que desee, pero soy toda oídos —tomo un bolígrafo, el cual siempre llevo conmigo, y una pequeña agenda.
—Pues verás —se relame los labios con lentitud de una forma que me vuelve loca—. En el último piso hay unas habitaciones nuevas, no tienen absolutamente nada, están completamente vacías y tú les darás un toque despampanante —frunzo el ceño sin entender.
—¿Podría explicarse un poco mejor?—inclino hacia un lado mi cabeza.
—Me refiero a que con las indicaciones que voy a darte, tú —me señala—, hagas todo alucinante —sonríe de lado.
—Eso es lo que siempre hago, o, intento hacer—ruedo mis ojos.
—Pero no de la forma en la que quiero, verás —suspira—. Esto es un gran club nocturno, tiene la fachada de hotel para no llamar tanto la atención —alzo mis cejas de forma sarcástica al oírlo decir eso—. El club está en el nuevo piso también, entonces lo que yo quiero que hagas es que esas habitaciones las diseñes con una luz oscura pero que a la vez sea sensual —comienzo a anotar en la libreta —. Deben tener unas camas enormes, las paredes deben ser rojas y negras con luces de un color rojo —va haciendo ademanes con sus manos y yo voy anotando sus peticiones.
—¿Algo más? —levanto la mirada de mi agenda y me doy cuenta que está sentado en el costado del sofá en el que me encuentro.
—Sí —lo observo con atención—. Quiero que te sientas como una dea allí dentro —murmura de forma sensual.
—Entendido —susurro—. ¿Solamente eso? —no volteo a verle el rostro.
—Un par de cosas más —puedo sentir como se mueve y luego su respiración choca en mi cuello—. Debe ser sexy, fogoso, que la lujuria se sienta en el aire —su mano está en mi espalda y puedo sentir como mi cavidad vaginal ha comenzado a palpitar.
Esto no ayuda en nada, está claro que este hombre es consciente de todo lo que es capaz de generar en mí y, seguramente, en todo el sexo femenino, hasta en los homosexuales. Juro que a mi v****a le dará un infarto si sigo aquí.
—Perfecto, está todo claro —menciono con algo de dificultad—. Volveré otro día para poder ver las habitaciones con detalle, tomas medidas y todo eso —me levanto del sofá, volteo a verle y tiene una ceja enarcada junto con una sonrisa ladeada.
—Estaremos en contacto —se levanta, se acerca a mí y me tiende su mano.
—Pues así será, señor Russo —estrecho mi mano con la suya y él me jala hacia su cuerpo posando una mano sobre mi cintura.
—Esperaré gustoso volver a verla, señorita Jones —susurra cerca de mi oído y luego besa de forma seductora la comisura de mis labios.
Se aleja con una sonrisa ladeada y asiento para luego salir de allí.
|| … ||
Llego a mi apartamento, lanzo el bolso al sofá, camino a la cocina y busco una botella de vino.
Me siento sobre la encimera y comienzo a beber directamente de la botella. Dafne entra a la cocina y se sorprende al verme beber vino como si no hubiese un mañana.
—¿Mal día? —cuestiona abriendo el refrigerador.
—Algo así —doy un largo sorbo y saboreo el delicioso gusto que tiene el vino.
—Quiero saber —se sienta en la isla, la cual está delante de la encimera en la cual estoy yo—. ¿Tuviste a una pareja joven y escandalosa como yo? —suspiro y niego.
—No, todo lo contrario —un sorbo más al vino—. Tuve a un jodido Dios griego como cliente, el cual me calentó de una forma en la cual nadie ha hecho, ni siquiera Jacob —muerdo mi labio inferior recordándole.
—Uy, eso es mejor que una pareja hormonal —se sienta derecha y observa con atención.
—Verás, es alto, bronceado, fornido, labios carnosos y tiene unos ojos que te atraviesan… —menciono trayendo su rostro a mi mente.
—Ya me lo imagino y se me empapan las bragas —sonríe a la vez que se muerde el labio inferior.
—Pues las mías lo hicieron —ella ríe—. Estoy segura de que tuve demasiados orgasmos sin darme cuenta —suspiro—. Sin mentirte, ese hombre desprendía pasión y lujuria por sus poros —susurro
—¿Cuándo tienes la próxima cita? —da un mordisco a la manzana que había tomado del refrigerador.
—Creo que le diré a Richard que le dé este trabajo a otra persona —acabo el vino que me quedaba en la copa de un tirón.
—¿Por qué? —se encoje de hombros.
—Porque siento unas ganas terribles de follarlo y que me deje incapaz de poder caminar bien por varios días —suelto cerrando mis ojos.
—¿Por qué no me envías a mí? —sube y baja sus cejas haciendo que ría.
—Porque también te quedarías igual que yo o te lo follarías sin pensarlo —ella asiente.
—Chica lista —me guiña un ojo.
—Se lo pasaré a Erick —ella ríe.
—Ya veo que es lo que planeas —sonrío con malicia.
—Voy a dormir —bajo de la encimera y salgo de la cocina.
—¡Dulces y húmedos sueños! —exclama desde la cocina y río mientras tomo mi bolso para luego subir las escaleras a mi habitación.
Voy al baño y me deshago de la incómoda ropa que llevaba; dejo que el agua caliente moje mi desnudo cuerpo mientras paso las manos por él, de un momento a otro Bruno viene a mi mente y pongo el agua fría para quitar todo el calentón que llevo encima.
Los minutos en la ducha pasan y salgo. Seco mi cuerpo y me coloco una camiseta súper holgada, yo no duermo con ropa interior solo con camisetas así.
Me acuesto en mi cama y doy mil vueltas sin poder dormir, el maldito rostro sexy de ese hombre no sale de mi mente. Estiro mi mano hasta el cajón de mi mesa de noche, lo abro y saco mi bebé.
—Hola, querido —presiono el botón y el aparato comienza a vibrar en mi mano.
Abro mis piernas y lo introduzco dentro de mí.
—Oh, cielos —jadeo al sentir las vibraciones dentro de mí.
Aumento más la velocidad de él y lo voy introduciendo un poco más, lo muevo y me doy placer mientras que imagino a Russo follándome; siento como el deseado nudo en el estómago se genera, saco el aparato, lo paso por mi punto G y en instantes siento como se libera la explosión de un merecido orgasmo.
—Ay, mi Dios —gimo e intento regular mi respiración.
Tomo una toallita húmeda y la paso por mi vibrador para luego volverlo a guardar.
Vuelvo a acomodarme en la cama y siento como el sueño me inunda por completo.
|| … ||
Estaba en la oficina intentando recrear un diseño para la sala de los Morrison, son una joven pareja la cual acaba de mudarse juntos y quieren que todo luzca maravilloso, al igual que yo. En cuanto lo tengo listo mi teléfono comienza a sonar indicando una nueva llamada.
Observo el nombre de quién está llamando pero es un número desconocido.
Dudo entre responder o no, hasta que descuelgo la llamada y llevo el aparato a mi oreja.
—¿Quién habla? —cuestiono confundida.
—El hombre de tus sueños húmedos —se oye la sensual voz de Russo del otro lado—. Al igual que lo eres tú en los sueños de cualquier hombre —me estremezco en mi asiento.
—No es para nada apropiado lo que acaba de decir, señor —él ríe.
—Lo sé —menciona con voz ronca—. Quería decirte que la falda que traías el viernes se encajaba perfectamente en tu trasero —su tono es más lento y torturante para mí.
Dejo de dar vueltas en la silla y pienso que decir.
—¿Me estuvo observando? —suelto como si nada.
—Desde el primer momento en el cual pisaste este lugar —puedo imaginarlo sonriendo y sentado en la silla de su despacho.
—¿Por qué razón me llamaba, señor Russo? —de nuevo mi tono serio.
—Quiero que vengas a las cinco treinta de la tarde, así puedes tener todo lo necesario para comenzar el proyecto —habla de una forma tan natural pero sensual que no sé si prestarle atención a lo que dice o imaginármelo mientras me penetra una y otra vez.
—De acuerdo, nos vemos —cuelgo y dejo mi teléfono en mi escritorio.
Busco la agenda en la que escribí lo que este hombre me dijo.
—¡Erick, ven un segundo, por favor! —él se acerca inmediatamente.
—¿Qué sucede, mariposita? —veo mejor la camisa que tiene y es un rosa flúor, el cual parte mis ojos, observo al techo mientras le hablo.
—Tienes una cita hoy con Bruno Russo, es en tres horas, aquí está lo que pidió y detrás tienes la dirección —saco la hoja de mi agenda y se la entrego—. Suerte —siento como si mi cuello comienza a doler.
—¿Por qué miras el techo? —hace que lo vea a los ojos.
—Porque tu camisa me está dejando ciega —hago una mueca y ríe.
—¿Te gusta? —noto como modela su camisa poco llamativa—. Esta me la había obsequiado mi ex —pone cara de asco.
—Es preciosa, ahora debes irte o llegarás tarde —él sale con una sonrisa y yo solo suspiro aliviada de no tener que ver a Bruno.
La razón por la que le cedí este proyecto a Erick es muy simple, tanto que no es necesaria de mencionar.
Tomo mi teléfono y le envío un mensaje a Jacob.
“K.J: En veinte minutos estoy en tu casa. Necesito sexo.”
Guardo mi teléfono y salgo de la oficina en busca de un taxi.
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¡Holaaa!
Aquí les dejo el segundo capítulo.
Espero que hayan disfrutado el capítulo, los quiero mucho