Estaba con las piernas en el aire mientras Jacob me embestía, no sé que me está sucediendo pero no siento ganas de venirme. Veo como él lucha y ahí es donde comienza mi actuación; cierro los ojos mientras entreabro mis labios y comienzo a soltar gemidos y jadeos fingidos a la vez que araño su espalda.
—Jacob —finjo lo mejor posible.
Puedo sentir como su líquido caliente se derrama dentro del látex y se deja caer a mi lado con respiración agitada. Me levanto con la mirada perdida y comienzo a vestirme.
—¿Estás bien? —se sienta a mi lado.
—Sí, solo estoy cansada —no lo observo.
Termino de vestirme y salgo de su apartamento una vez más. No mentiré, pero mientras estuve con Jacob el rostro de Bruno no se quitaba de mi cabeza y me imaginaba su cuerpo desnudo frente a mí.
Voy caminando por las calles hasta que vuelvo a la empresa. Llego a mi lugar, me siento y comienzo a planificar las cosas para mañana.
Richard aparece delante de mi escritorio con un semblante de enfado.
—¿Qué sucede? —cuestiono al ver que no suelta palabra.
—Russo me llamó —suspiro con pesadez—. Dijo que no te presentaste en su reunión esta tarde y que en tu lugar enviaste a Erick… —suena calmado pero sé que está enfadado.
—Yo no podía ir y Erick se ofreció por mí —sonrío inocente.
—No mientas, Kylie —menciona totalmente serio—. Tienes programada otra cita con él —asiento lentamente—. Es mañana a las dos treinta de la tarde y debes ir tú —recalca la última palabra y va a su despacho.
Suspiro frustrada y me recuesto sobre mi silla.
|| … ||
Pongo los pies sobre la mesa de centro y bebo el contenido de mi copa.
—¿Cansada? —cuestiona Dafne bajando las escaleras con el cesto lleno de ropa.
—Sí, mañana debo de ver a Russo… —ella asiente sonriendo.
—Y no quieres —deja el cesto en el suelo y se sienta a mi lado.
—La verdad que no —suspiro.
—¿No funcionó enviar a Erick? —niego soltando un suspiro.
—Deberé verle de todas formas —hago una mueca con mis labios.
—Estará todo bien —habla con tranquilidad—. ¿Quieres mi coche?, yo mañana llevo el tuyo al taller así no debes preocuparte —simplemente la abrazo.
—Por esta razón eres mi mejor amiga —susurro en su oído.
—Lo sé —sonríe con superioridad—. Pondré la lavadora y luego me iré —enarco una ceja y observo su vestimenta.
—¿Tienes una cita? —asiente.
—Con Tom —sonríe de forma tierna.
—Mucha suerte, Daf —le sonrío.
—Gracias, tonta —besa mi frente—. Ve a ducharte y duerme —toma el cesto y va al cuarto de lavado.
Termino de beber la copa de vino y luego decido seguir el consejo de Dafne. Subo a mi habitación para meterme en el baño y darme una más que relajante ducha caliente.
No soy consciente de cuanto tiempo me tomo bajo el agua pero fue el suficiente para que de caliente haya pasado a helada. Decido salir y envuelvo mi cuerpo en una toalla para luego secarme a la perfección.
Me coloco la camiseta de mi pijama, seco un poco mi cabello con la toalla y luego la dejo colgada en el gancho.
Cepillo mi cabello húmedo pero al oír el timbre decido bajar. Observo el reloj con el ceño fruncido, ya que me parece extraño que alguien llame a la puerta tan tarde. Abro la puerta y puedo ver un hombre alto de espaldas.
—¿Si? —menciono confundida y el hombre voltea haciendo que un nudo se forme en mi estómago.
—Hola, dea —besa la comisura de mis labios a la vez que posa su mano sobre mi cadera y rápidamente siento el calor acumulándose en mis mejillas—. ¿Puedo pasar? —cuestiona al ver que no respondo.
—No —coloco mi mano sobre su pecho, ya que intentó ingresar en la estancia—. ¿Qué rayos haces en mi casa?, ¿de dónde sacaste la dirección? —suelto fría.
—Tengo mis contactos, los cuales no revelaré contigo —murmura—. Estoy algo molesto porque me hayas enviado a tu amigo con esa camisa que casi me deja ciego —frunce el ceño—. Prefería verte a ti, dea —acaricia mi mejilla.
Siento como mi respiración comienza a pesar con su tacto.
*Este hombre va a volverme loca.*
—No te conozco y eres mi cliente. Largo de mi casa o gritaré —mi tono es cada vez más firme.
—Hazlo —menciona—. No me asustas para nada —susurra cerca de mis labios.
Se oyen disparos a lo lejos y rápidamente Bruno se coloca delante de mí, haciendo que ambos entremos en la casa para luego cerrar la puerta.
—¿Qué rayos haces? —cuestiono descolocada.
—Haz silencio —pone su mano sobre mis labios haciendo que no pueda hablar.
Por la ventana logro divisar varios hombres los cuales portaban sus armas en sus manos, se veían tenebrosos, había autos también.
Pasan los minutos y todos desaparecen, Bruno sigue con su mano en mi boca así que decido morderlo.
—Agh... —sacude su mano en el aire—. ¿Por qué hiciste eso? —me lanza una mirada desafiante.
—No me gusta que me hagan callar —respondo encogiéndome de hombros—. ¿Quiénes eran esos? —cuestiono refiriéndome a los hombres de hace unos segundos atrás.
—No es asunto tuyo —suspira y me observa —. Solo ten cuidado... —besa mi frente y se va.
Quedo perpleja ante la situación.
|| … ||
La mujer del primer día que estuve aquí me guía hacia el último piso y allí me deja, no sin antes darme una mirada de apoyo.
—No sé que demonios haces aquí, Kylie —susurro queriendo volver a casa.
—Yo te lo diré —me sobresalto al oír la voz de Bruno—. Estás aquí porque eres la mejor y yo solo tengo lo mejor, dea —se coloca delante de mí y sonríe sin mostrar sus dientes.
—Como sea —ruedo los ojos—. ¿Puedes mostrarme las habitaciones así tomo las medidas? —asiente.
—Claro, ven por aquí —coloca su mano en mi cintura y siento como se eriza mi piel.
Me lleva hacia una gran habitación vacía, no tiene ventanas lo cual me parece perturbante.
—¿Son todas del mismo tamaño? —lo observo.
—Sí, las diez habitaciones son iguales —sus ojos se posan sobre mis labios—. Aunque quiero que haya diferencias entre dos y las otras ocho —pongo atención a lo que vaya a decir—. Dos de ellas quiero que tengan más lujo y las otras que cumplan lo pedido, pero un poco menos de lujosidad —anoto en mi libreta.
Busco la cinta métrica en el bolso y observo por donde empezar.
—¿Pasará solamente sexo aquí? —detengo mi paso por la habitación.
—Serán encuentros candentes —asiento—. ¿Quieres ayuda? —cuestiona enarcando una ceja.
—¿Con qué? —señala la cinta en mi mano—. Ah, eso —susurro—. Sería bueno —se acerca y toma el cacharro de mi mano, se coloca en un extremo de la habitación.
—Sostén allí —señala el lugar y eso hago.
Pasamos unos diez minutos midiendo toda la habitación, ya tengo todo lo necesario así que guardo todo en mi bolso.
—¿Te vas? —asiento—. ¿Quieres tomar algo? —se acerca hasta quedar delante de mi rostro.
—Como dije en la primera cita que tuvimos —fijo mi mirada en la suya—, no bebo en horas de trabajo —cada vez que hablo con él intento sacar mi lado frío.
—Richard me dijo que tendrías el día libre luego de esta cita —maldigo una y mil veces a mi jefe—. No tienes ninguna excusa —susurra y se acerca más a mis labios.
—Solamente una copa —él sonríe.
—Pues vamos —me señala la puerta.
Poco después estamos en el despacho y decido acercarme hacia una de las grandes ventanas que había en la habitación.
—¿Qué te apetece beber? —oigo su voz.
—Una copa de vino tinto —respondo sin voltear a verle.
Desde aquí se aprecia un hermoso jardín, enorme y totalmente deseoso de pisar con los pies desnudos.
—Aquí tienes —aparece una copa frente a mí y la tomo entre mis dedos.
—Gracias —susurro para darle un largo sorbo.
—Pues veo que disfrutas mucho beber —susurra cerca de mi oído y siento como mi cuerpo tiembla—. Es una hermosa vista —sus dedos comienzan a acariciar mi brazo.
No es tonto, obviamente sabe todo lo que es capaz de generar en el cuerpo femenino y se está aprovechando de eso.
—Sinceramente, lo es —volteo hacia él y pasa su vista por mi rostro.
Relamo mis labios en cuanto me percato de que sus ojos están fijos allí y enseguida su mirada vuelve a la mía.
Bruno me quita la copa de entre mis dedos y la deja en un mueble que se encontraba a mi derecha. Da un paso hacia mí, yo retrocedo hasta que mi espalda choca contra la ventana y él aprovecha para colocar sus brazos al costado de mi cabeza.
—¿Sabes? —noto como su voz se torna un poco ronca—. Creí que volverías a enviar a tu querido amigo —contengo una carcajada al imaginar como pudo haber actuado Erick frente a él—. Pero estoy contento de que te hayas atrevido a volver —arrugo mi entrecejo.
—¿Por qué contento? —no puedo evitar llevar mis ojos hacia sus labios—. Usted es mi cliente y no creo que haya mucha alegría más que por un buen trabajo realizado —sonríe burlón.
—Porque deseaba mucho el hacer esto —susurra y une sus labios a los míos.
Es un beso completamente feroz. Está, literalmente, devorando mis labios y es imposible no responder a ese beso. Sus dientes muerden mi labio inferior con suavidad, entreabro un poco mis labios y lo aprovecha para introducir su lengua dentro de mi boca, la cual acaricia la mía. Llevo mi mano hacia su nuca, logrando que el beso se profundice aún más y Bruno aprieta mis caderas con sus manos para luego separarse de mis labios con una respiración agitada.
—¿Qué fue eso? —cuestiono una vez que logro regular mi respiración.
—El mejor beso que vas a tener en tu vida, dea —con su pulgar traza el contorno de mi labio inferior.
—Sé que fue un beso, idiota —ruedo los ojos—. Pero, ¿por qué? —frunzo el ceño.
—Es el primer aviso de que serás mía —besa mi frente—. Recuérdalo —se aleja de mi cuerpo y aprovecho para salir lo más rápido que puedo.
|| … ||
—Cuéntame —me observa curiosa—. ¿Cómo te fue con Russo? —pregunta Dafne para luego llevarse la copa de vino a los labios y beber.
—Me besó —escupe en mi rostro—. ¡Oye! —exclamo limpiándome.
—Lo siento —se cubre los labios— ¿Cómo fue?
—Me besó de una forma que parecía que lo estábamos haciendo pero con la ropa puesta —comienza a saltar en su lugar—. Y luego me dijo, “es el primer aviso de que serás mía” —hago mi voz gruesa.
—¡AHHHH! —chilla—. Ojalá me hubiese tocado como cliente —coloca un semblante serio.
—Ojalá no fuese mi cliente —susurro.
Tocan el timbre, observo a Dafne y ya no está. Me levanto para abrir y veo a Tom, ahora entiendo.
—Hola, Tom —saludo con una sonrisa.
—Hola, Kylie —sonríe—. ¿Está Dafne? —asiento.
—Enseguida baja. Pasa —me hago a un lado y él entra.
Veo hacia afuera y puedo divisar a Bruno apoyado sobre, el que supongo que, es su coche.
—Tom, dile a Daf que salí un momento —da un asentimiento y yo salgo cerrando la puerta.
Me acerco hacia Bruno, me observa de pies a cabeza y sonríe.
—¿Qué es lo gracioso? —pregunto enarcando una ceja sin quitar la vista de sus ojos.
—Quería invitarte a cenar pero viéndote así, me dan ganas de follarte en la parte trasera de mi coche —su comentario me deja de piedra y no sé si es por el frío que hace aquí fuera o por sus palabras.
—¿Se puede saber por qué vienes a una casa donde no conoces a nadie? —puedo notar que está viendo mis pechos.
—¿Tienes frío, dea? —frunzo el ceño confundida y bajo la vista hacia mi pecho.
Gracias a la camiseta y que no llevo sostén se pueden notar mis pezones erectos, rápidamente me cubro con mis brazos.
—Eres un pervertido —murmuro malhumorada.
—No me digas que no te enciendo —se acerca hasta quedar a escasos milímetros de mí.
Ninguna palabra sale de mis labios, observo con calma sus profundos ojos café oscuro que con la noche se ven negros y disimuladamente observo sus labios, creo que me pilla porque sonríe de lado.
—No hace falta que digas nada, ya tengo mi respuesta —luego de decir eso me toma por la cintura, pega sus labios a los míos y apoya mi espalda contra su coche.
Este beso se siente más pasional que el de esta tarde; siento como si me quemarán por dentro de mi cuerpo, sus labios se sienten suaves y me hacen desear más. Se separa con lentitud de mis labios y queda observando mis ojos fijamente.
De un momento a otro siento como su mano fría se encuentra debajo de mi camiseta masajeando uno de mis pechos y él está con una sonrisa perversa.
—Alguien puede vernos —susurro en medio de un jadeo.
—Es más excitante, dea —susurra y vuelve a plantar otro beso en mis labios.
Oigo un carraspeo de garganta, rápidamente separo a Bruno de mi cuerpo, observo al lateral y está Dafne cruzada de brazos con un semblante serio, completamente fingido.
—Me voy, Kylie y volveré tarde —se acerca a besar mi mejilla—. Mejor ve adentro y usa un puto condón —susurra en mi oído—. Adiós Ky y adiós… —observa a Bruno.
—Bruno —él extiende su mano y ella la toma.
—Bruno, un placer —sonríe, voltea hacia mí y me guiña un ojo, luego vuelve al encuentro de su chico y desaparecen.
Vuelvo a ver a Bruno y está serio.
—¿Quieres ir a cenar conmigo, dea? —no quita sus ojos de los míos.
*Quiero tener sexo contigo.*
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¡Holaaa!
Espero que hayan disfrutado el capítulo, los quiero mucho