~Capítulo 15~

3808 Words
Dasha En el trayecto hacia la mansión yo me limito a observar por la ventanilla, mientras Elena se pone a conversar con Boris. Pienso que tal vez cometí un error al venir a New York. Quizás Celine tenía razón y me metí en la boca del lobo al querer estafar a Gael Moore. No me gusta como se van desarrollando las cosas aquí. En muy poco tiempo estoy teniendo muchos problemas, y eso no es bueno. Elena recibe una llamada, y el sonido me desconcentra. —Hola—habla ella—Sí, doctor, dígame… Ajá, el tratamiento…—guarda silencio, prestando atención. Boris me mira por el espejo retrovisor. —¿¡En serio!? ¡Ay, eso es fantástico, doctor!—exclama ella emocionada.—¡No puedo creerlo!—comienza a llorar.—Pero, ¿quién accedió a pagar el tratamiento? Es muy costoso. Dígame quién fue, así yo puedo hablar con esa persona y agradecerle. Es que… ¡estoy muy emocionada!—le dice entre lágrimas. Yo me hago la disimulada y carraspeo algo incómoda. —Oh, ¿anónimo?—la escucho murmurar.—Esa persona es un ángel, en serio. Estoy muy feliz y agradecida. Ojalá supiera quién es, doctor… Sí, un verdadero milagro… Muchas gracias… Sí, pasaremos en tres días a la clínica. Nuevamente gracias.—se despide y corta la llamada. Se cubre el rostro con las manos y llora en silencio, como disgustada. Boris detiene la camioneta porque llegamos a la mansión y Elena se baja con rapidez, disculpándose. —¿Fuiste tú?—habla él. —No sé de qué hablas.—respondo y abro la puerta. Él baja también y rodea la camioneta, poniéndose frente a mí. —Tú me pediste la información sobre el tratamiento de Maggie, y también sobre el doctor que la está tratando.—me recuerda.—¿Por qué no se lo dices a Elena? Ella se pondrá muy feliz.—me anima. —No quiero que piense cosas que no son. Lo hice por la niña, no por Elena.—zanjo. —Estás mostrando una faceta muy humana. Eso es admirable, en serio.—me sonríe. Trato de sonreír pero me sale más bien una mueca forzada. Estoy cansada, en todos los aspectos. Quiero ir directo a la cama y fingir que los acontecimientos de hoy no sucedieron. Quiero hacer un montón de cosas y… aquí estoy, estancada. —No te noto bien. Disculpa mi informalidad.—murmura. —Estoy… tratando de poner varias cosas en su lugar. Tengo una mochila muy pesada sobre los hombros.—me quejo. Ambos ingresamos a la mansión en silencio y nos dirigimos al jardín, donde está Celine junto a Khan, conversando. O más bien discutiendo. Más lejos, sentadas en el césped está Elena abrazando a Maggie mientras conversan. —Sé que no debo opinar más en tu vida—comenta Boris, al ver que observo a ambas hermanas.—Pero lo haré ésta vez: quizás tú piensas que ese gesto que tuviste con ambas no fue nada, pero sí lo fue. Las estás ayudando un montón. Y desde que les abriste las puertas de tu casa, te convertiste en su heroína.—me masajea el hombro. —Iré a… beber algo.—cambio de tema. —Ah, tu maleta está lista.—me dice antes de irse. —Cambié de parecer.—inquiero. Él asiente y se devuelve por dónde vino. —Dasha.—me saluda Celine al verme llegar.—Aquí estoy, hablando con tu hermano. —No somos hermanos.—decimos ambos al unísono. —Como sea. Estábamos dialogando sobre tu madrastra Roxanne.—prosigue ella. —Esa mujer no es nada mío.—zanjo, y tomo asiento en el otro extremo de la mesa. —Dice que es tu prima.—suelta Khan, señalando a Celine con algo de asco. —¡No hagas esa cara! —ella le lanza un manotazo en la cabeza.—Aquí el que da asco eres tú, estúpido. —Pégame una vez más y terminarás ahogada en ese lago.—espeta él, poniéndose de pie. Ella hace lo mismo y lo mira de manera amenazante. —Inténtalo. —lo prueba.—Muchos de los que me amenazaron ya no están para contarlo. —Pues yo sí. —¡Basta!—intervengo, harta. Ambos se sobresaltan por mi grito y dan un paso atrás. —Lo que menos tengo ganas de oír ahora mismo, son sus peleas absurdas. Dejen de discutir porque sino ambos terminarán en el fondo de ese lago.—les advierto.—Tú—miro a Celine—, tráeme la laptop. Y tú, Khan, ve con Boris que él te hará una serie de preguntas sobre Roxanne. Chasqueo los dedos para que ambos se pongan a trabajar y quedo sola en el jardín. Miro una vez más a Elena y Maggie, que todavía se encuentran sobre el pasto. Están acostadas mirando y señalando las nubes en el cielo. Las empleadas me traen un vaso de whisky, doble, y lo bebo de corrido. Celine me trae la laptop y yo le indico que me muestre las cámaras que ubicamos en el pent-house de Gael. —Déjame sola.—le pido. —¿Sucedió algo en la compañía? Estás como decaída.—comenta Celine, poniendo una mano en mi hombro. —Te di una orden, Celine. Creo que sorda no estás.—inquiero sin mirarla. —Mira, no es necesario que estés todo el tiempo siendo de esa manera. Entiendo que es la faceta que muestras en los negocios, pero aquí nadie te va a juzgar ni señalar. —insiste. Miro las grabaciones antiguas del pent-house de Gael, de cuando yo estaba en Rusia. Veo que él toma asiento en el sofá y revisa su celular. —Cuando necesite algún consejo, no te lo pediré a ti. Así que no gastes saliva en tonterías que no me interesan.—le digo a ella.—Lo diré por última vez: vete. Ella suelta un suspiro de resignación. —Bien. Te recomiendo que veas la grabación del domingo. Gael no estaba muy contento cuando vio las noticias sobre tú y el árabe.—indica.—Y las del día siguiente también te gustarán. Digo, quizás eso te motiva a continuar con el plan, con más ganas todavía. Se retira, dejándome con los videos de las cámaras. Adelanto el video hasta el momento donde Gael ve las noticias sobre lo ocurrido con el Príncipe y noto cierta molestia o decepción en su rostro. Está viendo la televisión y cambio el ángulo de la cámara para poder observar bien todo. Le subo al volumen para oír con claridad lo que dice y detallo las muecas que hace. —¿Estará saliendo con él? No creo. Murmura, prestándole atención a lo que dicen las noticias. —Ese árabe… obviamente va a decir todo eso, seguramente esté interesado en ella. Se queja. Se nota que eso no le gustó para nada. Lanza el celular al sofá y apaga el televisor. Se rasca la cabeza y pasea de un lado al otro, como si estuviese pensativo. Yo pongo cámara rápida para adelantar eso, y luego la detengo cuando recibe una llamada. —Veamos qué llamadas recibiste…—murmuro fijándome en el registro de llamadas.—Ah, Demian. Reproduzco la llamada, y escucho con atención lo que hablan. Al parecer Gael estaba muy cabreado por las noticias y le pidió a Demian que averigüe todo sobre el Príncipe. Se mostró celoso en la llamada que mantuvo con su amigo, aunque trató de esconderlo. Demian intentaba tranquilizarlo, diciendo que no le diera importancia, que quizás todo era marketing. Continúo revisando las grabaciones, adelantando lo que no tiene relevancia. Todo muestra las cosas cotidianas: Gael trabajando. Gael sin remera, paseándose por todo el pent-house. Gael durmiendo. Gael hablando por teléfono con los demás socios, conmigo, o con su familia… Me detengo en la otra grabación que me recomendó Celine y, antes de continuar viendo el video, pido que me traigan otro vaso de whisky. Miro a mi alrededor y compruebo que estoy sola. Suelto un suspiro, lleno de cansancio, y le doy play al video. —… y yo estoy pintando.—dice él, riendo.—Mucha salida. Mucha diversión. Y el idiota de Gael aquí haciendo el papel de estúpido. Mi ceño se frunce al oírlo hablar así. Lanza la copa que tiene entre sus manos al suelo y patea la mesa con enojo. —Eres un estúpido, Gael. Ahí tienes. Ese árabe la puede conquistar con lo que sea y tú quedarás en la nada. —Guardado te lo tenías, Gael.—hablo, sin dejar de mirar la grabación. —Maldita sea…—murmura con enojo. Toma asiento en el sofá y termina de ver la noticia, prestándole atención a las fotos que aparecen. Chasqueo la lengua al ver la expresión de lástima que se le cruza por la cara a Gael cuando las mira. Apaga la televisión y suelta un suspiro de resignación. Se cubre la cara con ambas manos y así se queda por unos segundos. Yo acerco mi rostro a la pantalla, como si pudiese así prestarle más atención y ver si realmente está mal o no. Trago saliva cuando veo que se frota los ojos con enfado, como si le enojara más el hecho de estar dolido por algo así. Hago zoom y le pongo pausa justo cuando se detiene en su rostro. Noto sus ojos un poco irritados y su cabello despeinado. —Ay, Gael…—susurro. Bebo todo el contenido de mi vaso y lo dejo a un lado cuando queda vacío. Retomo el video y le aumento la velocidad, pasando por alto las cosas irrelevantes. Lo detengo cuando la aparición de Nora llama mi atención. —Gael, ¿ya viste las noticias sobre tu amorcito? Parece que la está pasando bien con ese árabe.—comenta ella. Gael está en el balcón, pero vuelve a la sala cuando escucha esas palabras por parte de Nora. —No hables de lo que no sabes, por favor. No me gusta la intención de tus palabras.—le advierte. Se lo nota cansado. —Solamente quiero que estés bien, Gael. Ella no es buena para ti. ¿No ves que no piensa en ti al estar junto a ese hombre? Dasha está en Rusia dándose la gran vida, saliendo con ese hombre y lo hace a propósito.—replica. —¿Qué pretendes diciendo eso? No soy tonto. Que ella haya conocido a ese hombre, no significa que tenga algo con él. —le deja en claro. —Ay, no seas ingenuo, por Dios. Ese príncipe es mega millonario, tiene todo el oro del mundo. Dasha es una mujer interesada, materialista… él la puede deslumbrar con facilidad.—le advierte. Gael guarda silencio y eso enciende mis alarmas. —¿Qué estás tratando de decir? —Eres inteligente. No dejes que su belleza te ciegue. Esa advertencia que le hace Nora a Gael me deja pensativa e inquieta. Esa maldita intenta lavarle la cabeza para ponerlo en mi contra. Exhalo. Intento pensar con claridad mi siguiente paso. Cierro la laptop y me pongo de pie. Me dirijo hacia el muelle para tener más claridad en mi mente. Nora podría ser un gran problema si consigue su objetivo: manejar a Gael. Ahí ella tendría todas las de ganar, y mi plan se iría a la basura. Tengo que conseguir mucha más atención por parte de Gael. Pero los sucesos acontecidos recientemente no ayudan mucho. Aún estoy enojada con él y con los demás socios. Si en la reunión de mañana, la mayoría vota en mi contra, perderé y tendré que irme de la compañía. Así que debo rezar para que cuatro de los siete miembros estén a mi favor. Se escuchan unos pasos sobre las maderas del muelle. —Disculpe, señorita Kuznetsov—escucho la tímida voz de Ivonne, una de las empleadas—, el señor Piero Ricci está aquí y quiere verla. Me giro hacia ella y me quedo pensativa… ¿Piero Ricci aquí? —Escóltalo hasta el jardín.—le indico. Ella se retira y yo vuelvo a tomar asiento donde estaba anteriormente. A los pocos segundos veo al arquitecto que se acerca, vistiendo un traje azul el cual se amolda a su cuerpo. Desprende elegancia y seguridad con cada paso que da. —Y yo que creí haber sido lo suficientemente clara la última vez que hablamos.—le digo cuando está a pocos metros de distancia. Me pongo de pie y él se ríe ante mi comentario. —Estoy aquí por cuestiones profesionales… señorita Kuznetsov.—aclara.—Aunque, muy en el fondo sé quién eres realmente, y algún día me darás la razón. —¿A qué debo su visita?—voy al grano. —Estoy al tanto de su… pelea con la compañía G&D. —Oh, ya veo. Le gusta el chisme. —No, para nada. Fui a visitar a Gael, y escuché sobre el problema que surgió a raíz de su… encuentro con el Príncipe árabe.—comenta. —Sigo sin entender qué hace aquí. —me cruzo de brazos. —Quiero ayudarle.—dice.—Estoy a su disposición. —No necesito ayuda de nadie. Puedo resolver mis problemas yo sola.—aclaro. —Hasta ahora parece que tiene más enemigos que amigos.—inquiere.—Hay personas que no creen en usted. —Eso no me importa. —zanjo. Él se acerca a mí y sus ojos se encuentran con los míos. Lleva su mano a mi mejilla y la acaricia con delicadeza. —Sé muchas cosas sobre ti… tanto de la verdadera chica, como de ésta nueva.—murmura de forma cómplice.—Hay enemigos a tu alrededor. Alejo su mano de mi rostro y lo miro con seriedad. —¿Qué pretendes? ¿Vas a delatarme con Gael y el resto?—lo encaro. —No. Si lo quisiera, ya lo habría hecho.—espeta.—Quiero que confíes en mí. Tú sabes que siempre te fui fiel y leal. Nada ha cambiado. Puedo ayudarte. —¿No entiendes? No necesito ayuda. Quiero que me dejes en paz. Él está a punto de responder, pero un carraspeo nos interrumpe. Ambos giramos nuestros rostros y vemos a Celine que me lanza una mirada impaciente. —Lamento interrumpir, pero es urgente.—me informa. —Prima, estoy en medio de algo importante. —Retomamos la conversación mañana.—me dice Piero.—Puedo ir a la compañía, si es que aún trabajarás allí. —Por supuesto. Estaré allí mañana.—le digo sin rodeos. Él eleva una ceja al oírme y asiente con lentitud. —Bien. Hace el amague de irse pero se vuelve hacia mí y habla lo suficientemente bajo como para que únicamente yo lo escuche: —Tengo una propuesta que quizá te interese oír, y está relacionada con tu “familia”—dice. Yo alejo mi rostro y lo miro con atención. Frunzo el ceño y él simplemente me guiña un ojo. Se aleja de nosotras y yo lo miro marcharse. En mi mente se empiezan a formular muchas preguntas a raíz de lo que me dijo, dejándome confundida. Me pregunto, por sobre todas las cosas, ¿cómo es que él sabe sobre ese tema? Miro a Celine, como si pudiese comprobar si ella me ha estado traicionando. También pienso en Boris. —¿Qué pasó?—le pregunto a ella. —Tengo un plan para poder saber quién está en la cárcel de Rikers Island. Podemos enviar a alguien con instrucciones claras y concisas a ese lugar. No sé por qué no lo pensamos antes.—comenta. —¿Y quién crees que debería ir? Puedo ir yo, así las cámaras me captan y cuando le llegue el comentario a Gael de que alguien está metiendo las narices en sus asuntos, me verá a mí en las grabaciones de ese lugar. Me pregunto qué pasará si eso sucede. —Obviamente pensé en eso. No puedes ir tú, y tampoco yo.—aclara. Yo tomo asiento en la silla y ella hace lo mismo. —Mandaremos a Elena.—suelta. —¡Ay, qué buena idea! Seguramente Elenita irá encantada. —digo con sarcasmo.—No seas estúpida, Celine. Ella es inútil, no podrá pararse allí sin ponerse a llorar. —Ella irá. Su primo es policía y trabaja en ese lugar. Solamente necesitamos que Elena vaya, lo persuada con dinero y le pida los registros. Si vemos que él no coopera, porque cabe la posibilidad de que no sea un traidor de la ley, ahí ingreso yo y busco la manera de entrar infiltrada. Puedo llegar hasta la zona donde están las oficinas principales para poder hackear el sistema y así tener acceso a todos los registros. De esa manera podremos dar con la persona que buscamos.—me explica. —No creo que Elena pueda con esa responsabilidad. No tiene el don para presionar a las personas y lograr lo que se propone. Ella es muy… blanda.—le intento hacer entender. —Ella es la única que puede, ¿no entiendes? Tiene a un conocido allí.—recalca. —Si algo sale mal, y tú debes poner un pie allí, de paso quédate.—le digo. Ella me sonríe con fastidio. —Llama a Elena entonces y detallemos el tema. Debe ir mañana mismo.—le ordeno. —Bien. Ahora, cambiando de tema: ¿Viste las grabaciones?—señala la laptop. —Las vi, y me hubiese gustado que tú me avisaras de su contenido antes.—le reprocho.—Nora está metiendo sus narices nuevamente, y le está llenando la cabeza de idioteces a Gael. ¿No pensabas decirme sobre eso? ¿Y si yo no le pedía para ver las grabaciones?  —Lo lamento. Obviamente te las iba a mostrar si no preguntabas.—se defiende. —¿Debería creerte?—cuestiono con desconfianza.—¿Así como debería creerte que no estás involucrada con que Piero Ricci sepa sobre mi familia? Ella frunce el ceño y me mira sin entender. —¿De qué hablas? ¿Qué tiene que ver ese hombre, y tu familia?—cuestiona. —Ah, ¿no sabes? ¿Por qué siento que estás haciendo algo por detrás?—le suelto.—No me dijiste nada sobre el encuentro entre Nora y Gael. Esperaste a que yo te pidiera las grabaciones para mencionarlo. ¡Sabes cuán importante es Gael en todo esto y también conoces el pasado que tiene con ella! ¡Debiste decírmelo inmediatamente!—le grito. Me acerco a ella de manera amenazante, y no se mueve, más bien se acerca también. Tiene los puños apretados, y sus ojos fijos en los míos. —¿Me estás acusando de algo? ¿En serio piensas que te puedo traicionar?—escupe con enojo. —Dime tú si me estás traicionando o no.—le exijo. —Yo ni siquiera conozco sobre tu familia, ¿cómo podría traicionarte con algo que desconozco? Solamente me contaste sobre esa Roxanne, y sobre el estúpido de Khan. Sobre tu madre jamás comentas nada, y sobre tu padre poco y nada. —Alguien le envió información sobre mi familia a Piero Ricci. —¡Yo no fui! ¡No seas estúpida!—zanja.—¿Por qué no desconfías de Boris? El te conoce muchísimo mejor que todos aquí. O, tal vez, tu hermanito decidió apuñalarte por la espalda. Esa opción parece más normal.—replica con enfado.—¡O incluso esa Roxanne lo contactó! ¡Todo puede pasar! Pero, no, vienes y desconfías de mí. Gracias por la confianza que me tienes. Tomo asiento en la silla y guardo silencio. —Me acusas sin tener pruebas.—prosigue.—Algo malo pasa y me señalas a mí como culpable. Si te pusieras a pensar, por un segundo al menos, te darías cuenta que es una estupidez sin sentido lo que haces. —Alguien me está traicionando… —Y yo no soy esa persona.—espeta.—Si no me crees, es tu problema. Envíame a prisión si lo deseas, pero con el tiempo te darás cuenta de que la persona traicionera es otra. La observo y noto un destello de decepción en su rostro. Parece dolida por mi acusación. —Pensé que me había ganado tu confianza, pero ya veo que no.—murmura. —Estoy con muchas cosas en la cabeza. Yo…—suspiro—, lamento haber dicho eso. Fue un arrebato estúpido de mi parte. Su rostro refleja sorpresa. —¿Qué dijiste?—pregunta. —No me hagas repetirlo. —Ay, tampoco te estoy pidiendo algo del otro mundo. Una buena disculpa sí me vendría bien de tu parte. Me acusaste de algo muy feo. —Bien. Lo lamento, ¿contenta?—digo con fastidio. —Puedes mejorar tu disculpa, pero es un aceptable. Iré a buscar a Elena. Yo asiento y ella se retira. Sé que ella no me traicionó, porque no le he contado tanto sobre mi vida y, aunque lo hubiera hecho, algo me dice que Celine es de confiar. Pienso en Boris… él me conoce mejor que cualquier otra persona, y siempre ha sido leal. Sería sumamente extraño que decida revelarse e ir en mi contra. Por otro lado, Khan, a él lo veo capaz de todo. Siempre fue una mierda conmigo, así que no me sorprendería que me esté traicionando con tal de obtener dinero. Él es una persona que se va con el bando que más dinero le ofrezca. En las siguientes tres horas me dedico a explicarle todo el plan a Elena, con ayuda de Celine. Al principio hace muchas preguntas al respecto, pero cuando le corto la pataleta poniéndome firme, ella accede a hacer todo al pie de la letra. Su hermano trabaja en las oficinas donde se archiva todo lo importante. Tiene acceso a los registros de llamadas y visitas que se realizan a diario, así que no será problema que Elena pueda acceder hasta allí. Celine irá con ella, obviamente su apariencia cambiará (otra vez), para que se vea irreconocible por si las cámaras la captan. La idea es que Elena vaya a visitar a su hermano, y así aprovechar para conectar un pequeño dispositivo de hackeo para que yo desde aquí pueda acceder a todos los registros. En el caso de que ella no tenga oportunidad de hacerlo, o surja un imprevisto, deberá distraerlo para que Celine lo conecte. Sea como sea ese dispositivo debe ser conectado. Tenemos una sola oportunidad.
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