~Capítulo 14~

4801 Words
Dasha Las cosas no siguieron bien en los próximos días. Gael no me respondía las llamadas, y lo único que me contestó cuando le envié un mensaje común fue “Estoy ocupado, hablamos luego” Obviamente algo no andaba bien. Y la razón de su mal humor tenía nombre y apellido: Hassan Mahaluf. Por si el escándalo que surgió después de la fiesta, para darle la bienvenida, no fuera poco, al día siguiente me había llegado una invitación por parte del Emir para cenar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad, junto a él. Tuve que aceptar, más que nada por y para beneficio propio, ya que si rechazaba cualquier detalle de su parte pues él podría hablar mal de mí o de mi trabajo. Y tener malas referencias de su parte, sería una pérdida que no estoy dispuesta a acarrear. Toda la velada estuvo a la altura de un hombre como él, claro está. Lujo por cualquier lado. Una limosina bañada en oro pasó a recogerme al hotel-Casino, y recorrimos la ciudad en ella mientras bebíamos un champagne muy caro. Cenamos pescado–debo mencionar que no me gusta–, ya que a él le encanta y es un plato que en su país se acostumbra a comer. Charlamos bastante sobre negocios, y dentro de todo, no fue una mala noche. Pero, obviamente, tratándose de una persona como él, las cámaras nos seguían desde lejos. Las redes se inundaron de más fotografías nuestras y la gente salió a comentar al respecto. Todos especulaban sobre ese encuentro y aseguraban que había algo más. Luego de cenar, y de pasear por toda la ciudad como si fuéramos estrellas de Hollywood, él me llevó nuevamente hasta mis aposentos. Nada de sexo. Intenté llamar a Gael, pero no respondió. Elena me comentó que él estaba de mal humor, y que sus gritos se habían oído en toda la compañía; Celine estaba contenta, diciéndome que aprovechara y no perdiera el tiempo, que si ella estuviera en mi lugar no dudaría en lanzarse a los brazos del árabe– sonaba muy al estilo de Irisa lo que dijo–,me dio gracia que fuera tan directa pero aún así traté de no hacerle caso; Boris también estaba un poco cortante pero no le di importancia, ya que así estaba él últimamente. Una vez que dejé en orden los negocios en Rusia, y me despedí del Príncipe árabe diciendo que esperaba volver a verlo– él me aseguró que nos volveríamos a ver porque lo había sorprendido para bien–, volví a New York preparada para la avalancha que se me vendría encima. El viaje me había dejado agotada y, como estaba cansada, el estrés se había apoderado de mí… y cuando yo estoy estresada, no soporto a las personas. Boris me estaba esperando en la pista de aterrizaje, y cuando bajé de mi jet privado me subí a la camioneta sin dirigirle la palabra. —Bienvenida de vuelta, su alteza.—se burla, y capto veneno en sus palabras. —Justo hoy les traje regalos a todos, ¿y sabes qué regalos son? Boletos, todos ellos con destino a la mierda. Y casualmente uno de esos regalos es para ti.—le digo de mal humor.—Hoy mi paciencia está en el límite, así que no me busques. Él guarda silencio, y aprieta el volante con fuerza. Me acomodo en el asiento y bajo el vidrio de la ventanilla para tomar un poco de aire fresco. El viaje se hace un poco largo, por lo que dialogo un poco con Elena. Me cuenta que hay varios reporteros que me piden declaraciones sobre el Príncipe. Todos están jodiendo con eso. Le ordeno que les diga que no daré ninguna declaración porque simplemente no se les importa qué hago con mi vida. También me dice que escuchó a Harrison hablar con Isaac sobre mí. Ambos están pensando en proponerles a los demás que me saquen de la compañía, porque asumen que traeré problemas y que mis tácticas se negociación son absurdas. Dimitri también me avisó sobre eso. Llegamos a la mansión y les indico a las empleadas que suban mi equipaje. Me encierro en mi habitación y tomo un buen y relajante baño caliente. Me tomo mi tiempo para bajar la tensión de mis músculos y cuando estoy más calmada, me pongo un pijama de seda y una bata encima. Bajo al jardín y pido la cena. Celine es la única que se me une, sacándome charla y lanzando comentarios picantes sobre el Emir. —Qué buen banquete tenías allá, eh.—se ríe.—Ese hombre es todo lo que está bien. —Físicamente, porque después lo que tiene en la cabecita no le suma nada.—contradigo.—Es muy arrogante. —Oh, qué loco, casualmente tú eres igual.—me señala con el tenedor.—Algo en común tienen. —No seas estúpida. Tengo boletos, ¿quieres uno?—le pregunto. —¿Un boleto? ¿Con destino a dónde?—se nota interesada. —Con destino a la mierda. Si no sabes el camino dile a Boris que te guíe.—añado. Ella rueda los ojos. —Estás muy brava, ¿qué te pasa? ¿El príncipe no cumplió con tus expectativas o qué?—cuestiona con el ceño fruncido. —No, no lo hizo. ¿Crees que porque tiene mucho dinero ya ganó?—replico. —Por algo está el dicho que dice “la billetera mata al galán”—comenta.—En éste caso la billetera sería el árabe, y el galán sería Moore. —No en éste caso. Ninguno mata a nadie —zanjo.—Ambos son unos ineptos. —¿Por qué hablas así? Hasta ahora el galán no ha hecho nada malo, te ha complacido en todos los aspectos. Y, el árabe… bueno, ahí no puedo opinar porque no sé cómo es personalmente. —Personalmente es una persona que solamente habla sobre dinero y lujos. —le digo con seriedad.—Y Gael me importa una hectárea de mierda. Sabes bien por qué estoy cerca de él. Ella me inspecciona con algo de duda y continúa comiendo en silencio. —Y tú no descuides el trabajo.—zanjo.—¿Gael recibió alguna llamada desde Rikers Island? —No ha recibido nada. Y su humor está por el piso, te aviso.—me advierte.—Revisé las cámaras que puse en su casa y parece que está endemoniado. —Necesito que averigües quién está en esa cárcel, y por qué lo ha llamado a Gael.—le ordeno, pasando por alto lo demás que me dijo. —¿Oíste lo demás que te dije? Creo que es más importante. —Las rabietas que esté teniendo Gael, no me importan. Son cosa suya.—respondo.—Tenemos una cuenta regresiva, y en menos de seis meses hay que culminar el plan. —El plan, cierto.—suspira. —¿Qué fue ese suspiro? ¿Te habías olvidado?—cuestiono. —No, para nada. Es que… por momentos siento que estamos cometiendo un error. No sé.—murmura algo indecisa.—Convivir con éstas personas, divertirme… ha sido normal. —Pues, olvídate de esas tonterías y despierta de una vez. Aquí estás únicamente para una cosa y, hacer amigos o formar una familia feliz, no están dentro.—le recuerdo. —¿Sabes qué? Mejor me voy a dormir. —se queja, dejando los cubiertos de lado.—Estás de pésimo humor, y más negativa de lo normal. Cada vez que te escucho hablar me dan ganas de tirarme de un puente. En serio, mujer, baja las revoluciones. —No te pedí opinión.—continúo comiendo. —¿Ves? Eres insoportable.—señala, harta.—Te diré una cosa: espero que tu plan salga a la perfección, porque si todo se va por la tubería será justamente por ese carácter podrido que tienes. —Este “carácter podrido” que tú dices, me ha llevado muy lejos. Mírame dónde estoy.—añado.—Creo que la que debería cambiar el carácter eres tú, porque mira dónde estabas por ser como eres. Y si no fuera por mí, aún seguirías en ese agujero asqueroso. Ella aprieta su mandíbula y me mira con notorio enojo. Se pone de pie y parece contener las ganas que tiene de decirme algo. —¿Algo más que quieras decirme?—pregunto. —Muchas cosas.—responde sin titubear.—Pero no las diré, dejaré que tú misma las descubras con el tiempo. Porque, esa coraza que tienes alrededor solamente te destruirá a ti misma. —Oh, mira tú. Sigues dándome consejos que no te pedí. Vete ya.—hago un ademán. Ella se va, dejándome sola. Miro la comida y hasta el hambre se me fue. Tiro el tenedor y emite un fuerte ruido cuando choca contra el plato. Me las vas a pagar, Celine. Ya verás cuál de las dos termina peor. ** A la mañana siguiente llego a la oficina vistiendo un conjunto rojo y blanco. Boris apenas me dirija la palabra, lo cual agradecí, ya que no quería soportar sus tonterías tan temprano. Los periodistas continuaban con las preguntas referentes al árabe, y las r************* aún estaban revolucionadas, muy encendidas. En cuanto llego a la zona de oficinas, me dirijo hacia la mía. Pero Elena está de pie frente a la puerta, impidiéndome el paso. —¿Estás haciendo guardia?—le pregunto. —Los hombres están en la sala de reuniones, señorita.—me informa. Me empieza a dar comezón en el cuello, del lado derecho. Y eso sólo pasa cuando la cólera se apodera de mí, y generalmente las cosas no terminan bien cuando me pongo mal. —¿Qué? ¿Reunión de qué?—exijo saber. —No lo sé. Al parecer fue algo de urgencia —dice en voz baja. —¿Y por qué yo no sabía nada de esa reunión? ¿A caso estoy pintada? También soy socia de este lugar.—inquiero. —El señor Harrison la organizó hace unos minutos… —Ah, claro… ese estúpido está detrás de esto. —digo riendo.—Debí suponerlo. Ella me observa con preocupación al ver que empiezo a reírme. —¿Están todos en la reunión?—le pregunto, sintiendo que la rabia se apodera de mí. —Sí, señorita. Le iba a avisar, pero el señor Isaac me dijo que se encargaría él mismo de hacer llegar la información a usted —se disculpa. —No te preocupes. Yo misma iré a aclarar esté mal entendido —le digo con firmeza. —Debe hacerse olvidado de avisarle…—trata de calmar mi enojo. —Sí, claro, eso siempre pasa.—ella asiente de acuerdo.—Bien, iré a la reunión entonces. —¿Le llevo un café? —No, necesitaré algo más fuerte. ¿Qué tal un whisky doble? Lo dejas en mi oficina. Ella asiente y yo inhalo una profunda bocanada de aire… Así que han organizado una reunión y no me avisaron. Perfecto. Llego a la sala de reuniones echando humo por las orejas. Celine me advirtió sobre ellos dos, me afirmó que ambos estaban considerando quitarme del camino. Pues, no les daré el gusto. De aquí no me voy. Abro la puerta sin llamar, y miro a los siete hombres que se encuentran sentados alrededor de la gran mesa. Trato de mostrarme pacífica ante ellos, sonriendo como de costumbre. Los ojos de Gael chocan con los míos, y lo noto tenso, serio, ¿enojado, tal vez?. Demian está más incómodo que todos. Obviamente Isaac y Harrison me aniquilan con la mirada. En cambio, Dimitri, Eric y Justin, se muestran más tranquilos. Yo dejo la puerta abierta de par en par. Si habrá un escándalo me aseguraré de que llegue a oídos de todos. Me pongo en el otro extremo de la mesa, y me quedo de pie observándolos a todos. Dejo la cartera sobre la superficie frente a mí, y carraspeo. —Buen día, caballeros.—los saludo. Dimitri es el primero en saludarme, y me mira como pidiéndome disculpas. Los demás responden más por obligación a mi saludo. —Qué sorpresa acabo de llevarme—comento.—Llego a la empresa y no veo a ninguno de mis empresarios favoritos. Y, sumamente tarde, me entero que están teniendo una reunión de la cual no fui notificada. Quiero creer que se les olvidó avisarme, porque hablaría muy mal de ustedes si me excluyeron a propósito. Gael es el primero en ponerse de pie mientras se arregla el saco de color n***o. Sus ojos me observan con total seriedad. Él en un extremo de la mesa y yo en el otro. —Creí que el jefe tendría la decencia de avisarme.—le digo, forzando una sonrisa. —Estabas muy ocupada, creímos que lo mejor sería dejarte descansar.—explica, distante. —No me asocié a esta compañía para quedar excluida de las reuniones.—le echo en cara.—Mi opinión también es importante. —Si no estás conforme puedes irte.—salta Harrison. —Es lo que quieres, ¿no? —le respondo de igual manera.—Dime, ¿te sientes intimidado por mí o qué? —Por una mujer, jamás. Y menos por alguien como tú.—dice. —Mmm, ¿estás seguro? Porque ya sé que ésta reunión fue idea tuya.—lo señalo. —No entremos a discutir, por favor.—dice Demian. —Me gustaría saber por qué no fui notificada de esto. Y quiero la verdad. —miro a Gael.—El que yo haya estado fuera del país, no es excusa para que no me avisen de esto. Les recuerdo a todos que soy socia, por ende, no pueden tomar decisiones sin contar con mi opinión. ¿O es que, a caso, la reunión se trataba sobre mí? —Tu presencia nos afecta de mala manera —inquiere Justin.—Estamos viendo qué es mejor para todos aquí. Quizás tu llegada nos perjudica. Yo aprieto mi mandíbula. Miro a Gael, pero él sólo desvía la mirada. —¿En qué los perjudica? Ya que no tuvieron los pantalones bien puestos para llamarme y plantearme ésta situación cara a cara, espero que ahora que sí estoy aquí, me digan lo que piensan de frente.—los reto.—¿O es que para ese tipo de cosas no son lo suficientemente hombrecitos? Harrison se pone de pie y se acerca a mí, con seguridad y el mentón en alto. Alzo el rostro para verlo mejor, ya que es un poco más alto que yo. —Debiste quedarte con el árabe.—suelta.—Esa escapada que hiciste fue por y para el bien de tus negocios. No veo en qué nos ayudó eso a nosotros. ¿No será que quieres hundirnos? —¿Esa es tu molestia? ¿Que un príncipe haya querido conocer mis instalaciones y no éstas?—cuestiono.—Esa visita la consiguieron mis chicas, mis colegas rusas. Él tenía interés en los hoteles y casinos de Rusia. —Pudiste mencionar los de aquí.—sigue. —¿Para qué? Él da un paso hacia atrás y mira a los demás. —¡Vean!—me señala.—Ella no está comprometida con esto. No hace nada por nosotros. No sé para qué aceptaron que sea nuestra socia. ¡Les dije que una mujer no puede estar en el mundo de los negocios! ¡Solamente andan de calientabraguetas y no les importa enrollarse con cualquier hombre con tal de obtener poner y dinero!—me grita en le cara. La palma de mi mano impacta contra su mejilla en cuestión de segundos, volteándole la cara de una fuerte bofetada. Luego le doy otra bofetada, volteando su cara hacia el otro lado. —Escúchame bien, estúpido.—me voy contra él de manera amenazante, mientras lo tomo de la mandíbula para acercarlo a mí, y no me inmuto cuando mis uñas raspan sus mejillas.—A mí me vas a respetar, quieras o no, ¿entiendes? No tienes ningún derecho de faltarme al respeto de esa manera tan descarada. Destilas envidia por cada poro, y eso de debe a que no soportas que yo sea exitosa, mientras que tú eres una sombra de los demás. Lo suelto de golpe y Gael se pone frente a mí, dándome la espalda. Demian toma a Harrison del brazo y los demás se nos acercan también. —Todos son unos estúpidos por seguirle el juego a éste infeliz.—los señalo, y empujo a Gael para que salga de mi camino.—La próxima vez que quieran mandarme a la mierda, pueden venir y decírmelo en la cara. Porque tarde o temprano me voy a enterar. —No queremos que te vayas.—me dice Gael —Solamente estábamos escuchando la propuesta de Harrison y Isaac. —¿Y yo no podía estar presente? Me hubiese gustado oír lo que ambos dijeron sobre mí.—acoto. —Queríamos evitar justamente esto —me dice Demian con algo de pena. —Si no quieren que siga siendo socia de la compañía, solamente tienen que decírmelo.—digo sin dar vueltas.—No estaré en un lugar donde no valoran mis aportes, y mucho menos donde no me respetan.—le lanzo una mirada a Harrison. —¡Entonces lárgate de aquí! —me grita él. —Para tu desgracia, el jefe es otro. Cierra la boca —zanjo. —Lo dejaremos en votación.—anuncia Gael.—Por favor, cálmense. Tendremos una reunión mañana. —Sólo asegúrese de tomar la decisión correcta porque, puede que ustedes me crean un ser insignificante, pero hay personas que me han ofrecido muchísimo más que una simple asociación… y sin embargo decliné la oferta, y lo hice por pensar en ustedes y esta compañía.—les advierto. Salgo de allí sintiendo que mi pecho se oprime, y me duele… me duele demasiado por esas palabras de Harrison, porque sé que en parte tiene razón. Sí, he escalado alto utilizando más el lado ilegal pero jamás me acosté con alguien para sacar provecho u obtener beneficios, eso en ningún momento se me pasó por la cabeza. He cometido errores en el medio, porque estafé a más de uno. No fui la mejor persona cuando comencé. Pero ahora sí estoy siguiendo las reglas… al menos hasta que terminen los seis meses. Llego a mi oficina y Elena cumplió al dejarme el vaso de whisky sobre mi escritorio. Lo agarro y lo bebo todo de una. Siento que me quema la garganta pero trato de enfocarme en otra cosa. Malditos hombres. Lanzo el vaso vacío al suelo y se rompe de inmediato. La cabeza empieza a palpitarme y el cuello sigue dándome comezón. Inhalo y exhalo. La puerta se abre y veo a Gael allí. —Lárgate.—le ordeno. Él mira los pedazos de vidrio esparcidos por el piso y le hace señas a Elena para que venga. —¡Elena vuelve a tu lugar!—le advierto. —Llama a los de la limpieza.—le ordena Gael. —¡Te di una orden, Elena!—le grito.—No olvides para quién trabajas.—la señalo. Ella se retira, cerrando la puerta detrás de ella. Me rasco el cuello con impaciencia, tratando de controlar la ira que siento. —Gael, te dije que te fueras. —Necesitamos hablar.—inquiere. —Hablar…—me río, pasándome la mano por mi cabello suelto.—¿Hablamos del estúpido de Harrison? ¿Hablamos sobre la absurda reunión que tuvieron, de la cual no fui parte? ¿Hablamos de lo idiota que fue el jefe al no tener la decencia de llamarme e informarme sobre lo que estaban planeando a mi espalda? ¿Hablamos de tu tonta actitud distante? ¿De qué quieres hablar? Porque te llamé un montón de veces, justamente para hablar, y tú no quisiste. Así que ahora yo soy quien no quiere hablar contigo —espeto sin paciencia. Camino por toda la oficina, demasiado inquieta. Mi cuerpo está cargado de adrenalina, mi comezón ha aumentado, y mis nervios están a flor de piel. Necesito estar sola para poder calmarme. —Yo quiero que hablemos sobre ese árabe..—murmura. —¿Sobre el árabe? ¿Es más importante para ti ese estúpido árabe, en vez de lo que pasó hace unos minutos? ¿No dirás nada sobre las palabras que Harrison me dirigió?—cuestiono. —¡Necesito entender, Dasha!—eleva la voz.—¡Todos los portales de noticias hablan sobre ustedes dos! —Veo cuáles son tus prioridades.—murmuro incrédula. —Mi prioridad eres tú. —Me doy cuenta.—suelto.—Te importo tanto que estás más pendiente de qué hombre se me acerca, en vez de ponerle un alto a ese estúpido de Harrison por la manera en que me insultó. Divino de tu parte. —Y hablaré con Harrison, lo juro. —No me jures nada. Las cosas se enfrentan en el momento, no cuando se te dé la gana. —le aclaro, sin dejar de rascar mi cuello.—Mejor vete. Saca tus propias conclusiones respecto a Hassan Mahaluf. Dejo de dar vueltas en la oficina y tomo asiento en un sofá, poniendo mis manos sobre las rodillas. Cierro los ojos y trato de regular mi respiración. —Tú me importas mucho.—lo escucho sin abrir los ojos—Sólo… Yo… olvídalo. —Sí, ya vete. No te quiero oír más. —No te entiendo, ¿por qué me atacas de ésta manera? ¿Qué esperabas que hiciera? Abro los ojos y me pongo de pie de golpe. Aprieto mis puños, sabiendo que el mini ejercicio de respiración no me sirvió de nada. —¡Quería que me defendieras!—le grito.—¡No vi que actuaras como un verdadero hombre, Gael! ¡Ese estúpido me insultó y ninguno fue capaz de ponerle un alto! La voz me sale desgastada, y trago saliva para recomponerme. Algo en él parece hacer clic, porque su expresión se calma y ahora me observa con tristeza. Da un paso hacia mí pero elevo mi mano, deteniéndolo. No quiero que me vea frágil, ni derrotada. —Qué idiota soy. —dice.—Maldita sea. Lo lamento tanto. Tienes toda la razón.—se disculpa, queriendo avanzar hacia mí.—Perdón. —baja mi mano y se acerca igual. Intento apartarme, alejarlo de mí, pero aún así se opone a mi pedido y me envuelve con sus fuertes brazos. Me rodea la espalda y siento el calor que emana su cuerpo cerca del mío. —Perdón, en serio.—susurra en mi oído. Me abraza con más fuerza, y acaricia mi cabello. Me mantengo tensa, sin corresponder al abrazo. Estoy dolida y ofendida por las palabras de Harrison hacia mí. Hubiese querido que Gael le pusiera un alto, que le pidiera respeto hacia mí, que lo obligara a pedirme perdón. Nada de eso sucedió. Nadie hizo nada. Yo misma tuve que golpearlo por la impotencia que sentí. El abrazo de Gael logra calmarme, y me enojo por eso. No puedo permitir que mi cuerpo reaccione de esta manera ante su cercanía. Me aparto de él y me paso ambas manos por mi cabello. Agarro mi cartera nuevamente y busco mi teléfono móvil en su interior. —¿Podemos hablar con calma? Por favor.—me pide. —No, vete. Si no tiene relación con la compañía, no te quiero oír.—le digo, sin dejar de buscar el aparato. —Merezco una explicación. Hiciste y dijiste cosas que no entiendo, mientras estabas en Rusia. Les dijiste a los reporteros que no estabas saliendo con nadie. Aceptaste salir con ese hombre. Las cámaras los captaron en una situación comprometedora. ¿Te parece que no merezco una buena explicación?—me dice, y su rostro muestra signos de dolor. —¿Explicación de qué? No tengo porqué explicarte nada, no somos nada. ¿Entiendes el término “conocer”? Nosotros estamos justo ahí. —zanjo.—Y te lo digo por última vez: vete. Estoy demasiado molesta, y si no quieres que te diga cosas que probablemente no te gusten oír, déjame sola. —No tengo derecho a esta enojado, eso dices —continúa, ignorando mis palabras. Encuentro mi teléfono móvil y llamo a Boris: —Empaca una maleta de ropa.—le ordeno, sintiendo la mirada interrogante de Gael sobre mí. —¿Ha pasado algo?—pregunta desde el otro lado de la línea. —Dile a mi prima que también esté pronta. —¿Necesitas que haga algo?—dice con un tono de voz más pacífico. —Sí, tu trabajo, y sin cuestionar.—sentencio, y corto la llamada. —Mañana no estaré aquí. Igualmente creo que eso no les afecte, por el contrario, creo que estarán contentos.—le digo sin mirarlo.—Avísame qué decisión toman. Si optan por terminar con el contrato, envíamelo y lo firmo. Paso por su lado, saliendo de la oficina y le hago señas a Elena para que venga. Muchas de las personas que se encuentran en éste piso, han oído la discusión en la sala de reuniones y también aquí en mi oficina. No hago caso a la mirada que nos dedican, fingiendo trabajar. —Dígame.—habla Elena. —Toma tus cosas, nos vamos.—ordeno. —¿A dónde se van? No te puedes ir así. Hay que hablar.—dice Gael a mi espalda.—Elena, vuelve a tu trabajo, por favor. —Elenita trabaja para mí, no para ti. —recalco.—Te di una orden.—le digo a ella. —Dasha, estás actuando de manera poco profesional.—insiste Gael. —De manera poco profesional estás actuando tú, y los demás. ¿Es necesario que te recuerde lo que pasó en esa sala de reuniones? —elevo una ceja con enojo.—Me voy, Gael. Piensa muy bien qué es lo que quieres hacer. Si realmente vale la pena terminar nuestro contrato. —No quiero eso. Por favor. No quiero que te vayas.—se me acerca.—Después de estos últimos días, lo que menos quiero es tenerte lejos.—murmura, mirándome a los ojos. —Estar en un lugar donde no soy bien recibida, no es algo que pueda aceptar. Y cuando escucho ese tipo de comentarios que hizo Harrison, solamente me dan ganas de irme y nunca más regresar. —le recrimino.—Es una lástima que todavía tenga que seguir oyendo esas palabras machistas a cada lugar que voy. Lo lamento, pero así no me gusta trabajar, no oyendo esas estupideces. —Estamos todos tensos, pero no hay necesidad de hacer esto. Por favor, no te vayas.—me ruega.—Lo de la reunión fue algo que no debió ocurrir. Fue una falta de respeto el que no te hayamos avisado. Y… la culpa es mía, lo acepto. Yo estaba enojado porque… te vi muy cercana con ese hombre y algo no me gustó. Levanto la mano, deteniendo su discurso. —Necesito estar sola.—le digo. Elena se pone a mi lado, cargando un par de carpetas y su bolso. Me mira con pena y nerviosismo. Gael eleva ambas cejas con sorpresa y asiente. —Bien, como desees.—inquiere. Doy media vuelta y me alejo de él. Ese estúpido de Harrison me las pagará, no pienso pasar por alto su insulto. Haré que se trague sus palabras. Ya lo verá. Ya en el elevador, Elena me mira algo indecisa, extraña. —¿Está bien?—me pregunta con cautela. —Sí. —Es que en la oficina se escucha todo y… bueno, oímos cuando usted golpeó al señor Harrison... Fue a él, no? A decir verdad él se lo merecía, porque se expresó tan mal de usted, que hasta a mí me dolieron sus palabras. Ignoro sus palabras y me limito a enfocarme en cualquier otra cosa. —… y el señor Moore es bueno, en verdad. En su ausencia él se me acercaba para preguntarme por usted, todo el tiempo venía hasta mi escritorio para que le dijera cómo le estaba yendo en Rusia, sí necesitaba algo… Lo noté raro, no sé. Las puertas se abren y ambas salimos del elevador. Abandonamos la compañía y Boris nos recibe con la puerta del vehículo abierta. —¿A dónde vamos?—me pregunta. —A la mansión.—le respondo. **
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