~Capítulo 17~

3641 Words
Dasha Estuve pensando en las palabras de Nora durante casi toda la madrugada. Dormí muy poco. Intenté alejar los pensamientos tormentosos de mi mente, pero no lo logré. Gael me había dado una buena bienvenida. En éste tiempo me había demostrado ser buena persona, tolerante, tierno, comprometido con los negocios, leal, divertido… Son características que no pensé que él tenía. Lo veía, antes de conocerlo, como alguien más… distante. Pero no, me sorprendió lo dulce que se muestra conmigo. Si él fuese más ordinario, engreído, controlador, posesivo.. quizás no me daría pena estafarlo, porque de esa manera me sentiría un poco mejor. Saber que le robaría el dinero a una persona que le hace falta un golpe de realidad para que no sea tan asqueroso. Pero Gael no es así. Él es bueno, es honesto. Y yo me siento mal al mentirle de esta manera tan descarada. —… y luego me quité la ropa frente a las cámaras en la prisión. El disparate que suelta Celine me hace volver a la realidad. La observo con el ceño fruncido y ella se ríe a carcajadas. —¿Qué dices?—cuestiono, dándole un sorbo al vaso de whisky que pedí en el desayuno. —Estás distraída. Por eso dije eso.—comenta, mordiendo su tostada.—¿Qué te pasa? —Estoy con la cabeza llena de cosas.—le resto importancia. —Ya veo…—murmura. Maggie aparece, junto con Elena. Ambas se nos unen en el desayuno. —¡Estoy muy emocionada por la fiesta!—exclama la niña.—Gracias, señorita Dasha. —No tienes nada que agradecer. No todos los días se cumplen siete años.—la sonrío.—La fiesta será como tú la quieras, ¿de acuerdo? Todo se hará según tus instrucciones. —¿De verdad?—me pregunta con emoción. Sus ojitos brillan. —Totalmente. Lo que tú pidas, se hará. —No es necesario.—interviene Elena.—No quiero abusar de su hospitalidad, señorita. Ha hecho mucho por nosotras. Esta fiesta es… —…lo que Maggie merece.—termino por ella.—Las organizadoras vendrán en un par de horas, así que es necesario que tú estés aquí, Elena. Ayuda a Maggie a escoger todo lo que quiera. Se hará en el jardín. —le comento.—El precio no es problema, así que elige con libertad. —le susurro a la niña. —¡Quiero luces de colores! ¡Y flores!—exclama con emoción.—¡Y también algodón de azúcar! Yo me río ante su inocencia. —Todo eso tendrás.—le aseguro.—¿Te gustaría un castillo grande? —le pregunto en voz baja. —¡Sí! ¡Un enorme castillo de color azul!—chilla, arrodillándose en la silla. Alza su brazo el cielo.—¡Muy, muy alto! —¿Así de alto?—alzo mi brazo igual que ella.—Llegará al cielo. ¿Te parece? También tendrás un príncipe azul. —No quiero un príncipe.—niega.—Quiero muchas princesas.—aplaude.—Mi hermana será una princesa, Johanna también. ¡Y tú también!—señala. —¡Todas seremos princesas entonces!—exclama Celine, chocando la palma de su mano con la de Maggie.—Yo tengo muchas ideas para el castillo. Tenemos que decorar la piscina también como si fuera un lago encantado. —¡Eso es genial!—dice Maggie con ilusión. Elena me sonríe con agradecimiento y acaricia el cabello de su hermana, mientras Celine y la pequeña hablan de la fiesta y señalan dónde irá cada cosa ubicada. —Bien, yo debo irme a la compañía. —anuncio.—Celine, ayuda a las chicas con los preparativos.—le indico. —Puedo ir con usted, en serio.—me dice Elena. —No. Ustedes organicen la fiesta. Yo volveré temprano. Las tres se quedan conversando y tirando ideas sobre la decoración, y yo le dirijo a la empresa con una sonrisa. Ver la ilusión y la emoción en el rostro de Maggie, me alegró la mañana y ahuyentó el remordimiento que tenía por la noche anterior. En la compañía me cruzo con Harrison, de camino a mi oficina. Ambos entramos al elevador en total silencio, ni siquiera nos saludamos. —¿Qué tal los negocios de Rusia?—pregunta. —Bien.—respondo. —¿Algún pretendiente nuevo, interesado en tus casinos?—suelta. —No necesito pretendientes para que mis negocios tengan atención.—le digo, sonriendo.—Todo marcha sobre ruedas. —Me alegro entonces. Esperemos que siga así. Las puertas se abren y ambos salimos. Gael se nos acerca, por lo que Harrison aprovecha para apretar mi hombro de forma amistosa. —Que tengas buen día, colega.—me dice con amabilidad fingida. —Tú también, Harrison. Gusto en verte.—le respondo de la misma manera. Se aleja de nosotros y Gael eleva sus pulgares. —¡Bien! Veo que todo marcha mejor.—dice. Me saluda con un beso en los labios.—Buen día. —Buen día.—le respondo. Pone su mano en mi espalda baja y me conduce por el pasillo, en dirección a su oficina. Los empleados nos saludan en el camino, y yo trato de mostrarme bien, pese a tener esa culpa instalada en el pecho cada vez que veo a Gael. En cuanto llegamos a su oficina, él cierra la puerta con seguro y me envuelve entre sus brazos. Su boca se apodera de la mía y yo llevo mis manos a su rostro, devolviéndole los besos con más intensidad. La cartera se me cae al suelo mientras ambos avanzamos torpemente hasta su escritorio. Chocamos un par de cosas en el camino, por lo que nos reímos. Aprovecho para quitarle el saco que tiene puesto, y procedo a quitarle la camisa blanca. Apoyo mi trasero en el escritorio frío, y me separo unos segundos de Gael para lanzar su prenda al suelo. Vuelvo a besar sus labios con más lentitud y él desliza la tela de mi blusa por encima de mi cabeza, dejándome nada más en sostén. Las palabras que me dijo Nora vuelven a mi cabeza, como castigándome. Trato de reprimirlas y no pensar en eso, pero me atacan con intensidad. Me hace sentir como basura, una mala persona que utiliza a todos a su antojo. Pienso en lo decepcionado que estará Gael cuando todo esto termine. ¿Cómo voy a terminar yo? Probablemente tras las rejas, o muerta. No lo sé. Gael me besa y me toca con dulzura, con cariño… y eso me hace poner peor. Me siento peor con el pasar de los días. Celine tenía razón: me metí en la boca del lobo. Nora también tenía razón: mi error será mucho peor que el suyo. Sé que no puedo echarme para atrás ahora. Las cosas están avanzando. Nadie sospecha. Solamente tengo que aguantar poco más de 5 meses y todo acabará. Tendré el dinero y el poder que quiero. Me entrego a Gael, dejándome llevar por su toque sensual y romántico. Descubro algo que me gusta, y es esa manera tierna de estar con alguien en el ámbito s****l. Gael es así: enigmático, atractivo, ardiente… estando o no en la cama. ** Había llegado el cumpleaños de Maggie. Y eso también significaba que ya se había cumplido un mes desde que me instalé en New York con un plan en mente. Un mes desde que conocí a Gael. —Tu galán está aquí.—me informa Celine, apareciendo en mi habitación. Miro su atuendo y reprimo una risa. Ella me lanza un cojín y lo atrapo antes de que impacte contra mi cara. —¡Lo hice por Maggie!—se defiende.—Odio los vestidos. Y esta peluca me hace ver ridícula, definitivamente el rubio no es mi color. Lleva puesto un vestido de princesa similar al de Cenicienta, el cual va acompañado por un lindo maquillaje y un peinado alto. La peluca se le ve graciosa, y rara. —Estás elegante.—la halago.—El color celeste te queda bien. —Yo quería ese vestido. —me señala. —Lo lamento, pero Bella siempre me ha gustado. —le guiño un ojo, acomodando mi peinado.—El color amarillo no es mi favorito, pero me queda muy bien. El vestido está genial.—doy una vuelta. —¿Por qué no te pusiste una peluca como yo?—se queja. —Porque mi pelo es castaño. No necesito peluca. —Podría haberme puesto la misma peluca que llevé a Rikers Island.—comenta.—Pero no, tenías que saltar diciendo que no era del mismo tono, y otras tonterías. Yo me río. —Ay, no te quejes. —la regaño.—Y no comentes nada sobre ese lugar.—murmuro. —Bueno, perdón. Es que… todavía se me hace raro todo eso. ¿Por qué esa tal Andy mataría a su propia hermana? ¿Y qué relación tiene Gael?—pregunta mientras se pone a mi lado, mirándose en el espejo. —Gael estaba saliendo con la hermana de Andy—le cuento en voz baja—, y al parecer Andy estaba enamorada de Gael. Así que se enloqueció, literalmente, y asesinó a su propia hermana. El rostro de Celine se descompone y frunce el ceño. Me mira con espanto y yo asiento, confirmando mis palabras. —¿Qué? ¿Cómo sabes todo eso? —Tengo mis contactos.—le digo como si nada. Obviamente omito a Dimitri, ya que en cierta manera él fue quien averiguó algo de lo que le comenté: Andy Vélez era la cuñada de Gael, y terminó tras las rejas porque fue quien cortó los frenos del auto en el que viajaba Paulette, su hermana, la noche en que tuvo un accidente automovilístico. Lo que la gente no sabe, es que Paulette sobrevivió a ese accidente y fue internada en estado grave, ya que el auto cayó por un acantilado. Estaba en estado crítico cuando Andy irrumpió en su habitación de hospital y le disparó en el pecho, acabando con su vida. Toda esta segunda parte fue oculta, y todos creen que Paulette falleció en ese accidente automovilístico provocado por Andy. Esto último me lo confirmó un detective que me recomendó Dimitri para profundizar en el tema, ya que él desconocía el resto de la historia. —Más que “enamorada”, yo diría que estaba obsesionada con Gael.—inquiere Celine.—Me pregunto, ¿por qué llamaba a Gael? ¿Qué quería?—cuestiona.—No lo ha vuelto a llamar. —Me pregunto lo mismo. —Tal vez él te lo cuenta.—añade.—Digo, su relación se ha vuelto más formal con el pasar del tiempo, quizás te confía ese secreto que le oculta al resto de la población. —Todo es parte del plan. No tenemos una relación real.—le digo. Ella hace una mueca de pena y suelta un suspiro. —Tienes razón. Igualmente, él está ilusionado contigo. Se nota que le gustas.—me codea. —Eso significa que estoy haciendo bien mi trabajo al seducirlo.—me río, aunque en el fondo me duele que todo sea un juego. —Tú también estás enganchada con él.—me señala.—Y eso no es bueno. —¿Qué se supone que haga, alejarme de él?—cuestiono. —¿Me estás pidiendo un consejo? Eso sí es sorprendente.—dice confundida. —No te pedí un consejo, más bien fue una pregunta retórica.—le corrijo. —Ay, por un momento creí que te habías vuelto más… humana.—se queja. Le enseño mi lengua y termino de arreglar mi atuendo. —Bien, bajemos.—le ordeno, pasando por su lado. Nos dirigimos hacia el patio trasero, y en el trayecto se empieza a ver la decoración con temática de Disney que eligió Maggie. Todo parece formar parte de un enorme castillo encantado. Las luces de colores alumbran cada espacio del patio trasero, desde las paredes, árboles y el pasto inclusive, haciendo contraste con la noche estrellada. La piscina parece un lago, con ranas artificiales, flores y hojas; Hay un gran castillo inflable que se alza hacia el cielo, y los adornos que acompañan toda la escenografía están relacionados con cada princesa de Disney. Además, todos los invitados (que no son muchos), están vestidos acorde a la ocasión. Hasta los empleados están “disfrazados”, incluidos Boris, Elías, todos los de seguridad y las que mantienen el orden en la mansión. Veo a Elena vestida como Ariel, con una peluca pelirroja y un vestido largo. Maggie parece ser Rapunzel, con una trenza larga que le llega hasta el suelo. —Esto debe haber costado una fortuna.—comenta Celine, fascinada con todo lo que ve. —No importa. Cada centavo vale la sonrisa de Maggie.—señalo a la pequeña que corre de aquí para allá, jugando con las empleadas. —Nunca pensé que fueras a hacer algo así, y menos por una niña.—murmura. Yo elevo mis hombros, sin saber qué añadir. En ese instante siento que alguien me abraza por atrás e inmediatamente percibo el aroma a perfume característico de Gael. —¿Cómo está la princesa más hermosa del lugar?—me susurra al oído. Yo me río, girando hacia él. Le doy un beso en los labios y rodeo sus hombros con mis brazos. Viene vestido con un atuendo parecido al de la realeza, muy elegante. —Por allá—señalo a Maggie con la cabeza. —Bueno, la segunda princesa más hermosa.—me besa la mejilla.—Si tú eres Bella, ¿yo sería Bestia?—me pregunta, balanceándose conmigo. —Quizás. ¿Tienes un castillo encantado?—levanto una ceja. —Un castillo encantado no, pero sí una vida encantada.—dice, y yo frunzo el ceño—Tú me has encantado. —Ok, esto es demasiado cursi para mis oídos.—escuchamos la voz de Celine. Gael y yo nos reímos a carcajadas al ver la cara de asco que pone ella. En ese instante, noto que su atención se dirige hacia algo detrás nuestro y maldice por lo bajo. —¿Qué pasa?—le pregunto, alejándome un poco de Gael. —Tu amigo pasa.—le dice a Gael, señalando a alguien.—Espero que esas flores que trae no sean para mí. Demian viene vistiendo un traje blanco y celeste. Está bien peinado, y se ve muy diferente a como acostumbra a verse. Gael también se ve diferente con su atuendo, pero es más pasable. Lo raro de Demian es que viene con un ramo de rosas rojas. Camina directo a nosotros y Celine se pone de mal humor: está inquieta, y cuando hace el amague de irse yo la agarro del brazo impidiendo su huida. Me causa gracia su actitud, y por eso la mantengo a mi lado. Quiero ver qué hará cuando ese hombre llegue y le entregue las rosas. Admito que se me hace muy cursi también, y agradezco que Gael no me haya regalado rosas porque las odio. —Buenas noches.—saluda Demian.—Qué hermosa fiesta. Recién saludé a la pequeña princesa y quedó fascinada con el regalo que le traje.—nos dice muy sonriente. —Bienvenido, Demian—lo saludo con un beso en la mejilla—. Me alegra que te guste la fiesta. Todo se hizo tal cuál lo pidió Maggie. Miro de reojo a Celine, que se mueve inquieta a mi lado. Gael reprime una sonrisa y yo le guiño un ojo. —Qué caballero, trayendo flores.—comento.—Es muy… original. —Oh, sí, las vi de camino y me gustaron.—añade Demian, enseñándonos el arreglo floral. —Mira, esto es incómodo. No quiero sonar grosera pero no me gustan los regalos, y menos si se tratan de rosas.—suelta Celine.—Te lo he dicho muchas veces. Yo la codeo, lanzándole una mirada de advertencia. Parece que se le olvida que es Johanna Darren, una mujer buena y dulce. —Quiero decir… —Oh, lamento la confusión, pero… no son para ti.—inquiere él, con algo de pena. Eso nos sorprende a todos, incluso a Celine. Noto que sus mejillas se han puesto rojas e intenta parecer tranquila, cosa que no logra mucho. —Entendí que no te gusto, así que voy a dejar de insistir en el tema.—vuelve a decir Demian. —¿Y para quién es el ramo entonces?—le pregunta ella, cruzándose de brazos. —Para Angie.—responde. —¿Angie? ¿Quién es Angie?—sigue Celine. Yo doy un paso al costado y Gael pasa su brazo por mi cintura. —Es la recepcionista de la compañía.—comenta con calma. —De la compañía, ¿y ella está invitada a la fiesta? Porque no es allegada a la familia.—dice Celine, y me lanza una mirada interrogante. —No conozco a ninguna Angie.—le informo, desconcertada. —No hay ninguna Angie aquí.—zanja ella con algo de enfado. —¡Oh, hablas de la chica pálida!—suelto de golpe.—Sí, ella está aquí. Conoce a Elena, así que ella la invitó.—comento. Los ojos de Celine me miran con enojo y yo elevo mis hombros. —Bueno, pues búscala a entrégale las flores, no la hagas esperar.—aplaude Celine.—Que las ponga en agua, no vaya a ser que se le marchiten antes de tiempo. Demian parece confundido por el arrebato de rabia que le dio a ella, y yo simplemente aguanto las ganas de reír. Parece que se puso celosa. Eso le pasa por hacerse la orgullosa. Ahora se le fue el tren. Él ha estado interesado en ella desde el día uno, y Celine lo ha rechazado en más de una ocasión. Obviamente él se cansó de insistir, y buscar atención. Celine se marcha y Demian suelta un suspiro lleno de frustración. —No entiendo qué le pasa. Es muy complicada.—nos dice. —Parece que viene de familia.—concuerda Gael, mirándome de reojo. —¡Oye!—golpeo su brazo.—Sabes bien que yo siempre te digo las cosas de frente. No necesito andar ahí dando vueltas.—lo señalo. —Era una broma.—me besa la mejilla con ternura.—Mi hermosa y sensual princesa.—murmura con diversión. Yo ruedo los ojos, yendo tras Celine. Paso por una de las mesas y agarro una botella de vino blanco, la descorcho y me alejo del jardín donde todos los que han venido se divierten en el juego inflable. Veo a mi prima postiza sentada en el muelle, con las piernas colgando hacia el agua. Juega con su vestido mientras mira al horizonte. Tomo asiento a su lado y permanezco en silencio, mientras copio su acción y mis ojos se pierden en la oscuridad de la lejanía. —Ya pasó un mes.—ella rompe el silencio. —Sí, yo aún no lo puedo creer.—me río, dándole un sorbo a la botella. Se la tiendo a Celine y ella la agarra sin dudar. —Siento un dolor en el pecho cuando pienso en el plan.—murmura, llevándose la botella a los labios. —Me pasa lo mismo.—suspiro con pesar.—Pero no queda tanto tiempo tampoco. Cuando se termine la temporada la compañía de Gael recibirá mucho dinero y será nuestra oportunidad para estafarlos.—le digo.—Nos iremos a Rusia y seguiremos con nuestra vida. Estoy segura de que estarás encantada con los negocios de allá. Katia e Irisa son mis amigas y te caerán muy bien, estoy segura. Ella no me mira del todo convencida y opta por empinarse la botella. —Tienes que tener la mente fría en éste tipo de casos, Celine. No te puedes dejar llevar por el corazón, sino por la razón. —le aconsejo.—Mira lo que hay en la meta, y no pienses en nada más. Cierta sus ojos con fuerza y eleva el rostro hacia el cielo. Suelta un suspiro y me tiende la botella. —Lo sé, lo sé. Tengo claro nuestro objetivo, y sé que lo vamos a conseguir. Pero… es que a veces se me olvida que estoy fingiendo y… siento que todo es real, parte de mi vida.—dice con desespero. —Puedes aprovechar las oportunidades que se te presentan. Si quieres estar con alguien, hazlo. Tenemos el tiempo contado aquí en New York. En cinco meses nos iremos muy lejos y jamás volveremos. Así que disfruta.—pongo una mano en su hombro.—Deja los sentimientos de lado y lánzate a la diversión. Ya está. Le entrego la botella nuevamente y se la vuelve a empinar. —Mira, cuando nos vayamos a Rusia, podrás trabajar conmigo. Tú vas a elegir si quieres el casino o el hotel.—le propongo.—O el hotel-Casino, si te gusta la mezcla de ambos. —Estás bromeando.—afirma. —No—me río—¿Por qué estaría bromeando con algo así? Lo digo en serio. —¿Qué te está pasando, eh? Estás muy… buena.—me mira con extrañeza. —Solamente fue una propuesta, nada más. No significa nada.—le aclaro con seriedad. —Bueno, ya que estás tan buena conmigo, aceptaré. —dice. Me entrega la botella nuevamente y la acepto. Y ahí nos quedamos, charlando por largo tiempo sobre tonterías, y por primera vez en la vida… no me siento tan sola.
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