~Capitulo 4~

4999 Words
Dasha   —El encargue ya fue entregado.—me informa Boris.   —Bien.   —¿Sigue la guerra con tu madrastra?—pregunta recostado a la puerta de mi habitación.   —Ella se ha empeñado en que continúe.—aclaro mientras acomodo mi vestido frente al espejo.—Lo único que hago es pagarle con la misma moneda.   —¿Por qué mejor no dejas que las cosas se calmen, en vez de echarle más leña al fuego?—murmura.   Yo doy media vuelta y lo miro con el ceño fruncido.   —Ella tiene que entender que no se puede meter conmigo. Y no hacer nada al respecto, es dejar que ella gane.—comento.—Ella se metió conmigo, jugó sucio e hizo que yo quedara en ridículo. Tú lo sabes, ¿es necesario que te repita lo que me hizo?—pregunto.   —Pero esta vez...   —Esta vez espero que le quede claro de una maldita vez que no se puede meter conmigo. Porque jamás me voy a detener hasta verla derrotada y arrepentida por todo lo que me hizo.—zanjo.—Nunca, escucha bien, nunca más dejaré que se metan conmigo y me hagan daño como lo hicieron antes. Me importa un bledo lo que piensen de mí por querer darme mi lugar, y hacer que los demás me respeten cómo debe ser.—espeto.   —Tienes razón, lo lamento.—dice en voz baja.—Puedes contar conmigo siempre, Dasha. Yo sólo quiero verte feliz.   —Jamás volveré a ser feliz.—suelto.—Lo fui sin tener dinero... y lo era porque tenía a mamá conmigo y ahora ya no.—digo con lástima.—Y desde ese día en que ella se fue, entendí que nada dura para siempre. Y que la vida es una mierda porque de un día para el otro, te quita lo que más amas... dejándote sin nada.   Suelto un suspiro cargado de melancolía y tomo mi cartera.   —No me hagas recordar el pasado.—le pido.   Él asiente y se acerca en mi dirección. Se detiene a pocos centímetros de mi rostro y acaricia mi mejilla.   —No has tenido una infancia fácil, pero pudiste salir adelante. Y lo hiciste sola. —reconoce.—Aunque los medios que utilizaste no fueron los mejores, te has convertido en una mujer estupenda, inteligente y muy astuta. —me sonríe.   Besa mi frente y entrelaza su brazo con el mío.   —Es hora de ir y conocer ese casino.—dice.   —Sí, vamos.—asiento con la cabeza.   Boris es muy importante para mí, aunque no se lo diga nunca. Él es el único que realmente me conoce y sabe por todas las cosas que pasé:   No tuve una vida fácil. Desde muy pequeña me faltó de todo: comida, amor, atención... bueno, ese afecto familiar que es muy importante para un niño. En fin, no tuve nada. Por ser la única hija mujer, tuve menos privilegios que mi hermano, pese a que yo soy mayor que él. Papá siempre le hacía regalos, lo llevaba al cine, al parque, lo llenaba de cosas y a mí no. Mamá no opinaba, pues no podía contradecir la palabra de mi padre.   Cuando él se fue de la casa, porque se había cansado de nosotros y tenía una amante, mamá tuvo que buscar trabajo inmediatamente, pues mientras papá estaba en casa, ella no tenía permitido trabajar, sino atendernos a nosotros y hacer los quehaceres.   Mi hermano se volvió rebelde e insoportable, y todo el tiempo me maltrataba.   Mamá no conseguía trabajo por ningún lado, y no teníamos para comer tampoco. Hasta que un día, ella entró a la casa cargando muchas bolsas con regalos y comida. Estaba contenta. Nos dijo que jamás nos faltaría nada, porque finalmente había conseguido trabajo. Nunca nos reveló qué trabajo era, lo único que sabíamos era que trabajaba por las noches y siempre salía muy producida de casa, vistiendo faldas cortas o vestidos que enseñaban mucho de su cuerpo. Cuándo ella entró a la casa con todas aquellas bolsas, me regaló muchas muñecas y ropa, yo estaba muy contenta. Finalmente alguien se había acordado de mí. Me sentía querida. Pero esa ilusión terminó pronto. Mi hermano rompió los regalos que mamá me había hecho. Tiró las muñecas a la basura, y a la ropa la cortó con unas tijeras. Según él, yo no podía tener mejores regalos que los suyos. Él sí merecía regalos, yo no.   Fue la primera vez que peleamos realmente, discutimos mucho y él me golpeó en la cara. Yo tenía 13 años y él casi 12. Mamá intentó hacerle entrar en razón, pero no sirvió de nada. Quien le había enseñado a ser de esa manera fue nuestro padre, que le inculcó esos valores. Y mamá nunca lo contradijo.   Tres años más tarde, mi hermano comenzó a consumir drogas de todo tipo. Mamá seguía trabajando en lo mismo, y al poco tiempo yo me había enterado que ese trabajo era la prostitución. Habíamos progresado económicamente, sí, pero saber que mi madre se vendía a personas desconocidas con tal de obtener dinero para mantenernos, no lo soportaba. Comencé a juntarme con chicos problemáticos, los cuales creía yo que eran mis amigos. Más allá de que no me drogaba, sí empecé a robar. Le robaba a las personas que tenían mucho dinero y así comencé hasta terminar en la comisaría por hurto. Al comienzo no tenía ni idea de cómo robar. Gracias a las constantes súplicas de mamá, el señor al que le robé dinero retiró la denuncia en mi contra y quedé en libertad.   Con el pasar de los años fui adquiriendo experiencia en el asunto y le mentí a mamá diciendo que había conseguido un trabajo donde me pagaban bien. Mentira.   Pasé por dos situaciones muy duras que marcaron de manera horrible mi adolescencia y juventud y de las cuales jamás me podré olvidar: el padre de Nora Franklin, Charlie, me violó cuando yo tenía aproximadamente 17 años. Yo jamás había tenido novio, ni relaciones sexuales. Ese desgraciado me lastimó física y emocionalmente. El trauma que generó en mí no se me irá jamás, y tampoco el odio que siento por él.   Además de todo eso, mi hermano se fue de la casa al cumplir la mayoría de edad, y mamá quedó devastada. Pasaba llorando y entró en depresión; bebía alcohol a toda hora y ya ni siquiera salía de la casa.   Cuando yo cumplí 20 años, mamá se suicidó frente a mis ojos. Tenía un arma, no sé de dónde la había sacado, y se disparó directamente a la cabeza. Ahí estuve detenida otra vez, por presunta asesina. Luego se dieron cuenta que yo no tuve nada qué ver y me dejaron libre. Intenté buscar a mi hermano, pero jamás apareció. Así que dejé las cosas así.   Mi vida ha sido muy complicada, y en todos estos años solo he tenido desgracias. Por eso me resigné, y más allá de lo que pueda pasarme, seguiré haciendo lo que hago. Soy sólo yo. No tengo a nadie más cerca, por lo que nadie saldrá herido si llego a terminar en la cárcel... O muerta.   Soy consciente de que robar y estafar a las personas está muy mal, pero fue la única salida que encontré en aquel entonces para salir de la miseria en que vivía. No tenía el apoyo de nadie, y era la única puerta que se abrió para mí.   Así que esta soy yo: una estafadora solitaria.   **   El Casino principal se encuentra ubicado en un excelente punto de la ciudad. Allí acuden personas de todo el mundo, o de diferentes puntos del país, que vienen en busca de diversión.   Llegamos al lugar y las luces, al igual que los autos en la zona, llamaron mi atención. Bajamos sintiendo la mirada de los demás en nosotras. Muchos nos saludaban y nos daban la bienvenida a medida que nos adentrábamos. La decoración es fantástica, de buena calidad. Y hasta la cosa más insignificante vale mucho dinero. Aquí abundan los empresarios con sus cuentas bancarias desbordadas. Y éste es el lugar ideal para que las caza fortunas asistan en busca de su salvación, de ancianos a quienes estafar o simplemente buscar a alguien con quién pasar un buen rato a cambio de algunos billetes o diamantes. Yo lo hacía en mis inicios, porque era lo más sencillo de lograr. Sólo hacía falta un poco de brillo en el rostro, un buen vestido y un toque de sensualidad. Eso jamás fallaba a la hora de salir de casería. Con el pasar de los años eso ya no fue necesario, porque una vez que me establecí y creé mi propio imperio en Rusia, los contratos venían a mí. Las ofertas para asociarme con empresas extranjeras llovía en mi dirección.   Los casinos siempre fueron lo mío, y una vez que probé el sabor del dinero no me detuve a la hora de atrapar a los peces grandes que me rodeaban. Asociarme a las compañías de casinos más prestigiosos era el primer y principal objetivo. Desviar dinero a una cuenta anónima era el segundo objetivo. Y comprar las demás acciones a bajo precio, ya que con las desviaciones de dinero pues las compañías quedaban en números rojos, era el último objetivo. Una vez que me convertía en la accionista mayoritaria, y posteriormente en dueña total de esa compañía, todo lo amoldaba a mi beneficio. Yo ponía las reglas y volvía a poner las cosas en funcionamiento, quedando como la heroína. Eso me funcionó con varios magnates, pero decidí irme de Europa, dejando a mis mejores mujeres (y socias también), al mando de mis casinos, y me aventuré por América. Mi destino fue New York, donde reside Gael Moore junto a sus principales casinos esparcidos por el país. Él tiene mucho poder y sus negocios se han expandido hacia otros horizontes: Italia y Colombia, donde se mueven mucho más los casinos. Debo quedarme con su imperio… quién sabe, tal vez pueda llegar más lejos con él en estos seis meses, a tal punto de conseguir lo que quiero sin la necesidad de presionarlo. Hace falta únicamente un anillo y posterior a eso un terrible accidente que acabe con su vida.   Boris se mantiene a pocos metros de distancia, junto a Elías, mientras que Celine y yo saludamos a los presentes a medida que Gael nos los presenta.   —Y, finalmente, aquí está mi buen amigo y vicepresidente: Demian.—dice él dándole pequeños golpecitos en la espalda a su amigo.   Lo reconozco porque fue con quién cerré el contrato de asociación.   —Es un placer volver a verte, Dasha.—me saluda con un apretón de manos.   —Igualmente, Demian. Déjame presentarte a mi hermosa prima: Johanna Darren.—la señalo y ella le da un apretón de manos mostrando una postura profesional y seria.   —Bienvenida, es un placer conocerte.—saluda él y ella asiente con la cabeza sin darle mucha importancia, ni interés al hombre de ojos azules.   —Lindo lugar—hablo inspeccionando todo.—Me encanta que esté tan aglomerado.   —Nos hemos esforzado al máximo para atraer a más personas—comenta Demian y Gael concuerda:   —Se trabaja a diario, pero hay más movilidad a partir de los viernes.—inquiere, entregándonos una copa de champagne a cada una.   —Veo que observas todo el lugar con detalle.—le dice Demian a Celine.—¿Te gusta el casino?—se muestra interesado.   —No soy muy fan de éstos lugares.—responde tomándolo por sorpresa—No me llaman la atención. Pero son los negocios de mi prima, así que siempre la apoyo en sus decisiones y la acompaño en todo.—añade con firmeza y me sonríe, dejándome sorprendida por lo real que sonó.   —Es… increíble que apoyes sus planes.—responde él son orgullo—Eso demuestra cuán fiel eres a la familia.—eso último hizo que nuestro semblante cambiara. Obviamente ni ella ni yo tenemos una familia digna de admirar.   —Si me disculpan…—murmura algo incómoda.—Iré a interactuar con los demás presentes.—se excusa mientras se empina la copa hasta terminar con el contenido.   Demian se le acerca y posa su mano en el centro de la espalda de ella, señalando hacia adelante invitándola a avanzar.   —Déjame presentarte a los demás.—se ofrece con amabilidad. A lo que ella con disimulo se aleja y agarra otra copa, dejando la vacía a un lado.   —De acuerdo.—afirma forzando una sonrisa al ver la mueca que le dedico, como diciéndole que deje las cosas fluir y no ande de terca.   —Y quedamos solos—habla Gael con la copa en mano.   —Así parece.—le doy un trago a mi bebida sin despegar mis ojos de los suyos.   —Me encanta tu vestido.—dice de repente escaneando mi cuerpo.   —Oh, gracias. Es la primera vez que alguien dice un elogio sobre mi ropa.—me río y él hace lo mismo.   —¿En serio? ¿Y eso por qué?   —Pues, porque se fijan en otras cosas—me encojo de hombros y él eleva una ceja.   Da un paso hacia mí y yo elevo un poco mi rostro para verlo, ya que él es más alto que yo.   —Es que nadie puede resistiese a alguien como tú.—comenta en voz baja.   —Es por eso que estoy buscando a alguien que sí se resista, alguien que me resulte interesante.—respondo.—Alguien que no caiga fácilmente—dejo escalar un suspiro.—Por esa razón es que estoy sola, porque todos los hombres nada más se acercan por mi físico, y mi poder. Ninguno tiene intenciones de conocerme realmente—termino el contenido de mi copa sintiendo sus ojos sobre mí.   Más allá de que digo todo esto para que él tenga más interés, fue cierta cada palabra. Nadie se me acerca con intenciones de querer conocerme realmente.   —Me pasa lo mismo—confiesa—La mayoría de las mujeres que se me acercan son interesadas. Solamente buscan la manera de sacarme dinero—niega con la cabeza.—Quiero una mujer que me quiera por lo que soy, y no por lo que tengo.   Hago de cuentas que estoy asimilando sus palabras y trato de mostrarme comprensiva ante su pequeño discurso personal. Sé que no se equivoca, ya que he investigado sobre su vida privada y no miente. Ha tenido alguna que otra novia pero resultaron estar más interesadas en la billetera de Gael Moore, más que en él mismo. Nora es el claro ejemplo de ello: tuvieron una relación de 4 meses, pero él se dio cuenta que ella estaba en busca de dinero y fingía quererlo, cuando no era así. Ahora que Gael no está interesado en ella, Nora anda como perro sin dueño tras él, cosa que no le funciona porque el magnate siempre se aleja de la manera más cortés que puede.   —En eso nos entendemos.—digo finalmente—Es el precio que tenemos que pagar por ser quienes somos.—suspiro.   —Pero no debería ser así—inquiere—Merecemos a alguien que realmente nos quiera, y no nos vea como una chequera andante.   —Díselo a la gente interesada.—añado elevando mis hombros.—Estar sola me gusta, ¿sabes? Una vez que te acostumbras, lo encuentras hasta cómodo.—sonrío.   —¿No quieres tener a alguien al lado? Un hombre que se preocupe por ti, que te cuide y proteja.—dice con el ceño levemente fruncido.—Alguien que… te espere en casa cuando llegues de trabajar, ¿no crees que sería lindo?   —A veces sí.—respondo y él me sonríe.—Pero por ahora prefiero enfocarme en los negocios.—finalizo, rompiendo el contacto visual con él.   —¿Tienes planes para mañana?   Su pregunta me agarra un poco desprevenida, pero aún así es prueba de que voy por buen camino.   —¿Mañana? Necesito instalarme en la oficina para chequear los documentos sobre los Casinos… familiarizarme con todo.—digo mostrándome un poco reacia.   —Tienes razón. ¿Pero qué tal si almorzamos juntos? Así te pongo al día con todo y de paso nos conocemos mejor.—propone.   —Tengo un par de videoconferencias con la gente de Rusia, pero si quedo libre cerca del mediodía te aviso.—le comunico y él asiente un poco decepcionado.   —Entiendo. —murmura y me sonríe de manera un poco forzada.   —¿Qué tal está Nora?—cambio de tema.—La situación que está atravesando ahora debe tenerla muy triste, ¿no?—finjo preocupación por la muerte de su padre.   —Hoy temprano me llamó para comunicarme la noticia.—habla con tristeza.—Al parecer fue un ataque cardíaco.—hace una mueca de pena y yo me llevo una mano al pecho.   —Ay, no—murmuro fingiendo dolor.—Qué triste.   —Sí, ella estaba devastada.—De por sí su padre ya estaba grave por el accidente que sufrió, y los médicos pues no le veían mucha mejoría.—añade.—Nora ya estaba abierta a la posibilidad de que él quizás no se salvaría.   —Pero la esperanza siempre estaba, me imagino. Pobrecita Nora.—comento.—Qué duro momento para ella. Pero aquí estaremos todos para apoyarla.   —Así es, por supuesto. ¿Ustedes dos son amigas?   —Lo fuimos hace muchos años. Nos distanciamos, cada una tomó un rumbo diferente y ahora que nos volvimos a encontrar solamente somos conocidas.—le sonrío—Aún le tengo mucho aprecio.   Él asiente y yo decido preguntar lo que lleva rondando en mi cabeza desde que esa mujer apareció aquí:   —Tengo entendido que ustedes dos fueron pareja, o lo siguen siendo.—indago.   —Lo fuimos hace tiempo, pero… digamos que queríamos distintas cosas.—responde sin dejar mal parada a Nora.—Ella buscaba algo pasajero y yo quería estabilidad.—concluye.   Bien podría haber dicho que ella estaba tras su billetera, pero no.   —Y ahora que ella ha regresado, ¿no crees que podrían retomar la relación?—cuestiono con algo de interés.   —No, para nada. Yo sé muy bien lo que quiero en éste momento, y volver con ella no está en la lista—afirma con seguridad.—Además, por algo se terminan las relaciones. No tiene caso volver a intentar reconstruir lo que no fue. Ya está, hay que dejar el pasado dónde debe estar: en el pasado.—zanja.   Eso me dejó algo sorprendida. No esperaba tales palabras de su parte, sonó muy seguro de sí mismo, y algo me dice que no está mintiendo.   —Es bueno saberlo.—es lo único que logro decir.   En ese instante una figura bastante conocida llama mi atención. Maldigo internamente al verla, sabiendo que está aquí para fastidiarme, pues se supone que debería estar en su casa llorando por la muerte de su padre y no aquí como si nada estuviese pasando.   —¿Nora?—cuestiona Gael con sorpresa.   Ella se nos acerca con elegancia y abraza a Gael sin apartar sus ojos de los míos. Sé que me está acribillando con la mirada mientras se aferra más al hombre que tengo en la mira. Escucho cómo Gael le da su sentido pésame, poniéndose a disposición de ella. Nora no hace más que disfrutar de ese pequeño protagonismo que él le otorga, mientras se pone aún más en el papel de víctima para dar más lástima.   —Gracias por tus palabras, Gael.—le murmura una vez que él se separa. —No te imaginas lo mucho que aprecio tu apoyo ahora.—dice con lágrimas en los ojos y lo vuelve a abrazar.   Yo bebo lo que queda de mi champagne y le hago señas a uno de los camareros para que me cambie la copa vacía por una llena.   Nora termina de llorar en el hombro de Gael y se gira hacia mí con su peor cara:   —Lamento muchísimo tu pérdida, Nora.—miento.—Conocía tu padre muy bien y no pensé que se fuera tan pronto.—exhalo.   —Tú…   —No digas nada, no es necesario.—le corto en cuanto la veo apretar sus puños.—Sé que estás mal, pues todo fue tan repentino. Pero, ¿por qué estás aquí, querida? Deberías estar en tu casa descansando, no era necesario que vinieras.   —Concuerdo—salta Gael.—Agradezco tu presencia, pero no tenías obligación de venir. Yo hubiese entendido tu falta.—le dice él con calma y ella de reojo me observa con rabia. Yo le guiño un ojo.   —Quería… despejarme un poco.—trata de arreglar la situación.   —Pero, Nora—llamo su atención.—La gente hablará, te están observando… dirán que no le rindes respeto a tu amado padre.—señalo con disimulo a unas cuantas personas que no le han quitado los ojos de encima desde que ella entró al casino.—Estás aquí, tan elegante y sonriendo, como si todo estuviera bien. Cómo si tu padre no estuviese… muerto.—comento ladeando la cabeza.   —¿Qué esperabas que hiciera, Dasha? —lanza en mi contra.—Llorar por los rincones no es lo mío.   —Lo hiciste cuando tu relación terminó—le corrijo señalando a Gael, quien frunce el ceño—o eso oí.—añado.   —¿Qué sabes tú de mis relaciones, eh? No te metas en mis asuntos personales. —zanja mirándome con enojo.—Eres una…   —Señoritas, por favor —se entromete Gael.—Estamos en público.   Se pone en medio de ambas, tratando de arreglar la situación. Nora tiene lágrimas en los ojos, y yo simplemente intento permanecer tranquila, fingiendo que su comportamiento y esas palabras que lanzó en mi contra no me afectan.   —El caballero tiene razón, Nora, estamos en público así que deberías al menos comportarte un poco.—le digo a ella.—Si no puedes dejar tus sentimientos de lado, no sé para qué viniste. ¿Dar lástima quizás? Eso no suma.—le dejo en claro, poniendo mi mejor cara.—Ah, y mi más sentido pésame por lo ocurrido. No sabes cuánto lo lamento.—paso por su lado y sigo de largo.   Termino el contenido de mi copa, y la dejo sobre una de las tantas mesas del lugar. Avanzo lo más que puedo, alejándome de Nora que sigue haciéndose de la víctima frente a Gael, dando lástima.   Visualizo a Celine en una de las mesas donde están jugando a la Ruleta europea, ella y varios hombres acompañados de sus parejas. Alrededor de 8 personas son quienes apuestan (incluyendo a mi prima postiza), las demás sirven de ornamentación. Me acerco con sutileza y observo todo: veo a los hombres del personal, que se encuentran distribuidos alrededor de la mesa. Dos de ellos, los crupieres, están a un lado de la ruleta, y en un extremo el supervisor del juego.   —Hagan sus apuestas—pide un crupier.   —¡Todo al rojo!—exclama uno de los 7 hombres deslizando las fichas verdes hacia el centro, ubicándolas sobre la casilla ropa.   Los demás aplauden y sueltan exclamaciones de alegría. Las mujeres a su alrededor lo halagan y opinan.   —¡Eso es!—lo apoya Celine, chocando su palma contra la de él.—¡Ganarás, hombre! ¡Apuesto lo mismo al rojo!—entrega sus fichas también, éstas rojas, y recibe aplausos por su elección.   —Optaré por una apuesta impar—escucho a otro hombre comentarle a su pareja. Desliza sus fichas lilas hacia la casilla y yo niego con la cabeza.   —Veamos…—murmura otro algo indeciso.   Me acerco a él y apoyo mi mano en su hombro, sin apartar mis ojos de la ruleta.   —¿Indeciso?—le pregunto sonriendo de lado.   —Eh, algo así. Digamos que no tengo mucha suerte, así que…—se ríe un poco y yo copio su acción.   —Pues a mí se me da muy bien. Si quieres te puedo ayudar.—comento y le señalo la mesa, pues el tiempo se acaba y si no hace su apuesta pronto, luego ya no se tomará en cuenta su decisión.   —Ilumíname—extiende su mano.   —Mira, todos los presentes hicieron apuestas externas.—señalo a los demás y luego las fichas esparcidas en las casillas correspondientes.—Te recomiendo realizar apuestas internas, aunque mayormente no se recomiendan hacerlas—comento ojeando todo.   —Las apuestas internas tienen menos probabilidades de salir victoriosas, en cambio las externas son más factibles.—contradice.   —Así es, pero las apuestas internas ofrecen pagos muy altos.—elevo ambas cejas.—Las externas, pues… puedes ganar, claro, pero las ganancias serían bajas. Hay que arriesgarse, ¿no lo crees?   Los demás están manteniendo conversaciones entre sí, mientas esperan a que todos hagan sus apuestas.   —Bien, haré una apuesta interna. Qué opinas de una apuesta caballo?—me pregunta el caballero.   Yo frunzo la nariz en desacuerdo.   —¿Y qué opinas de una transversal?—inquiero elevando una ceja.   Él lo medita por unos segundos y finalmente elige 3 cifras de una misma fila, indicando que apostará a lo que yo dije. Desliza sus fichas amarillas y las coloca en la línea exterior de esa fila. Yo le guiño un ojo en cuanto me observa.   —No hay más apuestas.—comunica el crupier y lanza la bola a la ruleta.   Todos se mantienen expectantes mientras observan como pequeña bola blanca salta de aquí para allá, en sentido contrario la vuelta que da la ruleta. Celine está entusiasmada mientras se muerde una uña, y el hombre a su lado, quién también apostó por el mismo, le rodea los hombro con su brazo, sin despegar sus ojos de la ruleta igual de inquieto que ella. El hombre a mi lado sostiene un vaso de whisky y parece algo intranquilo. Yo palmeo su espalda dándole aliento. Sé que se ha de estar preguntando por qué me hizo caso, si todos aquí saben que hacer una apuesta interna casi nunca asegura que ganarás. Pues la probabilidad de que ganes es muy baja. Por eso todos se inclinan más a las apuestas externas, que son más seguras y si juegas con inteligencia puedes ganar, aunque sea un pago bajo. Yo pocas veces hago apuestas internas, pero las veces que opto por ellas pienso en una buena estrategia que me asegure la victoria. De por sí la ruleta europea no es sencilla, tampoco sumamente complicada. Pero debes tomarte un tiempo para pensar bien a qué apostarás.   En mis Casinos de Rusia he implementado las ruletas europeas y francesas, ya que son similares y las más reconocidas. Aquí Gael ha hecho lo mismo. También existe la Ruleta americana, que tiene sus diferencias con éstas dos (por ejemplo allí se implementa el 00, y la ruleta pasa a tener 38 números en vez de 37), ero aún así es buena; en la ruleta europea y francesa sólo se cuentan los 36 números, más en 0. Tanto la casilla del 0 como la del 00 son verdes, las demás son rojas o negras.   La ruleta va disminuyendo la velocidad y mi sonrisa se ensancha al observar que el caballero a mi lado ha ganado.   —¡Eso es!—exclama con emoción.—¡Definitivamente tenías razón!—me dice abrazándome de repente.   —Felicidades.—le dice el crupier, entregándole el pago.   —¡Excelente apuesta!—le digo y él se lleva una mano al pecho.   —Eres increíble, en serio. No pensé que tendrías razón. Fue una apuesta arriesgada, pero valió la pena.—comenta con entusiasmo.   —Ya ves, a veces hay que arriesgarse.   —¡Prima!—exclama Celine llegando a mi lado.—Estuve cerca de ganar, maldita sea. —niega derrotada.—Pensé que lo tenía, pero éste me ganó.—señala al hombre frente a mí.   —La suerte estaba de mi lado.—le dice él, y eleva sus hombros.—Parece que aquí la señorita sabe bastante.   —Pues, la “señorita” es la nueva socia de la compañía.—le informa Celine.   Él frunce el ceño sorprendido.   —¿Ah, sí? Eso es fantástico. Pues, si estarás aquí a diario, estaré encantado de visitar el casino.—me dice con rapidez.   —Soy una mujer ocupada, tengo otras cosas que atender también. Pero vendré cuando pueda.—comento.   —Soy John, por cierto.—se presenta, estirando su mano en mi dirección.   —Dasha Kuznetsov—aprieto su mano.   —Ha sido un placer conocerte—dice con una sonrisa.—He quedado encantado contigo.   —Gracias.—le agradezco.—Disfruta de tu ganancia.—señalo el juego y él asiente.   Se retira y yo suelto un suspiro.   —Veo que alguien está conquistando corazones aquí hoy.—suelta Celine a mi lado en tono de burla. Me empuja levemente.   —¿Lo dices por ti? Porque noté que Demian quedó muy fascinado contigo.—le recuerdo, a lo que ella rueda los ojos.   —Lo impresionó Johanna, no Celine.—corrige.—Quedó impresionado por alguien que no existe.—eleva ambas manos.   —La mujer que está frente a mí ahora, existe—inquiero.—Y ahora estoy viendo a Johanna Darren, no a Celine Willis.—le digo.—Creaste su personalidad, y eso fue lo que le atrajo a ese hombre.—finalizo.   —Estoy fingiendo porque tú me lo pediste.    .  
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