Dasha
Habían pasado horas desde que llegamos al Casino, y el ambiente cada vez se ponía mejor.
Había apostado en la ruleta y había salido victoriosa en dos de tres ocasiones. Celine, por otro lado, solamente había tenido suerte jugando al póker, donde ganó una suma bastante buena de dinero.
Conocimos a muchas personas, con quiénes hablamos por largo rato.
Nora estaba como perro faldero tras Gael, y él en más de una ocasión la había dejado hablando sola para ir a saludar a sus conocidos.
Discutí con ella en dos ocasiones, cuando se me acercó para intentar intimidarme diciendo que me iba a hacer pagar lo de su padre. Amenazas de su parte las cuales le mandé a guardar. Le dejé en claro que no le tenía miedo a lo que sea que intentara hacer, y la dejé hablando sola.
—No te estoy diciendo que te cases con él, Celine. Simplemente te digo que te diviertas, sea o no un chico malo. —le recuerdo lo embobado que quedó Demian con ella.
—Pues yo no soy como tú. Esa cara bonita que tienes es capaz de conquistar a cualquiera. Mi cara atrae problemas, y me gusta eso. —objeta.
—No vamos a discutir eso aquí.—sentencio en voz baja.
—Sería una buena excusa para largarnos entonces. Estoy muy aburrida.—acota con desespero.—La única chance que tenía la aposté en esa estúpida ruleta, en la cual perdí mucho dinero.—señala.—Pudiste ayudarme, pero no, allá fuiste con ese desconocido el cual ganó una millonada.—se queja.—El póker está bien, gané bastante pero no se asemeja con lo que perdí en las apuestas.—bufa.
—Estabas entusiasmada con el hombre casado.—inquiero.
—¿Casado? ¿Está casado?—murmura sorprendida.
—¿No viste la alianza en su dedo?—cuestiono.
—No me fijé.—hace una mueca.—Esa fue la mala suerte entonces. —chasquea la lengua.—Deberás prestarme dinero si vendremos seguido a éste lugar. ¡Aquí se te va la vida, Dasha! No sé cómo hace la gente que viene a diario.
—Te estoy pagando por tu trabajo, ¿lo olvidas? No hay ningún bono extra.
—¿En serio vas a llorar por unos cuantos billetes? Qué desgraciada eres, eh.—niega sin poder creerlo.
—¿Crees que a mí me regalan el dinero?
—No, por eso lo tomas sin permiso.—se ríe.
Yo la miro mal.
—Cambiando de tema, ¿Qué pasó con Nora? Pensé que no vendría. Parece que no le importa mucho el que su padre haya muerto.—comenta mientras la observa desde la distancia.—No se aleja del galán por nada.—dice cruzándose de brazos.
—Está aquí por Gael.—le informo.—Viene a dar lástima para tenerlo cerca, porque sabe que él es una buena persona.—me volteó para observarla también.
—¿Y por qué estás aquí conmigo y no allí con él? Ella te está sacando ventaja.—me mira.
—Ya hablé con él, no puedo pasar a su lado toda la noche. Debo ir poco a poco, de lo contrario voy a parecer muy insistente.
—Pues esperemos que esa terquedad o indiferencia de tu parte no haga que él piense que no estás interesada.—comenta dudosa.—Ellos son un pocos lentos a la hora de captar indirectas de nuestra parte.
—¿Dices que debo actuar igual que Nora?—cuestiono confundida.
—Algo así, quitándole la parte de dar lástima.—señala a la chica que aún está llorando, mientras Gael la consuela.—Porque eso sí es horrible.
—Tú podrías conquistar a Demian.—pienso de repente.—Eso sería muy bueno para nosotras. Sabemos que él es el vicepresidente, así que fácilmente podrías tener acceso a toda información importante ya que todo recae en sus manos al final del día.—chasqueo los dedos.
—Eso no está en el contrato, desgraciada. —suelta.—Ya me estás pidiendo mucho. Puedo acceder a cualquier información que me pidas, sin la necesidad de conquistar a ese hombre.
—¿Por qué estás tan negada con él?—me cruzo de brazos mirándola con atención.—¿Será que te gustó?
—¡Por supuesto que no! No seas estúpida.—dice con fastidio.
—Yo creo que sí.—me burlo.
—Te voy a golpear—murmura entre dientes.
Me enseño mi lengua con gracia y ella suspira con notorio enojo.
—Pareces una niña, ¿lo sabías? Una niña a la cual quiero golpear.—me amenaza.
Yo suelto una sonora carcajada, ganándome una mirada cargada de rabia de su parte.
—Cálmate, ¿bien? Mejor ve y socializa.—le digo señalando a nuestro alrededor.
—Y tú ve por tu hombre.—ataca.
—Aquí la que da órdenes soy yo, primita—le recuerdo.—Yo sé cuándo atacar.
—Ojalá y tengas razón…—dice por lo bajo cuando ve que Gael se nos acerca.
—Señoritas, ¿cómo se la están pasando?—nos pregunta.
—De maravilla.—responde Celine.
—Me alegro.—le dice él.—Mañana te asignaremos una asistente que lleva años trabajando para nosotros—me informa.—Puedes pedirle cualquier información que necesites.
—De acuerdo, gracias.—le sonrío.
—Ah, y antes de que lo olvide…—murmura algo incómodo.—¿Sí recuerdas que te invité a almorzar mañana?—pregunta y yo asiento con la cabeza.
Noto la mirada de Celine puesta en nosotros, completamente en silencio.
—Lo recuerdo, y quería decirte que he cancelado algunos…
—No podremos almorzar juntos.—me interrumpe.
Frunzo el ceño con sorpresa y miro de reojo a Celine, que está igual de sorprendida que yo. Aprieta sus labios y desvía la mirada hacia otro lado con disimulo.
—¿No? ¿Por qué?—cuestiono tratando de contener la calma.
Debo confesar que me molesta eso. Es decir, hasta hace unos minutos él estaba muy entusiasmado en almorzar conmigo, ¿y de repente cambia de parecer?
—Es que Nora está muy mal, y me pidió que la acompañe a disolver algunos asuntos que tenía su padre. Con todo lo que pasó ella debe tomar las riendas de los negocios. Sabes que es complicado todo eso.—me explica y no puedo contener la rabia que tengo ahora mismo.
Aprieto mi mandíbula con enojo y lo miro con seriedad. Canceló el almuerzo (y sé que yo no le había confirmado mi asistencia), para juntarse con Nora. No lo puedo creer.
¡Maldita sea! Estúpida Nora, sabe ser manipuladora cuando quiere.
—No hay problema.—es lo único que le digo, tragándome el enojo.
—Realmente lo siento, es que…
—No me expliques nada.—le corto, sonriendo.—Nora es más importante ahora.
—Te voy a compensar esto, en serio. Sólo me llevará un par de horas.—aclara.
Celine aún permanecía a nuestro lado, en silencio.
—Podemos cenar.—propone él.
—No, no podemos.—le cancelo.—Ya tengo planes con mi prima.
—Prima, por favor, ve a cenar con él. Yo iré de fiesta con mis… amigos.—salta ella con rapidez.
Yo la acribillo con la mirada.
—Una cena en el mejor restaurante de la ciudad—vuelve a insistir él.
—¿Hace cuánto no cenas en el mejor restaurante de la ciudad, prima?—cuestiona Celine con complicidad.—Yo estaré bien.
—Bien.—accedo de mal humor, aunque no dejo que se me note.—Así podremos hablar de negocios.—comento.
—De acuerdo.—dice él con alivio.
—Con permiso, que tengas una buena noche.—me despido cortésmente y paso por su lado.
—¿Ya te vas? Aún es temprano.—me detiene algo confundido.
—Tengo que levantarme temprano. Buenas noches.—me despido, mostrando mi mejor cara.
Me dirijo a la salida del casino a paso rápido, y Boris se me une de inmediato.
Mi humor estaba peor que nunca. El sólo hecho de saber que Nora está nuevamente tras Gael, me pone furiosa. Sé que ella me saca ventaja, pues fue su pareja. Y dicen que donde hubo fuego, cenizas quedan. Ella es una persona que sabe manipular a los demás, y eso no es bueno para mí. Su presencia me entorpece los planes.
Exhalo con mucho enojo y aprieto mis puños a medida que avanzo hacia la salida.
Sé que debo ser más lanzada con Gael Moore, decirle que sí a sus propuestas o invitaciones, hacerle ver que tengo interés en él. Pero no puedo dejar mi orgullo y personalidad fuerte de lado, y menos cuando de un hombre se trata.
Siempre debo hacerles entender que soy yo la que tiene el control de las cosas, yo soy la que pone las reglas y condiciones, y ellos deben amoldarse a ello.
Él tiene que entender que no puede elegir cuándo y dónde, sino yo.
Pero… si quiero ganarme su confianza y lograr que se enamore de mí, debo ser más accesible y hacerle creer que él tiene el control de todo. Que todo se hará cómo y cuándo él quiera, aunque eso signifique que debo dejar mi orgullo de lado.
Dios. No puedo creer que esto me cueste la personalidad fuerte que he construido en tantos años.
—¿Estás bien?—escucho la voz de Boris y me detengo.
—Por supuesto.—afirmo con seguridad.
—Dasha.
—Que traigan el auto.—ordeno.
—Habla conmigo.—me pide con calma.
—El auto. Ahora.—sentencio.
—Mira, sé que tú eres muy reservada con tus sentimientos, pero…
—¡No quiero oírte! —zanjo, harta.—¿Cuándo te pedí un consejo? ¡Estás aquí para trabajar, no para hacer de amigo fiel que todo el tiempo está ahí aconsejando, como si fueses un psicólogo! ¡Cierra la boca de una vez que me tienes harta!—espeto.
Él deja de hablar.
—Sirve para algo, y haz que traigan el auto de una maldita vez.—ordeno.
—Falta la señorita Celine.—murmura.
Yo lo miro como si no pudiese creer lo que dijo.
—¿Tú eres estúpido? Vuelve a decir ese nombre una vez más y seguirás el mismo sendero que la inútil de Elena.—le advierto.
Le hace señas a un hombre para que traigan el auto y luego se lleva el teléfono móvil a la oreja. Al parecer llamó a Elías, el guardaespaldas de Celine. Le dice que ya nos vamos, que venga con ella de inmediato.
—¿Tienes noticias sobre el encargue?—cambio de tema.
—No. Supongo que es cuestión de tiempo para que Roxanne te devuelva el golpe.—responde de mala gana.
—Mantén tus ojos y oídos alertas entonces.
—Bien.—zanja.
Yo ruedo los ojos con fastidio, y en ese instante nuestro auto de estaciona frente nuestro. El hombre del parking le entrega las llaves a Boris y éste me abre la puerta trasera para que suba.
—Pensé que nos quedaríamos aquí toda la noche.—escucho las quejas de Celine a mi espalda.
Entro al auto y ella hace lo mismo. Elías y Boris toman asiento adelante y el vehículo se pone en marcha.
—¿Tú estás bien?—me pregunta ella.
—Claro que sí.—respondo.
—No parecías muy convencida allá adentro con la respuesta de Moore.—inquiere.
—¿Piensas que me pondré a llorar por el hecho de que él no almorzará conmigo mañana? ¿Escuchas lo estúpido que suena eso?—cuestiono.
—Entonces qué te pasa.—insiste.—Es más que obvio que alto te molestó.
—Mi enojo es con Nora, no con Gael, ni con el estúpido almuerzo.—respondo.—Ella es la que me molesta.
—¿Piensas que ella será una enemiga difícil de derribar?—pregunta.
—Claro que no. Ella no es rival para mí.—le aseguro.—Pero me molesta que se esté interponiendo en mi plan.
—Hay que tomarlo con calma. Estoy segura de que Moore no caerá en sus redes.—afirma.—Debes seducirlo en la cena de mañana.—me da palmaditas en la rodilla.
—Lo sé.
—Tienes que poner de tu parte. Sabes que haciéndote la difícil no vas a conseguir que él caiga.
En eso tiene razón. Yo tengo que ceder ante todo.
—Ya lo sé, no tienes que recordarme lo obvio.—zanjo.—Boris, ¿cómo van la búsqueda de la casa?
—Todo está listo. Mañana se pueden mudar. La seguridad está instalada y todo el perímetro está protegido.—comenta.
—Perfecto.
—¿Casa?—suelta Celine algo confundida.
—Así es, no vamos a estar los seis meses quedándonos en un hotel.—le informo.—Así que junta tus cosas porque mañana temprano iremos para allá.
Faltando una cuadra para que lleguemos al hotel algo se estrella contra el vidrio trasero del auto, ocasionando que se rompa. Por instinto Celine y yo nos agachamos, mientras que Boris frena de golpe. Él y Elías descienden del vehículo y sacan sus armas justo cuando una motocicleta se detiene y un hombre les apunta también.
—¿Qué mierda fue eso?—gruñe Celine.
—No sé, pero debo averiguarlo.—sentencio abriendo la puerta a mi lado.
—¡Baja el arma!—escucho el grito de Boris.
—¡Los mataré!—grita el hombre de la motocicleta.—¡Me enviaron para eso!—zanja.
Me mantengo cubierta por la espalda de Boris, sin apartar mis ojos de ese hombre que viste completamente de n***o, de pies a cabeza, incluyendo su casco en la cabeza.
Hace el amague de dispararme pero Elías le lanza un disparo directo al muslo y el hombre cae al suelo.
Boris se acerca con rapidez y le quita el arma, dejándolo desarmado.
Celine llega a mi lado, y observa al hombre tirado en el medio de la calle.
—¿Te hizo algo?—me pregunta ella. Yo niego y avanzo hacia el hombre.
Unas cuantas personas habían detenido sus vehículos para observar qué pasa, o simplemente se acercaban para preguntar si me encontraba bien.
Me agacho y le quito el casco, llevándome una gran sorpresa. Por la mueca que pone en su rostro, he de asumir que también se ha sorprendido el tenerme en frente.
—¿Khan?—cuestiono confundida.
—¿Lo conoces?—dice Boris sosteniéndolo por los brazos.
—¿Eras tú?—me pregunta ésta vez Khan y deja escapar un suspiro.
—¿Quién es éste estúpido?—salta Celine agachándose a mi lado.
—Es mi hermano.—murmuro.
**
—Pensabas matarme—le digo a Khan una vez que estamos solos en mi habitación de hotel.
No está muy cambiado. Se fue de casa cuando cumplió los 18 años pero sigue teniendo la misma apariencia física: delgado, alto, cabello corto y piel clara. Si cabello está un poco más largo de como acostumbraba a llevarlo y también tiene barba.
Lleva ropa informal, y una gorra con visera.
—Tenía una orden de matar a los integrantes de ese auto.—responde con indiferencia.
—¿Quién te mandó?—pregunto curiosa, mientas lo veo examinar todo con detalle.
—Roxanne.—responde.—Veo que los años te han sentado bien. Tienes tus lujos.—añade mirando todo.
—¿Trabajas para ella?—la pregunta sale de repente, haciendo caso omiso a lo demás que dijo.
Él exhala y guarda silencio.
—¿Después de que ese hombre nos abandonó, decidiste simplemente olvidar todo y vivir con él de nuevo?—cuestiono enojada.—¿Y también con esa estúpida de Roxanne?
—¡Para ti es fácil ir por la vida señalando y juzgando! Tú que tienes todo lo que quieres.—señala a su alrededor.
—No hagas eso—niego en modo de advertencia.—¡No me culpes a mí!—sentencio.—Tú eres igual o peor que ese hombre. Siempre seguiste sus pasos, y no vi que lo pensaras dos veces a la hora de golpearme!—le recuerdo.—Tampoco te detuviste a pensar en mamá o en mí cuando te fuiste de la casa, dejándonos solas.
Él gruñe y se lleva las manos a su cabeza.
—¡Hice lo que pude para salir adelante!—le sigo gritando.—¡Yo tuve que cargar con mucho peso, y tú no estabas allí para ayudarme!—le golpeo la mejilla con la palma de mi mano extendida.—Y ahora vienes aquí, a matarme, y encima me culpas!
—¡Yo no sabía que eras tú!—me grita de vuelta.—¡Roxanne me dio los números de la placa del auto, y me dijo que hiciera explotar el vehículo!—explica con enojo.
—Oh, ¿y ahora dirás qué si hubieras sabido que era yo, no hubieses llevado a cabo el trabajo? Por favor, Khan, no me hagas reír. —le suelto—Jamás me quisiste, mucho menos me respetaste.
Él no dice nada, y sólo avanza hacia el balcón.
—Cuando me fui de la casa perdí todo contacto contigo y con mamá.—me cuenta lo que es obvio.
Yo ruedo los ojos y me cruzo de brazos, apoyando mi cuerpo en el borde del ventanal.
—Quería ser libre, no estar bajo las órdenes de papá.—prosigue.
—Sí, ya veo.—respondo con ironía.—Qué loco todo, ahora eres su sombra nuevamente.
—No.
Se voltea y me observa.
—Roxanne no está con él.—dice.
—Sé que ellos estaban juntos.—comento.
—Ella me contó todo—suelta.—Después de que tú echaras a perder su matrimonio, ellos se separaron por un tiempo. Luego volvieron.—dice.—Hace unos 5 meses se separaron definitivamente.
—¿Y tú esperas que yo crea esa tontería?—cuestiono.—Khan, tú hiciste pedazos mi infancia, también mi adolescencia.—le recuerdo.—Me golpeaste también en una ocasión. Luego te fuiste y jamás volví a saber de ti.—enumero.
—No me recuerdes todo eso.
—¿Por qué no? Es la verdad.—inquiero.
—Fui una mierda, ya lo sé.
—Lo sigues siendo.—espeto.—Sé perfectamente lo que intentas hacer: vienes aquí a matarme, y como no lo pudiste hacer ahora intentas hacerme creer que cambiaste para bien. —me río.—Trabajas para la persona que más me odia, ¿cómo esperas que crea esta tontería de tu parte?—frunzo el ceño.
—Necesito dinero. Roxanne me buscó y me ofreció trabajo.—comenta con desespero.—Hago todo lo que me pide.
—¿Ella te dijo que me dijeras todo esto?—señalo.
—¡No! Claro que no.—responde de inmediato.—Lo que te digo es cierto.
—Lárgate antes de que llame a la policía.—le señalo la puerta.
—Aunque no lo creas siempre he pensado en ti y en mamá. Las extraño a ambas.—murmura.
—Pues nos seguirás extrañando, porque mamá murió hace diez años y la antigua Dasha también se fue ese día.—suelto.
Su rostro se descompone.
—¿Qué?—susurra dolido.—¿Ella murió? ¿Cómo…? ¿Qué le pasó?
—No soportó la idea de que su familia se haya derrumbado, y cuando su hijo decidió irse de la casa pues simplemente colapsó.—suelto con rabia.—Se suicidó. Casualmente tenía un arma y se disparó justo en la cabeza.
Él queda en silencio y se deja caer al suelo sin fuerzas.
—No puede ser…—murmura con tristeza.—No, no, no… Es mentira. Ella… no puede estar…—dice en voz baja sin querer aceptar las cosas.
—Yo tengo que vivir con la culpa, ¿sabes? ¡Jamás pude hacer nada para que ella dejara de culparse por tu partida!—sigo diciéndole con rabia.—¡Todos los días se ahogaba en alcohol y se quedaba sentada junto a la puerta porque tenía esperanzas de que tú llegaras! ¿¡Sabes lo que fue para mí verla morir!?—le grito mientras lo tomo de los pelos, elevando su cabeza para que me mire a los ojos.—¡Por tu maldita culpa ella se suicidó! ¿¡Dónde mierda estabas en ese momento, eh!? ¿¡De qué te sirvió hundirte en las drogas y andar de vándalo!? ¡Mamá todas las malditas noches lloraba por ti!—le recrimino llena de cólera.
—¡Lo lamento!—me grita de vuelta.—¿¡Qué quieres que haga!? ¡Pensé que estarían mejor sin mí, Dasha! ¡Papá nos había abandonado, y yo no sabía qué hacer!—dice desesperado.—¡No teníamos ni un maldito billete para salir adelante! ¡Nadie nos quería dar trabajo! ¡No encontré ninguna salida!—dice entre lágrimas.
—¿¡Crees que a mí no me dolió verlo partir de casa!?—digo ejerciendo más presión en el agarre.—¡Yo era la oveja negra y lo sabes bien! ¡Toda su atención siempre fue para ti, y aún así jamás me fui de la casa! —lo suelto cuando empieza a llorar.—¡Si tan sólo..!—me callo dándole la espalda.—¡Podíamos buscar alguna solución, pero tú decidiste dejarnos!—lo culpo.
—¡Yo adoraba a mamá!—me grita poniéndose de pie.—¿¡Crees que quería que le pasara eso!?
—¡No te hubieras ido entonces!—lo señalo.—¡Me quitaste lo único bueno que tenía en la vida y jamás te lo voy a perdonar!—espeto.—¿¡Te olvidaste lo que ella hizo por nosotros una vez que esa mierda de padre se fue de la casa!? ¡Dime, pedazo de mierda! ¡No tenías que irte a ninguna parte, maldita sea! ¿¡Por qué tenías que hacer eso!? ¡Quizás ella ahora estaría aquí!—le digo entre lágrimas.—Pero no, el niño tenía que rebelarse y hacer de las suyas.
—¿Y tú qué? ¡Pudiste evitar que ella se suicidara!—me echa en cara.—¿Qué estabas haciendo en ese momento? Yo no fui la única mierda en la familia, tú también andabas en malos pasos.—me señala.—Debías dar el ejemplo, Dasha. Siempre saliendo con esos inútiles.—niega con la cabeza.
—¡Cállate!—le grito.
—¡Estuviste desaparecida una semana! ¿Olvidaste eso? ¿Con quién andabas? Porque luego de eso cambiaste totalmente.—vuelve a recordarme el pasado.—A los 17 años. ¿Por qué no hablas de eso, eh? Tratas de culparme a mí, de dejarme como el malo pero nunca nos dijiste dónde o con quién andabas.—dice con maldad.
—Eso no es de tu incumbencia, Khan.—zanjo.—No estaba con nadie, así que cierra la boca porque lo vas a lamentar. —le advierto.
—Ah, ¿qué pasó? ¿No te gustó que te recordara el pasado?—sigue.
—Lárgate.—repito con fastidio.—Estaba mejor creyendo que habías muerto.—digo sin pensarlo.—No vuelvas a cruzarte en mi camino porque juro que me cobraré todas las que me hiciste.—lo amenazo.
—Al menos dime dónde está el cuerpo de mamá.
—Déjala descansar en paz.—sentencio abriendo la puerta de la habitación.
—Tengo derecho a saber dónde está enterrada.—exige.
—Perdiste ese derecho hace muchos años, no vengas con exigencias absurdas.—sentencio.
Él me contempla en silencio por unos largos segundos, y yo me mantengo firme en mi sitio elevando el mentón para que vea y entienda que no soy esa niña frágil que le temía y siempre se doblegaba ante él. La mujer que está aquí ahora, frente a él sin apartar la mirada, es mil veces más fuerte y jamás volverá a dejarse pisotear como años atrás.
—¿Cómo es que tienes tanto dinero?—pregunta de repente.—¿Estás casada con alguien adinerado?—murmura con el ceño fruncido.—¿Andas metida con drogas, armas? Tienes guardias de seguridad… no sé, es imposible que hayas salido adelante y tengas tantas cosas…—dice sin poder creerlo.
—¿No puedes aceptar que, por primera vez en la vida, tengo más que tú?—inquiero.
—Dime cómo lograste tener todo esto.—señala su entorno.
—Ya no puedes exigirme nada, Khan. Entiende que ahora los papeles se han invertido.—le dejo en claro.—No te tengo miedo, y a Roxanne tampoco. Dile que se cuide muy bien la espalda porque puedo atacar en un abrir y cerrar de ojos.
—No inicies una guerra, porque sabes que ella volverá a enviarme para matarte.—dice casi en súplica.
—Entonces no trabajes para ella.—le suelto.
—Me paga bien.
—¿Cuánto te paga?—cuestiono cuando una idea casi sorpresiva se instala en mi mente.
—Veinte mil dólares.—murmura.
—Te pago el triple si trabajas para mí.
Es hora de matar dos pájaros de un tiro.