Dasha
—¿No crees que es arriesgado tenerlo aquí con nosotras?—cuestiona Celine, sentada en un sofá bajo la sombrilla que decora el jardín trasero que tenemos en la nueva casa.
Ya estábamos instaladas y la había puesto al tanto de lo sucedido la noche anterior con Khan. Obviamente cree que estoy loca por haberle ofrecido trabajo a mi hermano, sabiendo que bien me podría traicionar.
—Celine, tranquila, tengo todo bajo control.—le aseguro, mientras bebo la limonada y observo la gran vista del lago que tenemos.—¿No es bella esta gran vista?—señalo.
—Muy hermosa. —concuerda, subiendo sus pies a la mesa.—Tienes buen gusto, debo admitirlo.—dice con humor.—Este lago es una maravilla y la casa, o mansión, es perfecta.
—Lo sé. Siempre me gusta tener naturaleza a mi alrededor, me ayuda a desconectar del mundo.—comento sin apartar mis ojos del lago.—Y la paz que transmite la tranquilidad del agua es simplemente espectacular.
—¿Te vas a poner sentimental?—pregunta con algo de miedo y sorpresa.—Eso sí que es nuevo.
—Oh, cállate. Mejor baja los pies de la mesa, compórtate.—zanjo.
—Ahí está, volvió la prepotente.—dice entre risas.—No puedes mostrar tus sentimientos, ¿no? ¿Tanto te cuesta?
—Baja los pies de la mesa.—repito mirándola.
—No cambies el tema.—obedece bajando los pies y luego apoya los codos sobre la mesa, mirándome con atención.—Dime, anda, ¿por qué eres tan… fría?
Yo suelto un suspiro y dejo el vaso con limonada a un lado, me giro para observarla.
—Si quisiera que alguien escuchara mis problemas, iría a terapia.—inquiero.—Créeme, lo que menos quiero es contarte a ti el porqué de mi forma de ser.
Por la mueca que hace sé que no le agradó mi respuesta, pero no pone objeción al respecto.
—Señorita Kuznetsov—me llama Boris acercándose a nosotras.—Es hora de ir a la compañía.—me recuerda.
Yo me pongo de pie y tomo mi cartera.
—Celine, tú vienes conmigo.—le ordeno a ella y chasqueo los dedos para que se levante del asiento.
—¿Yo? ¿Y qué se supone que haga allí?—cuestiona con aburrimiento.
—No preguntes. Ponte de pie, guarda silencio, y haz lo que te ordeno.—zanjo.
Rueda los ojos con fastidio ante mis palabras.
—Quiero una nueva asistente.—le digo a Boris, y paso por su lado.
—¿En verdad vas a despedir a Elena?—pregunta él siguiéndome el paso.
—Lo hice hace dos días.—respondo sin dejar de caminar.
—Pero ella jamás ha cometido errores.—la defiende.
—Lo hizo hace dos días al no avisarme que Gael Moore estaba esperándome.—inquiero con seriedad.—¿No le avisaste que estaba despedida? Porque te dije que lo hicieras.—detengo el paso y lo enfrento.
—Le dije que… estabas considerando la idea de despedirla, no que lo habías hecho.—comenta en voz baja.
—¿Y eso fue lo que yo te dije que le informaras?—cuestiono frunciendo el ceño.
Él niega.
—¿Entonces por qué tomas decisiones que no debes?—me acerco amenazante.—Cuando ordeno algo, se sigue la orden al pie de la letra.—le recuerdo.—Sabes perfectamente cómo funciona todo conmigo, Boris.
—La estás despidiendo injustamente, Dasha. ¡Sabes bien cuál es su situación!—me hace frente.—Tiene un hogar que mantener, ¿puedes pensar en eso un momento? Su hermana menor está enferma, y Elena es la única que compra sus medicamentos y paga el tratamiento.—sigue.
—¿Y? ¿Es mi culpa todo eso?—cuestiono.—Sus problemas personales no me incumben, tampoco tengo que mostrar pena por cosas ajenas. Eso es cosa suya. Yo no tengo por qué soportar su falta de profesionalismo, tampoco sus dramas familiares. Ella debería tomarse en serio el trabajo, pero veo que le quedó grande el puesto que le ofrecí. Y debería agradecerme lo que hice, porque su currículum apestaba a fracaso y si la contraté fue porque tú insistías.—lo señalo.—Ahí ves cómo me pagó la oportunidad que le di.
Su mirada se entristece y me mira con decepción.
—No tienes compasión por nadie…—murmura.—Es una pena que estés vacía por dentro. Te espero en el auto.
Sigue de largo y atraviesa el jardín, alejándose.
—Míralo a Boris sacando las garras.—escucho el murmullo y la risita de Celine a mi lado.
—Cállate.—espeto, retomando el camino.
—¿Ella es la novia o algo? Porque estaba muy alterado.—comenta.
—No lo sé, y no me importa.—respondo.
—Yo creo que sí son novios.—afirma.—La defendió con uñas y dientes, y eso no es algo que cualquier persona haga por otra.
—Boris siempre ha sido muy… bondadoso. —comento.—Siempre tratando de ayudar a los demás, patético.
—Se le nota que es bueno.—dice.—Si pusieran su alma en una balanza con la tuya, su lado se elevaría hasta el cielo y el tuyo bajaría al infierno.—se burla.
—Oh, qué graciosa. A ti no te querrían en ningún lugar. Serías una triste alma en pena vagando de aquí para allá.
—Sería un alma indomable, me gusta eso.—eleva sus hombros con gracia.
Llegamos al auto y quien me abre la puerta es Elías, no Boris.
—Buen día, señorita Kuznetsov.—me saluda muy sonriente.
Subo al auto y él rodea el vehículo para cerrar también la puerta de Celine.
—¡Elías, buen día!—ella le devuelve el gesto.—¿Cómo te va?
—Muy bien, señorita Darren.—le responde abrochándose el cinturón.
—A la compañía.—le ordeno a Boris que está al volante.
Enciende el vehículo de mala gana y sale de la propiedad.
Enciendo mi tableta para revisar los correos electrónicos que me enviaron desde Rusia, para ponerme al tanto de todos los asuntos de allá. Los voy respondiendo a medida que avanzamos por la ciudad de New York.
—¿Podemos poner algo de música?—pregunta Celine.
—A la jefa no le gusta, porque la distrae de su trabajo.—responde Boris en tono serio.
—Estará el volumen bajo.—insiste ella en mi dirección.
—No.—zanjo sin apartar mis ojos de la pantalla.
—Oh, vamos, no seas así. Será una canción.—insiste.
—No insistas.
—Qué aburrida eres.—me dice con rabia y se cruza de brazos.
Continúo revisando los correos que me han llegado ésta mañana y los respondo de inmediato. Las chicas de Rusia me informan que las cosas van bien con los dos Casinos y que en un par de horas tienen una reunión con el Príncipe de los Emiratos Árabes Unidos, que llegó al país de visita. Conseguimos llamar su atención y se mostró interesado en los Casinos. En una semana debo viajar para allá, ya que organizaremos una fiesta en mi yate en honor al Príncipe. Él es algo así como una celebridad, sumamente reconocido por el gran ingreso que tiene. Su fortuna es muy elevada y su llegada a nuestros Casinos atraerá a más personas de su entorno.
Son oportunidades que no se deben desaprovechar.
Llegamos a la empresa y ambas bajamos del auto. Somos escoltadas por nuestros guardaespaldas hasta la recepción donde nos espera una mujer delgada y algo pálida, vestida formal, aunque mal peinada.
—Buen día, sean bienvenidas a G&D Company —dice alegre.—Los señores las están esperando en la sala de reuniones. Ya están todos aquí.—señala.
—¿Todos? ¿Quiénes serían “todos”?—pregunta Celine algo inquieta.
—Los demás socios.—responde ella con amabilidad.
—Oh, de acuerdo. Será algo incómodo llegar últimas.—se ríe.
—Eso lo hace aún mejor.—hablo.—Ellos deben esperar por nosotras, no al revés.
Avanzamos en silencio, siguiendo a la recepcionista que nos conduce por un pasillo hasta la penúltima puerta.
Golpea e ingresa para informa de nuestra llegada.
—Elías, quédate aquí junto a la puerta. Boris, espera en el auto.—les ordeno.
—Si me permite, tengo un asunto que atender. ¿Podría darme permiso de ausentarme una hora?—suelta Boris.
—¿Qué asunto?
—Algo personal.—responde y yo elevo una ceja con curiosidad.
—De acuerdo. De todas maneras estaremos aquí todo el día.—pienso en voz alta.
Él asiente y se aleja de nosotros, pero mi voz hace que detenga sus pasos:
—Y dile a Elena que la quiero aquí a más tardar en una hora.—le informo.—Que le pregunte a la recepcionista por mi oficina y que espere allí hasta que yo llegue. Si es que aún quiere seguir siendo mi asistente.
Él reprime una sonrisa y simplemente asiente.
—¿No te iban a asignar una secretaria, o algo así, aquí?—me recuerda Celine.
—No necesito a otra persona. Elena ya conoce mis negocios y mi forma de trabajar.—respondo.
—Ya pueden entrar.—avisa la recepcionista.
—¿Era la hora del té o qué?—digo con fastidio.
Entramos a la sala y veo a siete hombres, incluidos Gael y Demian. Todos ellos se giran para observarnos.
—Buen día.—saludamos ambas forzando una sonrisa.
—Señoritas, bienvenidas.—nos saluda Gael poniéndose de pie.
Se nos acerca y estrecha la mano de cada una.
—Es un honor tenerlas aquí.—dice él.
Celine se ha puesto incómoda ante la presencia de tantos hombres mirándonos con atención.
—Gracias.—digo yo.
—Señores, por favor déjenme presentarles a Dasha Kuznetsov, dueña de los Casinos más importantes de Rusia, y nueva socia de nuestra compañía. Y a su prima Johanna Darren.
Uno a uno los hombres nos saludan y nos dan la bienvenida, diciéndonos que están maravillados con nuestra presencia aquí. Nos halagan la belleza que portamos y se muestran amables a la hora de preguntarnos que tal la estadía aquí en la ciudad. Hablamos sobre mis negocios en Rusia, y les hago un breve comentario sobre el Príncipe árabe, sin dar mucho detalle claro está, para dejarlos ahí con la intriga. Se sorprenden bastante con la mención de ese hombre, ya que es reconocido mundialmente por la influencia que tiene en la industria. Me felicitan por el gran crecimiento que estoy teniendo y damos paso a la reunión centrándonos en los detalles importantes.
—Las ventas crecieron en la última temporada—dice uno de ellos, Justin, señalando la gráfica.—Según las estadísticas, los extranjeros son quienes tienen más ingresos y su llegada nos ha beneficiado. Podríamos partir de ahí.
—Cuando comenzó la temporada tuvimos gente de Italia y Corea que mostraron interés y trajeron buenas propuestas que deberíamos tener en cuenta para las reformas.—dice otro, Dimitri creo.
—Yo creo que hacer reformas ahora no estaría bueno. Ya sabemos que las ganancias son muy buenas, ¿por qué no mantenernos así hasta que termine la temporada?—inquiere Eric.
Yo voy pasando las hojas, leyendo todo con atención, oyendo todo lo que ellos van comentando. Tienen razón al decir que sus ganancias van creciendo cada vez más. Los extranjeros siempre son quienes vienen con los bolsillos llenos y, cuando andan por aquí de vacaciones o cerrando negocios, pues deciden acudir a los Casinos para apostar o como lugar de reunión. Son los lugares perfectos para los empresarios. La gente de afuera es la que más dinero genera para el Casino.
Con la atención que ellos tienen, bien podrían abrir otro Casino, un poco más modernizado tal vez, y más factible para todos. Porque ellos saben que si son extranjeros los que más se sienten atraídos hacia aquí, que todo el tiempo vienen y van… Sí, quizás tenga una idea loca rondando por mi cabeza justo ahora.
—¿Por qué no bajar los precios de las habitaciones en el Hotel continuo al Casino?—pregunto, atrayendo la atención de todos. —Está comprobado que si los hoteles adjuntos a los casinos ofrecen habitaciones a precios muy por debajo de los que podría obtener un consumidor, es mejor para todos. Además, en ese tipo de casos las comidas son a menudo baratas y las bebidas complementarias, lo que dejaría a los huéspedes más que satisfechos. Son detalles suficientes para inducir a alguien a ingresar al casino. Si la gente sabe que el hotel está en el mismo combo, y además de eso tendrán varios descuentos y beneficios, obviamente querrán asistir al Casino.—comento.
—¿Bajar los precios? Te volviste loca.—suelta Harrison.
—Loca o no, tengo razón.—zanjo.—¿Dónde se ha visto que un Hotel esté pegado al Casino, que ambos se trabajen para la misma persona, y aún así ninguno se beneficie del otro ni se complementen? Deberían tener descuentos para quienes decidan irse del Casino y quedarse en el Hotel.—propongo.
Él simplemente me mira con desconfianza y guarda silencio.
—Yo creo que ella tiene razón.—me defiende Demian.—Si lo pensamos, no es mala idea. —admite.
—Pienso igual—dice Eric—Deberíamos considerar arreglar eso, creo que mucha gente estará satisfecha y aprovechará esa oferta.—piensa.
—¿Qué otras ideas se te ocurren para atraer a más personas?—me pregunta Gael con interés.
Yo me aclaro la garganta antes de comenzar:
—Bien, pues podrían incluir atracciones que no tengan relación con el juego. ¿Qué quiero decir con esto? Que podrían incluir espectáculos con artistas importantes de otros lugares, o locales. Si algún fanático sabe que equis artista estará presente, querrán asistir. Y eso genera fama, señores, y también originalidad.—añado. —¿Qué más? Ah, sí, hablemos de marketing: una táctica muy utilizada, que ustedes no utilizan mucho que digamos, es el publicar fotografías o testimonios de personas que han ganado mucho dinero en el Casino. Eso le llega a la gente. El leer el testimonio, cargado de emoción, de la persona que ganó es simplemente maravilloso y sumamente atractivo. El saber que cualquier persona puede tener esa misma suerte con sólo poner un pie en el Casino, atrae mucho.—digo con obviedad.—La gente siempre está al pendiente de las r************* , de los periódicos locales. Y ustedes, caballeros, siempre encabezan los titulares. La prensa los sigue a todos lados, aprovechen esa atención para hacer que la gente les esos testimonios.
Gael mantiene una sonrisa mientras me observa con atención a medida que doy detalles de mis ideas para el Casino.
Demian va anotando cosas en una libreta y, Eric, Justin y Dimitri comentan entre ellos o hacen muecas en desaprobación cuando digo algo que no les gusta.
Parece que en general, Isaac y Harrison no están muy contentos conmigo, porque sus comentarios negativos hacia cada idea mía lo dicen todo.
—¿Algo más?—pregunta Isaac.
—Sí, mantengan a sus invitados cerca y a su competencia todavía más cerca.—comento.
—¿Eh?—cuestiona él.—No sé de qué hablas.
—¿Qué quieres decir con eso?—salta Justin desconcertado.
—Cuanto más sepan sobre su competencia, mejor podrán reaccionar—señalo lo obvio—O, mejor aún, actuar de manera proactiva. Hay que mantener siempre un ojo en absolutamente todo lo referente a la competencia—añado mientras comienzo a enumerar—: los sitios web, páginas de f*******:, boletines y correos. Así estaremos al tanto y nada se nos podrá escapar de las manos. También hay que identificar el tiempo y los detalles de los eventos promocionales, grandes y pequeños, así como las fortalezas, debilidades y el impacto potencial en su negocio. Después de averiguar todo eso podremos actuar.—finalizo.
La sala queda en total silencio.
Hasta que Celine aplaude a mi lado.
Yo le guiño un ojo con sutileza y ella me sonríe.
—Fantástico—dice Demian, asintiendo.
—¡Eso fue brillante!—exclama Celine.—Mi prima es simplemente espectacular para estas cosas.
—Yo diría que fue más… ambición que otra cosa.—salta Isaac y mi sonrisa se borra.—Mira, tus ideas no son malas pero estamos hablando de un Casino, ¿entiendes? Esto no es como una competencia para ver quién se queda con el premio.
—Si no estás dispuesto a competir, no sé qué haces aquí entonces.—le suelto con seriedad.—Esto es un negocio, y en los negocios siempre se compite. El que sea más inteligente escala muy alto, y el que no pues se hunde. Parece que eso es lo que quieres para esta compañía.
—Quiero lo mejor para nosotros. Pero no puedo aceptar las ideas de una mujer recién llegada que no sabe cómo funcionan las cosas aquí. No sé qué se supone que hagas en Rusia, pero esas tácticas no creo que sean muy eficientes.—suelta con maldad.
Yo aprieto mi mandíbula, conteniéndome, porque de lo contrario le voy a lanzar una buena bofetada.
—Si no fueran eficientes, no hubiese llegado tan lejos. Ten mucho cuidado con la forma en que hablas de mí o de mi trabajo, porque en muy poco tiempo he conseguido atraer la atención de personas muy importantes mundialmente, y lo hice sola. Mis logros hablan por sí solos. Y todo eso fue gracias a mis buenas tácticas. —espeto con firmeza.
—Aquí las “tácticas” son diferentes.—salta ésta vez Harrison.—Como podrás entender, lindura, no estamos en Europa.
—Oh, mira que inteligente salió el caballero.—dice Celine incrédula.—Si no lo decías, no nos dábamos cuenta.
—El punto es que el bajar los precios de las habitaciones del hotel, solamente porque algunos huéspedes asisten al casino, no es para nada bueno.—inquiere.
—¿Y por qué no?—salta ésta vez Celine.—¿Crees que las personas están contentas con esa modalidad que tienen ahora? No seas ingenuo, Harry.
—Es Harrison.—corrige él.
—Da igual tu nombre.—zanja ella.—Aquí lo que realmente importa es lo que dicen las estadísticas, lindura—usa el mismo apodo que él utilizó conmigo—Y las estadísticas dicen que, tomando al 70% de las personas extranjeras que asisten a ese Casino, solo un 30% opta por quedarse en su Hotel y los demás deciden quedarse en otro sitio. O sea, se van con la competencia, algo cero favorecedor para ustedes. ¡Sólo un 30% de un 70%!—exclama para que entiendan.—Eso quiere decir que menos de la mitad se hospedan allí. ¿Y eso a qué se debe? A la falta de beneficios que ustedes les brindan a quienes se hospedan en su Hotel, que casualmente anteriormente van al Casino. Es totalmente ilógico lo que hacen. Si no son capaces de mantener contentos a sus invitados, pues se irán en picada y sin paracaídas.
Eso me dejó realmente asombrada. No sabía que ella estaba familiarizada con esto, y menos que iba a saltar con porcentajes y toda la cosa.
Sonó tan segura de sus palabras que pareció toda una profesional. No le tembló la voz ni siquiera cuando todos estaban prestándole mucha atención a cada cosa que decía.
—¿Estuviste investigando sobre nosotros? Me asombra.—comenta Demian con fascinación.
—Hice la tarea.—le responde ella.—Ayudo a mi prima de vez en cuando. Y obviamente investigué sobre ustedes, para estar al tanto de todo.
—Ella está en lo cierto. Las estadísticas son las que importan.—concuerdo, apoyando su discurso.
—Creo que podríamos empezar por investigar a fondo el tema del Hotel.—opina Gael.—Concuerdo con la señorita Darren en que son menos de la mitad los invitados que deciden quedarse en el Hotel. Deberíamos considerar la idea de la señorita Kuznetsov sobre bajar los precios y otorgarles beneficios a aquellos que van al Casino.—propone.
—A mí no me parece.—dice Harrison.—Las ganancias del Hotel bajarán, Gael.—murmura.
—¿Tienes alguna idea mejor para que el porcentaje de inquilinos se eleve?—pregunta Demian.
Yo observo de reojo a Celine, quien me dedica una mirada cargada de poder.
—No, pero… —dice Harrison y luego guarda silencio.—¿Vas a dejar que una mujer tome las decisiones?—cuestiona en dirección a Gael.
—Sólo aportó una idea. Todos aquí tenemos ese derecho.—responde él.—Les doy la posibilidad de que voten a favor o en contra.
—¿Qué es lo que te molesta, Harrison?—le pregunto.
—Aquí siempre hemos sido sólo hombres, como podrás observar.—señala a los seis hombres distribuidos alrededor de la mesa.—Ahora llegas tú con tu súper plan y pretendes que todos acatemos tus órdenes.
—Parece que tienes un serio problema hacia nosotras ¿Es que nos consideras menos o qué?—salta Celine.—Acepta nuestras ideas, y si no te gustan pues vota que no estás de acuerdo con que se lleven a cabo y punto.
—Tú, para empezar, no opines porque no eres socia de la compañía.—le corta.—Es más, no sé qué estás haciendo aquí planteando lo de las estadísticas si tus palabras no serán tomadas en cuenta.
—¿Disculpa? —cuestiona ella mientras se pone de pie de manera amenazante. Ya había olvidado que ella era una ex convicta.—Repite lo que dijiste.
—¡No le hables así a mi prima!—le advierto a él.—Ella está aquí conmigo, y tiene el derecho de decir lo que quiera porque así lo quiero yo. Es la persona en la que más confío, y cuando se trata de negocios ella siempre me brinda ayuda. Además, no vi que alguno se quejara cuando ella entró.
Él se pone de pie dispuesto a encarar a Celine, pero yo me levanto de la silla y me interpongo en su camino.
—Harrison.—lo llama Gael.—Aquí estamos todos en el mismo equipo. No les faltes al respeto, por favor.
—Déjalo, Moore. Si tiene algo que decir, que lo haga.—dice Celine sin apartar sus ojos de Harrison.—No te guardes nada, lindura.
—Voto que no en lo que sea que ésta… señorita proponga.—dice él finalmente.
—Vamos a terminar la reunión. Dejaremos la votación para mañana.—dice Gael.—Veremos que nos dice el abogado cuando se presente mañana.—comenta.—Por favor, llevemos la fiesta en paz. Harrison, a mi oficina.—señala.
Harrison me dedica una mirada de advertencia y sale de la sala, dando un fuerte portazo.
—Es un estúpido.—suelta Celine de repente.
Los demás la miran y ella les sonríe, volviendo a tomar el papel de Johanna Darren.
—Lo lamento, es que… me puso nerviosa la forma en que me habló. ¿Siempre es así de impulsivo?—dice con voz pacífica.
—Está un poco estresado.—comenta Dimitri.—Terminó con la novia hace un mes y anda un poco loco.
—Ya veo…—murmura ella.—En fin, eso no es justificación para lo que hizo.
—Concuerdo.—salta Eric.—No tiene modales ese hombre. Trata a todos como se le da la gana, con razón ninguna mujer lo soporta.—murmura.—Como sea, estaré supervisando el Casino con Justin.—informa.
—Les avisaremos si tenemos novedades.—dice el susodicho.—Nos pasaremos también por el Hotel para ver cómo van las cosas.
—Perfecto. Yo al mediodía tengo un asunto que atender, pero si surge algún problema me avisan.—comenta Gael antes de salir de la sala.—Dasha, lamento el comportamiento de Harrison. Déjame decirte que tus ideas son estupendas y las repasaremos mañana con el abogado presente.—me dice antes de irse.
—Adiós, chicas y bienvenidas.—se despide Eric con amabilidad. Justin hace lo mismo y se retiran de la sala.
—Estaré en mi oficina por si se les ofrece alguna cosa.—nos dice Demian, más que nada se lo dice a Celine.
—Gracias, Demian, eres muy amable.—le agradezco.
También sale de la sala y nos deja a solas con Dimitri que está terminando de guardar sus cosas.
—Dimitri, ¿no?—le pregunto.
—Así es.—responde.
—¿Podrías mostrarme dónde está mi oficina?—le pregunto.
—Eh, sí, claro.
—Prima, puedes irte ya. Elías está afuera esperando.—le digo a ella.
Los tres salimos de la oficina y Celine entrelaza su brazo con el de Elías.
—Más tarde vengo entonces.—se despide ella.
—No será necesario. Tú relájate o ve a la casa.—le digo.—Elías, cuídala bien.—le lanzo una mirada que entiende a la perfección.
Asiente de inmediato y ambos se retiran mientras se ponen a hablar del clima.
—Por aquí.—me indica Dimitri señalándome el elevador.—Nuestras oficinas están 4 pisos arriba.
Ingresamos al elevador en silencio, y en uno de los rincones veo una cámara de seguridad por lo que no puedo hablar con el hombre a mi lado.
En cuanto las puertas se abren seguimos avanzando por el pasillo donde me cruzo con algunas personas que me saludan cordialmente. Casi al final, a la derecha, él me señala una puerta con mi nombre escrito en el medio.
En una pequeña recepción, frente a mi puerta, está Elena acompañada de otra chica que se encuentra atendiendo el teléfono.
Elena rápidamente me mira con pena y yo le indico que luego hablamos.
—Su oficina.—señala Dimitri.
Le hago señas para que ingrese y así lo hace. Cierro la puerta y observo todo a mi alrededor. Los grandes ventanales llaman mi atención, y la vista que me brindan de la ciudad es magnífica. Hay un balcón también.
Mi escritorio es blanco y la silla, al igual que los sofás, de color n***o. En una esquina hay una biblioteca muy linda haciendo contraste con las paredes claras y la alfombra.
El ambiente es muy lindo y está decorado muy elegantemente, como a mí me gusta.
—Gael dice que si no es de su agrado, puede cambiar la decoración.—habla Dimitri.
—Admito que él tiene buen gusto.—comento, dirigiéndome a mi asiento. Dejo la cartera a un lado y tomo asiento.
—¿Y bien? ¿Era todo como se lo imaginaba?—pregunta tomando asiento en un sofá frente a mí.
—Sonaba mejor cuando lo describiste.—digo y ambos nos reímos.
—Lo sé, sobre todo los colegas.—me recuerda a Harrison.
—¿Él será un problema para mi plan?—le pregunto.
—Nah, Harrison busca pelea por todo, pero más allá de eso no será un obstáculo.—responde.
—Bien, porque es realmente odioso.—me quejo.
—Tranquila. Me encargaré de que no genere problemas.—me asegura.
—Te lo encargo. Tu dinero ya fue depositado, y tienes un bono extra por la buena discreción.—hablo en voz baja.
—Gracias. Tú sabes que siempre estaré contigo. La lealtad ante todo.—se lleva una mano al pecho.
—Lo sé.
—Bien, ya estás aquí, así que de ahora en adelante todo será más fácil.