Dasha
Dimitri ha sido mis ojos y oídos en ésta compañía desde hace tiempo. Más allá desde que nos conocemos desde que éramos adolescentes, luego nos distanciamos y él se fue a vivir a Colombia donde se casó con una morena adinerada. Años después él comenzó a trabajar para la familia de su esposa, manejaban un gran hotel en medio de la playa, y todos los veranos se llenaba de gente de todas partes. Él comenzó siendo un supervisor y luego ascendió a Gerente general de todo el lugar.
Como se había casado con esa chica, pues la mitad de sus bienes le pertenecían a él, y ese Hotel estaba incluido, así como también dos cabañas en medio de las montañas, un yate y otro Hotel en el centro de la ciudad.
Todo venía de maravilla, hasta que la chica conoció a alguien más en uno de esos veranos, un brasileño si mal no recuerdo, y le pidió el divorcio a Dimitri meses después. El escándalo fue tal que al padre de esa mujer (suegro de Dimitri) le dio un infarto y se murió, y la madre falleció en un accidente de avión a la semana. Entre problema y problema, ellos dos decidieron divorciarse y obviamente con la repartición de bienes a Dimitri le quedó muchísimo dinero, ya que vendió su parte de los hoteles y las cabañas. Fue muy astuto a la hora de lavarle la cabeza a la chica y lograr que ella le dejara el yate a su nombre.
El caso es que él conoció a Gael Moore en Colombia, en una de las tantas veces, ya que el magnate tenía uno de sus casinos allí.
Como Dimitri tenía su pequeña fortuna guardada por las ventajas del divorcio, más su lujoso yate para presumir, le comentó a Gael que quería adentrarse en los Casinos porque los hoteles le habían aburrido. Quería otros horizontes. Entonces, Gael cayó en esa red y luego de definir detalles, ¡bum! Dimitri se convirtió en el nuevo socio.
Una historia muy genial.
Yo tengo ojos en todas partes, y en cuanto me enteré de esa nueva asociación decidí atacar. Busqué a Dimitri y volvimos a recordar viejos tiempos. Una cosa llevó a la otra, y una vez que él probó al sabor de la codicia obviamente quería más. Y yo le di la oportunidad de duplicar su dinero, ya que lo que tenía no le iba a durar toda la vida.
Así fue cómo él se unió a mí y ha sido un fiel mensajero en todo éste tiempo. Es como si yo hubiese estado aquí todo el tiempo. Y ahora que ambos somos socios, con su parte pasaré a tener más poder todavía.
Pero poco a poco… Debo ser meticulosa.
—Con permiso…—escucho la voz de Elena y a los segundos la tengo frente a mi escritorio.
—¿Podrías recordarme para qué puesto te contraté hace ya 3 años, querida Elena?—cuestiono cruzándome de brazos.
—Me dijo que yo sería su asistente cada vez que usted visitara New York. Y que debía encargarme de sus asuntos cuando no se encontraba en la ciudad.—dice con rapidez.
—¿Y qué te dije antes de que mi jet aterrizara aquí el otro día?
—Que debía tener todo listo e informarle de todo lo referente al señor Gael Moore.—responde.
—¿Y tú hiciste eso?—cuestiono.
—Lo que pasa es que…
—¿No tenías ganas de trabajar ese día o qué? El hecho de que yo no esté aquí, no significa que tú tienes el día libre, Elena. Sabes perfectamente que viajo a Rusia muy seguido. Tú aún así debes responder mis correos electrónicos, estar pendiente de mi competencia en Rusia, y obviamente decirme las últimas novedades sobre Gael Moore. —le recuerdo con tranquilidad.—Parece que eso último se te olvidó.
—Yo intenté avisarle, pero mi teléfono se apagó.—dice con desespero.
—Oh, se te apagó, qué terrible.—finjo tristeza.—Si es necesario me envías una paloma mensajera, o me haces señales de humo, no me interesa. —zanjo.—Debes cumplir al pie de la letra con tu trabajo.
—Lo sé, y en verdad lo lamento. Yo necesito el trabajo, en serio.—me suplica con lágrimas en los ojos.—Por favor…
—¿Sabes qué cosa odio, Elena? Que las personas lloren frente a mí, y eso es lo que estás haciendo justo ahora.—señalo.
Se limpia la nariz con la manga de su camisa y yo desvío la mirada con asco.
—Agradece que no eres tan inútil, porque de lo contrario ya estarías despedida.—le digo y su rostro se ilumina mientras sonríe.—Ve a tu puesto de trabajo y espero que sea la última vez que se te pasa informarme lo más importante.
—¡Gracias! ¡Es usted muy buena!—grita emocionada.—¡Le juro que jamás volveré a cometer algún error!—chilla.
Le hago señas para que se retire y antes de que se vaya una pregunta sale sin permiso de mi boca:
—¿Qué le pasa a tu hermana?
Ella se gira hacia mí y traga saliva. Baja la mirada y luego me mira con pena.
—Tiene leucemia.—responde.
—¿Cuántos años tiene?
—Seis.—murmura con dolor.
Yo asiento y ella se retira.
Me quedo unos segundos mirando la puerta, pensando… Quizás…
—Basta, Dasha. ¿Desde cuándo eres solidaria con la gente?—le reprendo a mí misma.—Céntrate en lo importante.
Miro la hora y apenas son las 9 de la mañana. Decido salir al balcón a tomar un poco de sol.
La leve brisa choca mi rostro y apoyo mis brazos en el barandal para observar las calles. La gente camina de un lado a otro, y los vehículos circulan sin parar. Se escucha el tumulto, el sonido de las bocinas, los gritos de las personas malhumoradas, el sonido de los pájaros… todo lo cotidiano en una ciudad como esta.
El cielo está despejado, y el Sol muy brillante. Cierro los ojos por unos segundos, disfrutando de esa paz que transmite el ambiente.
—¿Ésta es la oficina de la señorita Dasha Kuznetsov?—escucho la voz juguetona de Gael.
Me giro con una sonrisa y lo observo de pie bajo el marco del ventanal.
—Así es, ¿qué desea?—le sigo el juego.
—Venía a comprobar si todo es de tu agrado.—dice avanzando hacia mí.
—Todo perfecto. Gracias.—le digo.—Aunque la verdadera perfección es ésta.—extiendo mis brazos a los lados dando un giro.—¡La vista es maravillosa!
—Tienes razón, la vista es maravillosa.—repite sin dejar de mirarme.—Tú eres… brillante. Me encantó cómo hablaste en la sala de reuniones y ahora verte aquí, maravillada con algo tan simple…—me mira con curiosidad.
—No puedes negar que esto es fantástico.—le digo.—Imagina ver un atardecer desde aquí.—me río.
Decir que amo los atardeceres es poco. Son simplemente hermosos.
—Debes verlo, te vas a enamorar como yo.—concuerda.—Quedarás hipnotizada.—me señala.
Ambos nos reímos.
—Lamento la forma en que te habló Harrison.—dice con algo de vergüenza.—Le dejé en claro que debe respetar a todos. No permito eso, puedes estar segura de ello.—me asegura
—Descuida, estoy acostumbrada.—digo sin importancia.
—Bueno. ¿Y qué te pareció el resto de los socios?
—Todos muy amables. Estaba un poco perdida pero uno de ellos me acompañó y más o menos me dijo lo mismo que tú respecto a Harrison.
—¿Quién fue? ¿Eric? Él es muy amable con todo el mundo.
—No fue Eric, sino… no recuerdo muy bien su nombre. Creo que Dimitri.—me hago la tonta.
Sus cejas se elevan con sorpresa y asiente.
—Oh, bien entonces. Pensé que había sido Eric.—murmura.—Genial entonces. Veo que también trajiste tu propia secretaria. ¿Sucedió algo con la que elegimos para ti?
—Oh, no. Es que Elena ha trabajado conmigo muchísimos años, y nos conocemos muy bien. Tenemos una modalidad de trabajo particular y sería complicado volver a enseñarle todo a otra persona. Ya sabes, yo viajo seguido a Rusia para supervisar todo, entonces Elena ya está adaptada a todo eso.—le informo.
—Ya veo, bueno, si te sientes más cómoda con ella yo lo entiendo. —me sonríe.—Bien, te dejaré para que te pongas cómoda. Si necesitas cualquier cosa avísame, sabes que estoy a tu disposición.
—No es necesario, gracias. Cuando veas a Nora envíale mis saludos y dile que aquí estoy por si se le ofrece alguna cosa.—le recuerdo.
—Lo haré. Y no te olvides que en la noche tú y yo tenemos planes. —añade.
—Qué bueno que me lo recordaste, lo había olvidado.—le digo fingiendo pena.—¿A dónde iremos?
—Al mejor lugar de la ciudad. Conocerás a un chef de primer nivel que te preparará una exquisita cena.—dice con emoción.
—¿En serio? Eso es sorprendente.—le digo con sorpresa.
Me guiña un ojo y besa mi mejilla de repente.
—Nos vemos más tarde.—se despide.
Vaya, vaya… parece que Gael Moore no es inmune a mis encantos. Y eso que todavía no he sacado a relucir mis mejores dotes.
En ese momento escucho sonar mi teléfono móvil que se encuentra en la oficina. Corriendo voy y tomo el aparato, es una video llamada por parte de Irisa, la encargada de mi Casino en Rusia.
—Hola, hola. —saluda con alegría, con un perfecto acento inglés, en cuanto acepto la llamada.—¿Cómo va la vida por aquellos rumbos?—pregunta mientras la veo caminar por la oficina.
—Pues, por aquí todo marcha normal.—comento.—Mira nada más la vista que tengo.—le enseño la bella vista y ella exclama emocionada.
—Qué envidia. Aquí hace frío y está nublado. Anunciaron lluvia torrencial para los próximos tres días.—se queja y enfoca la ventana, donde se alcanza a ver el mal tiempo.
—Uy, eso no es bueno. —murmuro.—¿Cómo van las cosas por ahí?—le pregunto.
Automáticamente su expresión cambia y se deja caer en el sofá. Sé que tiene un buen chisme, porque su sonrisa similar a la del gato de Cheshire lo dice todo.
—Leíste el correo electrónico que te envié, ¿no?—me pregunta.
—¿Cuál de todos?—suelto riéndome.—¡Me enviaste 10 correos electrónicos y no hace una semana que me fui de ahí!—exclamo y ella suelta una carcajada.
—Ay, ya me conoces. Me pongo ansiosa y escribo mucho. Entonces, para que no sea tan extenso el correo, decido enviarte varios.—me explica.
—Ajá.
—¡No me hagas desviar del punto importante!—chilla con desespero.—Hace unos minutos tuvimos una breve reunión con el Príncipe árabe. Y… no sabes lo que es, por favor.—utiliza su mano como abanico.—¡Amiga, es hermoso!—exclama.
—Irisa, cálmate.—le digo riendo.—Estás como un tomate, amiga.—señalo.
Ella sin dejar de reírse se lleva una mano a la cara.
—¡Tú porque no lo viste en persona! Ese hombre tiene una elegancia tan atractiva, es una cosa de locos. Aquí estábamos todas muy atentas a cada cosa que decía.—chismea.
—Ya las imagino.—ruedo los ojos.—¿Cómo era su nombre? Es tan raro que lo olvidé.
Ella se pone de pie y camina hacia su escritorio.
—Deja que lo busque porque yo estoy igual de perdida que tú. Pero te reitero, él es demasiado guapo.—comenta con la vista baja.—Nos dijo que quiere conocerte, obviamente. Pero entendió que eres una mujer empoderada y pues, los negocios están primero. Quedó maravillado al enterarse que somos únicamente mujeres las que trabajamos aquí, ya sabes, por aquellos lugares de donde él es las mujeres están muy por debajo de ellos, tú me entiendes. Todo es muy diferente en su cultura.—habla entre muecas.
—Sí, eso lo tengo entendido. Algo triste, pero bueno.—suspiro.
—¡Aquí está!—levanta un papel.—Se llama… Hassan Mahaluf.—lee torpemente.—Tuve que googlear su nombre, ¿y sabes lo que significa? “guapo” o “hermoso”. Pues yo creo que le eligieron un nombre más que acertado, con eso te digo todo.—añade.
—Los árabes no me llaman la atención.—le digo mientras me apoyo en el barandal.
—Pues éste lo hará, créeme.—me señala.—Otra cosa, espero que estés aquí el viernes. O el jueves, porque tenemos que reunirnos antes y definir detalles de la fiesta.—piensa.
—No te preocupes, estaré allá el jueves de tarde.—le tranquilizo.—Tú mantenme informada de todo.
—Lo haré. Adiós. Y me mandas fotos de esa bella ciudad.—me advierte.
—Sí, no te preocupes. Abrígate bien, amiga.—me burlo mientras le hago “adiós” con la mano.
—Qué mala eres, Dasha. Me quedaré con el árabe, ya verás.—se ríe.
Terminamos la video llamada y yo me río sola. Irisa siempre ha sido así de alegre y graciosa. Es muy enamoradiza también. Nos hicimos buenas amigas en todos éstos años, fue una de las primeras personas que conocí luego de la muerte de mamá, y nos volvimos muy unidas.
Maneja muy bien mi negocio y tiene un ojo muy bueno para la administración, lo cual es sumamente positivo para mí.
En ese instante la puerta de mi oficina se abre e ingresa Elena.
—¿Señorita Dasha?—pregunta al no verme allí.
Avanzo hacia la oficina y ella centra su atención en mí.
—¿Qué pasa?
—Hay un mensajero que trae un paquete para usted.—me informa.
—¿Recibiste el paquete? ¿Quién lo envía?—pregunto algo desconfiada.
—No me lo quiso entregar, dice que debe recibirlo usted personalmente. A decir verdad, es un hombre algo extraño.—dice.
—Dile que pase entonces.—le ordeno, yendo a mi lugar.
Ella sale de inmediato y yo aprovecho para tomar asiento y encender mi computadora.
La puerta vuelve a abrirse y me pongo de pie con rapidez al ver a Khan vestido de mensajero, cargando un bolso lleno de correspondencia.
—¿Qué estás haciendo aquí?—gruño acercándome con pasos firmes.
—Cálmate y deja que te explique bien todo.—suelta un poco agitado.
—¡Te dije que te largaras! ¿Qué mierda estás haciendo?—el corazón empieza a latir con más velocidad al tener a mi hermano aquí, justamente en mi trabajo.
Cierro la puerta y me giro hacia él con enojo.
—Te dije que Roxanne quiere eliminarte, Dasha. Y me volvió a mandar para que termine el trabajo. Pero desactivé la bomba a tiempo.—señala el bolso.
—¿Bomba? ¿Me estás jodiendo?—mis ojos se abren de par en par.
—Nadie corre peligro, quédate tranquila. La desactivé en el camino.—dice con calma.—Te dije que ella te quiere muerta. Está empeñada en destruirte.
—Tiene que ser una broma…—murmuro con estrés.—¿Y qué haces aquí? ¿Esperas que te agradezca o qué? Pueden descubrirte y si lo hacen juro que te mataré.—le advierto.
—Dijiste que si trabajaba para ti me ibas a pagar más de lo que me paga Roxanne. Bueno, el que haya desactivado esa bomba que Roxanne envió para ti, debería ser una prueba de que quiero trabajar contigo.—me explica.
Sabía que era cuestión de tiempo para que él viniera a mí con esa idea de querer trabajar para mí. A la gente la mueve el dinero, y ésta es una clara prueba de ello.
—Confiar en ti es algo que no podré hacer jamás, espero que lo tengas claro. —le suelto.—Fuiste una mierda conmigo y el que ahora quieras estar de mi lado te va a costar mucho, deberás demostrar que realmente me serás leal sin importar qué. Ambos estamos de acuerdo en que la hermandad nunca existió entre los dos, así que si estás aquí conmigo lo harás como empleado, jamás como hermano. ¿Has entendido?—cuestiono totalmente seria.
Él traga saliva y asiente decidido. Si hay algo que él siempre ha sabido demostrar es seguridad en lo que dice o hace. Claro está que nunca fue un buen hermano, pero eso no le quita que siempre cumplió con su palabra. Cuando decía una cosa, lo hacía, cuando prometía algo, lo cumplía. Más allá de que todo lo que salía de su boca era malo, pero bueno.
Su firmeza me demuestra que no miente, y en sus ojos veo que está totalmente decidido.
—¿Qué se supone que haga ahora? ¿Le digo a Roxanne que no trabajaré para ella?—pregunta sin saber qué hacer.
—Veo que te falta inteligencia—inquiero tras soltar un suspiro.—Seguirás a su lado un poco más, hasta que yo lo diga. Luego tendrás que hacer una pequeña cosa y será el fin de esa mujer.—le informo.
—¿Dices que la mataré?
—No, Khan. Algo mucho mejor—digo decida.
—¿Qué puede ser mejor que matarla?
—No es asunto tuyo—zanjo.—Ahora irás con mi guardaespaldas y no harás preguntas.
Asiente y toma asiento mientras yo tomo mi teléfono móvil y llamo a Boris.
—¿Sí?—habla.
—Boris, te necesito aquí ahora.—le ordeno.
—¿No puedes esperar unos minutos más? Estoy algo ocupado.
—Oh, ¿y cuánto tiempo tardarás? Tómate el día si quieres.—digo con ironía.—Si no estás aquí en cinco minutos, otro ocupará tu lugar.—zanjo y corto la llamada.
—¿Desde cuándo eres así de prepotente?—pregunta Khan sorprendido.
—Desde que me pasaron tantas desgracias juntas.—respondo.—Entendí que ser buena persona no me sirvió de nada, en cambio siendo de esta manera las personas me respetan y obedecen.
—Y veo que te ha ido muy bien. Puse tu nombre en internet y descubrí que tienes dos Casinos en Rusia.—comenta.—Y ahora estás aquí como socia de otros dos Casinos a nombre de un tal Gael Moore, ese hombre es millonario.
—Dime algo que no sepa.
—¿Cómo hiciste para llegar tan mejor y tener tanto dinero?—pregunta.
—Tuve éxito.—respondo cortante.
—¿Cambiaste tu apellido porque el nuestro te daba vergüenza?—murmura mientras se pone de pie.
—Sí. Con ese apellido de cuarta iba a fracasar, jamás podría sentirme segura porque el “Petrov” me recordaba todo lo malo que me pasó. Si quería comenzar de cero, debía dejar ese pasado asqueroso atrás. Y eso fue lo que hice. Nueva apariencia, nuevo apellido, nuevos rumbos… Y aquí estoy, mejor que nunca.
—Nadie sabrá que somos hermanos.—me asegura.—No quiero ser una mancha para tu nueva imagen.
—Eso espero, porque si alguien se entera de eso, te acabaré de la peor manera.—lo amenazo.—Debes entender que ahora yo te ordeno qué hacer y qué no. —le repito.
La puerta se abre de golpe y aparece Boris con el semblante serio. Su mirada cae en Khan y lo estudia por unos segundos, hasta que se da cuenta de quién es y me mira sin entender.
—Boris, lleva a Khan para la mansión. Espera indicaciones mías.—hablo.
—¿A la mansión? —dice sin entender.
—Eso fue lo que dije. No le quites la mirada de encima hasta que yo llegue.—le advierto.
—Bien.
—Плохое настроение заразно.—me dice Khan en ruso. [El mal humor es contagioso.]
Yo lo miro mal y le hago señas para que se vaya con Boris.
—Надеюсь, твоей глупости нет.—le respondo con burla. [Espero que tu estupidez no lo sea.]
—Espero que no me esté insultando.—espeta Boris señalando a Khan.—Porque sabes que puedo enseñarle algo de respeto.
—Inténtalo.—le dice Khan haciéndole frente.
—¡Basta! Largo de mi oficina.—los echo a los dos.
—Ты идиот…—murmura Khan. [Eres un idiota]
Salen de la oficina y yo tomo asiento para poder pensar con claridad. Es obvio que Khan podría estar tendiéndome una trampa, y es por eso que debo observarlo con lupa. Pero el que esté bajo mi poder ahora, es muy beneficioso porque de esa manera puedo destruir a Roxanne si logro que él continúe cerca de ella.
Pienso destruirla sin tener que ensuciarme las manos. Para eso tengo a Khan, será él quien haga el trabajo por mí. La dejaré sin nada. Le quitaré absolutamente todo lo que tiene, y cuando caiga en mi trampa será ella quien termine tras las rejas.
Ahora sí, tengo muchas personas en mi radar, y todas caerán a su debido tiempo.