Dasha Boris me quita el arma y se la guarda. —¿¡Estás loca!? ¿Qué pensabas hacer? —me regaña, con el ceño fruncido. Me paso ambas manos por el cabello, despeinándolo. —Estoy harta de todo esto. —le digo. —¿“todo esto”? —pregunta. —Siento que… No importa. —niego. Él extiende sus brazos y yo lo miro sin entender lo que hace. —Ven. —hace un ademán para que me acerque. —No quiero un abrazo. —le informo. —Sé que sí. —contradice. Sin previo aviso me abraza, y con una mano acaricia mi cabello mientras que con la otra me rodea los hombros. Me quedo estática, con ambos brazos caídos. —Sabes que siempre estoy cuando no tengas a dónde ir. Soy un puerto fijo al que puedes llegar sin problema. —susurra. Mis brazos rodean su cintura

