La habitación de Rachel estaba tan despelotada como siempre. A Oriana le resultó divertido que a su amiga no le diera ni un poquito de vergüenza que sus bombachas estuvieran sobre la cama o que hubiera un enorme dildo en la mesita de luz. —No sabía que tenías uno de esos… —Ah, es que no es mío —dijo Rachel, mientras quitaba la ropa de la cama y la tiraba dentro del ropero sin siquiera ver dónde caía todo—. En realidad es de mi hermana. —¿De tu hermana? —Los ojos de Oriana se abrieron de forma cómica. —Sí… uff… de mi hermana —Rachel estaba luchando por cerrar la puerta de su desbordado ropero—. Encontré el bolso que había perdido. No había dinero, como ella dijo. Estaba lleno de juguetes sexuales. Mirá, ahí está… El bolso, como no podía ser de otra forma, estaba en el suelo, junto a la

