Rachel no tenía dudas. Si el bolso de Natacha había desaparecido misteriosamente, Fermín y sus amigos debían estar involucrados. Entró al gimnasio hecha una furia, caminó haciendo sonar sus talones, las tetas le rebotaban de forma cómica, esto sacó una sonrisa en los presentes. —Devolvele el bolso a Natacha ya mismo —Rachel hincó su índice en el pecho de Fermín. El pibe le dedicó una sonrisa socarrona—. Te hablo en serio, pelotudo. Si tenés un problema conmigo, entonces hablalo conmigo; pero no metas a mis amigas en todo esto. —¿De qué estás hablando, flaca? Yo no sé nada de ese bolso. —No te hagás el pelotudo. Hace poco desaparecieron mis cosas, y las de Sasha también. Sabemos perfectamente que fuiste vos… y que los imbéciles de tus amigos son tus cómplices. —Te aseguro que no tengo n

