—¿Ves? No me duele nada. Ya lo tengo bien dilatado. Hasta se siente rico. Oscar pensó que Rachel siempre fue una chica excéntrica, algo inocente y de ideas alocadas. Quizás ella ni siquiera estaba tomando dimensión de lo inapropiada de la situación. Tal vez solo quería ayudarlo a tener una relación s****l más intensa con su esposa, y solo a alguien tan especial como Rachel se le ocurriría hacerlo de este modo. —¿De verdad no te dolió? —Preguntó Oscar tomando a su hija por la cintura. Estaba más nervioso que cuando tuvo su primera vez con Haydé. —No me duele nada. De verdad. Y para demostrarlo, Rachel empezó a dar pequeños saltos, provocando una serie de penetraciones anales profundas y consecutivas. Oscar no pudo evitar notar lo bien que se sentía el interior del culo de su hija. La se

