—Sí, lo podemos hacer… incluso podemos averiguar por qué está cada vez más cerca de tu departamento —Sasha quería meterle algo de miedo—. Pero a cambio queremos la tarjeta magnética y la clave. —No, ni hablar… no puedo darles la tarjeta. Podría perder el trabajo, o peor… podría ir preso. —Tranquilo, Rogelio. Nadie nos va a descubrir con la tarjeta… además la necesitamos para investigar lo del fantasma. —Sí, me imagino que solo aparece de noche, cuando todos se fueron —dijo Rachel, que ya había entendido las intenciones de su amiga. —Eso es cierto. —Y supongo que vos tendrás una copia de la tarjeta, por seguridad —dijo Sasha. —Eso también es cierto —Se quedó quieto un segundo y luego dijo—. Muy bien, la clave es 1234. —Dios, la seguridad de este instituto en un chiste —dijo Rachel, p

