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1949 Words
Reconciliación y Miedo Los días siguientes pasaron con un ambiente tenso entre ambos. Entrenaban profesionalmente, pero la interacción quedaba ahí, comían e iban a la oficina en un silencio espeluznante. Daniel ya estaba ansioso al sentir como si estuviera entre dos padres enojados y Kevin había tenido más trabajo debido a los arrebatos de Seth. - Daniel! - se escuchó gritar desde la oficina haciendo que el joven se encogiera. - Yo iré. - le dijo Anthea al verlo tensarse - Está enojado por mi culpa. - Señorita Allen… - dudó – gracias. La joven se levantó y entró a la oficina cerrando la puerta tras ella. - ¿Por qué te desquitas con ellos si estás enojado conmigo? - habló haciendo que Seth levantara la cabeza dejando de leer los documentos en sus manos. - Llamé a Daniel. - Pero vine yo. – desafió. - ¿Qué demonios quieres? - exclamó levantándose y parándose frente a ella – Me entrenas, me diriges como un perro, pero cuando trato de acercarme, me empujas como si te quemaras. Sé que viste mis recuerdos. La niña que me salvó fuiste tú. Te he buscado por dieciséis años y te encontré. ¿Quieres que me quede quieto como si nada hubiera pasado? - Caminó de un lado a otro frustrado. - Soy esa niña y tú eras el que me atormentaba en la escuela porque mis padres eran diferentes ¿Lo has olvidado? – suspiró - Agua, barro, harina. Vaciar mi mochila. Encerrarme. Fuiste un desgraciado por lo que recuerdo. Tú me enseñaste como los demás nos veían. Gracias a ti lo que recuerdo de la escuela fue un asco, pero cuando me enteré de que te habían secuestrado quise ayudarte para enseñarte que no era un bicho raro. Me escapé de casa y aun no puedo explicar cómo te encontré, pero estaba muy feliz de verte. Luego todo mi mundo cambió, mi familia, lo que conocía desapareció - se masajeó las sienes, el dolor de cabeza se estaba volviendo más intenso - Me has hecho esconderme al fingir ser tu secretaria, le has mentido a tu madre a pesar de ser diferente como yo, me sigues tratando como si debiera ocultarme. No me gusta - Se rodeó con los brazos como si tuviera frío y trató de calmarse. - No quise esconderte. - le dijo incómodo ante sus palabras abrazándola - Estaba asustado. No entiendo este mundo diferente, las reglas o cómo moverme. Sólo pensé en que no quería ese uniforme de guía en mis reuniones como si fuera un delincuente vigilado o que me vieran como un extraño. - Eres extraño - argumentó apoyando la cabeza en su pecho haciéndole reír. - Con respecto a mi madre, - le dijo - formalmente no mentí. Aunque tu lo niegues, yo quiero estar contigo. No como esper, si no como hombre. No niego que el sexo contigo es increíble, pero es más que eso. Quiero protegerte, soy una figura pública. Estarán sobre ti en un segundo. - Me iré en dos meses, Seth - le dijo - Estás construyendo castillos en las nubes. - Ese tiempo no se ha cumplido, te haré cambiar de opinión - le dijo con intensidad obligándola mirarlo a los ojos mientras sujetaba su barbilla para besarla. Comenzó suave, cuidadoso, pero cuando vio que respondía intensificó el beso, sacando la blusa de su falda para meter las manos y poder acariciar su piel. Anthea jadeó ante su intensidad. La tomó alzándola, sujetándola por los muslos y la sentó en el escritorio. Metió la mano bajo la falda y acarició sus formas estimulándola. - Tenemos una reunión. - dijo caliente mordiendo el lóbulo de la oreja - Quiero hacerte el amor con tiempo, pero te necesito ahora - Anthea se aferró a sus hombros mordiendo el labio para no gemir. Seth desabrochó el pantalón liberando su erección y la penetró con fuerza al tiempo que desplegaba estelas fluidas con formas de copos de hielo que la envolvieron y Anthea se estremeció - Lo siento - susurró en su cuello - Eres muy estrecha, pero estar dentro de ti es el cielo. - ¿Cómo hiciste eso? – le preguntó al sentir las estelas, las que comenzó a cubrir con una bruma clara de sus propias habilidades haciendo jadear a Seth. Los estímulos del toque de guía se intensificaron exponencialmente. - Maldición, ¿Qué está pasando? … - le dijo con voz ronca apretando los dientes y aferrando sus caderas como si el soltarla lo dejara a la deriva. - Son estelas, los metahumanos las producen para concentrar sus habilidades de manera más específica. Salen de tus palmas o de tu espalda. – le explicó Anthea – Y estás son de “llamada” - ¿Llamada? - preguntó con la voz ahogada tratando de centrarse. - Un esper llama a su guía para recibir su toque. Sólo pueden afectar al que va a guiarte. - ¿Un guía puede llamar a un esper? - preguntó más calmado por la bruma de la guía. - Si… - ¿Por qué no lo has hecho? – le preguntó. - Soy un G3…y tú aún no controlas tus habilidades del todo. Podría dañarte - mintió. Seth frunció el ceño. Podía notar que la joven estaba mintiendo, pero no la presionó. Le preguntaría a los esper cuando los viera. El joven sabía que Anthea se estaba controlando, pero no sabía la razón aún. Se movió perezoso dentro de ella haciéndola dar un respingo. - ¿Te gusta? -Si…- bajó la mirada avergonzada. Seth sonrió hundiéndose en ella sin volver a mencionar el tema, observando como su cuello cambiaba disfrutando las sensaciones físicas y emocionales al estar en su interior. Se movió ajustando los movimientos reconociendo lo que la hacía gemir y reaccionar a él. - Mírame, cariño. - pidió embistiéndola. Anthea lo observó fijando su mirada mientras ambos llegaban al orgasmo - Eso es, cariño. Me estas apretando. - gimió mientras la sujetaba sintiéndola estremecer con los espasmos exprimiendo su m*****o. Esperó a que el clímax de ella bajara disfrutando del contacto - No quiero salir de ti. - suspiró sobre su hombro. - Tenemos que ir a la reunión. - murmuró tratando de levantarse, pero Seth la detuvo mientras se arreglaba la ropa. - No te muevas. - pidió entrando al baño privado y saliendo con una toalla mojada. – Abre - ordenó haciendo que Anthea lo mirara con los ojos abiertos como platos - Te limpiaré, está escurriendo. Si caminas con todo eso será muy incómodo - la vio dudar, pero finalmente obedeció levantando las rodillas para darle acceso. El joven pasó la toalla con delicadeza cuando la sintió sobresaltarse. - Tu entrada está muy sensible - acotó concentrado en la tarea - Te revisaré cuando estemos en casa. - ¿Eres médico? – se burló. - No, pero tu coño me pertenece y debo cuidarlo bien – le dijo divertido inclinándose a besar su clítoris palmeando su glúteo ayudándola a pararse - Vístete. Vamos a trabajar - la sujetó del brazo haciendo que lo mirara - Tu cuello - indicó las marcas de su poder. Anthea asintió y cerró los ojos respirando rítmicamente haciendo que el brillo se desvaneciera - Todo bien- murmuró acariciando la piel del lugar donde estaba el brillo - Aparece cuando te excitas. - le dijo- ¿Eso es lo que llaman el toque del guía? - Aparece cuando te estoy guiando, pero es algo que solo me pasa a mí. Jasper dice que es porque mi madre era esper muy poderosa. - ¿? - Aprendí a guiar con él. - le dijo caminando hacia la puerta - Era el único que no se desmayaba con mis habilidades. - ¿Se acostó contigo? - preguntó tenso celoso ante la imagen en su cabeza del esper casi del doble de la edad cogiéndola como él la había tomado hace unos momentos. - Solo una vez, cuando Cassis… - guardó silencio - Fue hace mucho tiempo. - ¿Vas a decirme que pasó? - le preguntó afectado - Cuando estuvimos en el domo John y los demás parecen temerle a ese hombre ¿Te hizo algo? ¿Te lastimó? - Déjalo así. - pidió Anthea - Mi trabajo es ayudarte a ti. No al revés. - Me preocupas, yo… - un golpe en la puerta lo interrumpió. - El directorio ya lo está esperando, jefe. - se escuchó la voz de Daniel. - Dame un momento. - ordenó girando hacia la joven quien aprovechó de escabullirse y abrir la puerta – Anthea - llamó, pero ella ya había salido de la oficina - Maldición, mujer - murmuró frustrado saliendo a su vez. Iba a averiguar qué pasaba. Seth caminó por el pasillo a la sala de reuniones junto a la cafetería seguido por Daniel y Anthea. Barrió con la mirada a los ocho hombres que estaban sentados en la amplia mesa de reuniones y se sentó en la cabecera mirando a una pantalla mientras Anthea y Daniel les entregaba carpetas con documentos. Frunció el ceño cuando varios hombres recorrieron a Anthea con la mirada deteniéndose en su trasero o sus pechos. Se sintió incómodo al pensar que en algún momento él había mirado a una mujer de la misma manera, pero pasó a la rabia cuando advirtió que a la que miraban era a su mujer. Casi se rio en voz alta cuando se dio cuenta de lo posesivo que sonaba y se sorprendió al darse cuenta de que nunca había sentido esa posesividad con otra mujer con la que hubiera estado. Todas se le acercaban primero abriendo las piernas para él y las que lograron llegar a la cama lo habían aburrido rápido cuando se comportaban como si fueran la Señora Starlight y sólo les interesaba usar su posición para mostrarse y ganar estatus. Anthea no sólo se resistía a sus avances, sino que lo había llevado a disfrutar cosas cotidianas que jamás había hecho antes - Señor Starlight - dijo la joven entregándole una carpeta encontrándose con su mirada. - La tengo. - le dijo serio – Comencemos. - Hizo un gesto a uno de los directores atento a los movimientos de la joven quien se sentó en unos asientos cercanos junto a Daniel a su izquierda junto a la pared. La reunión comenzó con datos y cifras comerciales y fue pasando a proyecciones y estrategias de mercadeo, pero Seth comenzó a sentirse inquieto y con dificultades para respirar. Miró hacia la joven la que se había puesto pálida. Algo estaba mal. Vio que hablaba con Daniel para luego salir de la sala. Sólo pasaron unos instantes hasta que un hombre abriera la puerta de golpe. - ¡Señor Smith! - exclamó – Venga rápido. La señorita Allen colapsó en el pasillo. Seth se levantó como si le hubiesen disparado saliendo sin reparar en el rostro de los hombres en la reunión. Corrió hacia el final del pasillo donde Anthea estaba inconsciente con la cabeza en el regazo de una mujer. - ¡Kevin! - gritó al verlo bordear la esquina al final del pasillo en el extremo opuesto haciéndolo correr hacia ellos mientras la tomaba en brazos - ¡Vamos al domo! - gritó en total tensión. Miró a Daniel - Encárgate. Te veo allá. - Si, jefe. - le dijo al verlo tomarla en sus brazos abriéndose paso entre la gente para llegar al ascensor. El guardaespaldas activó la llave de bloqueo y bajaron directamente a los estacionamientos donde entró al auto acunándola en su regazo. - Al domo. - ordenó observando el rostro pálido de Anthea mientras recorrían las calles a velocidad.
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