Al verlo allí, Rizort paro en seco a varios metros de él, y al instante lo apunto con su escopeta cargada. Pudo ver desde donde estaba, que de los labios del vampiro salía sangre, la sangre de su amigo Oscar que ahora estaría siendo devorado por los animales del Conde. Pensó que el padre Benedicto se habría salvado y llegado con vida a la ciudad a pesar de haber lobos en el camino, no le quito ojo al vampiro moreno, que lo miraba sarcástica y divertidamente. Al verlo sonreír, lo miró confuso e inquieto, pesando que no era nada nuevo. Vio como el vampiro se apoyaba en la puerta con los brazos cruzados, como esperando algo que pasaba en esa habitación.
– ¡Déjame pasar por esa puerta, monstruo! – exigió él apuntándole con la escopeta.
– No eres quién para amenazar ni exigir nada aquí amigo. – dijo Kamazotz con calma y tranquilidad. – Hay que dejar a la pareja a solas un poco más por favor… ya que, no volverán a verse nunca más.
– Eres el maldito diablo… – insulto Rizort furioso y molesto. – ¡Quítate de en medio!
Dentro de la habitación, tanto Blade como Carmilla oyeron a Rizort discutir con Kamazotz en la puerta, y eso hizo que Carmilla dejará de beber su sangre y separarse de él, pero aún con vida, sin poder moverse o hablar, con la vista algo borrosa y cansada. Entonces, Carmilla lo dejó hay tumbado y se sentó frente a los pies de la cama para apoyar los brazos en el cruzado, como esperando.
– “Déjale entrar padre, quiero verle ya.” – pidió ella mentalmente hacia su padre vampiro.
Con una sonrisa, Kamazotz le concedió su deseo, disimulando que lo atacaba, para que Rizort lo esquivarse dando un salto hacia delante y fuera directo a la puerta, abriéndola en par para ver lo que pasaba dentro. Entonces, se quedó allí parado al ver a Carmilla cara a cara, sorprendido de lo que estaba viendo y aterrado. La vio vestida de blanco, pálida y con ojos rojos brillando y colmillos salidos de la boca, con un hilillo de sangre en la comisura que se remolió delante de él con una sonrisa.
– Volvemos a vernos, querido suegro. – saludo Carmilla con maldad. – Parece que haya pasado… una vida entera.
– Carmilla… ¿qué…?
Entonces, Rizort lo vio, a su hijo tumbado en la cama inmóvil, viendo y oliendo sangre en ese sitio, no tardó en entender que había pasado allí, y volvió a fijar la vista en Carmilla, que ahora se mostraba como un monstruo vengador sediento de sangre, ahora de la suya. Aterrado, quiso preparar su escopeta para disparar contra ella, pero algo lo golpeo por detrás, haciendo que volará un poco hacia un lado de la habitación separándose de su escopeta.
– ¡ugh! – se quejó él al caer en el suelo junto a la pared.
– No tenías que hacerlo padre. – dijo ella.
– No me gusta que uno apunte con un arma a una mujer desarmada… por muy sanguinario que yo sea. – dijo el vampiro, teniendo la escopeta en mano, el cual partió con la mano como si nada. – Es todo tuyo hija…
Rizort se incorporó un poco, con un dolor de cara, sangrando por la boca. Entonces, cuando se giró hacia la cama, vio como Carmilla se ponía en pie con una mirada asesina y odiosa, dejando que unos mechones de su cabello se pusieran en su rostro. Al ver eso, Rizort quiso moverse y huir, pero el otro vampiro estaba en la puerta vigilando con una sonrisa.
– Asesino… – dijo ella con profundo odio.
– Carmilla… tranquila pequeña, ten piedad, te lo ruego. – suplicó él con una sonrisa asustada, alzando la mano hacia ella.
– No mereces vivir… – dijo ella acercándose a él con lentitud.
– Pero Carmilla… E– Era amigo y s– sigo siendo amigo… de tu padre, soy p– parte… de la familia. – dijo él tartamudeando, pegándose más a la pared, poniéndose en pie. – Sea lo que sea que te haya dicho mi hijo, e– es mentira… seguía molesto por el golpe que le di hace poco…
– ¿Por qué he de creerte? – pregunto ella feroz y con una mirada asesina, estando ya a dos pasos de él. – Si todo cuando me has dicho ha sido mentira, y, además, me has amenazado con matar a mi hermana que estaba en coma, si no me casaba con tu, que ha tenido agallas de decirme la verdad al fin. – dijo lo último estando ya frente de él, arrinconándolo en la pared, haciendo que se encogiera hacia el suelo.
– ¿Qué vas a hacer? No puedes matarme Carmilla, tú no eres ninguna asesina… – aseguro Rizort asustado, pero disimulando una sonrisa amistosa y amigable.
– Cierto Rizort, yo no soy como tu… – coincidió ella sería y enfadada.
– Sí, eso es pequeña. – dijo Rizort.
– Yo no mato para conseguir las cosas de los demás, solo mató para alimentarme… – continuo ella. – Pero ahora mató para saciar otro tipo de sed… y ese, es el de la venganza de mi familia contra ti…
Entonces, cuando acabo de hablar, Rizort abrió los ojos al máximo, y dio un grito de terror, pero Carmilla ya lo sujetaba para morderle por el cuello y desangrarlo cruelmente, sin tener intención de beber su sangre, podrida y asquerosa para ella. La sangre salió chorreando por todos lados, salpicando la pared, el suelo, la ropa de ambos y sobre todo el rostro de Carmilla, que no dejaba de morderle aún.
– ¡¡AHHHHH!! Uahhhh… – gritaba él con dolor y miedo, ahogándose en la sangre de su boca.
Ya harta de sentirlo en la boca, Carmilla dejó de morderlo, desgarrando un poco su cuello con los colmillos, como un lobo comiéndose a su presa enfurecido. Entonces, lo dejó caer en el suelo, pero él aún seguía con vida a pesar de que se estaba desangrando por momentos, ella se puso en pie, y junto a ella estaba el Conde, observando tan tranquilo la escena, viendo que ella estaba ya satisfecha con ese tipo.
– Haz lo que quieras con él padre, es todo tuyo ahora… – dijo ella, girándose para alejarse de esa escoria medio muerta.
– Muy bien hija… quizás me quede un hueco para él. – dijo él, sacando los colmillos de su boca, riendo divertido.
Sin girarse a verlo, oyó como Rizort se quejaba cuando el vampiro lo cogía para ponerlo sobre su hombro y llevárselo de esa habitación, queriendo dejar a solas a su hija con el humano de la cama. Cuando Kamazotz salió de allí, Carmilla camino hacia la cama, y miró a Blade, que sorpresivamente seguía con vida, ya que, no se había movido en todo ese tiempo, por eso pudo vivir un poco más.
Eso para Carmilla, fue un cierto alivio, ya que, deseaba en el fondo despedirse de su amado adecuadamente. Por eso, ella con cuidado se puso a su lado medio sentada, apoyando las manos en cada lado de él, y éste al ver la mano de ella se giró con cuidado hacia ella, mostrándole una sonrisa amable y contenta de verla otra vez.
– Sigues con vida al parecer… – dijo ella con voz sería y madura. – Eres muy fuerte.
– Pero no por mucho tiempo… desearía que lo acabarás tu misma… así estarás satisfecha con tu venganza, y yo estaré contento de haber pagado mi crimen contra ti amor… – pidió él en susurro, dolido por solo hablar con el cuello herido. – Hazlo Carmilla, por favor…
Con eso, ella cerró los ojos un momento pensando, pero entonces, con lentitud y suavidad, se fue inclinado sobre él hasta apoyarse de nuevo en su cuello mordido, bebiendo su sangre hasta que dejará de sentir su corazón latir. Eso no tardo en pasar, cuando dejó de latirle el corazón, lo cogió por detrás de la espalda y lo alzó un poco sin dejar de beber su sangre, dolida y triste por todo lo ocurrido.
Un rato después, Kamazotz ya había acabado con Rizort, y junto al otro cuerpo de la entrada, el hecho al río más cercano para que se los comieran los animales del bosque. Después, decidió ir a ver a su hija, que ya había acabado con su amado traidor. Cuando llego a la habitación y entró, la vio sobre la cama con el cuerpo muerto. Ella estaba apoyada en la cabecera de los pies de la cama, con los brazos estirados sobre él y la cabeza colgando hacia atrás rendida, manchada completamente de sangre, a y sus pies estaba el cuerpo muerto de su amado Blade, con aspecto de dormir plácidamente.
– Hola padre, ¿ya has acabado con ese maldito? – pregunto ella sin mirarlo.
– Sí, y veo que tú también con tu amado, – dijo él acercándose a ella por detrás de la cabecera. – ¿Como te sientes ahora pequeña mía? – le pregunto al estar pegado a ella mirándola a la cara.
– Aliviada… frustrada… saciada… estoy de todo padre, no sé qué más decirte… – contestó ella alzando la cabeza para mirar a la pared de enfrente. – Lo que sí puedo decirte es que… ya puedes hacer lo que quieras conmigo, yo ya he terminado con mi cometido humano…
– Sí, lo sé muy bien hija… ya eres libre de todo ese peso… – dijo él, abrazándola por delante del pecho. – Y créeme, no te arrepentirás de estar a mi lado… eternamente, como la Princesa No– Muerto, te lo puedo asegurar.
– Seré lo que tú quieras que sea, padre Kamazotz… – aseguro ella, apoyando su cabeza en el hombro de él. – Espero no defraudarte…
– Yo sé que no… mi pequeña Carmelius…
Con eso, la vida humana de Carmelius había llegado a su fin, ya no volvería a pensar en su vida humana, o al menos eso deseaba ella, pero eso era inevitable en esos casos. Pero de lo que si estaba segura era que, estaría siempre al lado de ese vampiro que la había ayudado y dado otra vida, a cambio de ser su hija inmortal, y lo acepto sin dudar. Desde ahora se reconocería como Carmelius y no Carmilla.
Siento los cortes jeje. Espero que os esté gustando mucho. Nos vemos.
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A la noche siguiente de lo ocurrido, Carmelius no quiso moverse de la cama, aunque sintiera que estaba sedienta de sangre, no deseaba moverse de donde estaba, no estaba de humor para ello. Desde la noche en que mató a Rizort y a… Blade, no quiso alimentarse ni moverse de su habitación, estaba destrozada y dolida, aunque deseará vengarse de ellos dos, el haber matado a Blade, que lo amaba tanto como él a ella, fue más duro de lo que pensaba, pero la sed de sangre y el odio que sintió no la dejaron pensar mucho y al final, hizo lo que hizo. Durante todo el día soleado y despejado que hizo, Carmelius no durmió en absoluto, ya que, cuando estuvo un momento dormida, tuvo una pesadilla horrorosa y le daba miedo volver a tenerla otra vez si se dormía. Ella estaba tumbada de lado, encogida y con algunos mechones de su pelo en el rostro, ocultando su mirada dolida y triste, manchado de sangre y cayendo a la almohada. No sabía como iría a vivir con ese dolor dentro de ella, por muy vampira que fuera, ese dolor no desaparecería por el resto de la eternidad, eso pensaba ella.
En ese momento, Kamazotz apareció en su habitación, traspasando la pared y viendo a su hija tumbada de lado en la cama inmóvil. A él no le extraño verla de ese modo, pero si le apeno un poco, por lo que, rodeó la cama hasta estar en el lado donde estaba girada para sentarse a su lado y hablar con ella si lo deseaba, pero ella no se movió para nada, solo lo miró de reojo un momento, y eso a él no le molesto, era normal en esos momentos.
– Veo que sigues destrozada por lo de la otra noche. – dijo él con ironía y seriedad. – Por eso no has dormido nada antes ¿verdad?
– Sí… perdona que me muestre así, es que… – dijo ella, sabiéndole mal que él la viera de esa forma. – No imaginaba que fuera a dolerme tanto… ¿Sabes por qué me pasa esto, si ahora soy un monstruo sin alma?
– Precisamente por eso, no eres un monstruo sin alma… más bien, uno con su alma humana en su interior. – contestó él.
Al decir eso, Carmelius lo miró directamente mientras se incorporaba hasta estar sentada con las rodillas dobladas de lado frente a él, mirándolo confusa y sorprendida. Kamazotz no se sorprendió ante esa reacción, ella no se esperaba una respuesta así, y menos de él. Con la mirada, ella le exigió una explicación ante lo que dijo, y él, bajo la mirada con una sonrisa baja e irónica.
– ¿Qué quieres decir con eso de que tengo un alma humana? – pregunto ella confusa. – Creía que, cuando me convertiste en vampira, te la habría dado junto con mi sangre humana…
– Y eso es lo que suele pasar si, pero en tu caso fue distinto… – aclaró él. – Todo vampiro pierde su alma para volverse un monstruo sin piedad o sentimiento de culpa, pero tu… sigues conservando tu alma como si nada, es algo que nunca ha pasado en siglos…
– ¿Es por eso que me pasa esto? ¿Por el alma estoy sufriendo por haber matado a Blade por haberme traicionado? – pregunto Carmelius sorprendida. – ¿Por qué no salió de este cuerpo como debió ser?
– No lo sé… pero para serte sincero, eso puede ser bueno para ti… – confesó Kamazotz con sinceridad, poniéndose en pie.
– ¿Bueno para mí? ¿Por qué? – pregunto ella confusa, siguiéndolo con la mirada.
Él no contestó enseguida, primero camino hasta una mesa pegada a la pared junto a la puerta del balcón, donde había varias botellas de vino y unas copas, pero no en todas las botellas había vino, en algunas había sangre humana conservada para esas ocasiones. Ella espero mientras él cogía dos copas y servía un poco de sangre en ellas, luego volvió a sentarse junto a ella pasándole una de las copas, ella la acepto con desgana.
– Por qué… – empezó él después de tomar un sorbo. – Conociéndote ya un poco más en persona, es mejor que sigas teniendo tu propia alma, hace que tengas sentimientos, dudas, miedos… todo lo humano que tenías siendo humana lo sigues teniendo en el alma.
– Pero, ¿no debería de ser inhumana? ¿Ser lo contrario de lo que dices para ser una autentica vampiresa? – pregunto ella confusa.
– No necesariamente, cada vampiro es único por sí mismo, no tienes que ser un monstruo totalmente, puedes ser una vampira con alma, te pega a tu personalidad. – contestó él. – Además… prefiero que tengas alma, antes que ser un monstruo sanguinario como yo, que no duda en matar a sus víctimas sin importar qué, por lo menos tú serás más social con los humanos, ¿por qué no quieres ser un monstruo, ¿verdad?
Ella lo escuchó atentamente, y no contestó enseguida, solo bajo la mirada dudosa de su respuesta. En el fondo, ella se sentía un verdadero monstruo, no solo por haber matado a Blade y a Rizort, también por haber aceptado la ayuda de ese vampiro que ahora era su padre, por haberse convertido en vampira por voluntad propia y ser la hija del mismísimo Conde Kamazotz, se sentía un monstruo por todo eso, pero no estaba arrepentida de su decisión, para nada.
– No estoy segura de lo que quiero ahora, padre… – contestó ella cabizbaja, ocultando su rostro con su melena negra colgando. – Ni estoy segura de lo que soy ahora… si un monstruo, o una humana cobarde que no quiere morir nunca, no estoy segura de nada ahora…
Kamazotz miró atentamente a Carmelius, viendo las dudas y miedos que ella tenía por culpa del alma, era algo normal. Él podría quitarle el alma en ese momento, pero no deseaba que fuera una mujer sanguinaria y cruel como él, no después de ver como deseaba vengar a su familia a cualquier precio, por muy inhumano que él fuera, no se atrevía a condenarla, más de lo que ya estaba. Sabía que debía animarla de algún modo, o quitarle esas dudas y miedo de su interior, por eso estuvo pensando un poco, hasta que se le ocurrió algo.
– Tranquila, no te pongas a pensar mucho en eso, solo harás que dudes más de ti misma… – animo él, poniéndose de nuevo el pie. – ¿eh? – Pediré a las gitanas que te traigan ropas para salir, a ver si puedo animarte un poco, o… darte respuestas a tus dudas de una vez. – dijo él, tomando la sangre de la copa de un trago. – Te espero en la entrada dentro de un rato.
Con eso, Kamazotz camino hacia la puerta para irse, pero antes de salir por ella, giró la cabeza de nuevo hacia Carmelius, que lo miró extrañada. – Una cosa más, ahora que tu nombre es Carmelius, deberás llamarme a mí por mi verdadero nombre. – dijo él.
– ¿Tu verdadero nombre? – pregunto ella sorprendida y confusa. – Sí, es Azeman, quiero que me reconozcas por ese nombre más que él otro, ¿de acuerdo?
– Sí, como quieras padre. – acepto ella obediente.
Él le dedicó una sonrisa antes de retirarse de allí, dejando algo sonrojada a Carmelius. Un rato después, tal y como él le dijo, unas cuantas gitanas, encargadas de atender exclusivamente y proteger a Carmelius, picaron y entraron a la habitación para ayudarla a vestirse para la ocasión como les fue ordenando por su amo Azeman.
– ¡Buenas noches, princesa Carmelius! – saludo la que estaba en medio de las tres, la que estaba al mando del grupo.
– ¿Princesa? – pregunto Carmelius confusa.
– Sí princesa, ahora usted es la hija de nuestro amo Azeman, que es el rey de todos los vampiros, el Rey No– Muertos, por ese motivo debemos dirigirnos a usted como princesa Carmelius. – Explicó otra, amistosamente.
– ah, es eso, claro… – entendió ella, algo sonrojada. – Pero no creo que sea para tanto…
– ¡Claro que sí! – exclamó la tercera del grupo, sobresaltando un poco a las demás. – ¡Usted será quién ocupe el lugar de nuestro amo algún día! ¡Es todo un honor que él la haya elegido a usted, eso es que le tiene apreció, como si siempre hubiera sido su padre aun siendo humana!
Las otras dos estuvieron de acuerdo y miraron sonriendo amables y amistosas a Carmelius, que se había quedado callado del asombro ante la seguridad de esas palabras, y la verdad, pensándolo bien, eso era completamente cierto. Desde que lo conoció, él siempre la ha ayudado y apoyado en todo, tanto cuando era humana como ahora siendo vampiresa, aunque no estuviera obligado a hacerlo, y eso a ella la hizo sonreír un poco en bajo, sin que las gitanas lo vieran. Sin perder más tiempo, Carmelius les dio permiso para empezar a prepararla para la misteriosa salida nocturna con su padre. Una hora después, Azeman ya estaba en la entrada junto a un carruaje n***o y caballos negros como era de esperarse, esa vez no sería él quién llevaría el carruaje, sino un siervo gitano suyo, ya que, deseaba estar con su hija como era debido. Entonces, él oyó a las gitanas gritar de emoción y asombro por algo, por lo que, Azeman se asomó por la puerta y lo que vio lo dejó sorprendido. Carmelius estaba vestida con ropas de mujer en vez de hombres, como una autentica dama de la época. Llevaba un vestido a la francesa, pero sin que fuera muy llamativo, sencillo, pero sin perder elegancia y belleza, de color rojo chillón, que le pegaba a ella con el pelo n***o, escotada y ajustada, pero no parecía incomoda a simple vista. El pelo lo llevaba suelto pero el largo flequillo lo llevaba recogido por detrás de la cabeza, era toda una hermosa mujer de la época. Él nunca imagino que la viera con vestimenta femenina, pero en el fondo deseaba verlo alguna noche, y era esa. La vio caminar hacia él con elegancia sobre sus zapatos negros, con el cuello y el escote abiertos dejando ver su hermosa piel blanca. Al estar frente a él, ella no pudo evitar sonrojarse y bajar la mirada, y él lo entendió, hacia tiempo que ella había dejado esa vestimenta por unas más masculinas y cómodas de llevar.
– ¿A qué viene este cambio? – pregunto él curioso, sonriendo al verla de esa forma de arriba abajo.
– Bueno, ya que ibas a llevarme a algún sitio, pensé que quizás podría mostrarme más femenina por una vez… ellas insistieron en ello también. – dijo, girándose un poco a las gitanas que tenía detrás. – ¿Me queda bien?
– Perfecta. – dijo él con sinceridad. Sin hacerla esperar más, él la acompaño al carruaje y la ayudo a subir en el como un auténtico caballero hacia una dama de la nobleza. Enseguida se pusieron en marcha hacia la ciudad, yendo por el único camino hacia allí, por el mismo donde Blade y Rizort fueron al castillo, con dos hombres más, uno había muerto en manos de su padre, y el otro, un padre que ella conocía, se había ido asustado de allí, seguramente cuando lo contará todos pensarían que estaba loco, pero siendo Bransov, mucho quizás sí.
– Padre… – llamó ella al lado de él sentada en el asiento del carruaje. – ¿Crees qué… ese sacerdote nos delatara?
– Lo dudo, él conoce mi historia lo suficiente como para saber que lo mataría de hacerlo, pero seguramente lo anotará en algún lugar, muchos lo hacen para saber de la existencia de ese vampiro en cuestión. – contestó él sin mirarla a ella, mostrando un rostro serio y frío.
– ¿La gente me conocerá por ser lo que soy ahora? – pregunto ella asombrada.
– Con el tiempo, y si ese sacerdote al final hace eso, no es que sea seguro. – contestó él. – ¿Quieres que lo haga?
Ella lo pensó un poco, y la verdad, pensaba que esas historias, para la gente de fuera, eran solo cuentos de hadas, por eso pensó que quizás no era tan malo que alguien escribiera sobre ella, además, tampoco había echo mucha masacre ante ese sacerdote, así que no la conocía mucho. Al ver la mirada que ella ponía, tranquila y sonriente, él pensó que no le molestaba aquello, y eso lo dejó tranquilo a él también. Enseguida llevaban a la ciudad, pero en vez de ir hacia Bransov, fueron por un camino que llevaba a las afueras, donde había más locales aislados para algunos habitantes, sobre todo para su padre. Por el camino, Carmelius pudo ver en el bosque, como los lobos estaban siguiéndolos de cerca entre los árboles camuflados, solo se podía ver sus ojos brillando por la luna.
– ¿A dónde vamos padre? – pregunto ella curiosa, asomándose un poco por la ventanilla del carro. – No me suena este camino.
– Es normal, allí solo van algunos de la ciudad, es un lugar poco poblado, ya que, solo van aquellos que no temen o adoran a los nuestros… – contestó él con una sonrisa. – No debes asustarte, es un lugar seguro para nosotros…
Esa respuesta inquieta un poco a Carmelius, pero siguió mirando a través de la ventanilla, y enseguida empezó a ver algo, de entre el inmenso bosque de Rumania, había un pequeño grupo de casas no muy lejos de la ciudad, poco iluminada, pero sin dar un aspecto tenebroso. Cuando el carro entro en ese pequeño pueblo, se paró frente a la entrada de un local bastante iluminado por dentro donde se oía a mucha gente reírse y divertirse.
– Ya hemos llegado. – anunció Azeman, entonces abrió la puerta del carro y bajo, después le ofreció la mano a su hija. – Ya puedes bajar hija. Con timidez, Carmelius acepto esa mano y bajo del carro sujetando su falda para no ensuciarla o romperla de algún modo mientras bajaba. Cuando bajaron, el carro enseguida se fue a aparcar en otro lugar, y ellos fueron a la entrada del local.
El portero que estaba en la entrada los dejó entrar, mostrando cierto miedo hacia ellos, o, mejor dicho, hacia Azeman. A Carmelius no le sorprendió mucho esa reacción del portero, ya que, tenía el presentimiento de que él ya había estado en ese lugar, por eso quiso traerla allí. Una vez dentro del local, Carmelius vio que estaba lleno de gente con pareja, sobre todo hombres divirtiéndose con mujeres que trabajaban en ese lugar. Era un lugar muy espacioso, no como se veía desde fuera, con un segundo piso de terraza, también lleno de pareja besándose y divirtiéndose.
Mientras Carmelius observaba algo incomoda todo, un hombre pequeño y mayor se acercó rápidamente a ellos, cuando estuvo enfrente, Carmelius pudo ver como él también estaba asustado y temblando, con las manos sujetas hacia delante como solían hacer los dueños de esos lugares cuando estaban ante alguien importante, por lo que ese hombre era el dueño de ese local. – Lord Kamatz, es un honor tenerlo de nuevo en mi caverna señor. – saludo él con temor, pero disimulando lealtad y respeto. – Hacia tiempo que no veía aquí.
– He estado ocupado Antón. – dijo Azeman con su habitual sonrisa siniestra y espectral. – Oí he venido acompañado de alguien que debe respetar también.
Fue entonces cuando Antón se fijó en Carmelius, viendo que tenía un aspecto muy parecido al de él, por lo que dedujo que era como él y una familiar suya. Por eso mismo, Antón hizo una reverencia hacia su persona, y ella algo tímida y sonrojada hizo una de cabeza.
– Es un honor conocerla señorita… – saludo formalmente Antón. – ¿Como debo llamaros?
– Carmelius, es un placer señor. – contestó ella con educación. Azeman sonrió en bajo ante la amabilidad de ella, y a Antón le sorprendió esa forma de ser, no le pareció una vampiresa, aunque tuviera colmillos y ojos rojos. Con eso, Antón enseguida se giró para ordenar a sus criados que hicieran algo que Carmelius desconocía, después, él mismo los guio a algún sitio, Azeman la convenció para venir también, cogiéndola por detrás de la cintura suavemente.
Los tres subieron al segundo piso y caminaron por su pasillo oscuro, donde al final había una puerta doble, que Antón abrió en par para dejarlos pasar a los dos. Cuando Carmelius entro, vio que era una habitación hermosa y elegante, muy espaciosa y decorativa, llena de cuerdos hermosos. En el centro de ella había dos butacas dobles, y en medio de ellas había una pequeña mesa baja de caoba. En el fondo se pudo ver una puerta que daba a una habitación aparte, y Carmelius tuvo curiosidad por verlo, pero se aguantó, viendo a su padre sentarse en una de las butacas con elegancia, cruzando las piernas.
– Enseguida le traerán la compañía señor. – aviso Antón.
– Si espera un momento… – Antón… – llamó Azeman, sobresaltando a Antón.
– Hoy quisiera que trajeran algo para ella, por si le apetece también. – pidió él.
– Como desee señor, con permiso. – obedeció él, y cerrando la puerta en par se retiró.
La manera en que ellos se hablaron entre si fue enigmático para Carmelius, y miro confusa y curiosa a su padre, que sonreía tranquilo y contento hacia la puerta con la barbilla apoyada en una mano cerrada. Entonces, ella decidió sentarse junto a él y éste la miró al sentir que la butaca se movía por el peso.