Capítulo 10

4621 Words
Ella miró que él alzaba la mirada al cielo, y era verdad, la luna, que estaba completa y brillando intensamente, hacia que la noche fuera perfecta y hermosa, pero al mismo tiempo tenebrosa e inquietante para algunos que creían en los seres de la noche, como los vampiros de verdad. Enseguida, el reloj marcó las doce en punto, y el vampiro desapareció de la habitación para dejarla sola y prepararse. En ese momento, Blade llegaba al castillo, viendo que las puertas estaban abiertas para él, sin temor a nada y sin dudas, entró al galope a la entrada principal, lleno de rocas sueltas de los muros del castillo. Cuando detuvo a su caballo, se bajo de él y lo dejó ir sin atarlo a ningún sitio, ya que, allí no era seguro estar atado, estaba vigilado por lobos, solo que estaban como atentos a algo sin atreverse a atacar, supo enseguida que era por el Conde. Tragando saliva y cogiendo fuerzas para ponerse en marcha, empezó a caminar hacia la enorme puerta de madera, que estaba medio abierta para que pudiera entrar sin llamar. Desconfiado, miró a los alrededores antes de entrar del todo, viendo que todo estaba oscuro y húmedo, pero tuvo fuerte y encontró una antorcha seca para poder encender un fuego y ver el camino. Por dentro vio que era diferente al exterior, no estaba tan en ruinas, más vio arreglado un poco por alguien. Dejando de lado eso, busco un camino, y encontró unas escaleras anchas que llevaban al primer piso, y decidió ir por allí. Al llegar allí camino por un ancho pasillo, lleno de cuadros antiguos y llenos de polvo y moho, pudo saber de algunos que eran los reyes y gente noble de Rumania, pero no presto mucha atención en ellos, siguió mirando adelante sin distraerse, pensando que el vampiro aparecería de repente de alguna sombra, pero su atención lo llevo a otra parte. Cuando camino un buen trecho del camino, vio el final, partiendo el pasillo en dos direcciones, pero en la pared del fondo hubo una puerta medio abierta, que por donde se pudo ver luz dentro, como le indicó la carta; “una vez allí sabrá encontrarla en una habitación con luces dentro”, nervioso, quiso ir corriendo hacia allí, pero no quiso hacerse falsa esperanza y encontrarse con el Conde en esa habitación, por lo que camino con calma hacia allí. Cuando estuvo en la puerta, dejó la antorcha en la pared en una percha para ello vacía. Desconfiado empujo con suavidad la puerta para ver desde fuera la habitación, viendo una cama doble de mantas rojas, y al lado una mesita con una lámpara encendida, iluminando un poco la habitación roja carmesí. Con cuidado y atento a su alrededor, Blade entró en ella y cerró la puerta con cuidado, poniendo el seguro. Una vez dentro, miró la habitación entera, viendo que no había nadie a la vista, ni el vampiro… ni Carmilla. Al ver eso, Blade apretó los dientes con fuerza, frustrado y humillado, viendo que ese sujeto lo había engañado. Eso fue lo que pensó, apretando las manos con fuerza y la mirada baja furiosa, estando a punto de llorar. –  Blade… Él se sobresaltó al oír esa voz nombrar su nombre, y se giró a sus espaldas, y lo que vio lo dejó sin palabras y paralizado del asombro, delante de él, de pie frente a la puerta cerrada, estaba ella, su amada prometida Carmilla, vestida de blanco con el vestido de novia que él encargo, eso lo sorprendió más, viendo que le quedaba hermoso y espectacular. –  Carmilla… – nombró él asombrado, girándose a ella completamente con lentitud, sin poder creer que fuera ella. –  Eres tú… –  Sí Blade… soy yo, estoy aquí… – aseguro ella con una sonrisa angelical. Entonces, sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos, ella empezó a acercarse a él con paso lento y firme. Blade la miró de arriba abajo, sin poder creer lo que estaba viendo, a su amada con el vestido blanco, pareciendo un ángel en la tierra, mostrándose ante un humano que amaba. Pero, cuando la tuvo enfrente, pudo ver que ella estaba cambiada físicamente; la piel estaba más pálida y blanca, pero era hermosa, las uñas de las manos eran blancas y puntiagudas, como si fueran garras cuidadas con cuidado, pero lo que más se fijo fue en el rostro de ella; ojos rojos como la sangre, cuando antes eran marrones oscuros, labios rojos y dientes más blancos que antes, aparte de tener un rostro pálido, pero a la vez hermoso. Cuando lo tuvo enfrente, Carmilla no pudo resistir el deseo de tocarle el rostro con las gemas de los dedos, dejando que él tomará lo fría y dura que estaba, como solían estarlo los muertos, eso lo hizo cambiar su rostro contento a uno dolido y triste, viendo que era ya tarde, pero aun así no deseaba dejar de mirarla. –  Carmilla, tú ya estás… – decía él sin poder creerlo. –  Él te ha… –  No temas mi amor, sigo siendo yo… a pesar de no ser ya humana y no tener calidez en el cuerpo… – dijo ella con una sonrisa angelical, que dejó hipnotizado al joven. –  A pesar de que podría matarte con estás manos, no muestras ni pizca de miedo hacia mí, sino amor, pero también veo algo más, y no sé qué es… –  Carmilla… – nombró él de nuevo, con los ojos temblando irritados. –  Tu está muerta, ese monstruo te ha convertido en un bebedor de sangre como él… –  Lo se… es algo que yo escogí mi amor… – ¿Qué? ¿Por qué hiciste tal cosa? –  pregunto él confuso y sorprendido, posando una mano suya sobre la de ella en su rostro. –  Para poder saber quién fue el desgraciado que mato a mi familia, y poder vengar su muerte y el estado de mi hermana… – contestó ella, desviando la mirada hacia abajo. –  Blade, tú ahora me odias ¿verdad? – ¿eh? ¿Qué dices? –  Me odias por qué soy ahora un monstruo… y también porque soy rencorosa, el haber elegido está vida para buscar venganza contra el asesino… – aseguro ella, seguro de lo que pensaba. –  Es normal que me odies ahora, iba a ser tu esposa… – ¡No es cierto! –  exclamó él en voz alta, sobresaltándola a ella y volviendo a mirarlo. – ¡No te he odiado nunca ni pienso hacerlo ahora, nunca! Acto seguido, él la abrazo con fuerza por detrás de los hombros, sin temor a que ella lo matará por accidente, se lo merecía. Ella ante ese abrazo se quedó petrificada, asombrada de las palabras de él, tanto que no pudo evitar echarse a llorar, ocultando el rostro en el hombro de él. Entonces, con timidez y duda, ella le correspondió el abrazo, poniendo su cabeza de lado sobre el pecho de él, oyendo claramente los latidos de su corazón, eso hizo que sintiera la sangre correr por sus venas, dándole sed de sangre, poniéndole los ojos brillando excitada. –  No me importa nada si eres una muerta o no ¿me oyes?, nunca te odiaré y dejaré de amar. –  confesó él con profunda sinceridad y seguridad. –  Se que eres… sincero, Blade… – dijo ella, abrazándolo por detrás de la nuca y el omoplato, subiendo la cabeza hacia él sin despejar la cabeza de su cuerpo. –  Y a pesar de temerme miedo, deseas estar conmigo a pesar de todo, pero… Entonces, ella se apartó de él, apoyando las manos en el pecho de él para alejarlo un poco, eso dejó confuso a él, que parpadeo un par de veces mirándola. Después, ella se giró y dio unos pasos hacia delante, alejándose de él estando de espaldas, con la mirada baja y una mano en el pecho cerrado. – ¿Carmilla? –  Desearía que estuviéramos juntos Blade… pero eso ya no es posible… – dijo ella, sonando sería ahora. –  Lo deseo con todas mis fuerzas, pero… – ¿Por qué no podemos? –  pregunto él acercándose a ella. – ¿Por qué crees que no podemos? – ¡No te acerques más! –  exclamó ella, eso a Blade le sobresalto un poco asustado. –  pero… ¿por qué? –  pregunto él. –  No tenemos por qué estar separados por ser diferentes, si él pudo hacerte vampira… entonces tú también puedes hacerlo conmigo, así estaremos… – ¡No! –  se negó ella sin girarse aún. –  Ojalá hiciera eso, pero hay algo que no me deja hacerlo… algo que debiste decirme hace mucho tiempo… – ¿Qué? – dijo él confuso, sin saber de qué hablaba. –  Carmilla, ¿qué intentas decirme? –  Blade… se de ante mano que debes confesarme algo… una cosa que debiste decirme si de verdad me amas… – dijo ella enigmáticamente, aun sin girarse, empezando a temblar. Blade seguía sin entender de que hablaba ella, por eso intento acercarse más a Carmilla, pero, de repente y en un instante, se vio tumbado violentamente en la cama, sujetando por el cuello por la mano de Carmilla, con ella encima de él, inmovilizando las piernas con las suyas propias, mirando fijamente a Blade, con seriedad y frustración. –  Carmilla… ¿Qué estás…? –  pregunto él confuso y algo asustado, pero sin atreverse a mover. –  Blade, no te hagas el tonto conmigo por favor, ya deja de fingir… – suplicó ella dolida, mostrando los colmillos. –  Ya lo sé todo… pero quiero que me digas que no es cierto, por favor te lo suplico… Blade quedó sorprendido, mirando como ella estaba sufriendo, viendo como de esos rojos salían gotas de sangre, supo entonces de que los vampiros lloraban sangre, las gotas cayeron sobre él, que no quiso dejar de mirarla, viendo su dolor y sufrimiento. Entonces, lo supo, entendió de que iba todo aquello, ella en verdad sabía la verdad, de que él y su padre mataron a sus padres, dejando a su hermana en coma por el veneno, y ella le estaba pidiendo que le dijera que no era cierto, cuando sabía que era verdad, pero deseaba que no lo fuera. –  Por favor, Blade… – suplicó ella de nuevo. Sin poder aguantarse más, se echó sobre él rendida, apretando los puños contra la camisa de él con fuerza y ocultando su rostro en el hombro de él. Blade no supo que hacer, estaba allí quieto sin saber que hacer o decir, mirando el techo dolido por ver sufrir a su amada Carmilla, por su culpa y de su padre, pero él más que nadie, ya que, él la amaba, tanto como ella a él, y aun así, fue capaz de matar a su familia por tenerla, siendo utilizado por su padre, eso no tenía excusa alguna. –  No es cierto que… los mataste tú también ¿verdad, Blade? Por favor dime que no es cierto. –  pidió ella sobre su hombro. –  Carmilla… yo… – dijo él indeciso, pero al final no quiso mentirle más. –  Sí, lo hice… --------------0--------------- Al oírle decir eso, ella se apartó de él y lo miró fijamente, con los ojos rojos y machada de sangre derramada, viendo que él lo decía en serio, con una mirada directa y sin temor o duda. –  Yo deseaba que fueras mi esposa, pero tu padre no lo aprobaba por algún motivo… por eso mi padre me convenció de matarlos mientras tu estuviste de viaje al extranjero… – explicó él sin dudar. –  No puede ser cierto… – se negaba ella, con los ojos temblando de horror. –  Tu no pudiste hacer tal cosa… –  Mi padre insistió en ello, y al final accedí a ayudarlo con el plan, para que así no necesitará el permiso de nadie para proponerte matrimonio… después, supe que él te amenazó con matar a tu hermana si lo cancelabas, y era normal que quisieras hacerlo, estabas destrozada, y yo también lo estaba por lo que hice… pero él no podía permitirlo, deseaba el dinero que heredaste para darle uso propio, no le hacia gracia que una mujer tuviera tanto dinero en mano… –  No… no… ¡No…! –  negaba ella temblando. – ¡Estás mintiendo! –  No miento Carmilla, con mi padre… maté a tus padres y dejé a tu hermana en coma, dejándote sola… – ¡Mientes, estás mintiendo! ¡Cállate por favor cállate! –  suplicaba ella a gritos. Blade sabía que le costaría aceptarlo, pero era la pura verdad, y tuvo que decírselo. Entonces, ella lo miró fijamente, viendo que él no cambiaba su mirada, solo cerraba los ojos dolido y arrepentido de lo que hizo, eso confirmo que era todo verdad, y eso ella no lo soportó. Acto seguido, ella lo cogió del cuello de la camisa y lo arrastro hasta la cabecera de la cama con fuerza, pegándose a él con odio y furia, mostrando sus ojos rojos brillando y sus colmillos apretados con fuerza, él no mostró miedo, sino dolor de verla sufrir de esa manera. – ¿Como pudiste? ¡¿Como pudiste hacerme esto solo Porquerer ser mi esposo?! –  Exigió ella a gritos, con todas sus fuerzas. – ¡Me has arrebatado todo, mis padres, mi hermana, mi vida! ¡¡por el simple hecho de ser tu mujer y hacerle caso al desgraciado de tu padre que solo deseaba el dinero de mi familia, miserable!! Blade no se defendió, ya que, también se decía esas cosas a sí mismo, echándose a llorar de culpa y odio a sí mismo. Ante tanto dolor y odio, Carmilla no pudo evitar poner las manos sobre el cuello de él para estrangularlo al instante, pero los dedos no quisieron hacer ninguna fuerza en él, pero si temblaban sin parar, y todo el cuerpo de ella tembló, sin atreverse a matarlo. Blade no se movió, tuvo los brazos estirados e inmóviles, a pesar de tener esas frías y duras manos de vampira en su cuello, no opuso resistencia y cerró los ojos como esperando a que lo matará ya, y eso dejó a Carmilla confusa, con los ojos abiertos y mirándolo fijamente, viendo que en verdad no quiso liberarse ni huir, y no parecía estar haciendo eso por miedo ni terror, sino más bien como aceptando su castigo, aunque fuera de un monstruo. – ¿Por qué… no te defiendes? –  pregunto ella confusa y temblando al contener su fuerza. – ¿Por qué no intentas resistirte? – ¿De qué me serviría? Eso no me ayudaría a quitarme de encima el dolor que te he hecho, por eso tienes todo el derecho a matarme en persona, no por ser un monstruo… por ser tu. –  contestó él, abriendo los ojos decidido y directo, con voz apenada y culpable. – ¿Deseas de verdad que te mate? ¿No deseas vivir? –  pregunto ella. –  Sin ti no, y con ese odio aún menos, sé que nunca me perdonarás por ello, por mucho que hubiera sino mi padre… yo también participe en el plan. –  confesó él. –  Así que hazlo, antes de que cambies de idea. Vamos, mátame con tus propias manos y libérate de una vez de este dolor que sientes. Esas palabras dejaron petrificada a Carmelius, que lo miró fijamente, viendo que no estaba asustado y decidido a morir en sus manos, por muy enamorado que estuviera de ella, se odiaba de haberle hecho eso, lo veía en sus ojos. No supo que hacer y se quedaron así los dos. En esos momentos, Rizort y sus compañeros iban cabalgando a toda velocidad por el camino que llevaba directamente al Castillo de Kamazotz, rodeado de bosque, lleno de lobos y otros animales que los oían yendo por ese camino. Oscar llevaba en mano una escopeta por si los lobos aparecían, en esa época estaban agresivos y hambrientos, y ya habían probado la carne humana. Rizort miraba para adelante sin desviar la mirada ni un momento, deseando que se viera el castillo ya, y no tardó en concederse el deseo, al final del camino, se pudo ver el castillo, con las puertas abiertas, pero la entrada estaba vigilada por lobos, porque lo Oscar uso su escopeta para ahuyentarlos o matar algunos para que se fueran, y finalmente entraron a toda prisa al castillo, bajando rápidamente de los caballos y entraron para luego cerrar las puertas para que los lobos no entraran. –  arf, arf… ¡Malditos animales! –  exclamó Oscar jadeando agotado de la carrera. – ¡Son unas auténticas bestias! –  Pero nada comparadas con el monstruo que vive aquí. –  contradijo Rizort, estando más adelante. –  Esos animales le obedecen a voluntad, por eso vigilaban la entrada, a nuestra espera. –  Eres listo cuando quieres amigo. – dijo una voz en eco. Cuando oyeron esa voz, todos se pusieron alerta, y Oscar les paso a Rizort y al padre una escopeta cada uno para estar armados. Entonces, fijaron la mirada en los altos de la escalera que hacia a la entrada, viendo al final de ella a un hombre vestido de camisa blanca y pantalón n***o desarreglado, con una melena negra desordenada y una mirada fiera de ojos rojos y colmillos afilados, vieron que en verdad el Conde Kamazotz existía. –  Señor por favor, protégenos de este ser de las tinieblas, – rezó el padre exclamando una cruz sobre sí mismo. –  Ni los rezos ni las balas os protegerán de mis caballeros, por mucho que queráis matarme. – aseguro  Kamazotz confiado. –  Les felicito por haber llegado aquí enteros, traspasando la barrera de lobos. – ¡Nos subestimes demasiado, monstruo chupa– sangre! –  exclamó Rizort furioso. – ¡Vengo a por mi hijo y su prometida! –  Lo sé, pero desgraciadamente no es posible eso, sobre todo cuando usted me lo está pidiendo, señor Rizort. – dijo el vampiro con naturalidad. – ¿De qué está hablando? –  pregunto él apuntándole con la escopeta como todos. – ¡Usted no me conoce! –  Yo no… pero “ella” si, de sobra. – dijo él enigmáticamente con una sonrisa sarcástica y perversa. Eso dejó desconcertados a todos excepto a Rizort, que supo enseguida de quién hablaba, y eso lo sobresalto un poco, haciendo reír al vampiro cuando vio esa expresión en su cara. Ante eso, Rizort carga su escopeta y dispara al Conde, dándole en el hombro haciendo que retrocediera un poco, pero sin gruñir o gritar de dolor, solo quejarse un poco en bajo y reírse después. –  jeje jeje. –  río Kamazotz entre dientes, volviendo a su posición como si nada, dejando que ellos vieran como su hombro se regeneraba al instante. –  Monstruo… – exclamó Oscar sorprendido y aterrado sin dejar de apuntarle con su escopeta. –  Podéis sentiros afortunados, ya que sois los primeros que seguís con vida después de que me hayáis disparado, ya que, solo tengo que reteneros aquí si sois listos y os vais por donde habéis venido. – dijo él. –  Os lo digo por vuestro bien. – ¡No hasta que me entregues a Blade y a Carmilla ahora mismo chupa– sangre! –  exclamó Rizort nervioso y harto de la actitud del vampiro. – ¿Entregarte a Carmilla? Je, ya es tarde para eso, y también para tu hijo. – dijo él con ironía. – ¡¿Qué?! –  exclamo Rizort. –  Ahora mismo, tu hijo está con su amada prometida, confesándole sus crímenes por ti, cosa que tendrá un precio… un tanto sanguinario y personal para ella. –  explicó el vampiro. –  Por eso no puedo dejaros pasar, necesitan estar a solas un poco más, además… dos de vosotros no deberían estar aquí, solo usted. Kamazotz dijo eso último señalando a Rizort con el dedo, con el brazo completamente estirado y vacilante. Ante lo que dijo, todos se miraron entre si confuso y asustados, sobre todo el padre, que con cada momento que estaba ante el vampiro, iban temblando más y más. Oscar no entendía eso de “confesar sus crímenes” y miró confuso a Rizort que estaba de espaldas a él, viendo que estaba furioso e inquieto. –  Sabe de qué hablo, ¿verdad Rizort? –  pregunto Kamazotz sarcásticamente. –  Ella acudió a mi para descubrir el crimen que tú y tu hijo hicisteis contra ella… y ahora que lo sabe todo, su “sed” se saciara contigo, pero antes con su amado… que ahora odia con todas sus fuerzas… –  Maldito… ¡¡la has convertido en lo que eres, ¿no es así?!! –  Exclamó Rizort al entender al instante lo que decía. –  Ella lo eligió, prefirió eso ante que seguir aguantando ese sufrimiento que le diste y la amenazas de matar a su hermana pequeña. – dijo el vampiro vacilante, bajando unos escalones. –  Y ahora está mejor que nunca, a mi lado como… mi hija. – ¡¡Monstruo desgraciado!! Al maldecirlo a gritos, Rizort empezó a disparar a quema ropa, y los demás también lo hicieron asustado de ver al vampiro acercarse más a ellos. El vampiro bajo por las escaleras con tranquilidad a pesar de las balas que estaban recibiendo en el pecho, pero enseguida se hartó y dando un salto traspaso a Rizort para aparecer detrás de Oscar, que no reaccionó a tiempo. – ¡Rizort, detrás! –  aviso Benedicto. Pero fue tarde, Kamazotz lo cogió por detrás, quitándole el arma y alzándolo del suelo con él hasta varios metros, y a la vista de todos, clavo sus colmillos en él, dejando que la sangre brotara a chorros y cayera al suelo, desangrándolo por segundos. Ante tal horror, el padre Benedicto aterrado decidió irse de allí, suplicando a su Dios que lo protegiera, dejando a Rizort allí ante el vampiro. Viendo que estaba ocupado con su amigo, Rizort aprovecho para subir por las escaleras e ir a buscar a su hijo, antes de que fuera tarde. Cuando acabo, Kamazotz dejó caer sin más el cuerpo muerto de Oscar, que tenía los ojos abiertos de terror, y después él también bajo al suelo junto a él, mirando sin pena ni nada el cuerpo, después fijo la vista hacia donde el otro escapo, sonriendo divertido, sin preocuparse en absoluto, había tiempo de sobra para ella pensaba. Carmilla seguía sin saber que hacer, y Blade estaba esperando sin prisa ni miedo a que lo hiciera, pero vio que ya estaba empezando a dudar. Inseguro de si ella le dejaría o no, alzó la mano para poder tocarle el rostro, y ella se sobresaltó un poco, pero le dejó hacer, sintiendo su cálida y suave mano sobre su mejilla, que tocó con su mano, pegándola más. Entonces, ante tanto dolor y sufrimiento, ella volvió a llorar sangre. Blade la miró apenado y culpable, sintiendo la fría piel de ella y su sangre tocando su mano, deslizándose hacia abajo por la gravedad. –  Carmilla… – nombro él, cayéndole una gota de sangre en la cara, pero no le importo. –  Ya no me llamó así Blade, ahora soy Carmelius, hija del Conde Kamazotz… – dijo ella, apartando su mano de la cara para dejarla en su sitio. –  Ya no soy humana, soy como él… un monstruo bebedor de sangre con forma humana… –  Para mí sigues siendo la misma… aunque me matarás seguirías siendo la misma para mi… – confesó él con sinceridad y sin duda. –  La misma a quien mataste a su familia por idea de su padre, dejando a su única hermana en coma, que nunca saldrá. –  recordó ella enfurecida. –  No Blade, ya no soy esa chica que amaste, por qué… el Conde la ha devorado, dejando a este monstruo vengador… Blade quedó sorprendido ante esas palabras, y antes de poder decir algo, la vampira morena se inclinó sobre él para lamer y besar su cuerpo mientras destripaba su camisa con sus afiladas uñas blancas como garras sin dañar apenas la piel. Él se mantuvo quieto, ya que, esa sensación era seductora y placentera, que lo dejaba petrificado de placer y deseo, incapaz de resistirse. Ella podía sentir la sangre de él por todo su cuerpo, circular por su excitación, deseando tomarla ya, pero se resistía a ello con todas sus fuerzas, dudando de que hacer y que no. Se mantuvo tumbada sobre él, aprisionándolo con su cuerpo, con las manos apoyadas en la almohada junto a la cabeza de él, cerrándolas con fuerza ante su sed. Él notaba su melena negra en su rostro, oliéndolo y sintiendo cosquillas por su culpa, pero no le molesto, y ella seguía seduciéndolo por el cuello y la mandíbula, pensando que hacer con él. – “Haz lo que deseas hacer en el fondo pequeña” – dijo el vampiro en su mente, sobresaltándola un poco. – “Tu deseas vengarte de él y beber su dulce sangre, y él desea que lo castigues por su enorme crimen contra ti y tu familia, cumple tu deseo y el de él.” – “Pero… no sé si…” – pensaba ella. – “Yo lo amo, pero no puedo perdonarlo, así como así, ahora ya no…” – “Deja de torturarte hija mía… quitarte ese dolor y sufrimiento del cuerpo y la mente, y serás libre de hacer lo que quieras sin tener dudas ni preocupaciones nunca más… solo tienes que hacerlo, y él estará en paz también, que sienta ese placer contigo por última vez… hasta la muerte.” –  Hazlo Carmilla… – dijo Blade, sintiendo los colmillos de ella rozando su cuello. –  Quiero que lo hagas por favor… – suplicó él, estirando el cuello a un lado y hacia arriba al mismo tiempo. Carmilla no lo miro, solo se quedó allí confusa y dudosa, pero la sed y las palabras de su padre la convencieron poco a poco, y cogiéndolo por la cabellera, echando su cabeza hacia atrás con fuerza y violencia, mostró los ojos rojos brillando intensamente y los colmillos saliendo de entre los labios deseosos de morder. – “Cumple el deseo de ambos, Carmelius Kamatz…” – dijo el vampiro en su mente, con voz sarcástica y contenta. – “Toma su dulce y única sangre… hasta la última gota de su cuerpo.” Ella rozó los labios sobre la piel de Blade, haciendo que gimiendo nervioso e impaciente, teniendo el pecho agitado bajo el de ella que no latía ya. Entonces, jadeando un poco antes deseosa de sangre, clavó los colmillos sobre la yugular con fuerza y deseo, mientras Blade abría la boca dando un gemido con los ojos cerrados con fuerza y sujetándose a ella con fuerza. – ¡aahh! ¡uahhh! –  gritaba él excitado, respirando con dificultad, pero sin importarle. Ella al probar el primer sorbo de su sangre, deseo más, y sin importarle que la sangre se escurriera los sus labios, lamió y chupo su sangre con impaciencia y placer, sujetándole por debajo de la mandíbula para subirla más y la otra se mantenía sujeta a la almohada. Sentía como él se aferraba a ella por detrás de los hombros, agarrando su camisa con fuerza, a pesar de estar perdiendo las fuerzas. Mientras, Rizort seguía corriendo por los pasillos del castillo, harto de correr sin saber el cual habitación estarían Blade y Carmilla. Entonces, de entre la oscuridad del pasillo, vio una línea brillante, procedente de una habitación a los lejos, aseguro de que estarían allí y fue rápidamente hacia allí, pero de repente, las antorchas del pasillo se encendieron solas, y delante de la puerta de la habitación apareció el vampiro Kamazotz.
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