Sentando en el auto de Colette, las manos del joven modelo se aferraban a su cinturón de seguridad un poco preocupado. Y no era solamente por el hecho de haber salido de la agencia sin su pareja, era más bien la forma en que conducía la loba omega lo que tenía a Rhory temiendo por su vida. —No es que esté dudando de tus capacidades, Colette... Pero... ¿Realmente conseguiste tu licencia de conducir? —indagó. —¿Yo? ¿Por qué preguntas eso? Observando el semáforo que había pasado a amarillo, Rhory cerró con fuerza sus ojos al ver que Colette en vez de disminuir la velocidad, aumentaba. —No vas a pasar —indicó preocupado. —Por supuesto que sí —aceleró. Escuchando un claxon, el joven modelo se estremeció y abrió uno de sus ojos al sentir que la velocidad volvía a la normalidad. —¿Por qué

