~Sería una completa bomba que explotaria por completo~ Lucía
Me miré en el espejo y no me reconocí, mi cabello estaba ondulado y perfectamente peinado, tenía un tocado brillante en forma de flores.
No me reconocía para nada, el maquillaje era tenue y casi imperceptible pero cambiaba muchos de mis rasgos, tenía un vestido rosa de encaje que no combinaba nada conmigo.
El Rey creyó que el rosa marcaría mi inocencia y pureza, las virtudes dignas de una Princesa Heredera y aunque esos colores no fueran de mi agrado, estaba obligada a llevarlos.
—Luce hermosa señorita —Dijo una de las doncellas viendome sonriendo
—Gracias Viviana —Ella asintió y terminó de colocarme el vestido
Me hizo mirarme en el espejo, me veia diferente pero bonita. Nunca creí que yo luciria como una Princesa, porque eso parecía. La puerta comenzó a sonar, alguien la estaba golpeando con fuerza, Viviana abrió la puerta e hizo una reverencia.
—Alteza, la señorita ya esta lista —El asintió y se acercó a mi, me tendió el brazo y yo duditativa lo tome
—Te ves hermosa Lu —Susurró en mi oido, me tense al instante
—Gracias alteza, usted también luce muy bien —El resoplo por lo bajo, mi constante respeto suele fastidiarlo
Nos subimos en una limusina y el viaje se hizo bastante lento, tener al Príncipe tomando mi mano y negándose a soltarla, me hacía tensarme en varias ocasiones. Mas haya de todo es un hombre apuesto y coqueto.
Mire por la ventana buscando distraerme de la situación, estaba anocheciendo y todo lucia muy bonito, la luna brillaba intensa en el cielo, siempre pensé que no había luz mas esplendorosa.
—¿Te gusta observar la luna? —Preguntó dando un apretón a mi mano.
—No hay nada mas hermoso que admirar la inerte luz de la luna, una luz con vida e inocencia —Contesté sin mirarlo.
—¿Te gusta el sol tanto como la luna? Porque creo que el sol tambien tiene su propia luz esplendorosa —Mientras hablaba yo sonreía, hacía mucho nadie me seguía la charla de la luna.
—No me gusta el sol, es un envidioso, siempre brilla intensamente para opacar la inocente luz de luna, el sol no es mas que envidia y la luna es inocencia y pureza —Esta ves lo enfrente con la mirada y el sonrió satisfecho.
—Definitivamente tu me entiendes, todos siempre dicen que el sol tiene luz propia y que por mas solo que este; sigue brillando, pero eso solo es un invento de los solitarios —Se rasco el ojo derecho con su brazo y sonrió en mi dirección.
—La luna no tiene luz propia y depende del sol para brillar, pero no la hace recaída sino mas fuerte. Lo necesita para brillar pero aun asi lo hace con una sonrisa, siempre nos muestra su mejor cara dejando en la oscuridad a las destruidas —Mis palabras lo dejaron en pie y sus ojos brillaron intensamente.
—Eso es lo mas perfecto de la luna, como a pesar de estar destruida y depender de alguien mas para mostrar su belleza, ella siempre muestra su mejor cara —Susurró mirando por la ventana.
El restó del viaje fue en silencio, nunca imaginé que fueramos tan parecidos y que a ambos nos gustara la luna, nunca pense que un Príncipe podría estar interesado por la astronomía.
Dejé de pensar en cuanto la limusina se detuvo, el Príncipe salió y me tendió la mano, al bajar vi a los Reyes esperandonos listos para entrar.
—Al fin están acá ¿Entramos? —Preguntó el Rey y su hijo asintió.
El Rey entró tomado de su esposa siendo aplaudido por todas las personas, tras el entramos el Príncipe y yo, también fuimos fuertemente recibidos.
—Gracias por recibirnos otro año querido amigo —Dijo el Rey dirigiendose al otro Rey.
—Gracias a ustedes por estar aquí —Pensó unos minutos y sonrió— Tengo entendido que hoy conoceremos a la mujer que acompañara a mi sobrino en su reinado.
—Exacto querido amigo y todos los presentes —Hablo el y nos hizo una seña para acercarnos.
—No estés nerviosa, todo esta bien Lu —Susurró el Príncipe queriendo darme animos
—Les presento a la prometida de mi hijo, la futura Princesa heredera Lucía—Los aplausos resonaron a las palabras del Rey y varios paparazzis nos tomaron incesantes fotos.
Ahora era tarde, mañana nuestras fotos estarían por todo el país y todo el mundo sabría nuestro matrimonio. Sería una completa bomba que explotaria por completo.
Unos chicos caminaron a nosotros y el Príncipe choco puños con varios de ellos, a las chicas les dio un abrazó, exepto a una que parecía incómoda.
—Lu, ellos son mis amigos —Sonrió a mi dirección y un chico alto me tendió la mano.
—Mi nombre es Lucas, es un placer conocerla, mi amigo habló maravillas de usted —Dijo el chico rubio, le tendi mi mano y la besó.
—Soy Lucía —El asintió y observó sonriendo al Príncipe quien le devolvió el gesto.
—El es Luciano y ella Aiko —Dijo apuntando a un chico que bebía sin parar y una chica asiática muy bonita, ellos me dieron un saludo de mano.
—Soy Ellie y ella es mi hermana gemela Allie —La chica que el Príncipe no saludó se dirigió a mi.
—Un gusto —Le contesté y ella sonrió.
—Ya no molesten a mi prometida, mañana arranca a ir con nosotros y está nerviosa —Me tomó por la cintura, lo que me tomó desprevenida.
Al parecer los Príncipes y Princesas no estudian en sus reinos como deberían, sino que estudian en una escuela real, osea tienen su propia escuela, secundaria, preparatoria y universidad.
En eso veo a el Príncipe intercambiar miradas con la tal Ellie, ella se va y el minutos atrás sale en su dirección, no sin antes guiñarme el ojo.
Me quede sola con cuatro personas, dos mirándome amables, uno demasiado borracho como para notarme y otra que me miraba como si fuera la cosa que mas odiaba en el planeta.
Esta va a ser una noche larga...