~Max es mi hombre, yo soy su prometida, no ella ~ Lucía
Esa mañana me desperte con un fuerte dolor de cabeza, la noche habia sido bastante movida, me acoste muy tarde y siempre me pasa, cuando me acuesto tarde me levanto con dolor de cabeza. Intente abrir mis ojos los mas posible, colgado a un lado de mi cama estaba mi nuevo uniforme.
—Señorita —Escuche una voz a unos metros, era Angelica, mi dama personal
—Buen día Angelica —Dije bostezando y estirando los brazos, estaba muy cansada.
—Le traigo una pastilla para el dolor de cabeza, sera mejor que la vistamos rapido que los Reyes y el Principe la esperan abajo para desayunar —Dejo con amabilidad la pastilla y el vaso de agua en mi mesa de luz.
Me la tome rapidamente y me levante casi de un salto, entre a la ducha y me quede varios minutos disfrutando de la caliente agua rosar mi piel, era calida y hermosa, una de las mejores sensaciones que existen, tuve suerte de que me dejaran bañar sola.
Angelica me ayudo a colocarme el uniforme, consistia en una pollera extremadamente corta, estaba llegaba un poco mas abajo de los gluteo. La camisa blanca y la pequeña corbata roja denotaban belleza, unas medias cancanes y finalmente los tacos de diez centimetros. Angelica peino mi cabello y me hizo una media trenza, un maquillaje tenue y una pequeña bincha de flores.
Las Princesas usan sus coronas para ir a la escuela, pero yo aun no soy Princesa ya que todavia no me case con el Principe, por eso uso una vincha hasta que finalmente me case.
Ya había hablado con los Reyes y acordamos la boda para dentro de un mes. Es suficiente tiempo para prepararla y organizarla. No debemos tardar más o será perjudicial para el Príncipe debido a su edad.
Baje y encontré a toda la familia real desayunado, algo que me pareció raro porque no es algo común. Al final eso hicimos, desayunamos en silencio y yo me fui a mi limusina para irme. En cuanto nos casemos, todo cambiará. Compartiremos cuarto, baño, limusina e incluso nuestras vidas.
Al salir, me encontré a Simón junto a la puerta. En cuanto me vio, la abrió para mi y la cerró en cuanto estuve dentro. Se subió del lado del chofer y arrancó rápidamente, se veía cansado pero sonreía. Se notaba que servir a la realeza, era algo que lo llenaba.
—¿Desde cuando trabajas para la realeza? —Le pregunté y él me observó por el retrovisor.
—Desde siempre, mis padres trabajaban para ellos. Mamá era una doncella y papá un guardia. Cuando era niño no los servía, era amigo del Rey y cuando crecí, me convertí en un empleado más —Hablaba sin despegar la vista del camino— Soy el empleado en el que el Rey más confía, soy un confidente para el. Solo confiaba en mi cuando pensó a quien confiarle a su nuera —Sonrió ampliamente y siguió conduciendo en silencio. El Rey quería mi protección y puso al volante de mi limusina; a su confidente y mejor amigo.
—Tiene sentido —Fue todo lo que dije y dimos por finalizada la charla.
Al llegar me baje nerviosa, el Príncipe estaba junto a dos de sus amigos. Ellos estaban hablando y riendo sin parar. De repente; las chicas gemelas aparecen y una de ellas abraza al Principe, la otra lo saluda con la mano incómoda.
Tarde un minuto en darme cuenta de quienes eran; Ellie y Allie, ellas son las gemelas y una de ellas me odia. Lucas y Luciano, los amigos del Príncipe. Uno de ellos estaba borracho y me trato bastante raro, falta la chica Japonesa pero realmente no me importa. Yo solo me casare con el, no pienso fraternizar con sus amigos. En cuanto él me vio, me hizo señas y me acerqué dudosa.
—Mi Princesa —Murmuró él y sus amigos se rieron, una de las hermanas volteó la cara y la otra rodó los ojos.
—No me llames así —Susurré y él sonrió.
—Serás mi Princesa en un mes —Sus ojos brillaban y eran muy bonitos. Me gustaba como sus dientes blancos brillaban, parecía una de esas sonrisas de Colgate.
—Parece que nuestra futura Reina está nerviosa —Habló una chica desde la distancia, no la reconocí. No es la chica Japonesa.
—Lauren —Murmuró el Príncipe y ella lo abrazó.
—Ella es Lauren, otra de nuestras amigas aunque no pertenece a la realeza. Es más bien de clase noble, ella será tu súbdita algún día —Comentó el tal Lucas y la chica llamada Lauren, me hizo una reverencia.
—Basta de cháchara, tengo que llevar a mi lady a su clase —Dijo el Príncipe y me hizo señas para que tomara su brazo. Lo hice y así nos adentramos en la escuela.
Era bonita, limpia y muy arreglada. Nada que ver mi antiguo Liceo, ese lucia la mayor parte del tiempo; sucio, desgastado, rallado y con las paredes opacas por la horrible pintura de lodo. Max era muy considerado, me sonreía y me contó todo lo que necesitaba saber, pero era difícil y ya veía venir el infierno.
Me di cuenta que todo sería difícil, al entrar en clase y ver la mala mirada que me daban. En su mayoría, todos eran de la realeza de diversos países y no serían ejecutados solo por molestarme. Eso les daba la suficiente motivación, para hacer de mi vida un papalote. Sabía que algo malo pasaría.
Las clases transcurrieron normales y solo eran tres; esgrima, equitación y etiqueta. Mañana tendría cosas como Matemática, entre otras. Cuando la última clase acabó, decidí ir al baño antes de verme con Max e irme con Simón para que me lleve a casa.
Me lave el rostro y me arregle el cabello. Cuando iba a salir, tres chicas me interceptaron. Me tomaron por los hombros y me lanzaron al suelo, estaban sacadas de onda y tenían la mirada fría.
—¿Qué es lo que quieren? —Pregunté, no sabía que querían de mi. Yo no les había hecho nada.
—Qué mueras oportunista, roba hombres ajenos —Dijo llena de odio, no entendí a qué se refería esta chica.
—¿De que estás hablando? —Mi confusión la hizo reír y sus amigas la imitaron.
—Qué te quede claro, que el Príncipe Max es de Ellie y ella será nuestra Reina. No una pobretona que sólo aprovechó la oportunidad para tener comodidad y dinero —Sus palabras me hirieron, yo nunca tuve la intención de aprovecharme de Max. Eso nunca fue parte de mis planes.
El día que termine con Marcel y entre al palacio, decidí que le sería fiel e intentaría que este matrimonio funcionara. Él está de acuerdo y eso deja en claro, que Max es mi hombre, yo soy su prometida no ella y estás tres no tienen que decir al respecto.
—Estas muy equivocada, Max es mi hombre. Yo soy su prometida, yo me casaré con el, solo a mi va a amarme y yo seré la madre de sus hijos y tu futura reina. Es momento que muestres algo de respeto —Mis palabras la hicieron enfurecer, me empujó fuertemente y mi cabeza se golpeó contra el suelo.
Estaba consciente pero parecía borracha, veía borroso y los sonidos se distorsionaban. Escuché la voz de una chica, luego era dos y sus voces eran similares. Las tres corrieron y estás dos chicas comenzaron a intentar reanimarme y cuando creí que todo estaría bien, ya no veía ni sentía nada.
¿Había dicho que Max era mi hombre?
Si, lo hice...
Es la verdad