—¿Marcus? —contestó mientras miraba el reloj sobre su mesita, las 4:30 AM, para qué lo llamaba a esta hora.
—Hola Claudio, disculpa que te moleste a ésta hora, pero no podía dormir y me dediqué a entretenerme un rato en el internet y encontré una noticia que, creo que te interesará —terminó diciendo.
—Muy amable —la respuesta irónica de Claudio no molestó a Marcus— Veamos, ¿De qué se trata?
—Se trata de Iván Smirnov —dijo escuetamente
Ivan Smirnov, el nombre vino a terminar de desencadenar los recuerdos de Claudio, el hombre fuerte del servicio secreto ruso (la antigua KGB) Quien había sido su enlace en el caso de los documentos del Kremlin y alguien en quien no confiaba completamente, por no decir que no confiaba en nada.
—¿Qué le sucedió al viejo Iván, lo nombraron presidente de la confederación rusa? —preguntó en tono irónico
—No exactamente, pero al menos tiene la aspiración
Ésta sencilla declaración de Marcus lo puso en sobreaviso, ¿Era lo que había escuchado o estaba equivocado?
—¿Puedes ser más claro? —le dijo, ésta vez sin ironía alguna
—Al hombre lo están candidateando para ser el próximo premier de Rusia —dijo simplemente.
Al escuchar esto el cuerpo de Claudio se envaró automáticamente, su cerebro se puso en actividad frenética considerando las posibilidades. No, en definitiva no eran buenas noticias.
—La cosa se va a poner buena entonces —dijo
—Eso parece —respondió Marcus.
—Ajá, tendremos que buscar a los viejos amigos, a los antiguos contactos.
—Bien, te esperamos para desayunar.
—Allí estaré —lacónico.
Ambos colgaron los receptores, y Claudio se recostó de nuevo en la cama, aunque el sueño había huido de sus ojos. Ésta noticia cambiaba todas las cosas, significaba que su relativa Paz iba a desaparecer.
Sus recuerdos volvieron al momento en que fue interrumpido por la llamada de Marcus….
Boris estaba en verdad sorprendido de la reacción de Claudio así como la de su muy seria prima Irina
—En serio, ¿Qué les pasa? —dijo con un gesto de extrañeza — Cuando llegué se veían tan divertidos y ahora parecen chicos sorprendidos en una travesura.
—Ya déjalo, Boris —dijo Irina, con su suave voz de terciopelo— A veces eres molesto, ¿sabes?
El sorprendido Boris se quedó callado por unos largos minutos y luego muy elegantemente cambió de tema.
—¿Cómo estuvo la cacería, Claudio? —preguntó, dejando espacio a su prima.
—No estuvo mal, aunque el clima está empeorando —hablaba a Boris, pero su mirada se escalaba hacia Irina a cada momento.
—Y por cierto, ¿De dónde la conoces? —le preguntó señalando a su prima
—Nos acabamos de conocer aquí, Boris. ¡No seas tan metiche! —el tono molesto de Irina lo sorprendió, de pronto se escuchó un portazo al salir ella por una puerta detrás del mostrador que daba al interior de la casa, que estaba pegada al local donde trabajaba Boris.
—Lo siento, Claudio —dijo éste— ¡A veces es impredecible!
—No te preocupes —dijo riendo— ¡A mí me parece genial!
Luego se dedicaron a hablar de las cosas que ambos estaban investigando, las cosas aún no estaban claras, les faltaba bastante que investigar y no era sencillo descubrir alguna pista sobre los dichosos documentos.
Mientras seguían las investigaciones y escudriñaban cuánta pista e indicio descubrieran, Claudio seguía yendo a reunirse con Boris en su local, lo que propiciaba también un acercamiento con la bella Irina, con el correr del tiempo le quedó claro a Claudio que se estaba enamorando perdidamente de la chica.
Ella también había descubierto ese sentimiento al experimentar una súbita alegría cuando escuchaba que Claudio llegaba a la tienda de su primo. En ocasiones escuchaba con atención a través de la puerta de comunicación entre la casa y el local para saber si había llegado, lo extrañaba cuando en ocasiones duraba hasta una semana cazando.
Definitivamente se estaban enamorando el uno del otro. Claudio sabía que una de las reglas más importantes que tenía un espía era que no debería tener puntos débiles y una mujer de la que se estaba enamorando era uno, y uno bastante grande; pero no quería evitarlo.
Cuánto se había arrepentido de no haber tenido sentido común, de no haber hecho caso de los años de experiencia de otros y de él mismo, que le decían que no dejará que eso pasara… quizás ella estuviera viva, y él también… cuando murió Irina, una parte dentro de sí mismo había muerto también…
El sonido del reloj despertador lo trajo de nuevo al presente, se levantó y luego de hacer sus ejercicios se dirigió al baño a tomar una buena ducha… el estar en forma era una premisa necesaria para cualquiera de su profesión, de la buena forma y los reflejos, físicos y mentales, dependía que siguieras vivo o no.
Luego de ducharse se vistió y salió hacia el estacionamiento del edificio donde vivía. Ahora tenía un hermoso deportivo para desplazarse, ya no estaba en Venecia y se había alejado un poco más del pasado. Aunque ni por asomo se sentía viejo o cansado, se mantenía en buena forma y se esforzaba por estarlo. Sus reflejos estaban intactos y sus habilidades físicas y mentales estaban en excelente forma.
Incluso se había enfrentado a un grupo de asaltantes en un barrio bajo de los Ángeles después de haberse perdido en los primeros días de haberse mudado. Al principio vivía con Marcus y Evelyn, pero luego se sintió mejor viviendo solo…. Porque eso era, un solitario.
El recuerdo de los jóvenes asaltantes lo tenía bastante fresco en la mente. Recordaba que recién había ido con Evelyn a una agencia de autos deportivos de gama alta, duraron bastante rato probando los diferentes autos hasta que se decidió por el Porsche 911 Carrera.
Cuando supo el precio del carro casi le da un infarto y se negaba a que ella gastara semejante cantidad de dinero en un carro, y menos para él. Pero Evelyn era dura como el pedernal y a fuerza de ruegos y amenazas al fin aceptó… ¡Casi dos millones de dólares!
Cuando más o menos se acostumbró a la ciudad y se había aprendido los caminos básicos a dónde quería ir, decidió salir solo de allí en adelante, igual era andar solo, el Corso lo acompañaba a veces pero éste sabía menos que él de la ciudad.
Un día se equivocó en una salida de la autopista y terminó en un barrio que era bastante peligroso por las pandillas y el tráfico de drogas y de blancas. Todos los habitantes del sector lo miraban con algo de asombro, no todos los días se veía un auto como ese por los contornos, a menos que estuviese escoltado por un montón de matones.
Un Porsche de lujo conducido por un solo hombre, y éste ya de edad era algo muy poco común por estos bajos fondos. Claudio dió varias vueltas tratando de orientarse pero le ganó la ciudad. Decidió detenerse frente a una especie de cafetería de aspecto gastado y sucio para preguntar.
Por supuesto que no dejaron de acercarse un grupo de jóvenes y de no tan jóvenes malvivientes que rodearon su auto mientras él se acercó al mostrador donde pedía instrucciones a la señora, ésta trataba de orientarlo con indicaciones verbales y señas. De pronto Claudio notó las nerviosas miradas que la señora lanzaba por encima de su hombro. Decidió volverse en el momento que uno de los malvivientes subía a su auto como si fuera a probarlo.
Claudio agradeció a la señora y se volvió para ir a su auto, no dejo de escuchar la advertencia que la señora, con preocupación, le daba.
—Tenga mucho cuidado señor, esa banda es muy peligrosa, no los enfrente…
Se volvió lentamente para agradecerle.
—No se preocupe, señora. Sólo razonaré un poco con ellos —le dijo y siguió su camino hacia su auto.
Eran seis sujetos, dos parecían muy jóvenes de 19 años o menos y los demás parecían tener entre 22 y 28 años, menos el que parecía el jefe, que en ese momento revolvía cuánto podía del coche, éste aparentaba unos 39 o 40 años y aparentemente se veía peligroso.
Al acercarse Claudio los sujetos lo rodearon de inmediato, y uno de ellos lo apuntó con un 38 especial, otro tenía una automática y los demás sacaron sendos cuchillos de sus ropas. El "jefe" bajó del coche y se le acercó, poniendo su cara a milímetros de la de Claudio para amenazarlo.
—Muy bien, viejo —dijo con petulancia— éste es el momento en que me entregas las llaves del coche y todo lo que llevas encima, incluyendo esos elegantes zapatos.
Claudio dejó que una sonrisa se dibujara en su rostro, lo miró con atención al mismo tiempo que media la distancia y probabilidades de ataque.
—No, —le dijo en voz alta— Realmente éste es el momento que tú y la cuerda de imberbes que te siguen desaparecen de mi vista.
Todos se echaron a reir a carcajadas y el jefe creyendo descuidado a Claudio sacó un largo puñal para atacarlo. Lo que sucedió después fue algo que se contó por todo el lugar, porque había bastantes testigos, y fue algo asombroso.
En segundos el jefe estaba en el suelo retorciéndose del dolor con el brazo fracturado en une extraño ángulo, los dos sujetos que estaban armados con pistola y revólver se vieron heridos en sus manos en segundos.
Claudio tenía su pistola en la mano y veía atentamente a los demás chicos, estos se miraron entre sí y a continuación se alejaron a toda carrera de aquel peligroso sujeto.
Subió tranquilamente a su coche y se marchó sin otro problema, dirigiéndose rápidamente por donde le había dicho la amable señora.