Eran cerca de las ocho de la mañana cuando el deportivo de Claudio entraba en los jardines de la mansión Sinclair. Detuvo el auto y le dió las llaves al valet que se acercaba. Marcus lo miraba desde arriba y una sonrisa se dibujó en su boca.
Por lo menos ya estaban "civilizando" al viejo, ese apodo cariñoso con el que ellos trataban a Claudio. Cuando recién tenía el carro, le incomodaba mucho el valet, en especial de que se viera tan sumiso. Le costó mucho acostumbrarse a dejarse servir.
Claudio entró en la casa y se dirigió al estudio del segundo piso, luego, sin llamar, empujó una hermosa puerta de madera labrada finamente. Dentro lo esperaba Marcus.
—¿Qué tenemos? —preguntó después de darle a Marcus un cariñoso abrazo.
—Aun nada —respondió Marcus— No he podido localizar a Dimitri por ningún lado, si alguien sabe algo de las intenciones de Iván es él.
—¿Y de Natasha? —indagó
—Me están averiguando por dónde anda, después que dejó el servicio en Ucrania se ha sabido poco de ella.
—Pero siéntate —le dijo indicando un cómodo sillón cerca del gran escritorio de roble que habia sido el lugar favorito para jugar de Evelyn cuando era chica, el escritorio de su padre, Alistair Sinclair— Subo un momento y nos reuniremos en el comedor para desayunar.
—Está bien, estaré cómodo.
Eso era lo malo, se estaba acostumbrando a ésta comodidad de la que estaba rodeado ahora, él era un hombre de campo, acostumbrado a las situaciones más duras e inhóspitas. Acostumbrado a pasar frío, hambre, sed y a dormir en el duro suelo.
Ahora tenía un colchón de plumas de ganso, ¡plumas de ganso! ¿A cuántos animalitos de esos había que desplumar para rellenar un colchón enorme como el que usaba el?
También estaba acostumbrado a caminar kilómetros en las condiciones más adversas que alguien se pueda imaginar. Ahora tenía un deportivo de lujo y apenas si caminaba de la cocina al dormitorio y de éste al baño.
No, esto no podía continuar así por mucho tiempo, se estaba convirtiendo en un blandengue. Y en las circunstancias actuales esto era sumamente peligroso. Con Iván Smirnov aspirando a ese alto cargo las cosas se podían complicar bastante en su vida.
Recordó la ocasión en que se lastimó una pierna y tuvo que permanecer varios días casi a la intemperie en el monte Hoverla en plena cordillera Chornohora de los Cárpatos. Se había intentado en estos Montes buscando una vieja cabaña de la cual le habían hablado unos exploradores.
Como le pareció un lugar bastante apropiado para un escondite se preparó para dirigirse hacia allá. Habló con Boris para que supiera de sus intenciones, esto lo comentó delante de Irina, a quién cada vez le tenía más confianza.
Aún no se habían confesado el sentimiento que los estaba embargando, pero reconocían lo bien que se sentían estando juntos. Conversaban, en ocasiones, por horas hablando de casi cualquier tema, Irina hablaba inglés y francés, aparte de su lengua materna que era el ruso, y hablaba también el ucraniano con fluidez.
A veces hablaban en varios idiomas a la vez con la consecuencia de que hacía que Claudio se confundiera en algunas palabras, entonces terminaban estallando en risas que los hacía llorar en ocasiones. Se divertían muchísimo estando juntos y todo el mundo notaba el sentimiento que había entre ellos, pero ellos aún no lo querían reconocer.
Esa noche le dijo a Boris de sus intenciones, aunque no dijo exactamente para qué sino que lo camufló con el tema de la cacería.
—Mañana temprano subiré al Hoverla, Boris —le dijo.
Al momento Irina se puso rígida, ella sabía las difíciles condiciones que se podían presentar de improviso en esas alturas, además de los peligros comunes, los osos pardos y los lobos de las estepas eran una amenaza constante en esos montes. Cualquier cosa podía pasar y ella sentía un extraño desasosiego al pensarlo.
—¿Vas a subir tú solo —preguntó con su suave voz que ahora estaba llena de un débil sentimiento de ansiedad y angustia.
—Sí —le contestó él percibiendo un poco sus sentimientos— pero no te angusties por favor, estaré bien.
—¿Y cómo sabes eso? —preguntó subiendo un poco el tono de voz
—Porque yo me sé cuidar, Irina —le dijo con algo de extrañeza ante la insistencia.
—Nadie está seguro de nada —dijo con un mohín de disgusto
—Pero qué rayos te pica, mujer —dijo Boris que asistía a la pequeña conversación sin intervenir— Claudio es un veterano cazador en estos montes, puede enfrentar cualquier situación sin problemas.
—No digo más nada —su disgusto era patente, lo que tenía sorprendidos a ambos hombres— ¿Y cuándo piensas regresar?
—Solo estaré un par de días —dijo Claudio— Con la ida y el regreso me tardaré entre 3 o 4 días máximo.
—Hmmm —la expresión medio ininteligible sonó a disgusto, dicho eso salió del almacén de Boris..
Boris no entendía muy bien lo que le pasaba a su prima, pero de alguna manera intuía que el problema estaba justo delante de él.
—Claudio —lo llamó, era engorroso para él preguntar algunas cosas— ¿Sucede algo entre Irina y tú qué yo no sepa?
Claudio se levantó de dónde estaba atando las provisiones para quedarse mirando a su amigo con expresión de desconcierto.
—Cómo crees que puede estar pasando algo entre nosotros, solo somos muy buenos amigos —dijo esto con sinceridad inocente, pero al mismo tiempo algo en su interior le decía que esto no era completamente cierto.
—Entonces, ¿Por qué tiene esa actitud contigo, parece más bien tu esposa o tu hermana mayor?
—No lo sé, Boris —su voz expresaba un poco de disgusto— No sé por cual razón ella está así, ¡Deberías preguntarle a ella!
Ahora fue el turno de Boris de quedarse mirando a Claudio sin entender muy bien la razón por la cual se le notaba tan disgustado.
—Perdona, son tonterías —dijo Boris tratando de quitarle importancia a la cosa— Crees que esa cabaña sea la respuesta a nuestro problemita? —dijo cambiando el tono de voz.
Ante este cambio Claudio se sintió más cómodo por lo que a su vez suspiró y se relajó un poco.
—Disculpa, Boris. No tenía por qué haberte respondido así —luego centró su atención sobre lo que le preguntaba su compañero— Creo que ésta podría ser la ubicación que estábamos buscando, esa cabaña está aislada de todo y pegada a una gran roca, eso es muy sugestivo.
—Eso es verdad, te buscaré el resto de las cosas mientras preparas el equipaje.
Boris se metió hacia el fondo de la tienda para buscar algunos arneses y cuerdas que seguramente su amigo necesitaría.
Claudio se dijo que tendría que hablar con Irina sobre esto.
El ruido de una puerta lo trajo de nuevo al presente.