Recuerdos Dolorosos

1303 Words
Soltó el maletín que traía sujeto con una cadena y lo empujó sobre el escritorio hacia Smirnov. Acto seguido volvió a sentarse pero sin relajar sus músculos. Ivan revisó los papeles con atención por unos momentos, luego suspiró, al parecer satisfecho. Los sujetos que entraron se acercaron al escritorio y uno de ellos le dijo algo al oído. Éste asintió y le hizo una seña para que se alejara, se alejaron un poco pero no salieron de la oficina. —Supongo que les diste una ojeada —no era una pregunta sino una aseveración. —Sip, para revisar los sellos y la autenticidad, tú sabes cómo es eso. —Lo sé —dijo lacónico— Solo que está vez no era muy buena idea. Al decir esto los tres guardias que estaban en el salón se acercaron a Claudio. Lo rodearon poco a poco con toda la intención de capturarlo, pero él no se inmutó, al menos por fuera. Por dentro su cerebro había hecho los cálculos de lucha que tendría que hacer y sus músculos estaban tensos y preparados. Su reacción primaria fue mirar a Smirnov a los ojos y preguntarle. —¿Qué es esto, Iván? —dijo con la cara endurecida y los ojos echando fuego— Primero tus hombres me desarman y requisan como si fuera un desconocido. ¿Ahora qué quieres, arrestarme? —Lo siento Claudio , no es nada personal —dijo como excusándose, pero sus ojos decían otra cosa— No puedes andar por allí con esa información en tu cerebro. —¿Piensas matarme? —No, al menos no todavía —se acercó un poco a la cara de Claudio por encima del escritorio hasta que quedó a centímetros de él— Todavía no sé cuántos sabes o si has hablado con alguien y necesito saberlo y lo sabré, por las buenas o por las malas —le escupió en el rostro. Esa como que fue la señal o la confirmación de que si se quedaba sin hacer nada iba a pasarlo muy mal, encerrado y torturado hasta la muerte por los rusos. Conocía muy bien sus métodos, eran crueles y sanguinarios. Así que se le hizo fácil aplicar sus mejores habilidades para salir ileso de esta situación. En un sólo movimiento golpeó a Iván en la garganta, no para matarlo pero sí para dejarlo aturdido y sin habla un buen tiempo, y tomó la pistola de sobre el escritorio con la mano izquierda mientras que con la derecha asía la silla para enarbolarla como un ariete. Con ella golpeó a dos guardias que lo rodeaban mientras que al otro lo dejó fuera de circulación con una golpe bien dirigido a su yugular. Se movió rápido, sabía que era cuestión de minutos para tener a todo un ejército detrás de él. Antes de salir se acercó a Iván Smirnov que se debatía en el suelo tratando de respirar, lo levantó del piso con ambas manos, eso demostraba su fuerza porque Iván media casi 1.90 metros de estatura y pesaba más de cien kilos. Le miro a los ahora asustados ojos del hombre y habló despacio y bien claro para que pudiera entenderlo. —No me sigas, no me hagas perseguir, si me acorralas te buscaré y te mataré aunque sea lo último que haga —le dijo con fuerza— Sabes que no juego con ésto y si te vuelvo a ver ante mí serás un hombre muerto, te lo juro. ¿Me entendiste bien? Smirnov asintió sin poder hablar, pero el terror se notaba en sus facciones, el sabía muy bien quién era el hombre que tenía adelante, sabía que era con mucho, el mejor agente que hubiera conocido. Y sin embargo lo había subestimado. En ese momento era capaz de prometerme cualquier cosa para que no lo matara, sabía que Claudio cumplía sus amenazas. Asintió de nuevo. —Si no salgo de aquí soy tuyo, si escapo no me sigas… recuérdalo muy bien… Al decir ésto último golpeó al hombre con un certero golpe que lo dejo completamente fuera de combate. Se dirigió rápidamente a la puerta de salida, en la antesala no había nadie pero en el pasillo para entrar estaban los dos sujetos que lo habían requisado al entrar. Se le fueron encima, pero no eran ni medianamente rivales de peso para Claudio, en unos segundos los dejó fuera de combate. Se dirigió rápidamente a la escalera para bajar, la alarma no había sonado aún, eso le daba más ventaja… cuando llegó abajo redujo el paso para no llamar la atención.. ya había recuperado su arma y también se llevó la de Smirnov. Veía pasar a su lado bastante gente pero sin que mostraran ninguna alarma. Ya casi llegaba a la salida cuando sonó la alarma, al parecer uno de los guardias se recuperó rápido de su desmayo y sonó la alarma. De inmediato todo el lugar se puso en movimiento, los guardias pasaban a su lado a toda velocidad y algunos lo miraban de reojo, pero todos tenían un objetivo que no era él. Al llegar a la entrada lo detuvieron, el mes preguntó que qué sucedía, solo pudieron decirle que no sabían y que no podía salir mientras se supiera el motivo de la alarma. «Bien» —se dijo en su mente— «Entonces recurriremos al paso número dos» Palpando su abrigo sintió el detonador, ubicó los interruptores que deseaba y los presionó. Simultáneamente se escucharon dos detonaciones en el piso de arriba. Ésto si desató un auténtico caos en el lugar. Los guardias que estaban allí se olvidaron de él por completo. Salieron a la carrera hacia adentro del edificio. Claudio no perdió tiempo, salió rápidamente del lugar, sin embargo, cuando había recorrido menos de un centenar de metros se escucharon voces miradas que le pedían que regresara. Ya lo esperaba, presionó los botones restantes del control y se escucharon dos detonaciones más, está vez en la planta baja y en la salida del conjunto de oficinas. Claudio siguió caminando rápidamente, estaba consciente de que si lo perseguían tendría muchas desventajas. Además, todas las salidas de Moscú quedarían bloqueadas casi que de inmediato y lo buscarían por todas partes; pero Claudio conocía sus debilidades y los huecos que tenían en su propia seguridad. En poco tiempo estaba en camino ya fuera de Moscú, se dirigía hacia Ucrania de dónde se le haría más fácil escapar. Iba en un camión de abarrotes que abandonaba la ciudad, parecía solo un campesino más. El clima enfriaba y el patrón que conducía el camión se detuvo para ofrecerle una manta la cual aceptó gustoso. La noche se cernía sobre los campos y Claudio solo pensaba, recordaba a su amor y las lágrimas le corrían por las mejillas, era la primera vez que la lloraba. ¡Claudio! La voz de Marcus lo saco de sus recuerdos, tenía las manos apretadas tan fuertes a los brazos del mueble que los nudillos estaban blancos y sus ojos estaban humedecidos. Marcus lo miró con atención. Había tenido que llamarlo varias veces, luego cuando levantó la vista de la computadora lo vió y se asustó de la expresión que tenía en su rostro. Imaginó lo que estaba recordando. Claudio se relajó y volvió a su estado normal en segundos. Levantó la vista y miro a Marcus a alos ojos. —¿Me estabas diciendo algo? —le preguntó rápidamente— Estaba distraído en el pasado. —Lo imagino, viejo —le dijo con ternura— Tengo algunas respuestas. —Bien —dijo— veamos que tienes. Claudio se incorporó para acercarse más al escritorio y poder ver lo que Marcus le señalaba. Cuando éste volteó a la pantalla aprovechó para secar sus ojos húmedos. Una noticia en un diario digital resaltaba en la pantalla
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