Me despierto en una bodega abandonada. Quise moverme, pero me doy cuenta que mi pie tiene una cadena. Estaba encadenada, en un piso frío, sucio, y húmedo. Alguien se queja a mi lado, me doy cuenta que es Armin. Estaba brutalmente golpeado, su rostro estaba manchado de sangre. Trato de ir hacía él, un poco más, y lo giro para que quede boca arriba. Él no está encadenado. —Armin, despierta, por favor —digo, él solo se queja. Veo que abre los ojos poco a poco. —¿Me oyes? Tenemos que salir de aquí... —visualizo el lugar, me era familiar. Una bodega vieja, tanques antiguos de vino, aún tenían el olor a ello. Pongo la cabeza de Armin sobre mis muslos y le acaricio la frente—. Todo es mi culpa. Noto que él me toca la mano, apenas pudo hacer ese movimiento. —Nada es tu culpa, nena, nada es

