Aquella tarde en la playa, marcó mí destino, no tenía pensado qué ese día se iba a convertir en el más maravilloso de mí vida. Y aunque tenía constante mente en mí cabeza de que Paulo y yo éramos de dos mundos diferentes, y que lo único cierto entre nosotros dos por ese momento, era una linda amistad que empezó a crecer desde nuestro encuentro en la playa. También, no me podía olvidar que Paulo era 3 años mayor que yo, y Cristal me lo recordaba a cada instante, ella sabia de sobra lo que es meterse con alguien mayor. Aunque le dije reiterada veces, a Cristal que Paulo y yo no éramos más que amigos, y a ella le constaba que era así, Pero también fue testigo de los cosquilleos en todo mí cuerpo y la sonrisa que brotaba de mis labios sin ningún esfuerzo, cuando escuchaba la voz d

