—¿Es mejor ser un ser sin nada que hacer a alguien quien trabaja? Asintió con convicción —Tienes la elección de hacer lo que quieras cuando quieras pero yo tengo la obligación de trabajar —estuve a punto de protestar cuando alzo un dedo —, no me estoy quejando porque lo hago por ayudar a mis padres sin embargo hay días en los que quiero ser egoísta coger un rumbo sin sentir la presión de que mis decisiones pueden afectar a alguien. —¿A quién? —enseguida me arrepiento, me siento como una entrometida. —Mi padre tiene esclerosis múltiple —aparta la mirada —, se lo detectaron cuando yo tenía dieciséis y estaba a punto de irme a Francia. No necesito ver sus ojos para saber cuán triste se siente, su voz se funde con el sentimiento nostálgico. Y no tengo idea de que decirle. Permanezco en si

