—Solo sigo órdenes, joven amo.
—¡Entonces no lo hagas, yo te no he pedido que me vengas a buscar!—responde alarmado, con los nervios más arriba de la atmósfera—. Si Junggukie llega a ver que un tipo con un carro como este me está hablando, posiblemente imagine que estoy metido con un narcotraficante o que vendo órganos en el mercado n***o, ¿Te imaginas?
Entre las teorías que está creando, comienza andar nuevamente con los brazos medio cruzados y comiéndose las uñas de forma nerviosa.
—Exageras.
—No lo hago, cuando algo se le mete en la cabeza es tan difícil de hacerlo cambiar de parecer, que casi me recuerda a mi madre—farfulla con desagrado ante tal comparación que nada tiene que ver.
—Mocoso—el hombre comienza a seguirlo nuevamente, sin querer ocultar la diversión en su cara. Este niño siempre lo entretiene tanto. Pese a que puede ser divertido gastar su tiempo con él, definitivamente prefiere ir a ver los dramas en la pantalla ultra HD de 110 pulgadas que le espera en la casa de su jefe—, mejor súbete y nos largamos. Yo veo mi drama y tú juegas con tus muñecos, mira que pensar en lo mismo todo los días terminará por enloquecerte. Dios, eres tan exagerado como siempre.
—¡No soy exagerado!—se detiene, mirándolo con los ojos muy abiertos sin creer que diga aquello de esa manera, al él saber perfectamente que no está exagerando—. ¿Olvidaste lo que pasó hace un año? ¡No pude ir a su casa porque a mis padres se les ocurrió ir a Japón solo para comer! Mierda, ¿No son estúpidos? ¡A comer! ¿Acaso aquí no hay suficientes restaurantes japoneses? ¿Por qué tienen que ser tan extremistas de tener que ir a comer a otro país?—se golpea la frente tratando de centrarse en el punto y no seguir divagando como normalmente pasa cuando está estresado—. El punto es que desaparecí sólo por dos días...—continúa.
El hombre rueda lo ojos con fastidio, al saberse esa historia a la perfección de tanto que el menor se ha encargado de recordarla durante todos los días, de todas las semanas, de todos los meses de ese presente año. Sí, TODOS LOS DÍAS.
—¡Pensó que me habían matado y echado a un río!—exclama como paranoico, logrando que algunas personas se alejaran de él con miedo—. Ah... Aún no lo puedo creer, él en serio puso un altar con una puta foto mía. ¡Un altar! ¡COMO LO HACEN CON LOS MUERTOS, VIEJO!—grita de repente, sin poder contenerse—. ¿Luego me llamas exagerado? Pff... Claro.
Comienza andar otra vez, sin ganas de quedarse ahí y que la gente lo siga mirando como si estuviera un poco loco. Aunque ganas de mandarlos al diablo no le faltan.
—Sí, bueno. Quizás Junggukie sí es un poco... Radical, ¿Será que ve muchos dramas? ¿Cuál serán sus favoritos?—indaga. La cara que coloca NaeHyung es como un poema para él, así que opta por callarse y dejarlo ser—. Mira, ya deja los rodeos y sube de una vez. Quiero volver a casa, niño. Tus crisis existenciales las puedes tener en el puesto trasero—incita.
—¡VIEJO VERDE, ESTOY SUFRIENDO!
—Mocoso estúpido, ¡Respétame!—gruñe entre dientes lanzándole una mirada venenosa.
Está completamente cansado de ese apodo que le hace sentir como un verdadero anciano, aun cuando sabe que un hombre de cuarenta no es tan viejo. Bueno, tampoco es que sea tan joven... Pero tampoco es una momia.
«¡Estúpido NaeHyung! Como no eres tú quien tiene que aguantarse los achaques de la edad, te resulta tan fácil recordarme mi situación.»
—¡Eres mi chófer, no tengo motivo para hacerlo!—se queja como un niño mingón.
—Soy tu tutor, ¿No es así? Y si me vuelves a llamar viejo verde te dejaré tirado aquí y verás de qué forma regresas a casa, mocoso tonto—amenaza ceñudo.
—Ya no me asustas—se alza de hombros lleno de desinterés—. Tus amenazas dejaron de ser creíbles cuando las comenzaste a incumplir y mimarme más de lo que la Sra. Lee lo hace. Eres blandido, Dakho. Tal cual como lo es ese oso de peluche gigante el cual ocupa el tercer cuarto a la izquierda, ¿Sabes? No el marrón, no, no, hablo del rosa... Ese que en vez de estar hecho de poliéster fue creado con una suave tela parecida a la seda.
—Ah—gime horrorizado—. Esa es la mayor ofensa que me has hecho, ¿Cómo puedes compararme con ese condenado oso de mierda? ¡Es tan...! ¡TAN FEO! Por Dios, te voy a dejar aquí tirado y volverás en metro a la casa. EN-ME-TRO—dictamina completamente disgustado.
—No eres capaz.
—¿Acaso tienes mala memoria?—pregunta con lentitud, ya con la mano en la palanca de cambio dispuesto a irse de ahí—. No lo sé, pero si fuera tú recordaría aquel día que te quisiste pasar de listillo conmigo y terminaste tomando diez estaciones en metro justo en la hora pico— conmemora, sonriendo de lado ante los ojos amplios del chico.
NaeHyung recuerda perfectamente ese horrible momento en que casi queda embarazado al intentar subir al tren. Se estremece.
—Eres tan cruel—chilla en berrinche—. Mi teléfono se salió de mi bolsillo ese día. Además, ¿Sabes cuántas veces me tocaron el culo mientras me empujaban para poder entrar? ¡Muchas veces! Ah, nunca voy a olvidar que mis zapatos Gucci fueron ensuciados, pisoteados y hasta casi me quitan uno, ¿Te imaginas qué hubiera sucedido conmigo si me quedo sin un zapato?—pregunta con ojos expresivos y haciendo un puchero un segundo después—. ¡Qué vergüenza! Quizás aún estuviera en ese tren y fuera llamado el fantasma de..-
—Ya, ya, he entendido—finalmente lo interrumpe Dakho.
Aun después de dieciocho años a su lado, no logra acostumbrarse a ese lado hablador de NaeHyung que es tan... Pero tan estresante. No sabe cómo es que puede quejarse de que Jimmy es un parlanchín, si es tan parecido.
—Mocoso, no me importa si te hubiesen llamado el fantasma de los zapatos o loco impar Gucci, solo te pido que subas al auto de una vez. Además, tu teléfono no se salió de tu bolsillo, ¡Te lo hurtaron!—regaña, recordando la manera en que llegó ese día todo despeinado y con la ropa desarreglada.
Ese recordatorio innecesario del hurto, logra que el puchero de NaeHyung crezca al acordarse todas las fotos de Jungguk que perdió en ese teléfono al nunca confiar en las asquerosas nubes.
—Me harté, sube al carro que dentro de treinta y seis minutos comienza Goblin y está en el momento decisivo. Vamos, vamos—apura.
—Dios mío, ¡Goblin, Goblin, Goblin! Me tienes hasta la coronilla con ese drama, ¿Qué tan bueno es para que te guste tanto? Es una mierda oírte hablar tanto de la misma cosa—refunfuña.
Antes de hacer perder por completa la paciencia a Dakho, y al estar lo suficientemente alejado de la casa de Jungguk, decide entrar al auto en un veloz movimiento, haciendo que el hombre eleve los vidrios sin demora para salir de allí lo más pronto posible.
—¿Qué te he dicho sobre usar conmigo las groserías que yo mismo te he enseñado?—regaña, observándolo por el retrovisor.
—Lo siento, maestro—murmura lleno de sarcasmo, cruzandose de brazos.
Luego de un rato dentro del vehículo, apenas han podido avanzar un par de metros debido al embotellamiento que consiguen al inicio de la autopista. Esto está consiguiendo que el evidente estrés en Dakho sea visible, al tamborilear sus dedos sobre el volante. Eso hace que las pequeñas risitas por parte de NaeHyung comiencen a llenar el interior del auto cada cuantos segundos al verlo maldecir por llegar tarde; no puede explicar por qué le resulta gracioso, pero le es tan gratificante verlo así, que no se arrepiente de nada en absoluto.
—Veo que te estás divirtiendo, mocoso malvado—suelta él, consiguiendo un «No» hecho con un movimiento de cabeza. ¡Que descarado! Ni siquiera puede hablar o romperá en risa.
La expresión del hombre se relaja un poco al ver a su mocoso feliz y no tan estresado como lo ha estado últimamente, por supuesto que debe retribuir esa felicidad a la presencia de Jungguk.
—¿Qué ha pasado con Jungguk?
—Me cuesta mucho mantener las apariencias con él, ¿Sabes?—confiesa—. Mucho más últimamente que... C-Ciertos pensamientos han llenado mi cabeza de forma insistente y me distraen de lo que es importante.
Titubea al no saber si decir aquello está bien, porque ni siquiera él tiene muy bien claro qué desea exactamente cada vez que esos pensamientos llegan como una bomba.
—Definitivamente no te entiendo, mocoso. Me has dicho miles de veces que Jungguk tiene la misma importancia que Jimmy en tu vida, si eso realmente es así, ¿Por qué simplemente no eres sincero? Dile que cagas dinero y ya está—simplifica de una forma bastante perturbadora, casi, como si no hubiera un camino lleno de obstáculos aterradores detrás de todo esas verdades—. ¿Qué?
—¡No le puedo decir eso, viejo!—se alarma apenas la palabra ''Sincero y dinero'' Llegan a sus oídos en la misma oración. El escalofrío que lo arropa lo hace temblar de forma bastante obvia, haciendo que se incorpore en su sitio y asome su rubia cabellera por el espacio entre ambos puestos delanteros—. ¡No le puedo decir eso, no puedo y no puedo! ¿En qué estás pensando? Yo... Y-Yo he mantenido esto oculto desde que entré a secundaria, no puedo simplemente salir y decir "Ah sí, Jungguk se me había olvidado decirte que ese apartamento que conoces lo compró mi chófer solo para fingir que es mi casa. Que los padres que te presenté aquel día durante el almuerzo, en realidad son mi chófer y su esposa que colaboraron en MI ENGAÑO. Sumándole a eso, que soy ultra rico y me llaman "Joven amo" para dirigirse a mi" Ah~ Espera... ¡NO LE PUEDO DECIR ESO! ¡Me odiaría! En serio me va a odiar ¡MIERDA JUNGGUKIE ME VA A ODIAR!—exclama dramático.
—Ese niño no te va a odiar...—decide decir, tratando con toda su alma el evitar meterle un zape en toda la frente por estar gritando tan fuerte cerca de su oído—, mierda, échate para allá que me vas a reventar el tímpano—pide, cuando nota las intenciones de volver a gritar cerca de él—. Escucha, se ve que le gustas al mocoso cuatro ojos, no te va a odiar por algo así, créeme.
—¿Q-Qué? ¿Qué mierda dices? Eso n-no es cierto, Junggukie jamás me podría mirar de esa forma. Él es una persona demasiado correcta como para yo siquiera imaginar que... Ah, me siento tan estúpido. ¿Es broma verdad? ¿Lo dijiste en broma?—indaga con sus mofletes llenos de aire.
El titubeo en la voz de NaeHyung hace que Dakho lo observe a través del retrovisor, notando el momento preciso que su rostro muestra ese Gay panic del que tanto intenta huir con su personalidad despreocupada. Suelta una risita nerviosa acomodándose bien en su puesto para huir de aquellos ojos mientras su rostro se tiñe de un suave rubor.
El hombre que aún lo mira por el retrovisor de vez en cuando, no puede impedir romper en risa ante la forma tierna que su menor trata de ocultar tras todas esas groserías que aprendió y volvió su vocabulario diario.
—¡N-No te burles de mí, viejo de caca! ¡En serio no puedes jugar con esas cosas, me haces daño! ¡Dime que lamentas jugar con mis sentimientos!—exige con el ceño fruncido.
—La verdad no lo lamento, ya que no estoy jugando—asegura—, es que a veces olvido el chico pasivo y dulce que llevas dentro y la única forma de hacer que salga es mencionando que te gusta Jungguk o viceversa. En serio, cuando hablas así todo rebelde y con groserías casi me creo que realmente eres así, pero en cambio eres tan suave... Así como esos tonos claros que dan paz, tal cual eres tú. ¿Te he dicho que podrías ser actor?
—Eres un maldito—sentencia con amargura. Más todo la rabia se va drenando poco a poco, al percatarse de sus palabras. ¿Gustar de Jungguk? Vaya tontería, no puede negar que es un chico demasiado su tipo, pero es Jungguk—. No es del todo falso... Ser así es parte de mí, al principio quizás sólo fingía pero ya no más. Es Jungguk... Ese estúpido de Jungguk, ¡Ah! ¿Con qué derecho me hace sentir cosas raras? ¡Tengo miedo a ser así de bobo frente él! ¡Perdería toda la credibilidad de chico despreocupado y corrido que trato de llevar!
—Sobre todo corrido—se burla Dakho otra vez—. Oye, ¡Qué complicado te has vuelto! ¿Qué tan difícil es aceptar que el niñito te gusta? Solo termina de admitir que quieres que te dé, y no precisamente clases de álgebra. No es algo malo, eres un mocoso de 17 años que desea perder su virginidad con un chiquillo que es más santo que una paloma—indica con tranquilidad—. Si lo niegas, entonces eres más falso que mis ganas de trabajar.
—No, YO NO...
Hace completo silencio al caer en cuenta que quizás tenga un poco de razón. Otro lindo puchero se forma en sus labios rosas, al no saber cómo manejar esos sentimientos llenos de algo que no puede definir, en acompañamiento de esos otros impulsos por observar el creciente cambio corporal por parte de Jungguk y que tanto lo han hecho hacer cosas de las cuales no se puede sentir completamente arrepentido.
—¿Realmente no es malo? Digo... N-No es que quiera—da rodeos—, solo... No sé, ¡No sé qué esperas que te diga!
—Es obvio que yo no espero que me digas nada, solo deseo que termines de aceptar que te gusta el mocoso y puedas vivir sin engañarte a ti mismo, ya suficiente tienes con engañar al resto del mundo como para que también lo hagas contigo, ¿No crees?.
—No me estás ayudando.
—No quiero ayudarte, quiero que tú mismo te ayudes. Eres un chico saludable y homosexual que apenas se ha tocado un poco por allá atrás...—puede oír con claridad cómo el cuerpo de NaeHyung se mueve de manera extraña en el asiento trasero y muerde su mano para no gritar avergonzado al tener que oír eso de su parte—. Vamos, no te comportes como si fueras un chico inocente, eres lindo y tierno, sí, pero no inocente. Has deseado que el niño conejo te haga suyo... Niégamelo.
—¡Eres tan..!—chilla completamente abochornado—. ¡Está bien, Dakho! ¡Soy un asqueroso enfermo que ha imaginado en los últimos meses cosas sexuales con Jungguk!—termina de sincerarse, siendo su rostro lo más cercano a una luz de navidad ante su desvergüenza.
Pese a lo que imaginó, nada pasa. Dakho solo puede alzar las comisuras de sus labios estando complacido por escucharlo. Su corazón que pensó tendría un paro cardíaco, deja de latir con miedo para llenarse de alivio, y esa sensación de estarse equivocando al aceptar algo como eso, desaparece como por arte de magia.
—¿Por qué me siento tan bien luego de decir eso?
Ah, no me jodas... Eres tan tonto, ¿En serio eres la mejor creación que he hecho?—bufa inconforme, girando sus ojos y centrándose en la carretera—. Así se siente cuando te has quitado de encima un problema, en serio pensabas demasiado sobre la dirección que estaban tomando tus pensamientos pervertidos. Eres bobo a pesar de la cara de zorro que te cargas.
—¿Cara de zorro? Vaya, ¿Cómo se supone que tengo que tomar eso?—se lamenta, cayendo rendido sobre los cómodos puestos de su auto para ver el techo gamuzado. Si, quizás le ha dado demasiado vueltas al asunto con Jungguk y por eso terminó enredándose a sí mismo—. Espera, ¿Lo dices en el sentido de que me veo experimentando?—indaga, cuando al fin halla una explicación viable a lo dicho por el hombre—. Bueno, si es así, ya veo porque tantos quieren conmigo. ¿Tengo cara de fácil acaso? ¿Será que Jungguk piensa que soy fácil? ¡¿Qué pasa si Jungguk realmente tiene una horrible mala impresión de mí, Dakho? ¿Qué digo? Estoy seguro que ni siquiera eso ha pasado por su cabeza, él es demasiado centrado para gastar su tiempo pensando en mí. Dios... No entiendo nada de lo que pasa por mi cabeza... Es tan complicado ser yo.
—Sí que tu mente está jodida...
El hombre sonríe colocando su atención en la calle que ya está despejada desde hace minutos atrás, escuchando aún los susurros sin sentidos venir de NaeHyung.
En cierto modo, aún odia que su mocoso haya tenido que fingir en el pasado y haber tenido que convertirse en lo que ahora es, solo, para intentar protegerse. Todavía recuerda a ese niño puro que llevaba al jardín de infantes y escuela entre sonrisas llenas de felicidad que alegrando su jornada y el de las personas que lo rodeaban, a pesar de todas las cosas que había tenido que experimentar a esa corta edad.
Entonces sin querer empañar esos buenos momento que representan para él una época que debe ser recordada, su mente viaja al instante preciso que la alegría de NaeHyung empezó a borrarse de su pequeño y angelical rostro, para tomar protagonismo una sonrisa que temblaba cada vez que le preguntaban cómo le había ido en sus clases. Recuerda que fue en segundo grado que comenzó a llegar con morados en su cuerpecito por ser tan "rosa" para ser niño. Hematomas que un NaeHyung de 7 años intentó ocultar para no llamar la atención de nadie, pero que con el pasar de los días simplemente eran imposibles de esconder.
Recuerda sus lágrimas, el dolor de tener que vestir sin brillo o de colores pastel, pero fue hasta cuarto grado que toda esa dulzura que poseía fue guardada en algún lugar de su interior, donde le colocó llave y juró no volver a ser débil para nadie más.
Fue exactamente en secundaria que salió ese nuevo NaeHyung. Ese, que solo buscaba la aprobación de las personas de forma inconsciente. Ese, que comenzó hablar distinto y comportarse como un chico problemático para que nadie más se le ocurriera tratar de intimidarlo. Ese, que escondió su sexualidad detrás de una linda chica solo para no ser juzgado. El NaeHyung que decidió ocultar su dinero para poder llamar la atención de las personas por sí mismo y no por una cuenta bancaria.
Allí fue que apreció ese NaeHyung que solo buscaba encajar en un mundo donde jodidamente no encajaba por más que arreglara las piezas disponibles de su puzzle.
Ese es el NaeHyung que está en el puesto trasero debatiéndose qué grado de importancia posee Jungguk. Dakho sonríe con tristeza. Todo eso le sigue pareciendo bastante cruel de soportar, pero como siempre, NaeHyung solo oculta lo que no le agrada en lo profundo de su ser y nadie más que él convive con ello. Pero... Verlo interactuar con el azabachito en los últimos cuatro años le ha hecho comprender que para ese niño de lentes no existen barreras suficientes al tratarse de su mocoso.
Solo espera que no se canse de derribarlas jamás.
—NaeHyung—llama cuando una luz roja se interpone en su camino—. Vive tu vida como quieras, eres joven; si quieres al muchacho para coger, coge. Si lo amas, ámalo. Solo no lo lastimes y te lastimes a ti. Se feliz y deja de fingir si tanto daño te está haciendo. Ese día que conocí a Jungguk me pareció un buen chico... Sé que no soy tu padre...— «te veo como mi padre.» Quiso decir NaeHyung, pero una vez más, las palabras se quedan guardadas en su interior—, pero igual le doy el vistazo bueno, así que manda todo a la mierda y hazlo tuyo—aconseja.
Lo que jamás pensó Dakho, es que NaeHyung tomaría muy en serio esas palabras.
-Hany