¿Qué pides tú? -Alex Ubago.

2968 Words
Capítulo 3 ―¡Ay demonios Fernando, solo está amaneciendo por Dios! ¿Qué quieres que vea? ―pregunto yendo hasta la puerta abrirle a Fernando y este entrando como desesperado. ―Eso… Mira eso, es lo que quiero que veas. ―dijo Fernando haciendo que mirara hacia la ventana. Darío quedo asombrado de aquel amanecer, era una preciosidad el cielo entre rosa, naranja, amarillo y rojo a la vez, que daba una apariencia de un lugar mágico, el azul de sus ojos no podía creer lo que veían. ― Es, es… ¡Hermoso! ―Te lo dije, es una maravilla y los atardeceres es lo más precioso que hayas visto jamás. ―¿Cómo es que nadie ha descubierto este lugar? ―Bueno la zona, aparte que los pocos que lo han hecho no desean que el lugar se propague de gente foránea, el poco acceso al lugar, su geografía, en fin, todo ha contribuido para que pase desapercibido. ―Sin dejar de mirar la vista. ―Sí bueno, pero si hacemos un contrato con el gobierno de crear un fácil acceso y compramos la propiedad esto sería un éxito. ―comento Darío dando la oportunidad al lugar. ―Ya vez te lo dije, que no te vas arrepentir, anda cámbiate desayunamos y vamos a ver el hotel. ―dijo Fernando solo dejando a Darío mirando la vista, para que se terminara de enamorar del lugar. Así lo hizo, se puso unos pantalones de lino, con unas sandalias y una camisa holgada el calor no era como para poder usar traje, solo iban a ver el lugar, el cual en cuanto vio aquella estructura sacada de una novela de época, donde Jane Austen escribiría una novela, ya que el lugar parecía una casa del tipo de sus novelas, con amplios jardines y la entrada como de cuento. Darío solo miraba para todos lados, hasta llegar a uno de los ventanales, ahí estaba la vista a la playa cerca de un acantilado con acceso a una isla, que adornaba por su belleza espectacular de su amplia vegetación. ―Bien ¿Qué te parece? ―pregunto Fernando de estar muy feliz de que el lugar que encontró por casualidad era más que perfecto. ―Bonito, el lugar es excelente, en verdad que me gusta. ―dijo Darío viendo todo lo bueno y lo que podrían hacer con la propiedad. ―Mira ahí viene el dueño. ― saludando con un apretón de manos. ―Señores, sean bienvenidos a mi hotel, espero y les agrade lo que les muestra este lugar. ―dijo el dueño del lugar, donde los hacía entrar hasta el vestíbulo del hotel. ―Sí, señor Bachelet de verdad que es hermoso, solo que su precio me parece excesivo y aun no encuentro ¿Cómo hacer? Para que la gente venga a este lugar a vacacionar. ―Menciono Darío haciendo entender que el acceso para llegar es muy difícil. ―Sabes que esto se venderá solo, es más en este lugar nació una cantante famosa, por si no lo sabían. ―dijo el señor Bachelet para darle realce al lugar. ―Así ¿quién es ella? ―pregunto Darío, pero sin tanto entusiasmo. ―Annell Sevilla. ―Mmm no sé de dónde la he escuchado, pero bueno debe haber más, no sé solo voy a ir a explorar, déjeme ver si me convenzo. ―dijo Darío mirando el encanto del lugar. ―Si vaya, verá que una sola vuelta y le gustara yo sé, si lo vendo es porque de verdad ya no puedo hacerme cargo e invertir aquí para mí ya no es viable, así que con ese dinero me retiraré. ―dijo el dueño a ambos. ―Bien iré a dar una vuelta por la playa ¿Me acompañas Fernando? ―pregunto Darío, ya en el marco de uno de los accesos a la playa. ―No, yo quiero ir a ver al alcalde e ir viendo sobre el acceso, me acompaña señor Bachelet. ―Sí claro, vamos yo soy el más interesado. Darío comenzó a caminar por el acantilado, mirando el lugar en sí era precioso, ya parecía que veía el lugar muy restaurado, con un centro comercial y quizás hasta un campo de golf, el lugar se prestaba para todo eso y más. Annell desde que se despertó había querido ir a caminar a la playa, desde hacía tiempo que no lo hacía, así que después de desayunar decidió que era hora de ir, solo esperaba que nadie la reconociera, quería meditar muchísimas cosas. Se puso un pesquero, con una blusa holgada que dejaba ver su hombro con la caída y parte de su voluptuoso seno solo asomándose un poco, se puso sus gafas de sol y comenzó a caminar, a lo lejos veía el hotel que cuando niña imaginaba que aparecería un príncipe que la rescataría, solo decidió seguir y acercarse un poco. Darío estaba centrado tomando fotos con su cámara, que llevaba cada que compraban un lugar, solo daba clic a la cámara cuando a lo lejos captó a una mujer que venía caminando muy distraída ¡Pero si era hermosa! Comenzó a tomarle un par de fotos sin siquiera pensar, solo era parte del lugar. Al llegar ella, solo la miro y él solo le pregunto. ― Disculpe señorita podría tomar una foto. ―Claro por supuesto. ―Cosa que para ella era cotidiano, Annell se posó en una roca muy sensual. ―¡No! Perdón… Que si usted puede tomar una foto donde este yo. ―comento Darío un poco extrañado por la actitud de Annell. ―¡Oh claro! Solo que quien la tomara, no veo a nadie ―dijo, mirando a todos lados. ―No, usted me la toma a mí, por favor ―hablo Darío solo viendo a Annell como si le hubieran salido dos cabezas. Annell solo sonrió, claro ―dijo tomando la cámara de Darío para enfocar y tomar la foto―. Perdón usted no sabe ¿Quién soy? ―pregunto Annell un poco cohibida. ―No, debía saberlo, me presentó Darío Carusso. ―dijo extendiendo su mano ―Annell, Annell Arévalo, mucho gusto. ―Igual tomando su mano―. Bien, le tomo la foto. ―Oh si ―contesto Darío, acomodándose para posar. Annell miró el lente y vio que él posó, pero de espaldas solo viendo el mar, dando clic a la cámara. ― listo, puede ver si está bien, aunque tome varias para que revise cual le gusta. ―Claro, es usted una excelente fotógrafa, la ha tomado muy bien, sabe que la quisiera recompensar por la foto, que le parece si la invito a cenar. ―dijo Darío con una voz sensual, sin apartar la vista de Annell, que, aunque la acaba de conocer, solo deseaba que aceptara ya que quería saber más de ella. ―A cenar, a mí, bueno qué le digo es que no lo conozco, creo que ese es un detalle que no lo puedo dejar pasar. ―dijo Annell un poco abrumada por la propuesta, aunque la verdad estaba encantada. ―Bueno Annell, ya somos dos, yo tampoco la conozco a usted, qué le parece si en la cena nos conocemos. ―comento Darío con una sonrisa muy pero muy sexy. Para Annell, le pareció asombroso el hecho de que él no supiera ¿Quién era ella? Eso era algo que le llamó mucho la atención y en verdad es que no fingía ¡Él no tenía ni idea de que ella era la famosa Annell Sevilla! Cualquier otro, le hubiera pedido una foto posando juntos o le hubiera hecho el comentario de su nuevo álbum, en fin, algo que le hiciera saber que la reconociera, pero no era así. Así que no quiso pasar la ocasión de pasar por una persona normal, con una actitud normal, con una simple cita para conocer a alguien, así de simple. Annell, ni siquiera había podido ir a su baile de graduación ya que, para esa, ya era una cantante famosa, nunca supo lo que era ir a una cita sin que algún paparazzi le tomara fotos o siquiera tener una relación, sin que la prensa lo supiera. Simplemente poder confiar en alguien, cuando decidió confiar en alguien, esa persona especial vendió la exclusiva de unas fotos un poco comprometedoras a una revista de chisme, así que era la primera vez, que su ilusión de solo pasar desapercibida se iba hacer realidad. Además, el hecho de que Darío Carusso, era un hombre sumamente guapo con un porte que pocas veces había visto y eso que en su mundo había infinidad de hombres, de los cuales podría decirse que eran sumamente guapos, pero Darío tenía algo, que solo quedó prendada de él desde que lo vio. ―Está bien, aceptó donde nos veríamos. ―dijo Annell sonriendo y pensando ≤≤ Solo es una cena ¿Qué podía pasar? Solo que en definitiva Darío supiera ¿Quién es ella?, ¿Qué tan malo podría ser eso? ≥≥ ―Le parece que sea en el hotel de ahí, espero y no le incomode el lugar. ―Comento Darío, solo sin poder dejar de mirarla. ―Oh no, siempre he querido entrar a ese lugar, que parece sacado de una novela de época. ―comento Annell muy entusiasmada que, por primera vez, entraría a ese lugar tan enigmático. ―Perfecto deme su dirección para pasar por usted. ―comento Darío sacando su móvil para anotar su dirección. ―No, mejor yo llego, le parece ―dijo Annell que sabía que si le daba su dirección de inmediato sabría ¿Quién es ella? Y quería retardar ese momento lo más que pudiera. ―Está bien, a las ocho. ―pregunto regalándole una mirada seductora. ―A las ocho será, solo espéreme… ―dijo Annell, solo sonriendo y alejándose del lugar. Annell regresaba a su casa, sin poder quitarse de la cabeza que en la noche tendría una cita, si una cita de la cual, le inquietaba, nunca había tenido una cita como tal y menos con alguien que no la conociera, eso era extraño pero fascinante a la vez. Lo primero que hizo, fue a buscar en su maleta algo para ponerse, pero recordó que solo llevaba ropa holgada, pero tenía solución iría de compras, solo fue y se puso un gorro con unos lentes para que nadie la reconociera. De ahí tomó su camioneta y condujo hasta una ciudad cercana, por dos horas ya que ahí no encontraría nada con lo que pudiera ir a su cita, además quería que fuera como un cuento de hadas, como siempre soñó que sería. Fue y pidió que le arreglaran el cabello, las uñas y la maquillaran, cuando escogió el vestido fue uno corto un poco arriba de la rodilla n***o con destellos plata, con unas zapatillas plata, buscando los accesorios, regreso de sus compras ya casi a las seis de la tarde, cuando iba llegando Matteo la abordo… ―¡Ay hermanita, siempre has sido bonita! Pero como que te arreglaste mucho ¿No crees? aunque déjame decirte que te ves espectacular. ―comento Matteo alabando a su hermana. ―¡Enserio, de verdad lo crees! ―exclamo un poco dudosa de que su hermano le dijera la verdad, aunque parezca que Annell por ser quien es, debería de ser una mujer segura de sí misma, no era así. Ella en sí, tenía muchos problemas de aceptación y de inseguridades, que la misma fama le había provocado. ―Bueno para la reunión de mis amigos, no era necesario que te arreglaras tanto, digo con que te hubieras aparecido así diciendo hola, es más que suficiente. ―comento Matteo, recordando la fiesta que había organizado para hacer saber que Annell Sevilla, era su hermana. ―¡Oh Matteo, se me olvidó por completo! ¿A qué hora los citaste? ―pregunto Annell que de verdad no quería quedar mal con su hermano. ―Bueno a las siete, pero luego tardan en llegar. ―contesto Matteo intuyendo que su hermana no asistirá a la fiesta. -Matteo, lo siento, pero después de las ocho no podré estar, no sé si llegó después. ―dijo Annell excusándose un poco con su hermano, pero de algo estaba segura su cita no la candelaria. ―Bueno, solo preséntate ok, no me dejes tirado. ―dijo Matteo un poco serio. ―No como crees, no creo que mi salida dure más que un par de horas. ―comento solo arrugando la nariz acompañada de una mueca, pensando que regresaría pronto. Bueno está bien, solo llega, si no me harás el hazme reír de todo el mundo. ―dijo Matteo con una sonrisa. Annell, solo subió a darse una ducha para ponerse el vestido y las zapatillas que compró, así como perfume y retocarse un poco el maquillaje, pero hacía falta una cosa, no podía llegar con tremenda camioneta, más que tenía su nombre grabado, necesitaba un auto. Así que bajó hasta la cocina para buscar a su madre. ―Mamá, podrías prestarme tu coche. ―Hija, pero… ¿Para qué quieres mi auto? Si tu camioneta es comodísima. ―pregunto su madre, un poco intrigada por la petición de Annell. ―Mamá, por favor si, solo préstame tu auto es que quiero pasar desapercibida. ―dijo Annell con voz suplicante. ―Hija eso creo que va ser muy difícil, pero si así lo quieres, las llaves están donde siempre, al ponerle atención se percató que iba excesivamente arreglada, como ¿A dónde vas? ―pregunto observando su arreglo, que se veía preciosa. ―Solo iré a una cena con unos amigos de la escuela, como saben que estoy aquí, me invitaron. ―Annell mintió, era que, si le decía que iría a una cita, esta no iba a parar de hacer preguntas y hasta se iba a negar a que fuera, más que no conocía al hombre con quien tendría dicha cita. ―Ah ok, bueno si es así, ahí está el auto úsalo, aunque no entiendo porque quieres pasar desapercibida, pero bueno tú y tus ideas. ―dijo su madre, solo terminando la cena y unas cosas para la fiesta de Matteo. ―Sí, mamita regreso después. Darío por su parte después de estar con Annell, solo fue a ver a Fernando, para arreglar todo lo de la cena… ―Bien a que llegamos. ―Bueno señor Carusso, le digo aquí a su administrador que el precio es razonable, digo es una propiedad grande donde le sacaran muchísimo provecho. ―¿Cuál es el precio? ―pregunto Darío, ―Este anotando la cifra ― mostrando una libreta de notas. ―Bien acepto, solo si me hace un favor. ―dijo Darío, con una sonrisa que pocas veces se le veía. ―Pero Darío, podemos llegar a un mejor arreglo, no te apresures. ―hablo Fernando que pretendía bajar más el precio. ―¡No Fernando el precio es justo! Bien señor Bachelet que me dice, podrá hacerme un favor que necesito. ―Si está en mis manos, cuente con ello ¿Dígame que necesita? ―pregunto el señor Bachelet intrigado. Darío, solo se lo llevó del brazo para una terraza, donde le decía lo que necesitaba, al terminar de hablar con él solo se dieron un apretón de manos y regresó con Fernando… ―Bien entonces dime… Es nuestro. ―Sí, así es, pero vamos que necesito hacer algunas cosas. ―dijo Darío muy sonriente. ―Así, ¿cómo cuáles? ―pregunto Fernando muy intrigado. ―Necesito un traje, porque no traje uno. ― Saliendo de aquel lugar. ―Traje, traje, dijiste traje, pero… ¿Para qué? Darío, Darío, no me dejes, oye cuéntame ¿Qué pasa? ―pregunto Fernando más que intrigado, solo yendo detrás de Darío que caminaba con rumbo al auto. ―Nada, solo vayamos a comprar un traje ¿Hay alguna tienda aquí donde pueda comprar uno? ―pregunto un poco ansioso, subiendo al auto. ―No, creo que tendremos que ir a una ciudad cercana de aquí, pero está a dos horas. ―dijo Fernando que estaba más familiarizado con el pueblo. -Bueno, pues tocará ir, anda vamos que tengo solo hasta las siete para conseguir uno. ―comento Darío, solo comenzando a manejar. Darío Igual que Annell, viajó hasta una ciudad para poder conseguir un Armani, que se acomodara a su cuerpo. La hora de la cena llegaba… Annell, llegaba hasta el hotel donde la recibían unas antorchas encendidas, al estacionar el coche fue hasta la entrada, todo estaba iluminado por velas y Darío con su traje impecable en el vestíbulo de ese lugar esperándola con una rosa… ―Pero que hermosa te ves, realmente me dejas sin palabras. ―dijo admirando la belleza de Annell. ―Gracias, eres muy galante. ―contesto Annell, muy sonriente. ―Pasamos, pedí la cena en una de las terrazas. ― Posando su mano en su espalda, con mucha delicadeza, para llegar a dicha terraza. Los meseros llegaron con una charola con unas copas y champagne para servir. ―Espero y te guste. ―comento ayudándola a sentarse. ―Sí, me encanta gracias, suelo tomarla después de cada prese… digo cada que puedo ya sabes en festividades ¿Cómo es que tienes acceso a este lugar? ―pregunto Annell un poco intrigada, pero más que eso asombrada, ese hotel había estado cerrado por mucho tiempo que nunca pensó poder entrar. ―Bueno, lo acabo de comprar ―hablo Darío con un poco de arrogancia. ―¡Así que, tú eres el que quiere hacer un centro comercial! ―exclamo, un poco asombrada. ―Bueno si, pero lo que más deseo es ser el dueño de tu vida. ―dijo Darío solo mirando la sonrisa de Annell. Continuará…
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