Emiliana Llegamos hasta lo que parecía ser un hotel en el que supuse pasaríamos la noche ante la poca disposición por volver a casa. Me aferré a su brazo durante todo el camino pese a su insistente y perturbador silencio. Algo en mi interior sabía que todavía se encontraba en el trabajo de serenarse, además de que planificaba mentalmente cuáles serían nuestros siguientes destinos al anunciar el abandono de la propiedad principal. Nos asignaron una suite enorme que no me molesté en conocer por completo ya que estaba seriamente centrada en Angelo y sus extrañas acciones. Se aseguró de cerrar la puerta con cuidado y pedir el servicio de comida a la habitación. Su mutismo perturbador se extendió por más rato y presentí que esta vez era por vergüenza. –¿Seguirás ignorándome por el res

