Emiliana Mantener la mente ocupada era la mejor forma de no pensar. Así que me dediqué a jugar con el pequeño Paolo en el jardín durante toda la tarde, hacía muchos años que no tenía una diversión sana como esa y pensé aprovecharla. Jugamos a la pelota hasta caer en el gras rendidos de puro cansancio, nunca imaginé tener una conexión tan rápida y emocional con un niño de apenas cinco años. Su presencia en ese lugar parecía ser un respiro ante todos los sucesos que se me venían encima. –¡Angelo! ¡Angelo! ¡Basta! ¡Para! La voz aterrorizada de Mónica se oyó desde el interior de la casa. El pequeño fue tan valiente como parecían ser todos los de su mismo apellido, así que se puso de pie de inmediato y olvidando el cansancio siguió los gritos de su madre. No dudé en ir tras él por pura pr

