Capitulo 38

2127 Words

Dahlia Soler El monitor cardíaco de Asier marcaba un ritmo constante, un pitido electrónico que se había convertido en el único metrónomo de mi existencia en esa habitación oculta. La luz blanca del amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana metálica, bañando la oficina del doctor Aranda en un tono sepulcral. Me dolía la espalda y sentía los ojos irritados, pero no podía permitirme el lujo de dormir. Tenía la terminal de Asier sobre mis rodillas, conectada a la red satelital que todavía resistía los intentos de bloqueo gubernamentales. Cada vez que una notificación de la bolsa de valores parpadeaba en la pantalla, sentía una punzada de adrenalina que me mantenía despierta. Valenzuela había cumplido. La mentira sobre el traslado del oro había detenido la caída libre de las accio

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