Capítulo 4: Viaje al Reino Enemigo

4045 Words
Tras preparar la maleta con su abuela, fueron a cenar al comedor con la familia real. Su abuelo llegó a mitad de la cena. -Perdonadme, no sabía que iba a tardar tanto.- se disculpó Ali, el abuelo de Maryam, dándole un beso en la frente a su nieta y sentándose al lado de su mujer. -Tranquilo, ¿Ha pasado algo?- preguntó el exdirigente. -No me dejaban sacar las cosas de Maryam de donde se estaba hospedando.- contestó este.- Resulta que los profesores, antes de salir de la Alhambra, contaron si les faltaba algún alumno y se dieron cuenta de que no estaba mi nieta. Esperaron un tiempo, pero Maryan no volvió, por lo que, al no encontrarla, se volvieron locos y denunciaron su desaparición, sin decírselo a sus padres. Al día siguiente de la "desaparición", llamaron a mi hijo y le contaron lo que había ocurrido. - les explico, mientras observaba a Maryam. -Pero, ¿Mis padres saben que estoy aquí?- preguntó la chica preocupada, ya que no sabía si podía comunicarse con sus padres. Zain, al ver lo inquieta que se encontraba, la cogió de la mano, por debajo de la mesa, intentando mostrarle su apoyo, acariciando con cuidado. -Sí tranquila, puedes comunicarte con tus padres siempre que quieras. - le aclaró su abuela. - Además, les avisé cuando llegaste.- le comentó, calmando sus nervios. -Es que todo mal.- exclamó Maryam.- Si desaparece alguien que está a tu cargo, lo primero que se debe hacer si no lo encuentras es avisar a su familia, no esperar un día entero.- protestó aún más indignada. - Me parece surrealista.- protesto, a lo que la familia real asintió, ya que estaban de acuerdo con la chica. -Lo es.- afirmaron sus abuelos a la vez. Se miraron entre ellos y sonrieron. -Cariño, si quieres, cuando acabemos de cenar, llama a tus padres y les pones al día. - le comentó su abuela. Por lo que, tras la cena, Maryam se retiró a su habitación, buscó su móvil en su mochila y llamó al teléfono de casa. -Hola. - saludo Maryan muy efusiva, cuando oyó que habían descolgado el teléfono. - ¡Hola cielo! - saludo a su madre. - ¡Es Maryam!- gritó, a lo que sonaron pasos rápidos a través del altavoz del móvil. -Voy a poner la llamada en manos libres.- le comentó su madre. -Soy yo, no sabía si podía comunicarme por el móvil. - explicó la chica a sus padres. -Sí puedes pequeña.- le aseguró su padre. - Menos mal que tus abuelos nos avisaron nada más llegar tú al palacio. - respondió él. - Nos han llamado del colegio y nos han dicho que habías desaparecido y que iban a hacer una investigación exhaustiva.- le explico la situación. -¿Qué vamos a hacer a partir de ahora?- les preguntó Maryam. -De momento, tú estarás con tus abuelos, que me han dicho que estas haciendo un gran trabajo. - le comentó su padre. - Nosotros, de momento, no nos encargaremos de la denuncia. - -Debes estar tranquila cielo. - la calmó su madre.- Viajaremos para las fiestas, junto a Dione. - - Por cierto, ¿Dónde está Dione?- preguntó Maryam, observando a sus padres por la pantalla, ya que habían cambiado el modo de llamada a videollamada. -Tu hermana está estudiando, dice que se acercan los exámenes finales y que tiene mucho por hacer. - le respondió su padre. - Ya sabes que se está preparando para ser doctora. - -Entonces, saludarla de mi parte y darle todos mis ánimos, que puede hacerlo.- animó Maryam, haciendo reír a sus padres. Tras hablar del tema de la desaparición, la chica les contó lo que estaba haciendo y cómo se sentía con lo que estaba logrando. También, les habló de cierto príncipe. Mientras hablaban, sonaron unos pequeños golpes en la puerta, por lo que Maryam fue a abrir la puerta, con el móvil todavía en la mano. -Hola, ¿Puedo pasar?- preguntó Zain, al otro lado de la puerta. -Claro, pasa. - se apartó la chica de la puerta. -Cariño, preséntanos.- les llamó la atención el padre de la chica, haciendo que ella se sonrojara, mientras observaba la pantalla del teléfono. -Bueno...Papá, Mamá, él es Zain, el príncipe.- les preguntó ella, poniendo el móvil frente al chico, quien miraba el aparato con curiosidad. - Tienes que saludar a la pantalla, mis padres te están saludando desde el otro lado. - le intentó explicar la joven, a lo que el príncipe saludó con un movimiento de cabeza. -Majestad. - saludaron mis padres, inclinándose un poco frente al teléfono. -Encantado de conocerlos por fin, Maryam habla mucho de ustedes y de Dione.- les comentó. -A nosotros también nos ha hablado de usted. - le comentó su madre al príncipe. Este la miro y ella se sonroja. Zain llevó la mano a la mejilla de ella y la acarició. Los padres de la chica, miraban la escena con gran ternura, mientras murmuraban lo bien que se verían de pareja. También, recordaron cómo se parecen a ellos de jóvenes, años atrás. -Bueno princesa, nosotros nos vamos a dormir, que mañana trabajamos. Además, tú tienes que hacer un viaje muy importante mañana.- le dijo su padre, a lo que Maryam asintió y se despidió de ellos, prometiendo que volvería a llamar en cuanto pudiese. Una vez se despidieron, Maryam dejó el teléfono en la mesilla que se encontraba en el lado izquierdo de su cama. Luego, fue a por su pijama, pero Zain la sujetó de la cintura, cuando ella pasaba por su lado y la apegó a él. -No te vayas- hizo un puchero muy tierno. - Quiero abrazarte. - la abrazó más fuerte, intentando retenerla entre sus brazos. -¿Quieres que te haga mimos?- le preguntó Maryam, pasando sus dedos entre las finas hebras de su pelo, haciéndole un masaje en el cuero cabelludo. Y, tras unos minutos, el chico separó la cabeza del estómago de ella. -Si sigues haciéndome mimos me dormiré.- protestó débilmente el chico, mirándola con ojos somnolientos. Maryam se quedó en silencio, pensando qué hacer: si continuaba con las caricias, él se quedaría en su habitación y, eso podría traer problemas y habladurías; pero, si por el contrario le pedía que se fuera, se sentiría mal por decirle que se fuera. Zain, al ver que había dejado de hacerle mimos, se apartó un poco de ella, mirando sus expresiones. Había caído en cuenta de lo que le había dicho y vio que estaba confundida. -Maryam- intentó llamar su atención.- ¿Estás bien? ¿Quieres que me vaya?- preguntó el príncipe, muy preocupado. -Sí, estoy bien.- le contestó ella.-Estaba pensando en que responderte a las preguntas.- -¿En qué piensas?- preguntó Zain. -En que no quiero que te vayas, pero si te quedas nos pueden acusar de que estamos juntos y yo no quiero perjudicarte, ni que piensen mal de mí.- explicó ella. -Yo tampoco me quiero ir, estoy muy cómodo.- dice dejándose caer sobre la cama, apoyándose en las almohadas. Maryam aprovechó que Zain la había soltado y se dirigió al otro lado de la cama para coger su pijama debajo de la almohada. Al sentir el movimiento de las almohadas, el príncipe giró la cabeza en dirección a ella y abrió un ojo. -¿Qué haces?- le preguntó. -Coger el pijama para ir a ponérselo, no voy a dormir con el vestido.- le respondió.- Ahora vuelvo- y se marchó hacia el baño. Una vez dentro del baño, Maryam se intentó poner el pijama, pero al ser un vestido que se cierre por botones, no podía hacerlo ella misma. Así que, avergonzada, salió de la habitación. -Zain, ¿Podrías llamar a mi abuela para que me ayude?- preguntó la chica, a lo que el príncipe se levantó rápido. -¿Ha pasado algo?- preguntó el príncipe, incorporándose muy deprisa, de la cama. -No, solo no me puedo desabrochar el vestido. - le comentó la chica sonrojada. -Voy a ver si está despierta, si no lo está, te ayudo yo en un momento. - le comentó el príncipe, mientras se dirigía a la puerta y, cerraba lentamente. Maryam se quedó esperando un rato, observando el patio de su habitación desde las ventanas, cuando, de repente, alguien la sujetó de la cintura, dándole un susto de muerte. -Tranquila, no grites- le susurró el sultán. -¿Qué está haciendo en mi habitación?- le preguntó ella. -He visto a mi hermano salir de la habitación y quería saber si se encuentra bien. - contestó el hombre. -Estoy bien, hemos estado hablando sobre el viaje de mañana, poniéndonos de acuerdo cómo íbamos a plantear la invitación. - mintió ella, esperanzada de que la dejará tranquila, antes de que viniera Zain. -Deberías estar descansando, mañana es un día duro. - - Lo mismo digo, Majestad. - le contestó ella, desviando la mirada a la puerta, impaciente. El hombre, al ver que la chica no le miraba, dirigió la mirada a donde ella miraba. -¿Esperas a alguien?- le preguntó el sultán. -La verdad es que sí, a mi abuela.- le respondió. -Si es así, mañana nos vemos antes de que nos vayáis, quiero daros algunas directrices. - le comentó él, separándose de la chica, dirigiéndose a la puerta. El sultán le dio una última mirada y salió de la habitación. Maryam, nerviosa, volvió a centrar la mirada en el jardín e intentó meditar para calmarse. No es que el sultán le hubiese hecho algo, sino que sentía que la intimidaba y eso la alteraba. Mientras meditaba, escuchó un pequeño ruido detrás de ella y vio a Zain, entrando muy despacio y en silencio. -Acabo de ver a mi hermano por el pasillo, ¿Ha estado aquí?- a lo que Maryam asintió ya tranquila. -Estoy bien, no te preocupes. Ha aparecido de repente y me ha cogido de la cintura. - le comentó. - Ha dicho que te ha visto salir de la habitación y me ha preguntado que qué hacíamos. - le respondió ella. -Y, ¿Qué le has dicho?- le preguntó Zain, para tener la misma versión, por si preguntaba. -Le he respondido que estábamos poniéndonos de acuerdo en cómo íbamos a plantear la invitación a la reina. - respondió ella, a lo que él asintió. - ¿Mi abuela va a venir?- -No, he ido a mirar y he visto a tus abuelos durmiendo. - le contestó a la chica. -Lo siento, pero tampoco he visto a nadie que te pueda ayudar, pero puedo hacerlo yo, si quieres. - Ella se dio la vuelta y dirigió la mirada hacia el patio, y pensó en la mujer que vio en el mismo lugar. Zain, fue quitando botón por botón, despacio y sin querer mirar mucho, no quería incomodar a la chica. Una vez la quitó todos los botones, casi por inercia, apoyó la mano en la espalda de la chica, a lo que ella dio un respingo. -Perdón, te quería avisar de que ya te he desabrochado los botones.- le comentó él, apartando la mano de la espalda de la chica. Ella, sujetándose la parte del pecho del vestido, se dirigió al baño, agradeciendo mientras caminaba en dirección al baño. Zain, se sentó en la cama, mientras la esperaba, dejándose caer sobre las almohadas. A los pocos minutos, Maryam salió del baño y se dirigió a la cama, encontrándose a Zain dormido. Ella abrió la cama por su lado y se metió en el interior de esta, moviendo al príncipe sin querer, haciendo que se despertara. -Lo siento, no quería despertarte. - le comentó la chica, ya arropada y lista para dormir. -No te preocupes, te estaba esperando.- comentó el chico, levantándose de la cama. Él, procedió a quitarse la ropa, quedándose con unos pantalones finos de color arena y una camisa fina de color blanco. Tras esto, abrió el lado que quedaba libre en la cama y se metió, atrayendo a la chica hacia él, apoyándola sobre sí, para dormir abrazados. Maryam, se apoyó en Zain, rodeando con sus brazos y ocultando su cabeza en el pecho de él. A la mañana siguiente, Fátima fue a despertar a su nieta y se encontró a ambos dormidos profundamente y, con mucho dolor, les tuvo que despertar. -Buenos días a ambos, venía a despertar a Maryam pero, ya que está aquí el príncipe, también le despierto.- Ambos jóvenes se despertaron enseguida, se incorporaron y vieron a la abuela de ella, riéndose de la situación. Ellos se miraron entre ellos y se saludaron, mientras se estiraba tranquilamente. -No es por meteros prisa, pero en media hora, el sultán solicitará vuestra presencia en el comedor, mientras que alguien llevará vuestro equipaje a la carroza. - comentó la señora, saliendo de la habitación, muerta de la risa. -¿Has dormido bien?- le preguntó el príncipe a la chica. -Mejor que nunca, gracias por quedarte.- respondió ella. - ¿Qué tal has dormido tú?- le preguntó. -De maravilla, yo tampoco he dormido nunca mejor que hoy. - le contestó él, acariciando la mejilla sonrojada de Maryan.- Creo que me tengo que ir, debemos prepararnos para ir a hablar con mi hermano, cuando acabe de prepararme, vengo a buscarte. - le comentó Zain, levantándose de la cama y vistiéndose con la ropa del día anterior. Cuando acababa de vestirse, Fátima volvió a entrar en la habitación, con un vestido de color crudo con adornos dorados, acompañado de unos zapatos típicos nazarís. Maryam se dio un baño, se puso el vestido y su abuela la peinó, haciéndole el recogido de la princesa Jasmín de Disney. -Estas preciosa, en el equipaje hay varios vestidos como este pero de otros colores pasteles. También, he añadido un par de túnicas y varios conjuntos de tu ropa interior. - le comentó su abuela. -Gracias abuela, no se que haría sin ti. - le agradeció la chica, abrazándola fuertemente. De repente, sonaron unos golpes en la puerta, Fátima fue a abrir y se encontró a Zain en la puerta, vestido con una túnica beige, con adornos plateados y los zapatos típicos. Ella miró hacia adentro y se dio cuenta de que iban conjuntados, haciéndole reír. -Pasa, está acabando de arreglarse.- comentó la señora, dejando pasar al chico en la habitación. Maryam, se estaba aplicando un poco de maquillaje actual, pero muy sutil. -Vaya, estás hermosa. - exclamó el príncipe, acercándose a ella y dejando un beso en su pelo, no queriendo estropear el maquillaje. -Muchas gracias, tu también te ves bien. - respondió ella, mirándole a través del espejo. Zain observó a la chica, viendo que el vestido que llevaba, continuaba con su atuendo. Tras acabar con el maquillaje, Maryam se levantó del tocador con ayuda del príncipe, quien, al tenerla cerca, la apegó a él y dejó un beso en la comisura de sus labios, sorprendiéndola. Luego, le extendió el brazo, guiándola fuera de la habitación, para ir al comedor, donde desayunaron ambas familias de forma tranquila. Cuando acabaron, el sultán les dio órdenes para conseguir los objetivos marcados, esperando que todo saliera bien. Tanto Maryam como Zain se habían preparado mentalmente y, cuando avisaron que la carroza estaba lista, subieron en ella y partieron para el reino enemigo. Durante el viaje, ambos hablaron de sus cosas, vieron el paisaje y se dieron mimos y caricias. Antes de llegar, Maryam se puso muy nerviosa por lo que venía y Zain, para calmarla, la sujetó de ambas mejillas y se acercó a ella, eliminando la distancia entre ambos y besándola de la forma más lenta posible. El beso era lento, suave y, a la vista de Maryam, fue un beso muy especial, no solo porque era su primer beso, sino porque sentía algo por Zain, algo profundo. Zain, por su parte, había sentido algo único. Nunca había sentido lo que sentía por la chica y, se dio cuenta de que se estaba enamorando de ella, por lo que se juró a sí mismo que la protegería y amaría hasta el último suspiro de su vida. -Vaya- comentó Maryam en shock, una vez que acabó el beso. - Eso no me lo esperaba.- -Lo siento si...- comenzó a responder Zain, siendo interrumpido por los labios de Maryam, quien era la que le besaba ahora mismo. Él, como pudo, continuó el beso y los siguientes a este, siendo interrumpidos por el frenazo de la carroza al llegar al castillo. -Creo que hemos llegado.- comentó la chica, mientras arreglaba un poco su aspecto, para después, colocar correctamente el pelo de Zain. -Me parece que sí, pero antes quiero decirte algo.- le comentó el chico muy nervioso.- Se que nos conocemos desde hace poco, pero siento la necesidad de estar a tu lado. Desde que apareciste en el desierto, fuiste la luz que me guiaba, aunque no nos llevamos bien al principio.- continuó el príncipe, divagando, bajo la atenta mirada de Maryam. - A lo que quiero llegar es... ¿Quieres ser mi pareja?- soltó de sopetón. Ella se quedó en blanco, dejando al chico mirándola preocupado. - Maryam - llamó su atención. -¿Es enserio? - le preguntó ella. Zain, preocupado asintió, a lo que ella se acercó a él y le besó. -¿Te he respondido o necesitas que te responda nuevamente?- Y así, comenzaron a besarse otra vez, siendo interrumpidos por un paje que abrió la puerta de la carroza, sorprendiéndose por la escena. -Perdonadme Majestades, pero la Reina solicita vuestra presencia en la sala del trono.- comentó el joven paje muy nervioso, Maryam le fue a corregir, pero Zain no la dejó. El paje, les dirigió a la sala del trono, donde esperaron en el pasillo hasta que les dejaran pasar. -Estoy muy nerviosa.- le comentó Maryam a Zain, quien la abrazó. -Todo saldrá bien, no te preocupes. Volveremos a casa cuando menos te lo esperes.- Intentó calmarla el príncipe. Dentro de la sala del trono, el paje hablaba con la Reina Isabel, junto con el Gran Capitán y el consejero real. -Mi señora, mensajeros del reino de Granada solicitan una audiencia- le comentó su consejero a la reina Isabel la Católica. -Hágalos pasar, nunca hemos recibido su visita, voluntariamente- ordenó esta. -Como deseáis majestad- se inclinó ante ella, para buscar a sus invitados. Al salir de la sala del trono, el consejero camino por el pasillo, buscando a los recién llegados. - Buenas días, la reina ha aceptado la audiencia con ustedes. Les guiaré hacia la sala del trono. - le comentó el consejo real. -Muchas gracias- respondieron ambos jóvenes, esperanzados de que las cosas salieran bien. Al entrar en la sala del trono, se encontraron con una sala de piedra y, al frente, una señora vestida con un vestido azul bebe con adornos en amarillo pastel les esperaba. Las paredes de los laterales, tenían tapices en rojo y, detrás de la reina, un tapiz con el escudo real, donde aparece un águila blandiendo sus alas, protegiendo el escudo. -Buenas tardes- saludó la reina, a lo que ambos jóvenes se inclinaron ante ella. -Buenas tardes Majestad, soy Maryam Amir, consejera real del sultán Abū 'Abd Allāh Muhammad ibn Abī il-Hasan 'Alī - se presentó Maryam, inclinándose frente a la reina. -Yo soy el príncipe Zain, hermano del sultán Muhammad XII- se presentó el chico, con una reverencia. -Perdonad que os pregunte, pero ¿Qué hacéis en mi reino?- preguntó la monarca. -Venimos a ofreceros un pacto.- comentó Maryam, lo que produjo la sorpresa de la reina, que miró al líder de su ejército, que se encontraba a su derecha. -¿Es un pacto de rendición?- preguntó la señora. -No Majestad, es un pacto de alianza- explicó Maryam. -Acércate, muchacha.- ordenó.- Dame el documento. - Maryam, miro a Zain y espero a que le diera el visto bueno. Él, le hizo un gesto de que avanzará, mientras la observaba con orgullo. Ella se acercó a la reina y le extendió el documento, quien, tras agarrarlo, lo abrió con cuidado y comenzó a leerlo. Tras un rato leyendo, cerró el documentó y miró a los presentes. -Según lo que pone el documento, este acuerdo nos beneficiaría a ambos reinos, de muchas formas posibles.- comentó la reina, pasándole el documento al líder del ejército para que lo leyera. -Es lo que buscamos, que ambos reinos convivan en paz y que dicha alianza nos resulte beneficiosa. - comentó el príncipe, dándole la razón a la reina. Dicho esto, sonaron unos golpes fuertes en la puerta, la cual se abrió de forma brusca, dando paso al rey Fernando el Católico, quien pasó de largo y fue directamente hacia la reina. Se arrodilló ante ella y, luego, le dio un beso en la mano. Después. Se situó en el lado derecho, mandando al otro hombre, colocarse en el lado izquierdo de la reina Isabel. -¿Quiénes sois?- preguntó el recién llegado, sin apartar la vista de Maryam. Tanto el príncipe como la chica se presentaron, inclinándose frente al rey. -¿Cómo es posible que el sultán mande a su hermosa consejera real y a su hermano a ir a hacer un pacto de rendición?- preguntó el rey. -Te equivocas, no es un pacto de rendición, es uno de alianza.- explicó a la reina. - Y, he de decir que es un pacto muy beneficioso.- comentó. -Por cierto Majestad- llamó la atención Maryam.- Le hemos traído unos productos como regalo, unos perfumes con olores característicos de Granada y unos jabones. Algunos son de mi propia colección. - le comentó la chica, ofreciéndole una caja de madera con los productos. -Muchas gracias, es un gran detalle. - agradeció la reina, probándose diferentes perfumes.- Huelen especialmente bien. Creo que cuando vaya a vuestro reino, conseguiré más de estos perfumes. - añadió. -Podemos mandarle los que necesite, de ahora en adelante. Claro, si acepta el pacto.- afirmó la chica, sorprendiendo al príncipe y al rey contrario. -Me parece perfecto.- comentó la reina, riendo de la forma en la que lo había comentado la chica. -La verdad es que es un buen trato.- comentó el rey. - Y, dime preciosa, ¿Vosotros sois pareja?- preguntó esté, mirando a la chica de arriba abajo. -Se podría decir...- y antes de que continuara la frase, Zain se adelantó a ella, respondiendo. -Soy su prometido. - afirmó el príncipe, a lo que el rey les miró fijamente. -Y, ¿Cómo un príncipe ha acabado comprometido con su consejera?- preguntó este último, para después hacer algunos comentarios que molestaron a la chica. -Su relación no es de tu incumbencia.- le recrimina a la reina, viendo lo intimidada que se sentía la chica. Maryam, estaba aguantando las ganas de ponerle en su sitio, porque sabía que si lo hacía perdería la oportunidad de conseguir la alianza, por lo que hizo de tripas corazón y aguantó. -Estáis invitados a comer, me parece muy interesante vuestra forma de ser y me encantaría seguir hablando con usted. -le comentó a Maryam, agarrándola del brazo suavemente y dirigiéndose fuera de la sala del trono. Seguidas de Zain, el Gran Capitán y el Rey. Se dirigieron al comedor, y se sentaron los reyes presidiendo la mesa, al lado derecho de la reina se sentó el Gran Capitán y frente a este, Maryam. Zain, se sentó junto a la chica. Comieron mientras conversaban de forma amena. El menú se componía de numerosos platos de carne, pescado, quesos, pan, verduras y frutas frescas. Dichos platos fueron acompañados por vino, cerveza y agua. Cuando acabaron, decidieron conversar sobre los planes que realizan para formar la alianza, poniéndose de acuerdo en lo que iba a ceder y proporcionar cada reino. Ambas partes quedaron satisfechas, lo que llevó a Maryam a escribir el documento, que luego transcribió a árabe para llevarle una copia del manuscrito al Sultán. Tras horas reunidos, la Reina accedió a darles unos aposentos para que descansaran unos días. Ya que la monarca había preparado un tour guiado para enseñarles el reino, ofrecerles productos y mostrarle las actividades que eran diferentes a las de sus invitados. Les proporcionaron habitaciones distintas, debido a que, a pesar de que estaban "Comprometidos" no estaban casados todavía, lo que significaba que dormirían por separado, aunque Zain se escaparía por la noche a dormir con su pareja.
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