A la mañana siguiente, Maryam se levantó de la cama de golpe, provocando las risas de su abuela, quien sujetaba un vaso de su agua.
-¡Abuela! ¿Por qué me despiertas así?- le preguntó ella, volviendo a dejarse caer sobre la cama y cerrando los ojos.
-Eso sí que no, señorita- su abuela de sus pies, tirando de la cama.
Con el estruendo del golpe, Zain accedió a la habitación y vio la cómica situación.
Maryam se encontraba en el suelo, abrazando una almohada, mientras su abuela la sujetaba de los pies, mientras tiraba hacia atrás.
-Lindo atuendo.- le comentó Zain, quien se encontraba apoyando en el marco de la puerta de la habitación de ella.
-No la elogies, hoy debe ponerse un vestido apropiado de esta época y debemos ponernos en marcha, que hoy tenemos un día lleno de actividades: la visita a la biblioteca real, la explicación de las funciones que debemos realizar, etc. - le comentó la abuela de la chica al príncipe, la cual se dedicó a parlotear mientras se movía por toda la habitación, buscando un vestido y el calzado adecuado y, luego desaparecida tras la puerta del baño, para preparar la bañera de la chica, con pétalos de rosa.
Cuando su abuela se metió al baño, Maryam volvió a cerrar los ojos, con una mueca de dolor, tras la caída.
Zain, mientras Fátima hablaba, se acercó a la chica y, posteriormente, ayudó a Maryam a levantarse, intentando que no apartaban los ojos de los de ella, debido a que se le pegaba la parte superior del pijama a su cuerpo, por el agua.
Maryam, se restregó la cara sin cuidado y, luego estiró su camiseta, algo húmeda por el agua.
-Gracias por ayudarme a levantarme.-
-De nada. - dijo con la mirada hacia abajo el príncipe.
Mariam dirigió la mirada hacia donde él estaba mirando y, comprobó que estaba mirando la zona húmeda de la camiseta.
-¡Oye! ¡No mires!- se quejó ella, tapándose con los brazos la zona.
-Perdóname. - dijo él, buscando una manta para abrirla y que ella se pudiese tapar y quitarse la camiseta.
Ella aceptó la manta, fijándose en que él no llevaba camiseta, dejando a la vista un cuerpo atlético y tonificado.
Maryam, se le quedó mirando sonrojada.
Zain, dirigió su mirada hacia donde miraba la joven y sonrió por el efecto que había producido en ella.
-¿Te llamo la atención?- le preguntó el hombre a Maryam, a lo que ella apartó la mirada de él, más sonrojada aún.
Maryam se alejó del príncipe, dando varios pasos hacia atrás y se acercó al tocador de la habitación. Zain, se aproximó por detrás de ella y se colocó detrás de ella, acariciando sus hombros. Ella levantó la mirada, viendo a ambos a través del espejo, muy cerca el uno del otro, mientras ella buscaba un perfume.
Él, se apretó contra ella y llevó la mano a la cara de ella, acariciándola, también, viéndose a través del espejo.
-Hacéis buena pareja- les comentó la abuela de ella.
-La verdad es que sí- le comentó el príncipe, apartando el pelo del hombro de Maryam y apoyando su cabeza en él.
Fátima se fue acercándose a la puerta de la habitación, y al abrir la puerta, se encontró con el sultán junto a dos guardias, quien observó la escena, con el ceño fruncido.
-Maryam, te espero en veinte minutos en el comedor- le aviso Fátima.
-Me doy prisa.- le aseguro Maryam, pasando por el lateral del príncipe, con el perfume en la mano y se encerró en el baño, donde se dio un baño de pétalos de rosas y se vistió con el precioso vestido que le había traído su abuela.
Luego, se maquilló muy sutil y se echó el perfume que había cogido del tocador, mientras ocurría el momento con Zain.
Al terminar, salió de la habitación, encontrándose con dos guardias armados frente a su puerta, dándole un susto.
-Estamos en su puerta para protegerla, por orden del sultán. Además, la señora Amir nos ha solicitado su presencia en el comedor principal - le comentó uno de los guardias.
Zain salió de su habitación y la vio. A los ojos del príncipe, era la mujer más hermosa que había visto en su vida.
Él se acercó a la chica y le ofreció su brazo. Maryam aceptó el ofrecimiento y se agarró a él, yendo juntos hasta el comedor.
Cuando entraron al lugar, ella observó a su alrededor, mientras seguía enganchada al brazo del príncipe. Era una sala enorme, con una mesa larga, llena de platos: pan con aceite de oliva, aceitunas, uvas, higos y granadas, miel, queso, Tahini y Hummus. Después de beber, había leche, agua, infusiones de hierbas aromáticas y zumos de frutas.
El comedor estaba repleto de cojines, las paredes adornadas de tapices y mosaicos hermosos. Los muebles se encontraban tallados con formas geométricas y diseños florales. En el techo, lámparas colgantes de vidrios de colores daban un toque especial a la sala.
Cuando los jóvenes entraron, llamaron la atención de todos los presentes.
-Buenos días- dijeron ambos jóvenes a la vez. Los abuelos de ella y los padres del príncipe, les miraban y comentaban la buena pareja que hacían ambos. El hermano menor, les daba la razón y sonreía, muy contento de que su hermano fuera feliz en los tiempos que corrían. En silencio se encontraban los sultanes, observando la situación. La esposa principal del sultán los observaba con curiosidad, no entendía como una chica tan joven pudiera aconsejar a su marido.
Por otro lado, el sultán veía la complicidad entre ambos jóvenes con el ceño fruncido, como cada vez que les veía juntos. Él esperaba que Maryam se casara con él, no con su hermano.
Maryam y Zain se sentaron uno frente al otro, uniéndose a la conversación que estaban teniendo en la mesa.
Desayunaron tranquilamente, contando anécdotas y hablando de temas amenos.
Cuando acabaron de desayunar, los ex dirigentes se retiraron a realizar sus actividades rutinarias, junto al hijo menor.
-Cuando estés preparada y te hayan explicado la situación, nos reuniremos para hablar de que vamos ha hacer para mejorar la situación del reino.- le comentó el sultán a Maryam, a lo que la chica asintió, sintiéndose intimidada por la mirada del hombre.
Tras esto, el sultán salió de la sala, junto a su mujer, dejando al príncipe, a Maryam y a sus abuelos en la mesa.
Zain se levantó de la mesa y se despidió de los presentes, decidido a ir a cumplir con sus obligaciones. Pero, antes de irse, se acercó a Maryam, la rodeo con sus brazos y la apegó a él, abrazándola fuerte contra su pecho.
-No te sientas intimidada por él. Si te sientes insegura o te hace algo, haré todo lo posible para protegerte- le susurro Zain, a lo que Maryam asintió conmocionada. - Luego te veo.-
-Hasta luego- se despidió ella, dándole un beso en la mejilla bajo la atenta mirada de sus abuelos, los cuales sonreían ante la escena.
Y, tras esto, el príncipe salió de la sala.
-¿Os lleváis muy bien, no?- le preguntó su abuelo.
-La verdad es que hemos empezado con mal pie, pero me ha ofrecido ayuda y está intentando que me sienta cómoda- le respondió Maryam.
-Además, es guapísimo, ¡Quiero tener bisnietos suyos!- soltó Fátima.
-¡Abuela!- gritó Maryam. - ¡No digas esas cosas!- le regaño la joven. A lo que sus abuelos comenzaron a organizarse a reírse a carcajadas.
Después del ataque de risa, su abuelo se levantó de la mesa y se acercó a ambas mujeres, ofreciéndole a Maryam un cuaderno y un bolígrafo, para que tomara notas.
-Vuelvo esta tarde, voy a ir a buscar tus cosas al hotel- le comentó su abuelo, que le dio un beso en la frente y un beso en los labios a Fátima, antes de marcharse. Ambas mujeres, se acomodaron en la mesa, donde Maryam comenzó a apuntar lo que le explicaba su abuela.
-Empecemos con la explicación- le comentó Fátima a su nieta.- La familia Amir, somos los guardianes de la piedra de la Alhambra, el collar que llevas se encuentra la piedra, que se sirve para viajar al pasado para cumplir un propósito, mejorar la historia y evitar muchos problemas que han ocurrido a lo largo del tiempo-
-Entonces, podemos mejorar los derechos humanos, evitar guerras y mejorar la situación de la mujer. - más afirmo que pregunto Maryam, a lo que su abuela asintió.- Además, podríamos retrasar el cambio climático. -
-Hay una cosa más que debes saber- comentó Fátima.- El collar une nuestra familia con la realeza, no solo siendo sus consejeros, sino que las mujeres de la familia se casan con miembros de su familia.- le explico la señora.
-Pero, ¿Por qué Dione no está comprometida con uno de ellos?- preguntó Maryam.
-Tu hermana era muy joven cuando vino, su viaje de fin de curso fue al norte, por lo que no se pactó nada- le respondió su abuela.
-¿Y yo?- volvió a preguntar Maryam.
-No se ha pactado nada aun, puedes elegir con quien quieres casarte. - le respondió su abuela.-Aunque, creo que ya has elegido.-
-¿A qué te refieres?-
-A que estas muy cercana con cierto príncipe. - le respondió Fátima, con una gran sonrisa.
Y, era verdad, Maryam y el príncipe habían empezado mal, pero la estaba ayudando mucho. Ella estaba comenzando a sentir algo por él, por su forma de actuar con ella y como la protegía.
-Puede que tengas razón, es un gran chico.- sonrió Maryam.- Pero prefiero ver como avanzan las cosas.-
-Cariño, no quiero poner más peso sobre tus hombros, pero quiero que sepas que le atraes al sultán. - le comentó su abuela.
-El sultán está casado. - le contestó Maryam con una mueca extraña. - Además, me intimida mucho, no creo que seamos compatibles.- le argumentó sus puntos de por qué eso estaba mal.
-En eso tienes razón.- afirmó Fátima- En fin, tenemos que ponernos en marcha. Debo enseñarte el palacio, visitar la biblioteca y pensar cómo vas a hacer que la Reina Isabel la Católica. - le enumero su abuela, mientras recogían sus cosas.
Ambas salieron del comedor y comenzaron la visita del palacio. Detrás de ellas, dos guardias las seguían de cerca, para evitar que pudieran ser dañadas en algún ataque.
Vieron las zonas de las habitaciones, recorrieron los jardines y visitaron las caballerizas.
Al entrar en estas últimas, Maryam se dirigió al caballo que le recordaba a Bast y le acarició.
- Creo que me lo quieres robar. - le comentó un hombre detrás de ella.
-Yo creo que me quiere más a mi- le dijo ella a Zain, mientras le hacía mimos al caballo.
-Puede ser. - le respondió él, cogiéndola de la cintura y pegando en él.
-Creo que esto se esta haciendo costumbre.- le respondió ella, apoyando las manos en el pecho de Zain. Él cogió una de las manos de la chica y la besó mientras la miraba a los ojos, lo que produjo que ella se sonrojara.
De repente, oyeron unos pasos que se acercaban a ellos, lo que hizo que Zain se apartara un poco de la chica para ver quién venía. Era el sultán que se acercaba a ellos.
- Majestad- le saludo ella, inclinando su rostro hacia abajo. El hombre, al ver esto, levantó suavemente el mentón y sonrió.
-Creí que estabas en el comedor. - le comentó él.
-Mi abuela me ha explicado las funciones que debo llevar a cabo y me ha enseñado el palacio. - enumeró la chica. - Ahora, íbamos a visitar la biblioteca e iba a pensar cómo se podría reunir con la reina.-
-Creo que deberíamos reunirnos aquí, en el palacio. Y, tener una reunión, privada en el despacho.- propuso el sultán.- Y, deberás estar presente, para buscar el mejor pacto para ambas partes.-
-Creo que tengo las bases de un pacto, pero me gustaría comentarlo en un lugar donde pueda apuntar. - les comente, a lo que ellos asintieron y me llevaron a un despacho.
Mi abuela, nos vio salir de las caballerizas y se acercó a nosotros.
-Fátima, llevamos a tu nieta al despacho para hacer la propuesta del pacto entre ambos reinos. - le avisó el sultán a la abuela de la chica, a lo que ella asintió.
-Vale, me parece bien.- afirmó la mujer.- Por cierto, Majestad, ¿hay hueco en las caballerizas?.-preguntó ella, a lo que su nieta la miró.
-Hay espacio de sobra, ¿Cuántas necesitas?- preguntó el sultán.
-Por lo menos tres, Majestad.- le respondió ella, mirando a su nieta, quien la miraba expectante. Fátima le asintió, y Maryam soltó un grito agudo y abrazó muy fuerte a su abuela.
-Gracias por traerla, la echo mucho de menos.- le agradeció la chica, para separarse de su abuela y hacer un bailecito.
Ambos hombres la miraban con una sonrisa, sin entender muy bien que estaba ocurriendo.
-¡Va a venir Bast!- repetía la joven.
-Me alegro que estés feliz, pero, ¿Quién es Bast?- preguntó el sultán.
-Uy, perdón. Bast es mi yegua.- les explicó ella, algo sonrojada.
-Bueno, al menos no me vas a robar a mi caballo. - le dijo Zain con una sonrisa.- Aunque me hubiese gustado dar un paseo contigo.- le susurro cerca de ella, haciéndola cosquillas en el cuello.
-Bueno, podemos dar un paseo hoy, si quieres claro. - le comentó ella, a lo que el chico la beso en el cuello.
-Me encantará salir contigo.- le dijo el príncipe, para besarle la mejilla. Al separarse, vio a Maryam completamente roja.
El sultán les miraba con el ceño fruncido, él quería estar con Maryam, pero no sabía si lo que él sentía era correspondido.
Se despidieron de Fátima y se dirigieron al despacho. Cuando llegaron, Maryam se quedó impresionada.
Los muebles eran de madera tallada con patrones florales y geométricos. Las paredes tenían tapices preciosos y, en la pared contraria a la entrada del despacho, un enorme balcón, decorado con arcos ojivales.
Había una gran cantidad de alfombras y cojines de colores por la estancia. Y, las vistas eran impresionantes, se veía toda Granada desde aquí.
-¿Te gusta? - le preguntó el sultán detrás de ella, a lo que Zain se acercó a ella y se apoyó detrás, ocultándola de la vista de su hermano.
-Es impresionante. - comentó ella, mirando embobada el paisaje. A lo que Zain, apoyó la cabeza sobre la de ella.
-Bueno, vamos a trabajar.- les interrumpió el sultán.
Ambos jóvenes, se sentaron frente al sultán, y Maryam sacó su cuaderno y el bolígrafo.
-He pensado que podríamos ofrecer respeto y garantizar la libertad de culto para los habitantes de Granada, debido a que hay población cristiana y, para demostrar que somos más tolerantes que ellos, deberíamos tener la elección de a qué culto pertenecemos.- comentó la chica.- Además, al hacer esto, tendríamos el apoyo del Papado, ya que damos elección y ellos son los que nos persiguen a nosotros.- les explicó la chica, dando vueltas a sus ideas para explicarlas de una forma que el sultán las aceptase.
Ambos hombres, empezaron a comentar el primer punto y aceptaron, ya que pensaron que si aceptaban, la Inquisición no haría más daño a su población.
-También se podría ofrecer un tributo o impuesto, para que nuestra población pueda tener autonomía y pueda comerciar. - propuso Maryam.- Además, podríamos pedir protección para cuando nuestro pueblo viaje a su territorio, no sean perseguidos ni asesinados bajo su gobierno.- continuó ella. Los hombres, asienten apoyando sus ideas, viendo cada vez más factible el pacto.
-Estoy de acuerdo con lo que propones, Maryam. Pero, ¿No crees que deberíamos ofrecer algo más que pagarles un tributo?- preguntó el sultán.
-Estaba pensando que se podría ofrecer apoyo militar para futuros conflictos y expansión del territorio.- propuso.
-¿En qué nos beneficiaría proporcionarles nuestras tropas?- preguntó Zain.
-Tendríamos su apoyo por si entramos en guerra con los países del norte de África, podríamos exportar productos, ofrecer servicios médicos, entre otras cosas. - enumero Maryam, convenciendo a ambos. - Y, si aceptan, podemos solicitar garantías de que la población que habita en nuestro territorio, será tratada justamente y no será perseguida. -
Tras argumentar todas las ideas que se iban a tratar en la reunión, el escribano redactó la carta de invitación y el documento del pacto. La carta se escribió en castellano y el pacto se redactó en ambos idiomas, para que cada reino tuviese un documento del pacto.
-Además, podríamos ofrecer jabones y perfumes a la Reina, y así conseguir comerciar con ellos y, darle a conocer medicamentos y explicarle para qué sirven y, que vea lo importante que es tener médicos y boticarios.- añadió Maryam.
-Y, ¿Cómo podríamos mostrarle la importancia de los médicos?- preguntó el sultán.
-Podríamos hacer una visita guiada al hospital y mostrarle a la reina como salvamos vidas. - les explicó Maryam, a lo que Zain la apretó contra él, en un abrazo fuerte.
-Espero que se hayan redactado los documentos correctamente, con todas las ideas expuestas. - solicitó el sultán, al que le pasaron un rollo de papiro con todas las ideas planteadas y se lo ofreció a la chica.
-Revísalo y preparaos para el viaje, mañana llevaréis el documento a la reina. - le encomendó el sultán a Maryam y a Zain.
-No te fallaré, hermano.- se despidió Zain, saliendo de la sala, agarrado de la mano de Maryam, llevándose con él. Ella se despedía del sultán con su mano libre.
Ambos fueron corriendo por los largos pasillos hasta llegar a sus aposentos, donde se despidieron con un abrazo y cada uno entró a su habitación.
Maryam, una vez dentro de su habitación, se encontró con una doncella, que llevaba ropa entre sus brazos.
-Buenas tardes, ¿Necesitas ayuda?- le preguntó Maryam a la chica.
-oh, no hace falta, señora, yo puedo- respondió la chica. - ¿Dónde dejo estas prendas?- preguntó.
-Puedes dejarlas sobre la cama, luego las ordeno- solicitó Maryam.- Por cierto, soy Maryam- se presentó.
-Yo soy Abir- se presentó la doncella.
-Encantada de conocerte. - le sonrió Maryam.- Por cierto, ¿Sabes donde se encuentra la señora Amir?-
-Creo que está en el jardín, con la esposa del sultán y su madre- respondió la chica.
-Muchísimas gracias. Hasta luego, espero verte pronto.- se despidió Maryam, saliendo de su habitación y dirigiéndose al lugar indicado.
Cuando encontró a su abuela, le comentó lo del viaje y volvieron a la habitación para preparar su equipaje.
Al acabar, la puerta de la habitación sonó y al abrir, estaba Abir.
-Señora, señorita, las esperan en el comedor para cenar.- les comentó la joven.
-Muchas gracias Abir, vamos en seguida.- le respondió Fátima, a lo que la chica se fue hacia el comedor, para avisar a la familia real.
Abuela y nieta, salieron juntas de la habitación, agarradas la una a la otra, sosteniéndose del brazo.
-Abuela, estoy nerviosa. Espero que la negociación salga bien.- comentó Maryam a su abuela.
-Todo saldrá bien. Te mandaré fuerzas desde aquí. - le tranquilizó Fátima, acariciando la cara a su nieta.