Maryam, apareció en un desierto, muy parecido al de su sueño. Fue caminando por el desierto, cuando vio que unos hombres a caballo la perseguían.
Salió corriendo por el desierto, mientras pensaba lo peor: que acabaría siendo violada o asesinada, en medio del lugar.
Mientras ella trataba de no rodar por las dunas, dos de los hombres se bajaron de los caballos, llegaron a ella y, con gran facilidad, uno de ellos la levantó por la espalda. Ella, al verse atrapada, comenzó a patalear intentando zafarse de los, en comparación a ella, enormes brazos de aquel hombre.
Este, hizo más presión, no para hacer daño a la chica, sino para inmovilizarla y, cuando vio que Maryam se calmó, la giró entre sus brazos para verle la cara a ella.
-No voy a hacerte daño- El hombre se fue quitando parte del turbante que cubría su rostro. - Cuando nos has visto, has comenzado a correr, sin darnos la oportunidad de comprobar si estabas bien- le comentó el hombre que la retenía, mientras mantenía a Maryam en esa posición.
-¿Y qué esperabas?¿Qué me pusiera a esperar a que me hicierais algo?- pregunto ella, muy extasiada, mirando el al hombre que la sujetaba.
-Yo tendría cuidado de cómo se dirige así, señorita, ni que no conociera al príncipe heredero de este reino.- le comentó un hombre, que estaba posicionado detrás del supuesto príncipe, bajando de un caballo oscuro, junto a un señor, que aparentaba ser el más longevo. Al lado del hombre que la retenía, se encontraba un chico que parecía de su edad.
Ella se quedó pensando, en su tiempo, que el rey era otro hombre y no se parecía en nada a ninguno de los hombres presentes.
Presa de la histeria, comenzó a pellizcarse, asombrando a los hombres con esta acción, recordándoles a una mujer que conocían perfectamente.
-Te ordeno que pares de hacerte daño- se acercó el joven a la chica y la rodeo con sus brazos otra vez, intentando frenar el daño que se estaba provocando Maryam.
-¿Quien te crees que eres para darme ordenes?- protestó Maryam al chico, levantando su mentón y cuadrando sus hombros.- Tengo 16 años y pararé de pellizcarme cuando yo considere- le contestó ella.
Los hombres, sorprendidos por la fortaleza de la chica y sus acciones, se alejaron, marcando la distancia con ella.
Incluso la mujer que vivía en el palacio, no era tan impertinente como la chica que tenían enfrente.
Tras llevar un rato bajo el calor del desierto, Maryam decidió que, como la temperatura era tan alta y, como había hecho un gran esfuerzo, el calor que tenía ya no era soportable para ella. Maryam, comenzó a quitarse la chaqueta que llevaba, quedando en una camiseta de manga corta de color morada y se ató la chaqueta en la cintura.
Los hombres, atónitos, debido a que no se solía ver tanta piel libre de tela en una mujer, se alteraron y lanzaron improperios mientras se quitaban las telas de sus turbantes e intentaban tapar a la chica. Maryam, mientras ellos intentaban taparla, ella los esquivaba como podía, muerta de calor y cansancio.
Ella, evitando que se le acercaran, se fue hacia los caballos y eligió un caballo n***o, con largas crines onduladas, que le recordaron a Bast, su preciosa yegua. Una yegua de r**a frisón, que hacía que Maryam pareciera una pulga cuando cabalga con ella,
Se acercó al animal y, con sumo cuidado, puso la mano frente a la cara del caballo y esperó. El caballo se acercó hacia ella, bajo la atenta mirada de los hombres.
El caballo, normalmente era esquivo y no dejaba que personas desconocidas se acercaran a él y le tocasen, pero con Maryam era diferente. Se acercó a ella e incluso se dejó acariciar, hizo una especie de saludo y se inclinó un poco para que ella pudiera subir. Una vez que ella se montó, el caballo se incorporó y se puso de pie, sobre sus patas traseras.
Este hecho, provocó la risa de la joven y las miradas asustadas del grupo de hombres. Maryam, soltó las riendas del caballo y se inclinó para estar cerca de de sus orejas y le susurró algo. Y, de repente, el caballo se apartó de los presentes y comenzó a galopar hacia el lado contrario al que estaban ellos.
-Creo que te acaba de robar el caballo, hermano. Esta situación se vuelve cada vez más interesante. - le comentó el menor de los hermanos, mientras le daba unas palmadas en el hombro y, se acercaba a su caballo para luego estirar la mano hacia su hermano mayor, que no dejaba de mirar hacia la dirección por donde se alejaba la preciosa mujer, con su caballo.
Zain, agarró la mano de su hermano, que comenzó la búsqueda de la muchacha, junto a su padre y al jefe de su guardia.
Maryam, iba bastante adelantada en su travesía. Divisó una ciudad a lo lejos y se apresuró un poco al caballo, ya que, al mirar hacia atrás, vio que la estaban siguiendo otra vez.
Tiempo después, llegó a la ciudad y las personas que andaban por las calles de esta, se asombraron al ver a una joven mujer sobre el caballo del príncipe heredero y comenzaron a cerrarle el paso. Este hecho, les dio tiempo a los príncipes a llegar a la ciudad y a ella, desesperada por escapar, soltó las riendas del caballo y se puso de pie sobre los estribos, mirando alrededor por si había alguna forma de escapar.
Sobre ella, había unas telas que hacían de tejadillo del mercado. Maryam, se puso de pies sobre la montura del caballo, intentando no poner mucho peso sobre este y, se alzó para agarrar una de las telas.
Cuando estaba por tocarla, una flecha le rozó la mano y se clavó en la pared frente a ella. Maryam, apartó corriendo la mano de la tela y comprobó si había sufrido algún daño y sí, tenía corte, del que salía un poco de sangre. Ella se llevó la mano a la boca, y pasó sus labios sobre el corte, limpiando la sangre.
Maryam, una vez que se curó el corte, observó su situación y vio a un hombre situado sobre el puente de la puerta principal, vestido de prendas oscuras, que la apuntaba con otra flecha, esperando a disparar. También, observó a su alrededor, viendo a los dos príncipes allí, parados cerca de ella.
Los príncipes, quienes habían llegado hacía unos minutos, cuando los habitantes de la región retenían a su caballo, vieron toda la escena de la chica. Zain no podía dejar de mirarla, incluso, cuando Maryam se llevó la mano a los labios, deseo ser quien limpiara su sangre.
El menor, se acercó al caballo de su hermano y Zain, se alzó sobre el asiento del caballo de su hermano y se pasó a su caballo, colocándose correctamente, atrayendo a Maryam hacia él, provocando que cayera sentada sobre él, soltando un grito agudo.
Él la sujetó fuertemente evitando que se cayera del caballo. La gente, al ver lo que hacía su príncipe, se apartó, dejando el camino libre para que pudieran pasar, lo que provocó la indignación de Maryam.
Ella miró hacia lo alto del puente y no había rastro del hombre que le había disparado la flecha.
Ambos príncipes se dirigieron hacia el palacio, junto a una Maryam con una expresión de indignación y el ceño fruncido.
Al rato, cruzaron las puertas del palacio y atravesaron los enormes jardines, los cuales sorprendieron a Maryam, ya que le parecía que había recorrido estos con anterioridad. Ella sentía una gran familiaridad al recorrer dichos jardines y dirigirse al palacio.
Llegaron a una zona donde les esperaban unos hombres que sujetaron a los caballos mientras los príncipes desmontaban. Zain, se situó al lado derecho del caballo tras desmontar, alzando los brazos hacia Maryam, esperando que ella decidiera bajar.
En cambio, le miró desde arriba, se inclinó sobre el cuello del caballo y le acarició, apartando las crines del flequillo del caballo de las bridas y aflojando las correas de estas. Luego, se volvió a sentar en la montura y sacó los pies de los estribos.
- ¿Te puedes apartar?- le preguntó la chica al príncipe. - Necesito espacio para bajar. - le comento ella. El príncipe se apartó un poco del caballo, extrañado por lo que le dijo.
Maryam, se volvió a inclinar sobre el caballo y pasó la pierna derecha por encima de la montura. Mientras se apoyaba en la silla, hizo fuerza con el pie izquierdo y dejó caer la pierna derecha, quedando medio colgada de la montura hasta que toco algo con el pie, donde lo apoyó y se sacó el pie del otro estribo, dejándose caer, sobre una escalera, la cual había puesto alguien para evitar su caída.
- No es Bast, es más alto, por lo que la caída hubiera dolido.- le comentó alguien a su espalda.
-Gracias- comentó ella sorprendida de haber escuchado a su abuela, Maryam sacudió la cabeza conmocionada, ya que no sabía nada de su abuela desde su cumpleaños.
La joven, tras recuperarse de su conmoción, se giró lentamente, con miedo de encontrarse en peligro, con personas esperando para asesinarla o algo así. En cambio, se encontró con su abuela, abrazando a los príncipes.
¿Cómo es posible?- preguntó Maryam a la nada, llamando la atención de los tres.
La mujer de cabellos plateados se acercó a la chica con los brazos abiertos, esperando que la chica la abrazará, la cual se lanzó hacia ella, apretando el abrazo. Ambos chicos, observaron la situación desde cierta distancia, a lo que un hombre vestido de n***o se acercó a ellos y se pusieron a hablar entre ellos, sin dejar de mirar a ambas mujeres.
-Mi niña, te he echado tanto de menos- le dijo la señora a su nieta, mientras le acariciaba el cabello.
- Abuela- dijo Maryam, escondiéndose en el cuerpo de su abuela. - ¿Cómo es posible que estés aquí?- le preguntó a su abuela, apartándose de su abuela, mirándola con una ceja alzada.
-Bueno cariño, tengo mucho que explicarte- la cogió de la mano y la arrastró hacia los hombres. - Zain, cambia esa cara, te saldrán arrugas- le dijo al chico, pasando su mano libre por la frente de este, para después dirigirse al palacio, arrastrando a la chica. -Por cierto, no te lo tomes a mal, es muy independiente- le comentó la mujer mientras se alejaban.
-¡Abuela!- le recriminó Maryam, mientras se dejaba arrastrar por su abuela hacia el palacio, que se le hacía cada vez más familiar.
Una vez ambas mujeres se alejaron, los príncipes, les dijeron a los mozos que llevaran los caballos a los establos.
-Vaya chica.- le comentó el hombre que vestía con prendas oscuras a su amigo.
-Ya te digo- le afirmó Zain a su mejor amigo. -Por cierto, gracias por fallar el tiro, no quería que estuviera herida.- le comento el príncipe.
-No tienes por que darme las gracias, no quería darla, solamente quería evitar que tirara de la tela. Los habitantes deben estar hartos de tener que colocar todo cada vez que los guardias entramos en escena- le dijo al príncipe, apoyando su mano sobre el hombro de este.
Fátima llevo a su nieta hacia la entrada del palacio, donde les esperaban su marido y los gobernantes del reino, y, Maryam lo vio por fin, estaba en la Alhambra.
-Buenas tardes, ya estoy aquí. - comentó Fátima. Su marido, al ver a la joven detrás de ella, se acercó a ambas y abrazó a la más joven, ocultándose, sin querer de la vista de los gobernantes.
-Majestades, mi nieta Maryam, es la última portadora de la piedra. - les explico Fátima a los sultanes mientras los saludaba.
Al mismo tiempo que esto ocurría, los príncipes junto al hombre de ropas oscuras, se acercaron al grupo de gente.
El abuelo de Maryam, se puso detrás de ella, cómo si estuviera protegiéndola de todos y ella, saludó a los sultanes, los cuales no parecían ser mucho mayores que ella, por lo menos, la mujer.
Estuvieron conversando un tiempo, cuando aparecieron los hombres que Maryam había visto en el desierto, el cual, Maryam pensó que podía ser el desierto de Almería.
-Padre, me alegro de que hayas salido de palacio- le comento el sultán a uno de los hombres, por lo que, Maryam se dio cuenta de que el sultán no era padre de Zain, sino su hermano mayor.
-Hemos ido a buscar hombres valientes que luchen a favor nuestro en contra de los cristianos- comento el antiguo sultán muy extasiado.
Maryam,al oir esto, se apegó más a su abuelo y, disimuladamente, le preguntó el año en el que estaban.
-Estamos en 1492, antes de que ocurra la pérdida de Granada como reino.- le explicó su abuelo.
-¿Se puede cambiar el futuro?- le preguntó Maryam, pensando que si el reino cambiaba de sultán, a lo mejor se conseguía cambiar el futuro y mejorar la historia.
-Nada está escrito pequeña, se puede intentar- le comentó su abuelo, a lo que ella asintió.
-Estamos encantados de conocerte por fin, Maryam. Tus abuelos nos han hablado mucho de ti y esperamos que nos puedas ayudar a mejorar la situación- le dijo el sultán, acercándose a ella para sostener su mano y besarle el dorso de esta. Maryam, al no estar acostumbrada a esto, se sonrojo, provocando la sonrisa de los adultos y una mirada con el ceño fruncido por parte de Zain y de su mejor amigo, quienes se encontraban cerca de ella, en un lateral.
-Encantada- contestó Maryam, todavía sonrojada.
Zain se acercó por detrás de ella y puso su mano en la cintura de ella, apegándose a él, intentando apartarla de su hermano mayor.
- Estoy muy feliz de haber conseguido aliados.- le comentó Zain a su hermano.
-¿Qué haremos ahora? No puedo permitir que se queden impunes cuando el bando contrario quiere guerra.-comento el sultán.
-Creo que deberíamos atacar, han sido ellos los que han comenzado la guerra, quitándonos nuestras tierras- comentó el padre de los jóvenes.
Y los hombres comenzaron a discutir lo que iban a hacer, con Maryam en medio de la conversación, siendo abrazada por Zain.
-Creo que deberíamos conseguir un gran ejército.- les comentó el abuelo de Maryam, a lo que ella asintió.
El resto de hombres jóvenes, al ver como ella asentía con un semblante pensativo, pidieron su opinión. El único que comenzó a protestar fue el antiguo regente.
-Maryam y sus abuelos pertenecen al futuro, por lo que nos pueden ayudar a no perder el reino- le contestó el sultán a su padre.
-Pero es una mujer- protestó el hombre mayor.
- Los Amir son nuestros consejeros reales, y, normalmente, sus hijas se emparejan con alguno de los nuestros.- le recordó el sultán.
-Lo sé, pero no podemos darle tanto poder sobre nosotros, somos los líderes del reino y, ella solo puede opinar- zanjó el tema el exmandatario.
-Yo creo que debemos darle voto, debemos salvar el reino.- les respondió Zain, poniendo a la chica detrás de él, protegiéndola de su padre.
-Que habla- ordenó el sultán.
Maryam, se alejó de Zain y se acercó a su abuelo, dejando al chico, un tano molesto.
-¿Crees que debería contarles todo?- le pregunto en un susurro a su abuelo.
-Creo que es lo mejor, si queremos que la historia cambie- le respondió su abuelo.
-Vale, os cuento lo que pasa y las consecuencias que ha tenido- les indico Maryam a los hombres, los cuales asintieron. - Bueno, sabéis que existe una guerra entre el reino musulmán y el reino cristiano.- comentó, a lo que ellos asintieron. -Vale, desde el siglo VII, los musulmanes ocupaban gran parte de España, pero fueron perdiendo territorio hasta que en 1492, el reino de Granada fue conquistado y fue anexionado al reino cristiano. El sultán fue encarcelado y, posteriormente, liberado. Algunas de las causas de que se perdiera el reino fueron varias- explicó la chica.
1.La Reconquista: fue un proceso de varios siglos, donde los reinos cristianos fueron conquistando territorio hacia el sur de la Península. El Reino de Granada fue el último territorio por conquistar por los Reyes Católicos.
2.Mientras ocurría la conquista de Granada, la propia población estaba dividida por motivos internos, lo que provocó una debilidad defensa del reino.
3.Los Reyes Católicos se aliaron con otros reinos cristianos de la Península y de otros países, como Francia.
La caída del Reino de Granada se realizó mediante un asedio constante hasta que el sultán se rindió. Esto provocó que se asegurara un Estado unificado bajo el matrimonio de los reyes y la unión con Castilla y Aragón, que les permitió reunir los recursos para conquistar el Reino de Granada. También se expulsó a los judíos en la Diáspora Sefardí.
4.En el ámbito religioso, tras la conquista, la Iglesia expulsó a los musulmanes e implantó el cristianismo como única religión.
El año 1492, también fue importante porque Cristóbal Colón descubrió América, financiado por los Reyes Católicos.- fue enumerando la joven, explicando punto por punto lo que ocurrió.
- Y, ¿Qué propones?- preguntó el sultán.
-Podríamos intentar convivir, de esta forma estaríamos ambos reinos más unidos y evitaremos las guerras. Es verdad que a nivel político, ambos reinos son muy distintos, pero el Reino de Granada debería estar mejor gobernada- soltó la chica, arrepintiéndose enseguida. - Me he explicado mal, es una época difícil, con numerosos problemas y no tienes apoyos del extranjero.- explicó la chica. - Además, el reino está bajo un bloqueo comercial bajo impuestos impuestos por los Reyes Católicos. - añadió Maryam.
-Y, ¿Cómo revertimos la situación?- preguntó pensativo Zain.
-Habría que buscar aliados extranjeros y lo más cerca posible es el norte de África, ya que Oriente Medio se encuentra muy lejos y no llegaríamos a tiempo. También, se podría hacer una alianza con el imperio Otomano, debido a que les interesa el Mediterráneo. - comentó el abuelo de Maryam, a lo que los príncipes y el sultán asintieron con interés.
-Además, se podría solicitar una ayuda diplomática con el Papado, debido a que la Iglesia Católica tiene un papel significativo en la política europea, y negociar con los Reyes Católicos de forma pacifica. - prosiguió explicando Maryam.
-Creo que es factible. - comentó el sultán.
-Estoy de acuerdo- contestaron los príncipes.
-Si es por mantener el Reino, se hará.- se resigno el exmandatario.-Pero, ¿Cómo empezamos?- preguntó.
-Deberían solucionarse los problemas internos, antes de viajar a otros países. Además, si se soluciona, ya habrá una mayor defensa y se podrá negociar con los Reyes Católicos.- comentó Maryam, la cual fue apretujada entre los brazos del príncipe.
-Zain, me aplastas- protestó la chica.
-Perdón, me emocione- le sonrió el chico.
-Creo que deberíamos enseñarle a Maryam el palacio y sus aposentos. Además, seguro que necesita descansar y reponer fuerzas. - comentó el menor de los príncipes, al ver que la joven, daba un pequeño bostezo y se frotaba los ojos, llenando de ternura a los presentes.
-¿Qué pasa?- preguntó una vez desperezada.
-Eres preciosa- comentó Zain, haciendo que Maryam se sonrojara.
El Sultán y ambos príncipes la acompañaron a sus aposentos, mostrándole todas las estancias del palacio al pasar por ellas para llegar a su destino.
Al llegar, empujaron las enormes puertas de madera maciza y guiaron a Maryan hacia el interior de la habitación, donde había una cama de matrimonio con dosel, con una mesilla a cada lado de la cama. Al lado de la puerta de entrada, un enorme armario con tiradores plateados, ocupaba parte de la pared y, cerca de ahí, otra puerta que Maryam supuso que sería el baño. Frente a la cama, un gran escritorio con una silla con cojines y a la derecha de este, una estantería enorme, repleta de libros. Al lado izquierdo de la cama, una puerta muy decorada, daba paso a un patio, el patio de su sueño.
- Creo que deberíamos dejarla descansar- comentó el hermano menor.
-Tienes razón, mandaré que te traigan algo de cenar- le comentó el sultán a la chica, quien no paraba de bostezar disimuladamente.
Zain, se acercó a ella y le cogió la cara entre sus manos, para después darle un beso en la frente e irse tras sus hermanos, quienes habían observado la escena desde la puerta.
Él, al salir, cerró la puerta lentamente, guiñándole un ojo a Maryan, que se encontraba en medio de la habitación, completamente sonrojada por lo que acababa de ocurrir.
Cuando la puerta se cerró, ella se acercó al armario y al abrirlo, vio ropa de ella, de su tiempo. Extrañada, cogió uno de los pijamas y se preparó para irse a la cama. Tras esto, sin pensárselo dos veces, se dejó caer sobre esta y se durmió.