Capitulo 06
Luego de una hora, llegamos a la mansión de Carsten y entramos, llevaba los tacones en las manos ya que me los había quitado para correr mejor.
Me siento mareada y tengo nauseas. Salgo disparada para el baño, dejando a Carsten atrás. Cuando llego al baño abro el retrete y vomito todo lo que había en mi estómago.
Carsten llega y me agarra el pelo mientras me soba la espalda, me levando y me dirijo a cepillarme los dientes mientras Carsten sigue ahí, observándome. Cuando me lavo los dientes cierro la llave y me dispongo a salir del baño pero me da un mareo y casi caigo de no ser por Carsten, que me sostuvo rápidamente para impedir que me cayera al piso.
Me reincorporo y cuando intento dar un paso me vuelvo a marear pero Carsten me tiene agarrada de la cintura. Al ver que no puedo caminar por si sola, me carga hasta llegar a mi habitación, me recuesta en la cama y se sienta a mi lado.
—¿Te encuentras bien? -pregunta un poco preocupado.
—Me duele la cabeza y me siento un poco mareada pero fue por el alcohol, bebí un poco de mas -contesto sentándome en la cama.
—Gracias por lo de hace rato. Si no habría sido por ti me habrían disparado -dice con voz suave.
Me cruzo con esos ojos que me hipnotizan y me pierdo en ellos. No me canso de ver esos misteriosos ojos, son hermosos y no me cansare de decirlo.
—De nada -respondí dándole una sonrisa —era tu vida o la de el, y sin ti me hubiesen matado -me burlo.
A Carsten se le escapó una risita y me sonroje al verlo sonreír -¿ya había dicho el efecto que tiene su sonrisa en mi? -bajo la cabeza con vergüenza, no puedo negar que se me hace atractivo pero no puedo dejar que el note que me gusta.
—Buen punto, pero no dejaste que me mataran porque no podrías vivir sin mi -dice sonriendo de nuevo -tal vez crees que no se que te gusto.
La sangre se me acumula en las mejillas y desvío la mirada para que no viera lo que había causado en mi sus palabras.
—¿Que dices? No creas que soy como las putas que te follas a cada instante -respondo un poco irritada y con vergüenza.
—Sabes muy bien lo que te digo, no te hagas la que no sabe -dice riendo —no serás puta pero si quieres que te folle duro.
—Cállate, deja de decir estupideces y sal de aquí, quiero dormir, tengo mucho sueño -digo bostezando falsamente.
—Está bien, me voy, pero cuando dejes de ser tan orgullosa me vas a pedir que te folle hasta que no puedas más -me dice para doce de la cama con una sonrisa en la cara.
—¡Shu, shu! Sal de aquí -digo acostándome nuevamente.
Carsten se ríe y sale de mi habitación cerrando la puerta detrás de él. Es tan imbécil pero sigue siendo estúpidamente hermoso.
Si quiero que me folles duro Carsten.
Me estoy volviendo loca por este hombre, oh Dios. En una sola semana ha logrado dejarme babeando por el. Sus misteriosos ojos, Su sonrisa moja bragas, esos trajes que siempre usa, simplemente el, me trae loca. Después de unos minutos pensando en Carsten, me quedo dormida.
A la mañana siguiente.
Me levanto con un dolor inmenso en la cabeza, voy al baño y me ducho, me lavo el pelo y después de unos minutos salgo de la ducha y me secó el pelo con una toalla. Voy directo al closet y optó por ponerme un top y unos jeans azules con unas vans.
Después de vestirme bajo a desayunar, cuando llego a la mesa Carsten está ahí sentado utilizan su tablet, como siempre.
Me siento en el comedor y María llega.
—Hola mi niña, ¿que quieres para desayunar? -pregunta con una sonrisa simpática.
—Hola, María. No quiero nada para comer, quería saber ¿si usted tiene alguna pastilla para el dolor de cabeza? -le preguntó.
—Si mi niña, ya te la traigo -dice ella para irse por la pastilla.
—¿Por que no vas a desayunar? -pregunta Carsten mirándome con el ceño fruncido.
—Porque no me apetece -respondo obvia.
—Tienes que comer para que luego no te enfermes -me dice rodando los ojos y volviendo a atender su tablet.
—Okey, pero cuando me apetezca -contesto mirando hacia otro lado.
Luego de unos diez minutos vuelve Maria con una bandeja en las manos, había un jugo de naranja y un poste de pastillas que me supongo que eran para la migraña.
—Aquí está mi niña -me dice poniéndome el jugo sobre la mesa y entregándome las pastillas.
—Tienes que tomar dos de estas para que se te quite el dolor de cabeza -me dice dándome el frasco con las pastillas.
Me las tomo y luego de unos cuantos minutos ahí sentada sin decir ni media palabra, me paro y voy a la puerta trasera que da al patio trasero. Estaba viendo las flores y paseándome por el jardín, me senté en un mueble qué hay en una terraza, y me puse a leer.
Eran las seis y media de la tarde y yo seguía en la terraza. Al cabo de veinte minutos más la temperatura había subido, hacia más frío, por lo que entré a la casa y estaba caminando por toda la casa, ya que no tenía nada que hacer.
Cuando andaba por uno de los pasillos de la planta baja me pareció oír unos gemidos, cuando voy acercándome es una de las habitaciones de huéspedes. La habitación está entre abierta y cuando voy pasando por el frente de la puerta veo que es Carsten que está ahí, follando con una mujer.
Me enojo y sigo caminando, después de unos diez minutos estoy en uno de los muebles de la sala, que justamente da vista al pasillo donde esta la habitación que Carsten esta usando con esa puta.
Luego de unos minutos más, sale Carsten arreglándose el pantalón, no se da cuenta que lo estoy mirando y después sale la mujer con la que él acababa de follar. Ella lo abraza por detrás y el no hace nada, se da la vuelta y la abraza también para darle un largo beso en la boca.
Cuando termina de besarse la suelta y se da la vuelta donde estoy yo, cuando ve que lo estaba mirando desde el mueble, se paraliza y lo veo tensarse. Le doy una mirada llena de ira y odio, no por que follara con una puta, si no por que ayer le había salvado de que no le pegaran un plomazo y se portó de lo mas cariñoso conmigo, y ahora se folla una puta en mis narices.
Yo me paro del mueble y me quedo mirándolo fijo, la zorra que tiene al lado nota mi presencia y me mira, me escanea de arriba a abajo para después darme una mirada de desagrado, como si yo le diera asco.
—Amor, ¿quien es esta? -le pregunta ella con voz chillona.
¡Ash! No la conozco y ya no la soporto, Dios ¿por qué me pones en esta?
—No te importa zorra -le digo mirándola con odio claro.
—A mi no me hablas así, gata igualada -dice ella soltándose de la mano de Carsten.
—¿Quien eres tú para decirme como tengo que hablarte? - le digo acercándome a ella despacio.
—Soy la novia de Carsten, el dueño de esta casa en la que estás, puta zorra, y a mi no me puedes hablar así, tú tienes que hacer lo que yo digo -responde, acercándose más a Carsten.
—Primero: aquí la única puta y zorra eres tú, yo no ando fallándome a nadie por dinero, das asco y se nota a leguas que solo te quieren para follarte como la zorra que eres. Segundo: yo te hablo como se me da mi maldita gana, no me importa que seas la zorra de este y tercero: muy bien dijiste que está es la casa de Carsten, así que yo no tengo que acatar órdenes de ninguna puta que por unas cuantas folladas ya se cree importante -dije haciendo que a la rubia de plástico se enfurezca aún más conmigo.
—¡Amor! ¿Como vas a dejar que esta cualquiera me hable así? -le pregunta a Carsten, chillando.
Carsten no dice nada y la mira a ella y luego a mi, abre la boca pero la cierra al instante.
—Si, Carsten, ¿por qué no defiendes a tu puta? -le digo, fingiendo tristeza.
—¡Que no me digas así, zorra de mierda! -chilla la plástica para irse contra mi.
Me intenta dar un golpe en la cara pero soy mas rápida y le agarro la mano para y con mi otra mano libre le doy un puñetazo en la nariz, oigo como le cruje su nariz y me rio. Ella empieza a llorar y se agarra la nariz, de esta sale sangre sin parar.
—¡Shh! Cállate zorra estúpida, lloras como una niña que le quitan su juguete, tus gritos le hacen daño a mis oídos -me pongo los dedos en las orejas, fingiendo dolor.
Me doy la media vuelta para irme a mi habitación.
—¡Me la vas a pagar, maldita! -grita y yo la ignoro siguiendo mi camino.