AUTOR. Adamari llegó, fue hasta la habitación, pateó los zapatos liberando sus pequeños y delgados pies, procedió a soltar los botones de la blusa blanca, la expulsó de su cuerpo quedando en sujetador y falda. Ingresó a la ducha, luego de darse un refrescante baño se dirigió a la habitación de su madre. —Ada—, el semblante de su madre había cambiado. Se veía con más color, incluso ánimos —Estos médicos son muy amables—, sonrió mientras acariciaba el cabello de su hija —Me siento mucho mejor. Es como si cada día me sintiera con más fuerzas. —Aún no lo sabe—, dijo el doctor Jan que se encontraba parado al otro lado de la cama —Creí que te gustaría decírselo—, Adamari le miró con los ojos brillando. —¡Muchas gracias doctor! —, Jean curvó las comisuras, seguido musitó. —Las dejaré sola.

