AUTOR. Ada se quedó perpleja. Al momento que reaccionó, Nathan ya no estaba en su habitación. Trató de dar un paso, no obstante, sus pies permanecían pegados en el suelo. Cómo si plomo hubiera en ellos, le fue difícil de levantarlos. Al estar cerca de la cama, dejó caer su trasero en esta, llevó los dedos a sus labios y los acarició. Una sonrisa minúscula se formó en sus comisuras. Tras soltar un grande suspiro salió de la habitación, subió al segundo piso y buscó un lugar que lo conectara con él tercero, sin embargo, no había nada que pudiera llevarla al siguiente piso. —¿Qué busca? —, Inquirió una empleada. —Necesito subir al tercer piso. ¿Cómo puedo hacerlo? —, la mujer masculló. —No puede, ni siquiera debería intentarlo. El señor Nathan no permite que nadie suba a su departame

