Aquellos largos y definidos dedos se movían sobre la larga mesa, dejando escuchar un leve sonido en medio de tanto silencio. Los hombres tenían ya más de cinco minutos que no habían podido dar una respuesta, a la pregunta del líder. Después de que este rechazara todas las propuestas, temían volver hablar. Las dos esmeraldas se posaron en su reloj de mano, al ver la hora se levantó. —Ninguno me gustó, trabajen en nuevos, nos reuniremos la siguiente semana—. Tras decir eso, salió de la sala de reuniones, al cruzar la puerta, Gabriele caminó a su par. Estando fuera del edificio encendió el móvil —¿Alguna novedad? —, Inquirió mientras esperaba que su móvil se encendiera. Había adelantado la reunión, no esperaba que tardara más de lo esperado. —El trabajo está hecho—, Nathan no quería sab

