Relata Nathan. Mi niña hermosa, mi princesa, mi muñequita, iba abrazada a mí, durmiendo en mi pecho. Ella era todo lo que necesitaba. Llegó a darle sentido a mi vida, razón al corazón para latir, ánimos a los pulmones para respirar y energía al cuerpo para moverse. Mi Ada, mi amada Adamari era la razón de mis carcajadas, buen humor y todo lo que me mantenía feliz en estos días. Junto a ella podía reír, olvidarme de la soledad, tristeza y oscuridad que me acompañó desde mi niñez, adolescencia y se podría decir madurez. Mi pequeña, me había dado las mejores semanas de mi vida, con ella el tiempo se iba de prisa. Pasé una semana fuera llena de diversión y dicha. En el último día sentí que el tiempo fue muy corto, que necesitábamos unas vacaciones más largas. Lo bueno era que, al volver n

