Eduardo

290 Words
Me quedé inmóvil, observando cómo Emilia se alejaba. El brillo en sus ojos no era el de una mujer enamorada, ni el de una mujer furiosa. Era algo peor: era la frialdad del desengaño absoluto. Había roto una promesa que le hice a su padre hace años, y ahora me enfrentaba a las consecuencias. El silencio que dejó a su paso era más ruidoso que la música de la fiesta. Me giré hacia su padre, sintiendo cómo la ira me subía por la garganta. ¿Cómo pudo haberme mentido? "¡Todo este tiempo...", mi voz temblaba de furia, "...y me dice que era para proteger a mi familia! ¡Lo hizo para salvarse a sí mismo! ¡La convirtió en la esposa de un anciano rico para su propio beneficio!" Su padre intentó defenderme, pero no lo dejé. "Ella era la solución a todos nuestros problemas. Yo te pedí que la ayudaras a conseguir un trabajo en la empresa de su difunto marido. Yo no te mentí, Eduardo". En ese momento, comprendí la magnitud de mi error. Yo no era un héroe, era un cómplice. Creía que la había salvado de la ruina, pero en realidad la había entregado a la traición. Y ahora, ella me miraba como a un completo extraño. La misma mujer de la que me enamoré, la mujer que siempre me apoyó. Sentí que el mundo se me venía abajo, y no solo por la revelación de la mentira. Había destrozado a la mujer que amaba. Las lágrimas que no derramé esa noche me ahogaban. Me había convertido en lo que más odiaba. Un hombre que se vendió por dinero. Y lo peor de todo, fue que la utilicé a ella para mi propio beneficio.
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