No supe quién era cuando la vi por primera vez. Solo noté que era la única mujer en toda la sala que no se esforzaba por llamar la atención. Mientras otros se reían a carcajadas o hablaban en voz alta, ella permanecía en un rincón, observando todo con una intensidad silenciosa. Vestía un elegante vestido n***o, y sus ojos, de un azul tan profundo que casi parecían grises, tenían un brillo que me atrajo de inmediato. No era tristeza, sino una fuerza contenida.
He estado en muchas galas. Conozco a este tipo de gente. La mayoría de las mujeres que conozco sonríen con los ojos vacíos, interesadas solo en el tamaño de mi fortuna. Pero en ella, había algo diferente. Una inteligencia aguda que brillaba detrás de su perfecta compostura. Me acerqué, no porque fuera hermosa, que lo era, sino porque era un misterio que necesitaba resolver.
"Disculpa, pero no pude evitar notar tu destreza en la conversación", le dije, sintiendo el impulso de romper su barrera. Mi nombre es Alexander Volkov.
Su sonrisa fue cautelosa, pero sus ojos me miraron con una curiosidad genuina, no con el falso interés de otros. A diferencia de las mujeres con las que solía hablar, que solo querían presumir de sus joyas y viajes, ella me escuchaba de verdad. Hablamos de negocios, de mercados volátiles y de los riesgos de las inversiones. No era solo una conversación, era un desafío intelectual. Pude ver en sus ojos que había pasado por algo difícil, que la había hecho cautelosa, pero también increíblemente fuerte.
Cuando la conversación terminó, y se fue, me quedé con una sensación que no había experimentado en mucho tiempo: la de querer saber más. No era un simple capricho o una atracción superficial. Sentía que en ella había un mundo de secretos y una fuerza silenciosa que podía mover montañas. Sabía que no sería fácil, pero el desafío me intrigaba. Tenía que verla de nuevo.