Un nuevo capítulo para mi

413 Words
Emilia salió de la mansión sin mirar atrás. El aire fresco de la noche era un alivio para el calor asfixiante de su ira. No había un plan de venganza, no había lágrimas, solo una calma helada que la impulsaba a tomar el control de su propia vida por primera vez. Se subió a su coche y condujo sin rumbo, mientras las luces de la ciudad se difuminaban en un borrón de colores. La venganza no era suficiente; lo que buscaba era algo más profundo: su propia redención. Durante las siguientes semanas, se sumergió en su nuevo objetivo. No se trataba de destruir a su padre o a Eduardo, sino de construir su propio imperio, uno que su padre nunca podría tocar. Utilizó su inmensa fortuna, no como un fardo, sino como una herramienta. Contrató a los mejores asesores financieros y legales para auditar cada transacción de su difunto marido y, con astucia, se aseguró de que los negocios de su padre y la familia de Eduardo se vieran afectados indirectamente por sus movimientos. Sin que nadie lo supiera, se convirtió en una fuerza invisible en el mundo financiero, demostrando que la mujer que habían vendido era más que una simple heredera. Una noche, mientras asistía a un evento de caridad, un hombre se le acercó. Era alto, con el cabello rubio cenizo y unos ojos verdes que brillaban con una inteligencia aguda. Llevaba un traje hecho a la medida que resaltaba su figura varonil y supo de inmediato que él era tan adinerado como ella, o incluso más. "Disculpa, pero no pude evitar notar tu destreza en la conversación", dijo con una sonrisa magnética. "Te llamas Emilia, ¿verdad? Soy Alexander Volkov". Emilia, que había mantenido la distancia con todos los hombres desde el incidente, sintió una curiosa chispa de interés. La seguridad en la mirada de Alexander era diferente a la arrogancia que había conocido en otros. "Un placer, Alexander", respondió con una sonrisa que ya no ocultaba dolor, sino una nueva y poderosa determinación. Esa noche, Alexander y Emilia conversaron durante horas. Compartieron ideas de negocios, visiones del mundo y una inesperada conexión que trascendía lo superficial. Con Alexander, Emilia se sintió vista y valorada por su inteligencia y su fuerza, no por su fortuna o su apellido. Había encontrado a un igual, un hombre que no la veía como un trofeo o un peón, sino como una socia, un rival digno y, quizás, el inicio de una nueva historia.
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