El dolor que sentí al ver a Emilia con ese hombre se transformó en una punzada aguda, pero distinta. Ya no era solo arrepentimiento, era la rabia cruda de la pérdida. Me había convencido a mí mismo de que su felicidad, aunque con otro, era suficiente. Era la mentira que necesitaba para dormir por las noches. Pero verla reír, ver esa luz en sus ojos, me destrozó esa mentira. Esa risa me pertenecía. Esa luz era algo que yo, de niño, le había prometido mantener viva para siempre.
Me fui de la galería sintiendo que el aire me faltaba. La había perdido. La había entregado a un extraño por cobardía, por un trato estúpido que parecía tan noble en su momento. Fui un tonto. Un cobarde. Y ahora, un hombre con ojos verdes estaba cosechando lo que yo había sembrado.
Pero mi derrota no era el final de la historia. A partir de esa noche, la desesperación se convirtió en determinación. Tenía que recuperarla. Mi familia me había convencido de que la perdiera, y ahora yo me convencería a mí mismo de que la ganaría de nuevo. A toda costa. Tenía que encontrar la manera de ganarme su confianza otra vez.
El primer paso era entender quién era ese hombre. Con un par de llamadas discretas, descubrí su nombre: Alexander Volkov, un magnate con una reputación impecable, conocido por ser tan astuto en los tablero de ajedrez, como en los negocios. El no era como yo; no se movía entre las sombras de los secretos familiares. Era directo, honesto, y eso me aterraba.
Supe que el enfrentamiento no sería fácil. No podía simplemente pedirle disculpas. Mi traición era demasiado profunda. Tenía que acercarme a ella de una forma que no pudiera rechazarme. Tenía que demostrarle que mi amor, aunque escondido por años, era real.
La venganza de Emilia era silenciosa, pero mi redención sería ruidosa. No me importaba lo que tuviera que hacer. No me importaba con quién tuviera que enfrentarme. No había un solo día que dejara de pensar en ella. Y ahora que había visto esa sonrisa, tenía una razón para vivir, una razón para luchar. Me la habían quitado una vez. No dejaría que eso volviera a suceder.