TREINTA Y UNO Finca Annalise, San Marcos, USVI 8 de septiembre de 2014 Volver a casa fue como una gran bocanada de aire fresco. Llegamos a la entrada de nuestra casa a la hora del almuerzo, más o menos, con Bill, que se había negado a recibir tratamiento médico, diciéndole a Nick que «estaría bien si dejas que tu atractiva esposa te limpie y te ponga una venda», refiriéndose a la herida en la parte superior del muslo. Para mi disgusto, Nick había aceptado alegremente. —¿Vives aquí? ¿Esta es tu casa?— preguntó Bill. Annalise siempre brillaba más para las visitas. Su estuco amarillo deslumbraba a la vista y las buganvillas brillantes llegaban hasta ella como si fuera el sol. Resplandecía como la «Mujer con sombrilla» de Monet. Hola, viejo amigo. —Vivimos aquí, pero nos hemos dado cue

