POV Jenn
— No, no puedo más — digo con el último aliento que me queda.
Apenas puedo sostenerme de las mamparas de la ducha mientras ese hombre no deja de entrar tan profundamente dentro de mí que mis piernas empiezan a temblar.
¿Cuántas veces lo hemos hecho esta noche? ¿Tres, cuatro? Yo no lo sé, solo sé que por más que duela y siento que mañana no podré caminar no quiero que se detenga.
— Me encantas sirenita — dice con esa voz ronca, tan varonil y sexy que me convenció de levantarme de la cama y venir al baño para cometer esta locura.
— ¡Jenn despierta! — dice Cecil y abro los ojos de golpe.
Me cuesta un poco ubicarme pero cuando veo su rostro me doy cuenta que estoy con ella y no con ese hombre — ¿Jenn estás bien? — pregunta y asiento con la cabeza.
— ¿Por… por qué lo preguntas? — Me sentía nerviosa, mi cuerpo estaba sudado, mis pezones estaban erguidos. Es que estaba a punto de conseguir el orgasmo.
Me levanté de la cama y como si el sueño fuera real, siento un temblor en las piernas. Mire a Cecil, estaba callada sus ojos solo seguían mis movimientos.
— Como sea — dijo soplando al viento — lo diré… creo que nuevamente estabas soñando con ese hombre misterioso —
Me quedé muda, no sabía qué decirle. ¿Por qué después de tanto tiempo vuelvo a soñar con él? Nadie más que Cecil sabe lo que pasó ese día, bueno ella sabe que me acosté con un desconocido, los detalles nadie los sabe.
— ¿Qué hombre? — pregunté tratando de disimular, sé perfectamente a quién se refería pero prefería evitar pensar en él.
Desde que llegué a Estados Unidos lo soñaba demasiado, es como si volver a este país, lo hubiera traído nuevamente a mi mente. Me siento mal, incluso que le estoy siendo infiel a Leonardo por pensar en ese hombre cuando estoy a una semana de casarme.
— Estabas gimiendo, eso solo lo causa ese hombre — dijo sin ninguna vergüenza.
Cecil es mi amiga desde que somos pequeñas y así como ella sabe todo de mí, en estas semanas me he puesto al tanto de su vida. A ella aunque quiera no la puedo engañar.
— ¿De qué hombre estás hablando Cecil? Probablemente solo estaba pensando en Leonardo — respondí mirando a un lado, por qué no podía sostenerle la mirada.
Sus ojos grandes y verdes me observaban como si ella fuera un águila y yo su presa.
— ¿En Leonardo? ¡Ay por favor! Yo te he visto el coño más veces que Leonardo — dijo y solté una carcajada porque lo más probable es que sea cierto — Jenn escúchame no tienes que casarte con Leonardo solo por que te ayudo en el proceso de olvidar a Sun-Hee. Él solo estaba haciendo su trabajo como terapeuta.
— Cecil, estoy enamorada de Leonardo ¿por qué no puedes ser feliz por mi? ¿Es por qué me casaré antes que tú? — pregunté volviendo a la cama y tomando sus manos, tenía que desviar esta conversación antes de que diga una locura.
— ¿Qué? Claro que no Jenn, somos amigas desde el colegio, quiero lo mejor para ti. Te ves ilusionada, no enamorada. No te ves como Hebe cuando se casó, ¿me entiendes? — preguntó y asentí con la cabeza.
La verdad es que pensé que si me veía enamorada, pero al parecer no es así. Quizá es por que soy seria pero mi apariencia no tiene nada que ver con mis sentimientos.
— Te entiendo, estoy enamorada de Leonardo, no puedo esperar a ser la señora Di Luca, por respeto a mi prometido no hablemos más de nadie — le pedí.
— Jenn no cambies de tema. Sé que no estabas soñando con él. Fue ese hombre otra vez, ¿No? — insistió y no me quedó de otra más que aceptar.
— Si Cecil, siempre es el mismo sueño pero aún después de dos años no he podido ponerle un rostro a esa figura, tengo la forma de su cuerpo dibujada en mi cabeza y recuerdo su voz ronca cuando me llamaba “sirenita”.
— Mientras te follaba — dijo Cecil en tono jocoso — ¿Qué? Cuando duermes eres muy explícita, es como si fueras otra persona — La miré con horror, ¿qué pasaría si empiezo a soñar con ese hombre mientras duermo con Leonardo?. Ya no falta mucho para la boda.
— ¿Y si solo fue un sueño? quizá eso nunca pasó — dije tratando de convencerme a mí misma más que a Cecil.
— Oh no querida si que paso. Caminaste rara por semanas — dijo la tonta de mi amiga. ¡¿Qué voy a hacer?!
— Eres una tonta —
— Jajaja vamos, es hora de conocer al padre de Leonardo. ¿Cómo te vas a casar con él si no conoces a toda su familia? — preguntó.
Teníamos planeado conocer al señor Toribio hace dos semanas pero él viajó de último minuto y estuvo posponiendo nuestro encuentro, creo que no le importa y por mi está bien mientras no afecte a Leonardo me da igual.
— Conozco a su madre, solo me hace falta conocer a su padre — respondí — Siempre está ocupado es un comerciante, siempre trayendo productos de Italia viaja a menudo a New York — respondí.
— ¡Cómo sea! Tenemos que ponerte hermosa, por qué ya que no te brillan los ojos, que al menos brille tu piel — dijo siendo sarcástica.
— Gracias Cecil, también te amo, eres mi mejor amiga, y asi como tu me apoyas yo haré lo mismo por ti —
— Lo sé — dijo con una sonrisa divertida antes de empezar con el skin care.
POV Toribio
Ya no hay forma de postergar este bendito encuentro con la familia de la prometida de Leonardo, ni recuerdo cómo se llama, lo unico que tengo en mi mente es encontrar a mi sirenita.
Hice un viaje hasta Washington para nada, porque mis empleados una vez más me fallaron y la dejaron irse.
Entiendo que no podían vigilar de cerca por qué pasaba mucho tiempo en la casa de un ex agente del FBI, pero me importaba una mierda, para cuando fui, supe que ese era de los míos, pero mi sirenita ya había escapado y es un error que no me deja dormir.
Pero ahora tengo sus datos, Jennifer Marín aún no la he encontrado pero se que está en Los Ángeles así que cuando menos me lo espere la tendré en mi cama, abierta de piernas esperando por mi.
— ¡Pase! — gritó cuando escucho que tocaban la puerta.
— Querido ya debemos irnos — dice Lucrecia entrando en mi despacho.
No la he visto en no se cuantos años. La verdad es que las cirugías y toda esa mierda que las mujeres se hacen hoy en día la han ayudado, se ve mejor que cuando la conocí.
Está usando un vestido n***o, ajustado a su figura, no me gusta para nada, pero parece que quiere verse sexy ¿Para mi? quizá pero no tiene tanta suerte, no es de mi gusto.
— ¿Querido? — pregunté levantando una ceja. No quiero que se tome atribuciones que no le corresponden, mucho menos confianzas, está casada con el enemigo no lo puedo olvidar.
— Claro que sí, eres el padre de mi único hijo — dijo pasando su lengua por sus labios — ¿Hace cuánto no nos vemos? ¿tres o cuatro años? — preguntó, yo no respondí nada, no me interesa entablar una conversación con ella.
— ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué estás aquí? — pregunté
— Recordar viejos tiempos… — dice acercándose a mi — ¿No me has extrañado? — preguntó sentándose sobre mi escritorio abriendo sus piernas.
— He tenido cuánto coño he querido, además no eres mi tipo. No creo que a Julio Cesar le agrade que su esposa se esté ofreciendo como una prenda de vestir en remate.
— No me estoy ofreciendo a cualquiera, además puedes devolverle el favor acostandote con su mujer — respondió aun insistiendo en tener algo conmigo.
¡Ni que estuviera loco me la como denuevo!
— Te lo diré una sola vez porque no quiero que me sigas jodiendo:
Número uno, no hay favor que devolver, tu eras una puta cuando puse un hijo en tu vientre, nunca fuiste mi mujer, ni lo ibas a ser.
Dos, no me gustas, verte asi tratando de lucir joven solo hace que sienta aun mas repudio por ti y tres — dije tomando su brazo con fuerza para atraerla a mi —
no se que mierdas tramas al querer acostarte conmigo, sabes que eso es traición y con sangre se paga, no solo yo seré el muerto, si no tu tambien — dije y solté su brazo y ella se fué para atrás.
No me detuve a recogerla, abrí las puertas de mi oficina y la invité a salir. Yo iba a ir solo, no con ella como si fuéramos la pareja del año.
...
Al llegar al lugar, veo que hay muchos invitados, pensé que este solo sería un encuentro casual, pero parece ser un ensayo.
Veo una cabellera pelirroja y mi corazón empieza a latir rápidamente, la sigo con los ojos mientras camina de la mano de un señor, mis ojos están en ella hasta que llega frente a mi. Cuando la mujer voltea puedo ver su rostro y no es mi sirenita, pero si se parece mucho a ella.
— Mucho gusto — dice la señora extendiendo su mano — Nosotros somos los padres de Jennifer — dice sonriendo. ¿Ella dijo Jennifer?
Siento que él corazón se me saldrá por la boca, no no puede ser la misma persona.
— Buenas noches — dice la voz de Leonardo detrás mío, me doy la vuelta para verlo y ahí está ella, con una gran sonrisa en su rostro.
— Mucho gusto señor Toribio — dice tomando mi mano. Siento una electricidad cuando aprieta mi mano, pero parece que ella no sintió nada. ¿Acaso no se acuerda de mí? — Soy Jenn, la prometida de su hijo.