| Plan Sirenita |

2426 Words
POV Toribio — Mucho gusto — dije por inercia, aun si poder reaccionar — ¿Cual es su nombre? — pregunté pensando que había sido un error. ¿Estoy alucinando? Ella le dió un golpecito a Leonardo, pero cuando volvió a mirarme tenía una sonrisa en su rostro. — Soy Jenn, Jennifer Marín. Estoy muy contenta de que esté aquí, decidimos casarnos en Los Ángeles para que usted pudiera estar presente — dijo aun tomando mi mano — Usted es muy importante para su hijo. Sus ojos estaban en los míos, su mirada inocente me desarma. No sentía duda en su voz, ni mucho menos estaba intimidada por mi, pero… ¿Por qué?… ¿Acaso a ella no le importó lo que pasó entre nosotros? ¿Para ella no fue significativo ?.. A mi me dejó marcado pero ella… ¡Se follo al padre de su novio! pero ahí está como si nada. ¿Se puede ser tan descarada? No ella no se veía nada descarada, se veía como una niña tierna…pero no folla como una niña tierna ¿Que voy a hacer? — ¡Qué bueno! — dije finalmente siguiendo su mismo juego y ella sonrió al parecer satisfecha con mi respuesta — ¿Podemos hablar un momento? — pregunté apretando su mano. Sus ojos bajaron a la unión de nuestros dedos y solo asintió con la cabeza. — Si por supuesto — dijo separándose de Leonardo, iba a dejar un beso en su mejilla, pero este se volteó y juntaron sus labios. Voltee hacia un lado porque no quería mirarla besando a otro hombre. Ni siquiera sé qué hacer, sería tan fácil ahora mismo subirla en mi hombro y llevarmela lejos, pero es la prometida de mi hijo ¡Maldición! Si fuera cualquier mujer no lo dudaría pero… tengo que averiguar porque está actuando como si no me conociera. Caminamos afuera del restaurante, yo fuí un poco más despacio para poder mirarla un momento más. Llevaba un vestido largo color rosa, la falda era suelta como si quisiera esconder su figura, pero aun así se veía hermosa, como una princesita. — ¿Tiene alguna pregunta para mí? — dice volteando a encararme. Me recompongo de inmediato. No puedo dejar que se meta en mis pensamientos. Tengo el impulso de tocar su rostro, pero no puedo. Nunca he tenido que aguantar las ganas de hacer algo, lo que quiero lo tomo a mi voluntad. — Me gustaría saber por que se casaran tan pronto — pregunto y ella se acerca a mi. — No considero que sea pronto, Leonardo y yo tenemos una vida juntos en Italia, habíamos pensado casarnos allá, pero cuando usted va a Italia no tiene tiempo, entonces pensamos en hacer la boda aquí para acomodarlo — responde — ¿Tiene algún problema con nuestro matrimonio? Si, muchos problemas pero no podía decirlo. — No, claro que no — No sabía qué más decirle, así que debía ir al grano — Siento que la conozco ¿Nos hemos visto antes? — pregunté — Uhmm — sé quedó pensando un momento. Sus ojos conectaron con los míos haciendo latir mi corazon y mi polla por como abría sus labios para hablar pero no decía nada — No lo sé — dijo sonriendo, su bendita frescura me mataba, sé veía feliz y tranquila mientras dentro de mí había una pelea. Al verla lo único que me imaginaba era rompiendo su hermoso vestido para encontrarme con su desnudes, prenderme de uno de sus pechos mientras mis manos recorren su cuerpo. — Creo que si nos conocieramos Leonardo lo sabría, pero tiene razón, su tono de voz se me hace familiar. De repente es de esas personas que tienen la voz agradable. Nunca antes he estado en Los Ángeles, mi familia vive en Washington D.C. — Yo estuve en Washington hace unos años en un matrimonio — dije y ella me escuchaba con atención — de la hija de Alejandro Martinez, fue en uno de esos hoteles — dije mirándola fijamente para saber si veía algo de duda, nerviosismo o algo, pero nada. — ¿De verdad? — preguntó — Hebe es una de mis mejores amigas, no está aquí porque le falta poco para tener a sus hijos, pero iré a despedirme de ella antes de volver a Italia. Si estuvo en la boda quizá si nos vimos, solo no lo recuerdo… No fue un buen día para mi — dijo mirando al piso. Lo se cuando estuvimos juntos dijo el nombre del novio varias veces. Pensé dejarla pero estaba pasando un buen momento. — Lo sé — se escapó de mi boda. — ¿Qué? — preguntó sobresaltada — Me refiero a que seguro que se divirtió mucho, tomó mucho alcohol celebrando el día especial de su amiga — — Sí algo así — dijo mirando hacia otro lado. . —¿Estás enamorada de mi hijo? — pregunté. Tengo que saber por más que eso me joda la vida. Si ellos están enamorados, no hay nada que pueda hacer. — Si, claro que sí — respondió y su rostro se iluminó. Soy un hijo de puta, pero no puedo hacerles esto a mi hijo. Estoy jodido, debo alejarme de ella. — Debo irme, tengo algunas cosas que hacer — dejé un beso en su mejilla y empecé a alejarme. No podía quedarme en ese lugar viéndolos ser felices, tenía que resolver qué es lo que haré con esto que siento dentro de mi. Dos putos años buscándola y ahora que finalmente la encuentro es la prometida de mi hijo. — ¡Espere! ¡Señor Toribio! — grita cuando vé que me voy alejando del lugar — Prometame que vendrá a la iglesia — dijo cuando se acercó a mi. Tomó mis manos y las juntó junto con las suyas como en señal de súplica. Sus ojos esperaban mi respuesta con expectativa. Se veía tan hermosa, que lo único que podía pensar es besarla. — Toribio… si me llamas solo Toribio iré a la ceremonia — respondí y ella asintió con la cabeza, pero luego se abalanzó sobre mí para abrazarme. Mis brazos rodearon su cintura y el olor de su cabello llegó a mis fosas nasales. Mi cuerpo tembló al sentir su cercanía y mi polla empezó a crecer. Al fin una erección después de dos años… creo que se dio cuenta por qué se separó de mi. — Acompáñame adentro — dijo tomando mi mano — Sé que es un hombre ocupado, pero despídase de Leonardo — asentí con la cabeza y volvimos al restaurante. Antes de entrar nos encontramos con Leonardo en la entrada. — Amor… — dijo Jenn y volteé a mirarla pero no me lo decía a mi, si no a Leonardo — Tu papá ya se va. — Lo imaginé — dijo él — ¿Puedes avisarle a mi madre? — preguntó. — Claro, me quedaré atendiendo a los invitados. Toribio, nos vemos el día de la boda, fue un placer conocerlo — dijo Jenn antes de irse. La quedé mirando mientras se perdía entre los invitados. Una chica de cabello n***o se acercó a ella y le dijo algo que la hizo reir. Se veía feliz… ¿Qué puedo hacer? — ¿Qué te parece mi prometida? — preguntó Leonardo tomando mi atención. — Es una linda chica, es agradable — Ahora seré un hombre casado, ya tienes 40 años, es momento de que dejes tu lugar en la mesa — respondió. — ¿Entonces es por eso? ¿Tu prometida sabe lo que planeas? — pregunté. Si solo se estaba casando por mi lugar en la mesa de reuniones, estaba jodido por qué ese puesto jamás será para él. — Ella no tiene porque saberlo, se quedará en Italia cuando tenga que viajar. No es tu problema — respondió como si ella fuera un objeto. Mi sangre hervía de coraje pero por fuera tenía que verme tranquilo, no puedo perder el control. — Entonces no te cases, no tienes por qué involucrar a más personas en esto — respondí — ¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero? — Lo quiero todo — Dijo mirándome a los ojos con ese rencor que se que ha sentido por mí toda la vida. No fue mi intención abandonarlo, pero su mamá se metió con mi enemigo y él no podía quedarse conmigo, su mamá se lo llevó. Finalmente mostró su verdadero rostro, pero no iba a dejar que él tuviera la última palabra. — 100 millones piensalo — dije dándole unas palmaditas en su rostro, para después salir del lugar. Mi camioneta ya estaba esperándome así que subí, y empezamos el recorrido a mi finca. Le dí una opción, ahora veremos si quiere a Jenn de verdad o no. — ¿A donde señor? — preguntó Dorante mientras Silvester manejaba. — llévame al burdel, tengo un buen presentimiento — dije y empezamos nuestro camino para allá. Mi polla aún estaba dura, quizá sea momento de olvidarme de mi sirenita. Jenn se llama Jennifer. La idolize por mucho tiempo quizá por eso no puedo follar, pero ya no puedo hacerlo, en una semana se convertirá en mi nuera. POV Leonardo Siento los brazos de Jenn rodeando mi cuerpo y volteo para abrazarla. Jenn es muy dulce, eso es lo que me atrae de ella. Es comprensiva y cariñosa, siempre está pendiente de lo que necesito, será una buena esposa. Aún no sé por qué mi padrastro me pidió casarme con ella, pero eso no es importante ahora. Pienso en la propuesta de mi padre, es tentadora, pero si mi padrastro se entera que desobedecí me matará. Entre los dos quien más me aterra es mi padrastro, Julio César, el maneja la Costa Este de Estados Unidos y mi padre la Costa Oeste, ambos tienen un trato “amable” para los negocios pero no se toleran. — ¿Todo bien con tu padre? — preguntó y dejé un beso en su frente. Me gustaba mucho estar con ella, era como una hermanita pequeña. — Si amor, volvamos con los invitados — dije dejando su corto beso sobre los labios. Al terminar el ensayo, nos fuimos al hotel, pero no quería quedarme esta noche con ella. Este tiempo que pasé solo antes de que viniera me divertí mucho, aun no estaba listo para serle fiel, aún había unas cuantas putas a las que le tenía ganas. — Iré a casa de mi padre, aun tengo algunas cosas que hablar con él — dije mientras ella iba dejando besos por mi cuello. Jenn era muy linda, pero había algo en ella que no me gustaba. No era muy mujer, se veía más como una jovencita. — Está bien, ¿Te veo mañana? — preguntó cerrando su bata. — Aún hay muchas cosas que hacer, creo que nos volveremos a ver el día de la boda — dije y ella negó con la cabeza, pero lo pensó por un momento y aceptó. — Está bien — dijo dejando muchos besos en mi rostro. Me levanté de la cama y ella saltó sobre mí envolviendo sus piernas en mi cuerpo. — Te extrañaré mucho — besé sus labios antes de abrir la puerta. La dejé sobre el piso y ella se quedó dentro de la habitación. Salí rápidamente, ahora que podía tenía que irme, después me tocará muchos años de fidelidad. POV Toribio Estoy tomando un trago más en el burdel de Rosa cuando veo a Leonardo entrar y va a hablar directamente con ella. Vine aquí porque tenía que arreglar mi problemita, pero mientras más tetas y culos veía más asqueado me sentía. Los ojos verdes de mi sirenita me persiguen, como juzgandome que quiera follarme a otra mujer… ¿Cómo pudo olvidarme? Cuando yo estoy aquí deseandola con todas mis fuerzas. No puedo evitar compararme con el tonto de mi hijo… ¿Será que fue él quien borro mis besos… mis caricias? Mi orgullo está herido, no puedo negarlo. Me escondo entre las bailarinas cuando Leonardo se acerca a una que está bailando en medio del salón. ¿De verdad él tomará a una puta teniendo a Jenn?... Es un desgraciado. Camino hacia las habitaciones cuando Rosa me intercepta. — ¿Qué demonios haces aquí? — pregunta cerrándome el camino. Rosa es una buena amiga, fuí su cliente por muchos años. Normalmente aquí venía cuando quería escoger a alguna sumisa, pero mi problema aún no se ha curado así que hace mucho que no trabajamos juntos. — ¿Dónde está mi hijo? — pregunté de frente. — No tengo porque darte ninguna información no eres mi cliente, solo a ellos les debo lealtad — — Supongo que no dirás nada… ¿Es como un secreto? — dije tomándola del cuello, aparentando un poco, ella asintió — Habla si no quieres llevarte “ese secreto” a la tumba — dije levantandola un poco hasta sentí como su garganta se apretó, no faltaba mucho para que le falte el aire. No pienso matarla, pero eso ella no lo sabe. — 142 — dijo y la solté, Rosa empezó a toser un poco pero que importaba. — ¿Tienes cámaras? — pregunté y negó — ¿Estás segura? — puso sus ojos en blando y mientras se tocaba el cuello me guió a una habitación. Así que yo tenía razón, el maldito hijo de puta si le estaba siendo infiel. Bueno que pena por la novia, pero ahora no hay nada que impida que me la robe. — Dame una copia — le dije al de seguridad y el me miró extrañado — Una copia o te mueres — dije apuntando con mi arma — asintió con la cabeza y yo me quedé esperando. Normalmente no me gustaba usar la violencia, solo cuando era necesaria, pero en este mundo hay gente tan tonta que siempre hay que recurrir a la violencia. Llegué a casa con una gran sonrisa en mi rostro, voy a chantajear a Leonardo para que la deje, ahí cuando esté en el piso es que la recogeré y seré su salvador. — Necesito que el video que está aquí lo pases a mi celular — dije a Silvester mostrándole la memoria. — Sé de armas pero a penas y aprendí a leer — dice el muy tonto. — ¡Dorante! — dije lanzándole la memoria. — Le mando el video en dos minutos — Sonreí mientras me servía un nuevo trago era momento de iniciar el plan “Sirenita”
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