Toribio llegó justo cuando Jenn ya había sido dada de alta, así que fue directo a la finca. Apenas cruzó la entrada, el silencio del lugar le hizo presentir que algo estaba fuera de lugar. Caminó hasta la habitación de Jenn, y se detuvo en la puerta. La vio allí, recostada, con los ojos cerrados. No quiso molestarla, pero su corazón latía con fuerza. No sabía si entrar o quedarse allí, esperando que fuera ella quien lo llamara. Jenn no dormía. Lo había sentido llegar desde el primer crujido de la grava en el camino. Su pecho se apretó al escuchar sus pasos. Dudaba, y no solo porque estuviera débil. No sabía cómo contarle. ¿Cómo le decía que estaba embarazada, cuando apenas llevaban seis meses juntos? ¿Cuando ni siquiera había hablado con él sobre lo mucho que deseaba ser madre de nuevo?

