Toribio observaba desde la distancia, sentado sobre una silla de la cocina, con un cigarro olvidado entre los dedos ,cada uno de los movimientos de Jenn. Apenas había pasado una semana desde que se había recuperado, y contra todo pronóstico, ya estaba de regreso en el campo, trabajando con la misma determinación de siempre. A pesar de que ahora todos sabían que era la señora de la casa, y se había reconciliado con el patrón, Jenn no se había apartado de las tareas que la tuvieron entretenida durante los días que se creyó estar encerrada. Seguía ensuciándose las manos, trabajando codo a codo con las demás señoras, sin pretender ser superior a ninguna de ellas. Y eso solo hacía que la admiraran más. Toribio sonrió con orgullo, incapaz de quitarle los ojos de encima. Le gustaba verla así po

